Textos mejor valorados disponibles | pág. 108

Mostrando 1071 a 1080 de 6.665 textos encontrados.


Buscador de títulos

textos disponibles


106107108109110

Historia de las Indias

Fray Bartolomé de las Casas


Historia, Crónica


Advertencia preliminar

Esta historia dejo yo Fray Bartolomé de las Casas, Obispo que fue de Chiapa, en confianza a este Colegio de Sant Gregorio, robando y pidiendo por caridad al padre Rector y Consiliarios del, que por tiempo fueren, que a ningún seglar la den para que, ni dentro del dicho Colegio, ni mucho menos de fuera del, la lea por tiempo de cuarenta años, desde este de sesenta que entrará, comenzados a contar; sobre lo cual les encargo la consciencia. Y pasados aquellos cuarenta años, si vieren que conviene para el bien de los indios y de España, la pueden mandar imprimir para gloria de Dios y manifestación de la verdad principalmente, Y no parece convenir que todos los colegiales la lean, sino los más prudentes, porque no se publique antes de tiempo, porque no hay para qué ni ha de aprovechar.

Fecha por Noviembre de 1559.

Deo gratias.

El Obispo Fray Bartolomé de las Casas.

Prólogo de la historia

En el cual trata el autor difusamente los diversos motivos y fines que los que historias escriben suelen tener. —Toca la utilidad grande que trae la noticia de las cosas pasadas. — Alega muchos autores y escritores antiguos. —Pone muy largo la causa final e intincion suya que le movió a escribir esta Corónica de las Indias. —Asigna los grandes errores que en muchos, cerca de estas naciones indianas, ha habido y las causas de donde procedieron. — Señala también las otras causas, formal y material, y eficiente, que en toda obra suelen concurrir.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1.048 págs. / 1 día, 6 horas, 35 minutos / 2.507 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2018 por Edu Robsy.

El Príncipe Constante

Pedro Calderón de la Barca


Teatro, Drama


PERSONAS

Don Fernando, príncipe.
Don Enrique, príncipe.
Don Juan Coutiño.
El rey de Fez, viejo.
Muley, general.
Celin.
Alfonso, rey de Portugal.
Tarudante, rey de Marruecos.
Brito, gracioso.
Fénix, infanta.
Rosa.
Zara.
Estrella.
Celima.
Soldados portugueses.
Cautivos.
Moros.

La escena es en Fez y sus contornos, y en los de Tánger.

La accion principia en el año 1437.

JORNADA PRIMERA

Jardin del rey de Fez.

ESCENA PRIMERA

Cautivos, que salen cantando; ZARA.

Zara.
Cantad aquí, que ha gustado,
Miéntras toma de vestir
Fénix hermosa, de oir
Las canciones, que ha escuchado
Tal vez en los baños, llenas
De dolor y sentimiento.

Caut. 1.º
Música cuyo instrumento
Son los hierros y cadenas
Que nos aprisionan, ¿puede
Haberla alegrado?

Zara.
Sí:
Ella escucha desde aquí.
Cantad.

Caut. 2.º
Esa pena excede,
Zara hermosa, á cuantas son,
Pues solo un rudo animal,
Sin discurso racional,
Canta alegre en la prision.

Zara.
¿No cantais vosotros?

Caut. 3.º
Es
Para divertir las penas
Propias, mas no las ajenas.

Zara.
Ella escucha, cantad pues.

Cautivos
(Cantando.) Al peso de los años
Lo eminente se rinde;
Que á lo fácil del tiempo
No hay conquista difícil.

ESCENA II

ROSA.—Dichos.

Rosa.
Despejad, cautivos; dad
A vuestras canciones fin;
Porque sale á este jardin
Fénix á dar vanidad
Al campo con su hermosura,
Segunda aurora del prado.

(Vanse los cautivos.)


Leer / Descargar texto

Dominio público
46 págs. / 1 hora, 21 minutos / 836 visitas.

Publicado el 4 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Usos y Costumbres Antiguos y Modernos de Menorca

Juan Ramis


Historia, Tratado


Mores, et studio, et populus, et proelia dicam.
Virgil: Georg: Lib: IV.

Los usos y costumbres de los menorquines son tan diferentes en el día de lo que antes eran, que unos a otros en nada se parecen.

Tempora mutantur, et nos mutamus in illis.

