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YO CREÍA QUE ERA ÉL

A. J. BOZINSKY


ficción rara, terror psicológico


1


Recuerdo que estaba en el living leyendo el periódico, esperándolo mientras mi esposa preparaba el almuerzo. Cuando llegó del liceo, le mostré a mi hijo unas revistas amarillentas que aún conservaba. Eran de entre 1960 y 1980, y estábamos casi en el 2000.

—Esto era lo que yo leía a tu edad —el papel estaba áspero, polvoriento, con olor a estar olvidado en una caja de cartón durante años.

Dejó sus útiles, se asomó entre las reliquias con el entrecejo fruncido, y siguió su camino.

—¿Qué? ¿No te interesa?

—Cultura de masas. No es gran cosa. En todas las épocas ha existido. Pan y circo. O, pan et circenses o algo así.

Tuve que insistir varias veces, hasta que aceptó llevárselas al dormitorio, y prometió darles un vistazo cuando terminara con sus tareas. Mi hijo era un buen estudiante, amaba la literatura y la filosofía, aunque a veces era un poco pedante. Pero todos hemos sido jóvenes, y nos hemos creído sabios.

Me olvidé del asunto. A las dos semanas, volvió con la caja de revistas y un voluminoso libro en la mano.

—Hay algo que tienen en común tus revistas de canje y “Las mil y una noches” —dijo sopesando el libro.

—¿En serio?

—Nunca voy a poder terminarlos.

No le había gustado nada de lo visto. Las de ciencia ficción, le parecieron especulaciones absurdas que se desmoronaban ante la evidencia de la actualidad; las bélicas, eran de un patriotismo exagerado, lleno de personajes insensatos; los superhéroes, no cabían en un universo donde no reinara la más indecorosa falta de lógica; las fotonovelas románticas, aparte de que todo era acartonado, podían servir para entender la moralina de una época; la mención especial, era para “Killing”.

—¿De veras leías esto, papá? Si se pueden heredar los traumas, estoy en grave peligro.

—Bueno. Era un poco diabólico. Pero la atmósfera…

—Sí, sí, claro. Y un litro de vino tinto.


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16 págs. / 29 minutos / 48 visitas.

Publicado el 3 de febrero de 2026 por Álvaro Bozinsky.

Una Incorrección Administrativa

Federico Gana


Cuento


Bebíamos en silencio nuestro café aquel amanecer de invierno en casa del secretario del juzgado en aquel proceso criminal, homicidio con reincidencia.

El fusilamiento del delincuente debía verificarse en algunos instantes más; el coche del juzgado nos esperaba a la puerta. Sobre la mesa estaba el expediente, y yo leí in mente estas palabras escritas sobre la portada con grandes letras negras: “Pascual Ortiz.—Homicidio”.

Sabía vagamente el hecho: primer asesinato con ensañamiento, condena a 20 años de presidio; segundo asesinato, en las salas de trabajo de la Penitenciaría, condena a la pena de muerte, que debía cumplirse ese día.

Cierta malsana y juvenil curiosidad profesional de abogados despreocupados como éramos mi amigo y yo entonces, nos había incitado a pedir a nuestro colega Pedro Reyes que nos invitase esa mañana a presenciar el macabro espectáculo.

Y ahí estábamos ahora ante la próxima e inevitable muerte de un ser humano desconocido, hablando futilezas.

Reyes sacó de pronto su reloj y nos dijo, tomando nerviosamente el voluminoso legajo que había sobre la mesa: “Vamos, ya es hora”.

Instalados en el coche, guardábamos silencio, siempre sugestionados tal vez por la impresión que se reflejaba en el bondadoso semblante de Pedro Reyes, que miraba con fijeza hacia un punto indefinido del horizonte, mordiéndose con fuerza los labios.

