Azul
El rey burgués
Cuento alegre
¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento
alegre… así como para distraer las brumosas y grises melancolías,
helo aquí:
Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que
tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y
negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos
rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento
con sus fanfarrias. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío: era el Rey
Burgués.
Era muy aficionado a las artes el soberano, y favorecía con gran
largueza a sus músicos, a sus hacedores de ditirambos, pintores,
escultores, boticarios, barberos y maestros de esgrima. Cuando iba
a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía
improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los
criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las
mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos. Era un
rey sol, en su Babilonia llena de músicas, de carcajadas y de ruido
de festín. Cuando se hastiaba de la ciudad bullente, iba de caza
atronando el bosque con sus tropeles; y hacía salir de sus nidos a
las aves asustadas, y el vocerío repercutía en lo más escondido de
las cavernas. Los perros de patas elásticas iban rompiendo la
maleza en la carrera, y los cazadores, inclinados sobre el pescuezo
de los caballos, hacían ondear los mantos purpúreos y llevaban las
caras encendidas y las cabelleras al viento.
Leer / Descargar texto 'Azul'