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Las Troyanas

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Eurípides intenta representar en esta tragedia uno de los episodios más terribles que siguieron a la toma de Ilión por los griegos, y con dicho objeto acumula varios incidentes trágicos, casi todos de su invención. Supone que los vencedores, que aguardaban vientos favorables para soltar sus naves, se reparten las esclavas, reservándose los más famosos capitanes las más distinguidas, ya para su servicio, como sucede a Hécuba respecto de Odiseo, ya para sus placeres, como acontece a Casandra y Andrómaca respecto de Agamenón y Neoptólemo. No contentos con esto, sacrifican a Políxena, hija de Hécuba y de Príamo, a los manes de Aquiles, y precipitan a Astianacte, nieto de aquellos reyes, desde las altas torres de Troya, temerosos de dejar con vida a este tierno retoño del linaje de Príamo, que más adelante podría reedificar su ciudad, a la que incendian también en presencia de la mísera viuda, antes reina y ahora esclava.


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Dominio público
36 págs. / 1 hora, 3 minutos / 1.811 visitas.

Publicado el 20 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Lisis

Platón


Diálogo, Filosofía


Sócrates: Iba de la Academia al Liceo por el camino de las afueras a lo largo de las murallas, cuando al llegar cerca de la puerta pequeña que se encuentra en el origen del Panopo, encontré a Hipotales, hijo de Hierónimo, y a Ctesipo del pueblo de Peanea, en medio de un grupo numeroso de jóvenes. Hipotales, que me había visto venir, me dijo:

—¿A dónde vas, Sócrates, y de dónde vienes?

—Vengo derecho, le dije, de la Academia al Liceo.

—¿No puedes venir con nosotros, dijo, y desistir de tu proyecto? La cosa, sin embargo, vale la pena.

—¿A dónde y con quién quieres que vaya? le respondí.

—Aquí, dijo, designándome frente a la muralla un recinto, cuya puerta estaba abierta. Allá vamos gran número de jóvenes escogidos, para entregarnos a varios ejercicios.

—Pero ¿qué recinto es ese, y de qué ejercicios me hablas?

—Es una palestra, me respondió, en un edificio recién construido, donde nos ejercitamos la mayor parte del tiempo pronunciando discursos, en los que tendríamos un placer que tomaras parte.

—Muy bien, le dije, pero ¿quién es el maestro?

—Es uno de tus amigos y de tus partidarios, dijo, es Miccos.

—¡Por Júpiter! ¡no es un necio; es un hábil sofista!

—¡Y bien! ¿quieres seguirme y ver la gente que está allí dentro?

—Sí, pero quisiera saber lo que allí tengo de hacer, y cuál es el joven más hermoso de los que allí se encuentran.

—Cada uno de nosotros, Sócrates, tiene su gusto, me dijo:

—Pero tú, Hipotales, dime, ¿cuál es tu inclinación?

Entonces él se ruborizó.


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Dominio público
28 págs. / 49 minutos / 1.635 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

So Tierra

Emilia Pardo Bazán


Cuento


—Aquella historia ya puede contarse, porque han muerto los únicos que podían tener interés en que no se supiese, y yo no he sido nunca partidario de descubrir faltas de nadie, y menos crímenes.

Así se expresaba el registrador, en un momento de descanso, momento que bien pudiera llamarse hora de los expedicionarios al monte del Sacramento. Habían dejado el automóvil donde ya la senda se hacía impracticable, buena sólo para andarla en el caballo de San Francisco; y, después de merendar bajo unos castaños remendados, huecos a fuerza de vejez y rellenos de argamasa, fumaban y departían, traídos a la conversación los sucesos de actualidad y los antiguos por los de actualidad.

—¿De modo que queréis oírla? —añadió—. Pues no deja de ser interesante:

Había en Rojaríz, donde yo estaba entonces por asuntos, un matrimonio que pasaba por ejemplar. Él, muy guapo, el mejor mozo de la comarca; ella, una señora también vistosa y, sobre todo, tan prendada de su marido, que se le caía la baba cuando salía a la calle con él del bracero. Yo los trataba, no muy íntimamente, pero lo bastante para ver que allí existían todas las apariencias de la felicidad más completa. Eran gente rica, y tenían, según fama, muchos ahorros. Hasta extrañaba que él, no teniendo hijos, demostrase tal manía y tal empeño en economizar, por lo cual ella tenía costumbre de embromarle.