El coche dejaba atrás los barrios elegantes del centro comercial de Santiago, las calles de Dieciocho, Castro, doblaba por Ejército y bordeaba el oriente del Parque Cousiño. Al contemplar nuestro amigo la libre extensión de los campos del parque envueltos a esa hora matinal en las brumas de ese amanecer nebuloso, su rostro abstraído se contrajo, sus ojos leales y puros parecieron mirar hacia adentro, como atacados de un súbito estrabismo, lanzó un hondo suspiro y exclamó en voz baja, estrangulada:


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 47 visitas.

Publicado el 29 de junio de 2022 por Edu Robsy.

La Piedad Divina

José Antonio Román


Cuento


Por delante del supremo Tribunal de la Justicia Divina desfiló lentamente la procesión de almas, contritas las unas, meditativas las otras, todas cubiertas de largos sayales. El Padre Eterno estaba sentado en una enorme amatista; su augusta cabeza ceñida por una diadema de zafiros y su amplia barba infundían santo temor.

El Pensador fué á colocarse en la última fila, esquivo y receloso. Tanta magnificencia le mortificaba, y con los ojos dilatados por el asombro miraba aquel vasto salón que tenía por techumbre la bóveda estrellada y esos sitiales dispuestos en semicírculo, donde se instalaba ceremoniosa la Corte Celestial que venía á presenciar el juicio de las almas.

Principió el juzgamiento. Entonces se vió un espectáculo demasiado impresionador; las infelices almas á quienes el inapelable fallo de Dios condenaba al fuego eterno, se entregaban á lastimosos extremos de desesperación, ya se retorcían las manos hasta el crujimiento de los huesos, ya se humillaban en el polvo desgarrando sus vestiduras y haciendo sangrar sus carnes, siempre implorando piedad. Impasible, sin la menor muestra de compasión, en hierática actitud la vengadora diestra, Dios les indicaba la puerta Por ahí salían en tropel las desventuradas almas estremeciendo los aires con sus lamentos de dolor. Algunas, convencidas de la inutilidad de sus esfuerzos, tenían súbitas rebeliones y se erguían á manera de víboras pisoteadas; pero fulminadas por el fulgor de las miradas divinas se doblegaban y partían á su vez sollozantes y gemebundas. La sala se iba quedando desierta; apenas si restaban unas pocas que temblaban de terror.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 46 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

De Cómo Fray Roquiño Dejó Este Mundo Miserable

Ramón María Tenreiro


Cuento


Siglo tras siglo, guiados por el lácteo resplandor estelar, protegidos por piadosas hermandades de caballeros, los peregrinos llegaban en devota muchedumbre desde los más remotos términos europeos. Sin dejar el bordón ni quitarse los harapientos hábitos de camino, cuyos desgarrones y mugre proclaman los trabajos de las luengas jornadas, derramando su alegría en ardorosos himnos, cantados en las hablas más diversas, una feliz mañana penetraban bajo las húmedas bóvedas que cobijan las reliquias del protoevangelizador de las Españas.

Puestos ánimo y ojos en descubrir lo antes posible el sedente simulacro del Apóstol, revestido de plata, cuajado de gemas, que bendice a la cristiandad desde el sagrado recogimiento de su camarín, al trepar anhelante por el suave alcor, en cuya altura media asiéntase la basílica, apenas entreveía el piadoso viajero la robusta faz de la sagrada fábrica, defendida por macizas torres, recias como fortalezas; casi no tenía miradas para la soberbia “Gloria” que da acceso al templo, arquitectónica alegoría del triunfo de la Iglesia; no paraba atención en las semivivientes esculturas de apóstoles y profetas, sostén y fundamento de la comunión cristiana, que consideran impasibles el azaroso curso de las generaciones peregrinas desde los fustes de las columnas del pórtico; no admiraba el coro de ancianos músicos, arrobados en celestial coloquio, que orna la archivolta; ni aun se espantaba de la exangüe fantasma gigantesca del tremendo Cristo-Juez, coronado emperador del universo, que en el tímpano muestra las llagas de su cuerpo y exige virtudes en reparación de ellas.


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Dominio público
5 págs. / 10 minutos / 46 visitas.

