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Historia de Estilicón

Horacio Quiroga


Cuento


Esa noche llegó mi gorila. Habían sido menester cinco cartas seguidas para obtener el cumplimiento de la promesa que arranqué a mi amigo en vísperas de su gran viaje. Iba a Camarones, quería ver las grandes selvas, las llanuras amarillas, las noches estrelladas y sofocantes que brillan impávidas sobre cabezas (le negros. ¿Cómo maniobró aquel perfecto loco para no dejar la vicia entre una turba de traficantes, cuarenta leguas más allá de las últimas factorías? No lo sé. Mi gorila estaba allí, un divino animalito pardo de cincuenta centímetros. Se mantenía en pie, gracias sin duda a los oficios de los pasajeros que durante la travesía distrajeron sus ocios enseñando a la huraña criatura las actitudes propias de un hombre. Se había recostado contra la pared, los brazos grandemente abiertos. Chirriaba sin cesar, llevando la vista de mí a la lámpara con extraordinaria rapidez.

Dimitri, el viejo sirviente asmático que a la muerte de mi padre sacudió tristemente la cabeza cuando le anuncié que podía si quería dejar nuestra casa, le observaba con atento estupor. El bien conocía estos monitos del Brasil que rompen nueces y son difíciles de cuidar; le eran familiares. Pero su asombro entonces era despertado por las proporciones de la bestia. Sin duda a sus ojos albinizados por las estepas lituanas de fauna extremadamente fácil, chocaba este oscuro animal complicado, en cuyos dientes creía ver aún trozos de cortezas roídas quién sabe en qué tenebrosa profundidad de selva. No obstante se acercó a mi pequeña fiera, no para acariciarla —¡oh, no!— sino para verla mejor. El animal se tiró al suelo chillando. Como me aturdía con sus gritos, advertí a Dimitri lo dejara en sosiego. Solo con él, lo observé bien.


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Dominio público
12 págs. / 21 minutos / 51 visitas.

Publicado el 23 de enero de 2024 por Edu Robsy.

Enseñanzas de inteligencia espiritual de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Mi experiencia con la fundación internacional para la educación holista inicio hace 17 años, con mi inscripción a la Maestría en Educación Holista, luego de haber asistido a un foro internacional en Guadalajara México; con el apoyo de los libros que para ese entonces  ya había publicado el Dr. Ramón Gallegos, la abundante bibliografía de la Maestría y mi búsqueda personal, continué mi lectura e interés por el sendero de la sabiduría Holista hasta que en el año 2015, inicie el posgrado en inteligencia espiritual ahora acompañado por mi esposa y guía, quien también se inscribe en la Maestría.

 

El primer semestre constato el importante avance logrado en los conocimientos, ahora mas integrados y profundos sobre el universo Holista, Su encauce hacia la sabiduría del ser-conciencia-felicidad, el desarrollo moral y la meditación que me encamina a un discernimiento autoformativo, y a redefinir mi rumbo hacia una búsqueda interior, una conducta impecable y la practica de la meditación, como esencia del nuevo sendero de sabiduría, en el que la inteligencia espiritual cobra relevancia y trascendencia en el camino del ser; el primer  semestre es entonces, la entrada al mundo del conocimiento del ser interno, la practica meditativa y el encuentro con la trascendente.

 

El primer semestre transcurre en un mundo de conocimientos que me devuelven mi camino con sentido y dirección hacia un mundo interior y a un contacto pleno con mi ser interno; Las materias impartidas por el Dr. Ramón Gallegos  me abrieron el conocimiento formal y con las materias; inteligencia espiritual I, Filosofía Perenne I, Paradigma Holista, e inteligencia espiritual y negocios; cada materia fue adentrándome en una enseñanza fundamentada hacia el desarrollo de las capacidades transpersonales así como en la practica meditativa que desde hace


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4 págs. / 7 minutos / 50 visitas.