En los primeros siglos en que los habitantes de la Isla empezaron a ser conocidos de las demás naciones, iban enteramente desnudos durante el estío; sea que lo caluroso del clima los obligase a esto; o bien para que fortaleciéndose de este modo se hallasen más dispuestos para las fatigas de la guerra a que eran sumamente inclinados. Esta desnudez los hizo despreciar al principio de los cartagineses y romanos; pero presto unos y otros empezaron a pensar de muy distinto modo; aquellos con las repetidas repulsas que experimentaron de estos isleños en sus desembarcos en Menorca; y entrambos en las dos primeras Guerras Púnicas en que los baleares, y por consiguiente los menorquines, se distinguieron tanto como fácilmente puede verse en Polibio, Apiano, Tito Livio y otros historiadores antiguos.

Lo que los hacía tan temibles era su extremada pericia en el manejo de la honda, arma que según no pocos aseguran se debe a los baleares. Como quiera que esto fuere, es constante que los naturales de Menorca tenían tal destreza en el uso de aquella arma que entre una multitud de tiros apenas erraban uno u otro.

Por otra parte, su mucha experiencia les había enseñado que según la distancia no podía tirarse con igual acierto con una misma honda. Para precaver este defecto inventaron tres especies de ellas a fin de servirse de las mismas según las circunstancias. Había una para los tiros largos que se llamaba Macrocolon; otra para los cortos nombrada Brachycolon; y otra en fin para trechos medianos. De esta última no ha quedado el nombre.


Leer / Descargar texto

Dominio público
10 págs. / 18 minutos / 210 visitas.

Publicado el 18 de junio de 2018 por Edu Robsy.

El Crimen de Silvestre Bonnard

Anatole France


Novela


I. El leño de Navidad

24 de diciembre de 1849.

Me había puesto las zapatillas y el batín. Enjugué mis ojos empañados por una lágrima que les arrancó el viento al cruzar el muelle.

Una lumbre llameante ardía en la chimenea de mi despacho; una tenue capa de hielo que cubría los cristales de las ventanas, formaba floraciones semejantes a hojas de helechos, y ocultaba a mi vista el Sena, sus puentes y el Louvre de los Valois.

Acerqué al fuego mi sillón y mi mesita para ocupar junto a la lumbre el sitio que Hamílcar se dignaba dejarme. Hamílcar, hecho una bola, dormía cerca de los morillos sobre un almohadón de pluma con el hocico entre las patas; una respiración acompasada hacía oscilar su pelo abundante y suave; al sentirme entreabrió los ojos y mostró sus pupilas de ágata bajo sus párpados entornados que cerró en seguida como si pensara: «No es nadie: es mi amigo».

—¡Hamílcar! —le dije mientras estiraba las piernas—. ¡Hamílcar, príncipe soñoliento de la ciudad de los libros!; ¡guardián nocturno! Tú defiendes contra los viles roedores los manuscritos y los impresos que el viejo sabio adquirió gracias a un modesto peculio y a un celo infatigable. En esta biblioteca silenciosa protegida por tus virtudes militares duermes con el abandono de una sultana, porque reúnes en tu persona el aspecto formidable de un guerrero tártaro y la gracia apacible de una mujer de Oriente. Heroico y voluptuoso Hamílcar, duermes en espera de la hora en que los ratones bailarán a la claridad de la luna ante los Acta sanctorum de los doctos bolandistas.


Leer / Descargar texto

Dominio público
171 págs. / 5 horas / 737 visitas.

Publicado el 22 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Los Caballeros

Aristófanes


Teatro, Comedia


Personajes

PRIMER SERVIDOR, personificando a Demóstenes.
SEGUNDO SERVIDOR, personificando a Nicias.
UN CHORICERO, llamado Agorácrito.
EL PAFLAGONIO, personificando a Cleón.
DEMOS, personificando al Pueblo Ateniense.
Los CABALLEROS, que componen el Coro.

Los Caballeros

(La escena representa un rincón del Mercado, junto a la casa de Demos).

PRIMER SERVIDOR:
(Llevando la máscara del general Demóstenes) ¡Qué calamidad ¡Qué los dioses confundan a ese Paflagonio y a sus malditos consejos! Desde que, en mala hora, se introdujo en esta casa, no cesa de apalear a los criados.

SEGUNDO SERVIDOR:
(Llevando la máscara del general Nicias). Asi perezca él y toda la ralea de ese puerco calumniador.

PRIMER SERVIDOR:
¿Cómo te va, pobre amigo mío?

SEGUNDO SERVIDOR:
Mal, lo mismo que a ti.

PRIMER SERVIDOR:
Pues ven acá: mezclemos nuestros gemidos, imitando los gemebundos cantos de Olimpo.

LOS DOS SERVIDORES:
Mumu, mumu, mumu, mumu...

PRIMER SERVIDOR:
¿De qué sirve gemir? ¿No sería mejor buscar otro medio de aliviar nuestra suerte, y dejarnos de llantos?