Publicado el 3 de noviembre de 2023 por Edu Robsy.

¡Saturnos!

Silverio Lanza


Cuento


Fue el día 19 de Junio; me acuerdo perfectamente. Pero empezare el relato por el principio.

Yo estuve tres años de sirviente en casa de la señora marquesa del Calvario. Tres años hacen treinta y seis meses, menos dos que me pago el ama, y más quince días que estuve allí además de los tres años; total, que al marcharme me dió la señora un pagaré por 1.380 pesetas. Por cosas así se ha dicho que nadie es grande hombre para su ayuda de cámara.

Entre á servir al pintor Hernández, y me pago y me enseño á dibujar, y me emancipe, y soy un regular dibujante, según se murmura, y tengo cinco duros para mi y para Rosa, que ahora es mi novia, y después será mi mujer, y luego la madre de mis hijos: me parece á mi.

Conque leí en un periódico que se citaba á los acreedores de la marquesa para celebrar una reunión.

Cedía el local uno de los síndicos, viejo comerciante que vivía en una viejísima casa cuya escalera estaba deshecha en algunos sitios y, en los restantes, era inservible.

Cuando llegue al descansillo busque quien me orientase, y vi una moza que daba empujones á una puerta sin conseguir abrirla.

—Vecina, ¿qué es eso?

—Que se agarra el picaporte.

—¿A quién?

—A la nariz.

—¡Narices!

Me acerqué, y vi que la moza valía un esfuerzo.

—Buenos días, paisana.

—¿Quiere usted conversación?

—Lo que yo quiero es saber si dentro hay alguna fiera, porque en cuanto yo ponga estos dátiles en la puerta, ni que decir tiene.

—Pues no hay nada, porque las fieras están fuera.

—¿Lo dice usted por mí?

—O por mí.

—Por usted no puede ser, porque estando yo presente no consiento que á usted le falte nadie.

—Y ¿qué mas?

—Que pase usted.

—Lo veremos.

Cogí el llavín, levante con fuerza el picaporte, dí una patada á la puerta, y ésta se abrió en seguida.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 45 visitas.

Publicado el 28 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Triunfo Amargo

Javier de Viana


Cuento


A José R. Gómez.


Hacía más de cuatro años que Fausto Vera viajaba por Europa, estudiando á veces, recreándose en ocasiones, aburriéndose casi siempre, cuando recibió aviso telegráfico del repentino fallecimiento de su padre.

Inmediatamente hizo sus preparativos, y un mes después estaba de regreso. Á su llegada á Buenos Aires se aisló, substrayéndose á sus numerosas relaciones, y, apenas concluidos los trámites de la testamentaría, se largó á su estancia de Entre Ríos.

El capataz y los peones que fueron á esperarlo á la estación con un breack y un carrito, previendo copioso equipaje que transportar, sufrieron una desilusión. Fausto sólo llevaba consigo una pequeña valija, una escopeta y dos perros.

Durante la primera semana rehuyó ocuparse del establecimiento. Substituyó el zapato por la bota, el pantalón por la bombacha, el jacquet por el ponchito. Antes del amanecer estaba en el galpón, y después de cimarronear copiosamente en franca camaradería con los peones, ensillaba él mismo su caballo y se largaba al campo con su escopeta y con sus perros. Experimentaba satisfacción inmensa volviendo á recorrer las lomas y las hondonadas, los dorados esteros, las verdes embalsadas, las plácidas lagunas y los boscosos potriles, toda aquella naturaleza bella, fuerte, virgen y calcinada por el sol que había adobado su juventud.

Sentía como una imperiosa necesidad de deseuropeizarse, de expulsar del alma los clisés ahumados, los paisajes gríseos, las impresiones penosas de sociedades enormemente viejas y gastadas que durante años le habían obscurecido y desnaturalizado su yo, en cuya reconquista afanábase.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 45 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

El Viaje del Perro

Javier de Viana


Cuento


Entre la estancia de La Quebrada y la pulpería del Árbol Solo, mediaba una distancia no menor de quince leguas, y, todavía, «de las que cacheteó el diablo», vale decir, de las que se estiran como acordeón.