Por entonces, cosas que hace el demonio, sucedió que yo me enamoré de una señorita lindísima, huérfana y con fama de ser así... un poco mística, que no pensaba en casarse, sino más bien en algo de monjío, pues se la veía mucho en la iglesia. Claro es que, al enamorarme, di en rondar su casa, como es estilo y costumbre en provincia. Quería verla cuando saliese a la catedral, y quería también de noche espiar su paso por detrás de las cortinas cuando fuese, percibir al menos su sombra. Estaba lo que ahora se dice colado.


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Dominio público
6 págs. / 10 minutos / 166 visitas.

Publicado el 27 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Tradiciones Peruanas II

Ricardo Palma


Cuentos, Leyendas, Colección


Carta tónico-biliosa a una amiga

Espíritu de otros días,
en nuevas ropas envuelto,
más que la imagen de un vivo
soy la realidad de un muerto.

Antonio Hurtado


Leyendo mis tradiciones
me dicen que te complaces.
¡Gracias! ¡Gracias! Pues tal haces
a ti van estos renglones.

Charlemos en puridad
un momento:—oye con calma—
dar quiero expansión al alma
en tu sincera amistad.

¿Temes que exhale en sombrías
endechas el alma toda?
¡No! Ya pasaron de moda
los trhenos de Jeremías.

Eso quede a los poetas
sandios, entecos, noveles,
que andan poniendo en carteles
sus angustias más secretas;

Y todo ello en realidad
es como el zumbar de un tábano,
y de sus ayes un rábano
se lo da a la humanidad.

¡Pues fuera grano de anís
que ostentando duelo y llanto,
en imitar diese a tanto
poeta chisgarabís!

Arca santa el corazón
sea de los sufrimientos:
darlos a los cuatro vientos
es una profanación.

Tú sabes bien que el dolor,
si es verdadero y profundo,
ha de esconderse ante el mundo
con cierto noble rubor.

¡Tú que la cruz arrastrando
vas de un padecer tremendo,
con los labios sonriendo,
con el corazón llorando!

¿Por qué escribo estas leyendas?
¿Por qué de siglos difuntos
dan a mi péñola asuntos
las consejas estupendas?

La razón voite a decir.
Es mi libro, bien mirado,
lecciones que da el pasado
al presente y porvenir.

Vanidoso desahogo
encontrará un zoilo en esto
y murmurará indigesto:
—¿quién lo ha hecho a usted pedagogo?

No se queme las pestañas
descifrando mamotretos
sobre tiempos y sujetos
que alcanzó Mari-Castañas.

Deje usted seguir la gresca,
que la humanidad bendita
ya es bastante talludita
y sabe lo que se pesca.


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306 págs. / 8 horas, 56 minutos / 2.253 visitas.

Publicado el 21 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.

Tradiciones Peruanas III

Ricardo Palma


Cuentos, Leyendas, Colección


Cháchara

Dios te guarde, lector, que asaz benévolo
acoges de mi pluma baladí
las tristes producciones, que algún émulo
dirá pueden arder en un candil.

Muy poco me ha picado la tarántula
que llaman los humanos vanidad.
Yo escribo... porque sí —razón potísima,
tras ella las demás están de más.

El hombre no ha de ser como los pájaros,
que vuelan sin dejar su huella en pos.
¿Quién sube si me espera fama póstuma?
De menos ¡vive Dios! nos hizo Dios.

Yo sé que no se engaña, ¡voto al chápiro!,
de botones adentro un escritor,
y sé que mis leyendas humildísimas
no pueden hacer sombra a ningún sol.

¡Y hay tantos soles en mi patria espléndida,
y tanto y tanto genio sin rival!...
Por eso yo, que peco de raquítico.
les dejé el paso franco y me hice atrás.

Y pues ninguno en la conseja histórica
quiso meter la literaria hoz,
yo me dije: —señores, sin escrúpulo
aquí si que no peco, aquí estoy yo.