SEGUNDO SERVIDOR:
¿Pero qué medio?

PRIMER SERVIDOR:
Dilo tú.

SEGUNDO SERVIDOR:
No; habla tú; es un honor que te corresponde.

PRIMER SERVIDOR:
No; por Apolo, has de ser tú el que propongas. No vaciles. Después te diré lo que pienso.

SEGUNDO SERVIDOR:
No me atrevo. ¿Cómo lo haría para decirlo con la sutileza de Eurípides? "Ojalá me dijeses lo que debo decirte".

PRIMER SERVIDOR:
¡Quita, quita, no me llenes de verdolagas. Más vale que inventes un canto de libertad.


Leer / Descargar texto

Dominio público
41 págs. / 1 hora, 12 minutos / 609 visitas.

Publicado el 27 de junio de 2018 por Edu Robsy.

El Criador de Gorilas

Roberto Arlt


Cuentos, Colección


La factoría de Farjalla Bill Alí

Los que me conocían, al enterarse de que iba a trabajar en el criadero de gorilas de Farjalla Bill Alí se encogieron compasivamente de hombros.

Yo ya no tenía dónde elegir. Me habían expulsado de los más importantes comercios de Stanley.

En unas partes me acusaban de ratero y en otras de beodo. Mi último amo al tropezar conmigo en la entrada del mercado, dijo, comentando irónicamente mi determinación:

"No enderezarás la cola de un galgo aunque la dejes veinte años metida en un cañón de fusil."

Yo me encogí de hombros frente al pesimismo que trascendía del proverbio árabe. ¿Qué podía hacer? En África uno se muere de hambre no solo en el desierto sino también en la más compacta y vocinglera de las selvas. Allí donde verdea el mango o ríe el chimpancé, casi siempre acecha la flecha venenosa.


Leer / Descargar texto

Dominio público
123 págs. / 3 horas, 36 minutos / 522 visitas.

Publicado el 20 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Pluto

Aristófanes


Teatro, Comedia


Personajes

CARIÓN, esclavo de Cremilo.
CREMILO.
EL Dios PLUTO.
CORO DE CAMPESINOS.
BLEPSIDEMO, amigo de Cremilo.
LA POBREZA.
LA MUJER DE CREMILO.
UN HOMBRE DE BIEN.
UN SICOFANTE.
UNA VIEJA.
UN JOVEN.
EL Dios HERMES.
UN SACERDOTE DE ZEUS.

Pluto

La escena representa una plaza pública, al fondo de la cual se alza la casa de Cremilo. Éste entra seguido de Carión y ambos siguen a Pluto, ciego.

CARIÓN:
¡Ah, qué penoso es, oh Zeus y grandes dioses, ser esclavo de un amo que anda mal de la cabeza! Si el esclavo da los mejores consejos y al amo se le antoja no seguirlos, no por eso deja de participar de su desgracia. Porque la fortuna no nos permite disponer de este cuerpo, que es nuestro y muy nuestro, y se lo da al que lo ha comprado. ¡Así anda el mundo! Tengo que dirigir a Apolo, al dios cuya pitonisa profetiza desde el áureo trípode, una justa acusación: que siendo médico y hábil adivino, según se asegura, haya dejado salir de su templo a mi amo atacado de locura, obstinado en seguir a un ciego y empeñado en oponerse al buen sentido, según el cual quien tiene buenos ojos debe guiar al que carece de ellos; pero a mi amo no hay modo de hacérselo comprender; y se va detrás del ciego, y por añadidura me obliga a ir a mí también, sin responder a mis preguntas. No, mi amo, yo no puedo callar si no me dices por qué seguimos a ese hombre; te atormentaré, ya que gracias a mi corona no puedes castigarme.

CREMILO:
Pero si continúas fastidiándome. te quitaré la corona y aún te escocerá más.

CARIÓN:
¡Tonterías! No pienso dejarte en paz hasta que me digas quién es ese hombre. Ten presente que te lo pregunto por tu propio interés.


Leer / Descargar texto

Dominio público
34 págs. / 1 hora / 739 visitas.

Publicado el 2 de julio de 2018 por Edu Robsy.

El Conde Lucanor

Infante Don Juan Manuel


Cuento, Tratado


Anteprólogo

Este libro fizo don Johan, fijo del muy noble infante don Manuel, deseando que los omnes fiziessen en este mundo tales obras que les fuessen aprovechosas de las onras et de las faziendas et de sus estados, et fuessen más allegados a la carrera porque pudiessen salvar las almas. Et puso en él los enxiemplos más aprovechosos que él sopo de las cosas que acaesçieron, porque los omnes puedan fazer esto que dicho es. Et sería maravilla si de cualquier cosa que acaezca a cualquier omne, non fallare en este libro su semejança que acaesçió a otro.