Quince leguas ya no se pueden llamar un paseíto, y menos si han de hacerse en invierno, con los cañadones «hinchaos» y los esteros repletos; pero al olor de un baile, la mozada campera aventa la pereza y olvida obstáculos. Y la fiesta que ofrecía don Goyo, celebrando el casamiento de su hija Mariquita, prometía ser de las que valen «tarja».

En el atardecer de! sábado, Andrés, Dionisio y Sebastián habían atado a soga sus «reservas», no sin antes haberles «emparejado el tuso» y arreglado los vasos. Y en la madrugada del domingo, salieron dispuestos a trotear firme, a bien de alcanzar «los con cuero» del mediodía.

Vestían los trajes de diario. Entre cojinillos llevaban, bien doblados, el saco y el pantalón de parada; en las maletas, las demás prendas, sin olvidar el espejito, el frasco de «aceite de olor» y el de Agua Florida; a los tientos las botas charoladas: en la islita de sauces que había cerca de las casas se mudarían, previa toilette en la «cachimba».

Andrés y Dionisio, mocetones exuberantes de salud, iban acortando la jornada y neutralizando, las fatigas con pláticas chacotonas, enhebrando propósitos y tejiendo planes; pero Sebastián, el del alma de escarcha, trotaba apartado y en silencio, siempre metido dentro de sí.

Viejo no era Sebastián; aun no había redondeado las tres décadas. No era descuidado tampoco; más, su extremo desgano, dábale un desesperante aspecto de cosa usada. El cabello empezaba a encanecer prematuramente; la piel áspera de color basáltico, ensombrecida más aún por las cejas copiosas y el bigote recio, impedían lucir la belleza de los ojos inteligentes y buenos.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 45 visitas.

Publicado el 10 de noviembre de 2022 por Edu Robsy.

P. P. y W.

Silverio Lanza


Cuento


Durante mi vida no se ha cesado de criticar mi boda con Matea. Es de advertir que ésta fué mi sirvienta antes de ser mi esposa. Creo llegado el momento de dar algunas explicaciones acerca de este asunto.

En el día tal, del año tantos, me hallaba en la Exposición de Bellas Artes examinando con enojo una figura en mármol que había obtenido el primer premio sin tener cualidad alguna que mereciera tan gran distinción.

Hallábase á mi lado un venerable anciano de barba blanca. Comprendimos ambos, por nuestros respectivos gestos, que pensábamos de igual manera. Entonces empezamos á cruzar algunas palabras.

—Esto es atroz.

—De muy mal gusto.

—Esa cabeza no está en su sitio.

—Pero, además, repare V. que si empezase á andar esta estátua resultaría un Jacob cojo.

—¡Ah! ¿Representa á Jacob?

—Sí, señor.

—Entonces será Jacob después de encogérsele el endón.

—Buena ocurrencia.

—¿Usted es aficionado?

—Sí, señor.

—¿Acaso será esta su carrera?

—También es cierto.

—¿Es indiscreción preguntar á V. su nombre?

—No, señor. Me llamo Fulano de Tal.

—¡Hola! ¿Es V. el autor de la magnífica estátua que guarda el duque de Cuál?

—¿Lágrimas amargas?

—Esa.

—Sí, señor.

—Me felicito de este encuentro.

—Usted no debe ser del arte. Yo le conocería á usted.

—Soy un aficionado.

Seguimos hablando de esta manera, y salimos juntos de la Exposición. Él me invitó á subir á su coche, pero yo me negué resueltamente. Recordé lo mezquino de mi traje, y por no parecer su criado no quise figurarme su amigo. Entonces el caballero me dió su tarjeta y me suplicó le visitase. Se lo prometí así y nos despedimos.

El cartoncito decía: «Primitivo Dios.—Ventas del Espíritu-Santo.»