Publicado el 20 de marzo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Un-a-gnóstic@ jugando con dioS

Joan Carlos Vinent


Relato corto


Un-a-gnóstic@ jugando con  dioS 
Autoría:  Agnes  Dog
 Cuando  decidió  seguir  el  juego  que  ella  creía  Dios  le  ayudaba  a seguir,  no  era  consciente  de  lo  peligroso  de  la  situación.  De  hecho,  si sigue  viva  es  gracias  a  su  existencia,  al  karma,  al  destino  –no  sería  su hora-  o  al  puro  azar  y  suerte.  Me  explico.  Jugó,  sin  complejos,  a  la ruleta  rusa  conduciendo  un  viejo  Ford  Scort.  El  trayecto  fue  desde  el cruce  que  da  con  la  carretera  que  va  desde  la  carretera  de  Es Mercadal  a  Fornells  (todavía  no  estaba  la  rotonda  con  la  escultura “La  dança  del  vent”  de  Marcel  Villier)  a  Mahón,  siguiendo  las  líneas de  puntos  o  discontinuas  y  continuas,  pero  al  revés:  una  quijotada… empezó  con  miedo,  pero  en  su  interior  oía  las  instrucciones  de  lo divino  o  de  alguien  que  le  alertaba  de  cuando  venía  un  coche  y  debía desplazarse  a  la  derecha  de  la  calzada.


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Licencia limitada
5 págs. / 10 minutos / 50 visitas.

Publicado el 2 de octubre de 2020 por Juan Carlos Vinent Mercadal.

Crimen de Amor

Javier de Viana


Cuento


A Emilio Becher.


Cuando todavía existían en el Entre Ríos gaucho la estancia nativa, la hacienda chúcara, el potro bravo y el paisano de ley, Aquilino Platero habíase conquistado, allá en los pagos de Yuquerí, una triple fama de bravo, de diestro y de buen mozo.

Las dos cualidades primeras le fueron quizá impuestas por la última, á fin de poner á raya la mofa campera. Aquilino tenía, en efecto, una belleza demasiado femenina. Era de mediana estatura, de abultadas caderas, de cintura estrecha, de pequeñas manos y de pequeños pies. La hermosa cabellera rubia, cuyos rulos caían sobre la espalda, sombreaba suavemente un rostro ovalado, fino, con grandes ojos azules de mirar aterciopelado, con su nariz correcta, ligeramente aguileña y con su boca mujeril coronada de una rala pelusilla de oro. La voz suave y un leve ceceo, contribuían á darle el aspecto de feminidad que le obligaba á ser temerariamente bravo, para desvirituar apariencias, desdorosas en aquel medio de virilidades extremas.

Por demás está decir que Aquillino hacía valer su hermosura, realzada en el espíritu de las criollas, por sus habilidades de bailarín, de cantor y de guitarrero. Era el ídolo y el tormento de todas las buenas mozas del pago, y sobre todo de Rosa María, la linda trigueña del Puerto Chico. Cortejábala Aquilino de igual modo y sin mayor preferencia que á las demás; lo cual traía fuera de sí á la joven que experimentaba por él un amor salvaje, absoluto, intransigente, dominador.

—¡Aquilino será mío, mío; mío sola! solía exclamar en sus noches de fiebre, de rabia y de celos.

Ella multiplicaba las coqueterías á fin de rendir el corazón del desdeñoso galán; pero sus rivales luchaban también y el gauchillo se dejaba adormecer por la música de ese coro amoroso, confiado en que siempre tendría tiempo para decidirse.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 50 visitas.

Publicado el 23 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

Fábulas en Prosa II

José Fernández Bremón


Cuentos, colección


El avispero y la colmena

Anidaron las avispas en un corcho de colmena, y revoloteaban sin cesar alrededor, y entraban y salían y defendían su casa como hacen las abejas.

—¿Qué os parece nuestra casa? —dijo una avispa a una abeja vecina.

—Es de igual construcción y tamaño que la nuestra; pero ¿tenéis muchos panales, cera y miel?

—¿Qué son cera y miel?

—Son la riqueza que elaboramos con nuestro trabajo.

—No; nuestra casa está vacía...

—¿Y para eso tenéis tanta casa? Yo creo que os bastaría un agujero.

Entre el pueblo que produce y el que imita sin producir, hay la diferencia que entre el avispero y la colmena.

La bala y el blanco

—Sí, sois perversas y dañinas por instinto, y me detestáis y gozáis en magullarme —dijo a la bala el blanco dolorido, alzando de mala gana la bandera que indicaba el acierto y buena puntería del tirador.

—¿Qué sería de ti —repuso la aplastada bala con voz triste— si tuviéramos la mala intención que nos atribuyes? ¿No sabes que en las batallas pasamos la mayor parte entre los ejércitos sin hacer ningún daño, resistiéndonos a matar? ¿No ves que nos dirigen contra ti y hacemos todo lo posible por no darte? Sin nuestra naturaleza pacífica ¿quedarían muchos hombres? ¿No estarías tú deshecho?