Fue mi embeleso, desde que era párvulo,
más que en el hoy vivir en el ayer;
y en competencia con las ratas pérfidas,
a roer antiguallas me lancé.

¡Cuánto es mejor vivir, dijo un filósofo,
en los tiempos que fueron! —Gran vendad.
Lector, si no te aburres con mi plática
permíteme la murria desfogar.

Tantas, en el presente, crudelísimas,
amargas decepciones coseché
que, a escribirlas, el alma por la péñola
gota tras gota destilara hiel.

Pero, a fe, que importárale un carámbane
al egoísta mundo mi aflicción,
y yo no quiero dar el espectáculo
de poner en escena mi dolor.

Y ya en prosa, ya en verso, de mi gárrula
pluma, años hace, no se escapa un ¡ay!
y para enmascarar mi pobre espíritu
recurro de la broma al antifaz.


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188 págs. / 5 horas, 29 minutos / 1.884 visitas.

Publicado el 2 de enero de 2021 por Edu Robsy.

Débora

Pablo Palacio


Novela corta


Después de todo:
a cada hombre hará un guiño la amargura final.
Como en el cinematógrafo —la mano en la frente, la cara echada atrás—, el cuerpo tiroides, ascendente y descendente, será un índice en el mar solitario del recuerdo.

Teniente

has sido mi huésped durante años. Hoy te arrojo de mí para que seas la befa de los unos y la melancolía de los otros.

Muchos se encontrarán en tus ojos como se encuentran en el fondo de los espejos.

Como eres hombre, pudiste ser capataz o betunero.

¿Por qué existes? Más valiera que no hubieras sido. Nada traes, ni tienes, ni darás. Algunos inflan el pecho, y no quieren saber que lo han inflado con el viento del vecino. Todos han inflado su pecho con el viento de sus vecinos, y después, muy serenamente, han cruzado los brazos bajo las costillas falsas, como diciendo, «¿quiénes son esos granujas?». Es verdad que eres inútil. Pero te sostiene la misma razón que a Juan Pérez y Luis Flores. He puesto frente a frente

El vacío de la vulgaridad y la tragedia de la genialidad

y veo que te conviene más lo primero. Siendo ridículo, corresponde a tus valores el signo matemático - (ridículo), en contraposición al enorme + que ahogará a los martirizados por aquella tragedia.

A los geniales les atraganta el momento genial como el bolo a los atragantados.

Es por esto que eres vulgar. Uno de esos pocos maniquíes de hombre hechos a base de papel y letras de molde, que no tienen ideas, que no van sino como una sombra por la vida: eres teniente y nada más.


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32 págs. / 56 minutos / 134 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

El Aprendiz de Brujo

Roberto Arlt


Cuento


Eran cuatro sillones en uno de los puentes de la proa del María Eugenia, y en torno de la mesa de mimbre nos reuníamos los cuatro y a veces cinco camaradas de mesa. El océano deslizaba continuamente las millas de sus abismos amargos contra el casco de la nave, y una vez uno y una vez otro contábamos una historia testificada por verdadera. Ahora le tocó el turno a Borodin, quien preguntó:

—¿Alguien conoce los Tantras del Zivagama?

Nos quedamos mirándole en silencio. Borodin continuó:

—¿Alguno de ustedes se ha dedicado alguna vez a las prácticas de la magia negra?

Proseguimos mirándole en silencio. Él insistió:

—¿Cree alguno de ustedes en las posibilidades de la magia negra?

Ernestina Carbajal sonrió un poco escéptica:

—¿Existe hoy en alguna parte del mundo un civilizado que crea en la magia negra o blanca?

Entonces Borodin, con esa encantadora naturalidad que le era muy útil para ganar al poker y perder al bridge, respondió:

—Yo creo en la magia negra. Yo practiqué la magia negra.

El efecto estaba causado y, Borodin, después de un minuto de silencio, mediante el cual nos permitió concentrar las nubes de nuestra imaginación dispersa, entró en el relato de su experiencia:


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7 págs. / 13 minutos / 464 visitas.

Publicado el 11 de febrero de 2024 por Edu Robsy.