Leer / Descargar texto

Dominio público
244 págs. / 7 horas, 7 minutos / 1.739 visitas.

Publicado el 27 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Las Tesmoforiantes

Aristófanes


Teatro, Comedia


Personajes

MNESÍLOCO, suegro de Eurípides.
EURÍPIDES.
UN CRIADO DE AGATÓN.
AGATÓN.
CORO DE AGATÓN.
UN HERALDO, (interpretado por una mujer.)
CORO DE MUJERES, que celebran las Tesmoforias.
Dos MUJERES.
CLISTENES.
UN PRITÁNEO.
UN ARQUERO.

Las tesmoforiantes

(La acción transcurre, primero, frente a la casa de Agatón y después junto al templo de Deméter.)

MNESÍLOCO:
(Siguiendo penosamente a Eurípides.) ¡Oh, Zeus! ¿Cuándo veré aparecer una golondrina? Este hombre va a acabar conmigo haciéndome correr desde el amanecer. ¿Podré antes de que me estalle el bazo, saber donde me conduces, Eurípides?

EURÍPIDES:
No debes oír lo que pronto has de ver.

MNESÍLOCO:
¿Cómo dices? Repítelo ¿No debo oír..

EURÍPIDES:
Lo que pronto vas a ver...

MNESÍLOCO:
¿Y tampoco será menester que vea?

EURÍPIDES:
No, al menos lo que debes oír.

MNESÍLOCO:
¿Qué es lo que me aconsejas? Confieso, sin embargo que hablas hábilmente. ¿Dices que no debo oír ni ver?

EURÍPIDES:
Sí; puesto que son dos funciones distintas por naturaleza.

MNESÍLOCO:
¿La de oír y la de no ver?

EURÍPIDES:
Sí; tenlo entendido.

MNESÍLOCO:
¿Cómo distintas?

EURÍPIDES:
Escucha cómo esa distinción se hizo desde los orígenes. Cuando el Eter se separó del Caos y engendró los anímales que en su seno se agitaban, con objeto de que viesen, les hizo primero los ojos redondos como el disco del sol, y después les abrió los oídos en forma de embudo.


Leer / Descargar texto

Dominio público
33 págs. / 57 minutos / 841 visitas.

Publicado el 28 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Cenizas

Grazia Deledda


Novela


Primera parte

I

Era la víspera de San Juan al anochecer. Olí salió de la caseta de peón caminero, situada á la orilla del camino que va de Nuoro á Mamojada, y marchó campo á través. Tenía unos quince años. Era alta y hermosa, con grandes ojos felinos, glaucos, un poco oblicuos, y boca voluptuosa, cuyo labio inferior, algo hendido en su mitad, parecía formado por dos cerezas. De la cofia encarnada, atada bajo la puntiaguda barbilla, salían dos mechones de negros y relucientes cabellos, ensortijados alrededor de las orejas. Este peinado y lo pintoresco del traje, falda roja y corpiño de brocado terminado por dos puntas recurvadas que sostenían el seno, daban á la chiquilla una gracia oriental. Entre los dedos, llenos de anillitos de metal, llevaba cintas y lazos escarlata, para señalar las flores de San Juan, ó sean matas de gordolobo, tomillo y asfódelo, que, cogidas á la madrugada del día siguiente, servían de medicina y amuletos.

Aun cuando Olí no hubiese señalado las plantas que quería arrancar, no había peligro de que alguien las tocara. Todo el campo, alrededor de la caseta donde vivía con su padre y hermanitos, estaba completamente desierto. Sólo á lo lejos las ruinas de una casa de labranza sobresalían entre un campo de trigo, cual escollo en un verde lago. En la campiña agonizaba la salvaje primavera sarda; se deshojaban las flores del asfódelo, se desgranaban los dorados racimos de la retama; las rosas palidecían en los matorrales, amarilleaba la hierba; un fuerte olor de heno perfumaba la pesada atmósfera.

La vía láctea y los últimos resplandores del horizonte, que parecía una faja de mar lejano, daban á la noche claridad de crepúsculo. Cerca del río, cuyas escasísimas aguas reflejaban las estrellas y el cielo violáceo, encontró Olí á dos de sus hermanitos que cazaban grillos.

—¡Á casa! ¡De prisa!—les dijo con su hermosa voz aún infantil.


Leer / Descargar texto

Dominio público
271 págs. / 7 horas, 54 minutos / 390 visitas.

Publicado el 7 de agosto de 2024 por Edu Robsy.

106107108109110