Y silbaban entretanto muchas balas sin dar nunca en el blanco, pero a cada momento caían ramas heridas, saltaban del suelo piedras rotas y se desconchaban las paredes. Cesó por fin el ejercicio de fuego, sin que el blanco alzara la bandera por segunda vez.

—¿Te convences de tu injusticia? —le dijo la bala magullada—. Mira cuánto destrozo en todas partes y qué intacto te dejan los disparos. Siempre se han de quejar los que menos daños sufren. A nadie respetamos tanto las balas como al blanco.


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Dominio público
9 págs. / 16 minutos / 50 visitas.

Publicado el 14 de julio de 2024 por Edu Robsy.

Simulaciones

Gabriel Miró


Cuento


No recuerda ahora Sigüenza dónde ha leído —el no anotar, el no marginar el estudio, dejándolo que se le transfunda como elemento de la propia sangre, le incapacita para ser erudito o crítico—; no recuerda dónde ha leído que la moderna arquitectura metálica, de sostenes y costillajes monstruosos separados del organismo del edificio, osamentas de hormigón, vértebras y articulaciones de cemento, tiene sus antepasados en los contrafuertes, arbotantes y bizarrías del arte gótico.

Pues las formidables y chatas locomotoras Pacific tendrán también, por lo que atañe a su sirena, un antecedente de música litúrgica.

El silbo con ondulaciones y quiebros de tonada, el rugido en nota única, larga, enronquecida, hirviente, de gañiles rojos, se vocaliza en estas máquinas de los trenes del Norte, y profieren un salmo, una haz de notas acordadas dentro de un cañón de órgano negro. Desde que anochece hasta la madrugada, los Magnificat de los expresos, los Maitines de los mixtos, las antífonas de las máquinas-pilotos, todo el rezo de las horas ferroviarias sale del coro umbrío de la estación, esparciéndose por el barrio de Argüelles.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 49 visitas.

Publicado el 27 de enero de 2021 por Edu Robsy.

Un Sistema

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Los que sostienen que no existe la felicidad deben fijarse en don Olimpio, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Antiquis.

En primer lugar, nadie suponga que repito el lugar común de personificar la bienandanza en un canónigo. Nada de eso. Hoy los canónigos son funcionarios modestísimamente retribuidos, que para sostener el decoro de sus funciones necesitan echar muchas cuentas. Hay zapatos de lustre y manteos de reluz que escatimaron tocino al puchero. Pero en todo caben excepciones, y don Olimpio, que «tiene algo por su casa», o, mejor dicho, por la de un pariente oportuno en morir habiéndose acordado antes (claro está) de don Olimpio en sus disposiciones testamentarias, puede comer opimamente con lo propio, guardando la canonjía para la regalada cena.

El primer elemento de dicha de don Olimpio no es, sin embargo, el dinero, sino la tontería… Entendámonos: don Olimpio goza de una de esas tonterías relativas que no vacilo en proclamar infinitamente más útiles y cómodas que las brillantes inteligencias inadaptadas. La tontería de don Olimpio se asemeja a un paraguas de algodón. ¿Conocéis nada más deslucido que un paraguas de algodón? Pero, en lucha con la intemperie, el paraguas de algodón presta doble servicio que el de seda rica. Don Olimpio, tonto de capirote, en cuanto no le interesa directamente, es, en lo que puede convenirle, uno de los seres más sagaces que he conocido.

Confieso que, al pronto, no lo creía. Fue necesario que otro canónigo me lo demostrase, refiriéndome cómo había logrado don Olimpio su puesto en el coro de la Catedral de Antiquis, una de las ciudades más apacibles, sanas, baratas y de grata residencia en España toda.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 48 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

El Ten-con-ten

Antonio de Trueba


Cuento


I

Este era un joven Monarca (ignoro si del sexo, masculino ó del femenino, pues la tradición popular sólo le da el ambiguo nombre de Monarca) que se propuso, al empezar su reinado, hacerse amar de todos sus súbditos por medio del ten-con-ten, ó lo que es lo mismo, procurando complacer á todos.

Firmo en este propósito, que por inspiración propia, y no por consejo ajeno, había adoptado como base de su difícil misión de reinar en un pueblo dividido y encismado por la picara política, quiso completar su plan de conducta gubernamental oyendo los consejos del General Robles, que había sido Ministro y Consejero muy amado del Rey, su augusto padre

El General Robles, más conocido por este nombre que por su título de Duque de no sé qué pueblo, donde había alcanzado una gran victoria sobre extranjeros invasores de la patria, era un venerable anciano.