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7 págs. / 12 minutos / 43 visitas.

Publicado el 30 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Ramón Gallegos y la didáctica holista

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Tomando en cuenta los cambios socio-culturales tan significativos que han ocurrido durante las últimas décadas en nuestro entorno, queda claro que las necesidades psicológicas y pedagógicos de los niños en la actualidad no pueden ser satisfechas basándose en un sistema educativo que data de hace más de 50 años.

Día a día es común encontrar en la población escolar problemas psicológicos tales como ansiedad, baja autoestima, somatizaciones y dificultades de integración social. Todo ello sugiere que nuestros niños distan mucho de disfrutar su proceso de aprendizaje.

La educación holista fue creada por el Dr. Ramon Gallegos, quien es el autor que mas ha escrito y publicado sobre el tema, 25 libros. La educacion holista viene a revolucionar conceptos sumamente arraigados respecto a lo que se espera que los niños vivan dentro del ámbito académico, pues su postulado fundamental es que tanto padres como maestros olvidamos enseñarles el conocimiento más importante: Aprender a ser felices.

Desde esta perspectiva, el modelo de educación Holista nos motiva a desarrollar nuestra conciencia, pues es cierto que los adultos enseñamos a partir de los que somos. Por lo tanto, si queremos  tener niños felices, debemos aprender a ser adultos felices.

El Dr. Ramón Gallegos es considerado un pionero en este rubro, y nos enseña de manera práctica y sencilla que la principal prioridad que tenemos como educadores es aprender y enseñar la triada Conocimiento-Consciencia-Felicidad.

La educación holista proviene del término griego Holos, que significa  totalidad.

El modelo de educación holista está basado en la teoría de Ken Wilber, quien propone que la realidad está compuesta por holones; es decir, totalidades que van integrándose de manera inclusiva y cada vez más compleja.

 


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3 págs. / 6 minutos / 41 visitas.

Publicado el 15 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

El Bastón de la Muerte

Roberto Arlt


Cuento


Si alguien me hubiera dicho que aquellas señoras y caballeros, plácidamente arrellanados en sus butacas, dentro de un cuarto de hora tratarían de matar al orador con el cabo de sus paraguas, no lo hubiese creído.

Tampoco lo imaginaba (así lo supongo) el orador, míster Getfried, socio honorario del club, y cuya conferencia se titulaba “Un curioso caso de transmisión del pensamiento en la isla de Sumatra”.

El club (yo lo he llamado inapropiadamente club) no era club, sino la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Castelnau Levántate y Anda.

Todos los sábados un ciudadano diferente, por supuesto, y que tuviera algo que informamos respecto a la telepatía, rabdomancia, ciencias ocultas, magia o teosofía, ocupaba la cátedra de Levántate y Anda. De esta manera la población de Castelnau entró en conocimiento de numerosas particularidades del más allá.

El último orador es decir, el penúltimo, fue el capitán de equitación Soutri, quien a mi modesto juicio ha sido uno de los oradores que mejor nos ilustraron sobre las actividades psíquicas de la raza caballar comunicándonos sus experiencias personales con la yegua Batí, a la que era posible sugerirle órdenes hasta a cien metros de distancia. Una curiosa estadística de los experimentos permitía confeccionar un gráfico de la sensibilidad de la yegua. Esta evidencia, por otra parte, impresionó de tal manera al cochero Carlet, que desde entonces Carlet se abstuvo de castigar a la potranca que arrastraba su carruaje.

Claro está que todos esperábamos con sumo interés la conferencia de Getfried. Getfried había vivido algunos años en la Malasia; de la isla de Java había pasado a la de Sumatra por razones que jamás explicó, pero que atañían a los representantes de la justicia de su graciosa majestad, y desde entonces Getfried se acogió al bondadoso amparo de su nueva soberana, la reina Guillermina.


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Dominio público
7 págs. / 12 minutos / 41 visitas.

Publicado el 31 de enero de 2024 por Edu Robsy.

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