El Famoso Cohete

Oscar Wilde


Cuento


El hijo del rey estaba en vísperas de casarse. Con este motivo el regocijo era general. Estuvo esperando un año entero a su prometida, y al fin llegó ésta.

Era una princesa rusa que había hecho el viaje desde Finlandia en un trineo tirado por seis renos, que tenía la forma de un gran cisne de oro; la princesita iba acostada entre las alas del cisne. Su largo manto de armiño caía recto sobre sus pies. Llevaba en la cabeza un gorrito de tisú de plata y era pálida como el palacio de nieve en que había vivido siempre. Era tan pálida que al pasar por las calles quedábanse admiradas las gentes.

—Parece una rosa blanca —decían. Y le echaban flores desde los balcones.

A la puerta del castillo estaba el príncipe para recibirla. Tenía unos ojos violeta y soñadores y sus cabellos eran como oro fino. Al verla hincó una rodilla en tierra y besó su mano.

—Su retrato era bello —murmuró—, pero usted es más bella que su retrato —y la princesita se ruborizó.

—Hace un momento parecía una rosa blanca —dijo un pajecillo a su vecino—, pero ahora parece una rosa roja.

Y toda la Corte se quedó extasiada.

Durante los tres días siguientes todo el mundo no cesó de repetir:

—¡Rosa blanca, rosa roja! ¡Rosa roja, rosa blanca!

Y el rey ordenó que diesen doble paga al paje.

Como él no percibía paga alguna, su posición no mejoró mucho por eso; pero todos lo consideraron como un gran honor y el real decreto fue publicado con todo requisito en la Gaceta de la Corte.


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13 págs. / 23 minutos / 1.350 visitas.

Publicado el 21 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

Finis Desolatrix Veritae

Abraham Valdelomar


Cuento


Cuando me incorporé tuve la sensación de haber sido animado por una corriente eléctrica. Mi esqueleto estaba intacto y podía mover los miembros sin dificultad, en el trágico paisaje. Sobre la estéril extensión nada acusaba a la vida. Todo lo que alguna vez fuera animado, todo lo que surgiera sobre la tierra por el raro soplo del germen, los edificios, los árboles, los hombres, las aguas, el ruido del mar, todo había concluido. Me encontraba sobre una yerma extensión despoblada. En el horizonte ilimitado y oscuro, nada se destacaba sobre el suelo. El Sol, como un foco enorme y amarillo, estaba inmóvil en el vasto confín, y ya sus rayos fríos no animaban la tierra. Enormes masas negras de nubes inmóviles encapotaban el cielo. A mi derredor había un gran hacinamiento de huesos y era dificultoso ver el suelo. De pronto sentí una vibración uniforme que agitaba todos los despojos. Como movidos por una corriente eléctrica intermitente, los huesos pugnaban por levantarse y volvían a caer sin movimiento, como desmayados. El tinte pálido del Sol, ya muerto, animaba cloróticamente aquella doliente visión.


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5 págs. / 9 minutos / 836 visitas.

Publicado el 3 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

Helena

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Hera, irritada contra Paris, raptor de Helena, la arrebata de sus manos y deja un su lugar un fantasma que pasa por Helena nada menos que diecisiete años, diez con los troyanos y siete en compañía de su esposo Menelao, después de tomada Troya. Menelao, errante por los mares, arriba al fin con su cónyuge aérea a la isla de Faro, en Egipto, en donde la Helena real había sido confiada por los dioses a Proteo, su rey, para que la guardase. Pero a la muerte de este, su hijo Teoclímeno, enamorado de la pupila de su padre, y no pareciendo a reclamarla Menelao, quiere obligarla a la fuerza a ser su esposa, por cuya razón la perseguida se refugia en el asilo del sepulcro de Proteo. Menelao, con su fantasma, después de su naufragio, la encuentra entonces, desapareciendo la aérea, y se reconocen, y combinan los medios de escaparse de la isla y del poder de Teoclímeno. Y logran cumplidamente su propósito, engañando al enamorado rey con la ayuda de su misma hermana, la profetisa Teónoe, que, sabedora de la venida de Menelao, la oculta a su hermano por respeto a la piedad y justicia de su padre.


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48 págs. / 1 hora, 24 minutos / 246 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2025 por Edu Robsy.

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