Hijo de honrados y pobres labradores, había ingresado en la milicia como soldado raso, y á fuerza de tiempo, de talento, de valor, de patriotismo y de honradez, había ascendido á General,y de General á Duque, y de Duque á Ministro, y de Ministro á todo lo más á que entonces se podía ascender, que era el calificativo de ilustre, que ahora se planta á cualquier cabecilla de motín triunfante.

Las genialidades del General. Robles eran muy célebres y enamoraban al Rey mismo. Como muestra de ellas, voy á citar una.


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Dominio público
24 págs. / 42 minutos / 48 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Lo que Puede una Lágrima

Arturo Reyes


Cuento


I

No sabía Dolores la Milagrito á qué carta quedarse ni por qué calle tirar en aquella á modo de encrucijada en que acababan de colocarla los inesperados requerimientos de amor de Joseito el Caramelo, y después de una noche de insomnio y de vuelcos y más vuéleos en la cama, y de suspiros y más suspiros, tiróse del lecho, y con el cabello todavía en desorden y sin mirarse, quizás por primera vez en sus veinte años, al espejo, salióse al patio, ansiosa de respirar, á pleno pulmón, la brisa de la mañana.

Esta, como todas ó casi todas las de estío en Andalucía, era fresca y perfumada, y un viento suave agitaba mansamente las verdes pámpanas de las higueras y las prendas que, puestas á secar sobre sogas y tomizas, fingian á modo de gallardetes y de blanquísimas banderolas.

Dolores respiró con avidez el aire fresco y perfumado, y sentándose en la silla en que solía dormir la siesta la Señá Pepa la Tulipanes, entregóse de nuevo á sus tristes cavilaciones.

Y tan cavila que te cavila estaba nuestra gentil protagonista, que ni cuenta se dió por lo pronto de que entreabriéndose una de las puertas de las habitaciones del patio, daba paso á la señá Pepa, á una viejecita además de enflaquecida, encorvada, con la barba en el pecho y en la barba la punta de la nariz y casi en las orejas la comisura de los labios, y vestida con una falda limpia y zurcida, una chaquetilla de la misma tela y un pañuelo obscuro que le cubría, casi del todo, el pelo, escaso y blanco como la nieve.


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Dominio público
7 págs. / 13 minutos / 48 visitas.

Publicado el 24 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

La Familia

Javier de Viana


Cuento


Era muy grande la Estancia Azul.

Eran suertes y suertes de campo, cuyos límites nadie conocía con precisión, y nadie, ni los dueños ni los linderos se preocuparon nunca de precisarlos.

Numerosos arroyos y cañadas de mayor o menor importancia, y de boscaje más o menos espeso, lo estriaban, como red vascular, en todo sentido.

Entre suaves collados y ásperas serranías dormitaban los valles arropados con sus verdes mantos de trébol y gramilla; y para dar mayor realce a la belleza de las tierras altas, sanas y fecundas, por aquí, por allá, divisábanse, en manchas obscuras, las pústulas de los esteros, albergue de la plebe vegetal y animal.

La Estancia Azul, conocida desde tiempo inmemorial, a la distancia de muchísimas leguas, jamás había salido, ni en la más mínima parcela, del dominio de sus dueños primitivos.

Cinco generaciones de Villarreales se habían sucedido sin interrupción y sin fraccionamientos del campo. Los procuradores, los agrimensores y los jueces nunca intervinieron en el arreglo de las hijuelas.

Cuando fallecía el jefe de la familia, los hermanos solteros convivían en la azotea Azul. El mayor ejercía, de pleno derecho, la administración del establecimiento. En los casos de suma importancia había cónclave familiar presidido por la viuda del jefe fallecido; y ella era el árbitro, cuyos laudos se acataban siempre sin protestas.

El hermano o hermana que contraían matrimonio, abandonaban, por lo general, el nido paterno. Elegía el sitio donde deseaba poblar, y en acuerdo común se designaban los límites de la fracción de campo que le correspondía, más o menos, sin intervención judicial, sin papel sellado, sin documentos escritos, porque la palabra del gaucho era firma indeleble y su conciencia un testigo irrecusable.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 48 visitas.

Publicado el 12 de octubre de 2022 por Edu Robsy.

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