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Una Taza De Té

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica


Ayer de mañana tropecé en la calle con una muchacha delgada, de vestido un poco más largo que lo regular, y bastante mona, a lo que me pareció. Me volví a mirarla y la seguí con los ojos hasta que dobló la esquina, tan poco preocupada ella por mi plantón, como pudiera haberlo estado mi propia madre. Esto es frecuente.

Tenía, sin embargo, aquella figurita delgada un tal aire de modesta prisa en pasar inadvertida; un tan franco desinterés respecto de un badulaque cualquiera que con la cara dada vuelta está esperando que ella se vuelva a su vez; tal cabal indiferencia, en suma, que me encantó, bien que yo fuera el badulaque que la seguía en aquel momento.

Aunque yo tenía qué hacer, la seguí, y me detuve en la misma esquina. A la mitad de la cuadra cruzó y entró en un zaguán de casa de alto.

La muchacha tenía un traje oscuro, y muy tensas las medias. Ahora bien, deseo que me digan si hay una cosa en que se pierda mejor el tiempo que seguir con la imaginación el cuerpo de una chica muy bien calzada, que va trepando una escalera. No sé si ella contaba los escalones; pero juraría que no me equivoqué en un sólo número, y que llegamos juntos a un tiempo al vestíbulo.

Dejé de verla, pues. Pero yo quería deducir la condición de la chica del aspecto de la casa, y seguí adelante, por la vereda opuesta.

Pues bien: en la pared de la misma casa, y en una gran chapa de bronce, leí:


DOCTOR SWINDENBORG

FISICO DIETETICO


¡Físico dietético! Está bien. Era lo menos que me podía pasar esa mañana. Seguir a una mona chica de traje azul marino, efectuar a su lado una ideal ascensión de escalera, para concluir...


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 10 visitas.

Publicado el 10 de julio de 2026 por Brian.

Decadencia

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Entre los recuerdos que han encontrado un abrigo en el santuario luminoso de mis momentos más dulces; entre aquellos que mi alma, recogida en sí misma, ha cobijado en su seno, como madre cariñosa que reúne sus hijos para vivir de su ternura; entre los que han llorado conmigo, pobres compañeros de mis horas más lentas y fatigosas, vive la memoria de una mujer.

Triste y cansado, sin fuerzas para sostenerlos, el cerebro ha dejado escapar otros pensamientos más verdaderos, pero menos hondos, quizás. Los nervios no reflejan el mundo exterior: sus vibraciones se agotan en el vacío, perdiéndose en el silencio que mi espíritu encierra. Así descansan mis recuerdos, sin fuerzas para agitarse. Sólo uno revolotea estremecido, como si quisiera ser evocado por la palabra; pero ha perdido su forma, mezclándose con ideas y concepciones que he soñado, no pudiendo decir que dulzura corresponden á uno, y cual á otro. Mi inteligencia es incapaz de despejarlas; y, esa continua ansiedad; en ese sacudimiento prolongado que revuelve tantas sombras dormidas, se concentra mi vida entera, como si el cerebro, colmado, hubiera perdido su facultad creadora, replegándose en sí mismo.


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 9 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Una Carta De Amor

Horacio Quiroga


Cuento



Cuando se ha pasado la vida publicando historietas, no es extraño que haya una persona que guste particularmente de lo que uno —bien o mal— hace. Esta persona puede ser un amigo, o una vieja señora que vive en Jujuy, y que no tiene, desde luego, la menor idea de quién puede ser el autor. Otras veces es un joven estudiante de bachillerato que sueña con la conquista de un gran nombre en las letras, y para cuyos quince años, un hombre que escribe cuentos en revistas, es una especie de personaje. Alguna vez el adolescente en cuestión no es ni siquiera estudiante y tal resultó ser el muchacho que vino una vez a consultarme por cosas del oficio.

En verdad, el joven visitante no tenía aspiraciones artísticas; pero estaba profundamente enamorado. Había tenido un disgusto serio con su novia —novia, creo que tampoco, dada la edad del muchacho, 17 a 18 años, a lo sumo—. Se trataba, pues, verosímilmente, de una de las tantas peleas que sobrevienen matemáticamente cada quince días a los fogosos y tiernos amantes cuya relación no es aún formal. Pero mi muchacho estaba enérgicamente enamorado, y entendía no aplazar aquello por nada del mundo.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 22 visitas.

Publicado el 14 de agosto de 2026 por Brian.

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