Textos más largos publicados por Brian disponibles | pág. 18

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Las Cintas En Serie

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


No escapa a nadie que el motivo de diluir en muchos actos un largo drama cinematográfico —como si dijéramos los capítulos de un folletín— es sencillamente asegurar un público sostenido, gracias al interés encadenado de dichas series. Pero he aquí que los complicados novelones del principio, casi siempre policiales, concluyeron por cansar: el público en general, cada vez más educado en sentimientos de arte, no se satisfacía más con intrigas e incidentes a cual más descabellado. Buscaba, en una palabra, la vida del drama y no su representación escueta. Las empresas cinematográficas lo comprendieron muy pronto, y el resultado ha sido el siguiente: que los desacreditados films en serie son, hoy por hoy, muy superiores a la gran mayoría de las cintas llamadas serias. ¿En qué reside esta superioridad? En lo que acabamos de anotar más arriba: en la vida de los personajes, de su carácter, de su acción. No importa que la cinta en serie sea pobre en intriga e incidentes; la cuestión es que tales incidentes estén rigurosamente desarrollados, aún excesivamente desarrollados.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 4 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Culto Fetichista

Horacio Quiroga


Poema, Lírica, Relato


En su dormitorio del segundo piso, sombríamente velado por los muros de la edificación contigua. Teresa había levantado la capilla de su culto, oriental arquitectura de sus peregrinaciones por la Quimera. Ia luz del día, encenizada por el constante crepúsculo de aquel horizonte ahumado, daba al silencioso pabellón una muerta claridad de templo abandonado, una misteriosa niebla de culto incomprendido e informe que esfumaba los objetos como on secular tapiz de oraciones en una tenue mancha de contusión y reliquia. Colgaban del techo grotescas é inmóviles en una exhausta impasibilidad de cabeza cortada exóticas mascarillas de Yedo —miradas oblicuas y bigotes caídos— gruesas redomas de vidrio en las que nadaban pececillos rojos como instantáneos deslumbramientos de Rubro; babuchas otomanas diminutas y nostálgicas bosquejando en un contorno de ensueño sobre la anémica pincelada del muro, la curva prolongada de una escultura de Smirma finamente tamizada por una distante vaporización de áloe é incienso.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 9 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

El Orgullo De La Fuerza…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Orgullo de la Fuerza. Tom Moore. —He aquí por fin una pieza bien construída, de un solo aliento del principio al fin, vivaz, sin pretensiones, y que cumple agradablemente su misión de comedia sentimental. Tom Moore, que es posiblemente el muchacho más simpático del cine, presta a la cinta entera el encanto de su risa abierta, sin restricción alguna, y que cuadra singularmente con su bonhomía. Si pasa por la pantalla un actor del cual podamos creer que es lo que aparenta, ese actor es sin duda Tom Moore. Pudiera no ser un buen muchacho; pero todos apostaríamos a que lo es. Para mayor gracia, este campeón de las cintas elegantes no es un gomoso. Viste bien, desde luego, pero con una desenvoltura que hace honor a su condición de muchacho mundano, habituado como el que más a llevar la ropa.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 4 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Hazañas Trágicas Y Ridículas De Los Pensionistas Del Zoo

Horacio Quiroga


Artículo, Cronica


Hasta ahora, ningún león de Palermo ha comido a su cuidador, ni tigre alguno se ha escapado, haciendo de las suyas en desventaja de las nuestras. Esto no obstante, nuestros buenos pensionistas del zoo tienen una que otra historia en su haber de caprichos. Dígalo sino el gnú, que en viaje a Buenos Aires tuvo la idea de arremeter contra los dos peones negros con tan terrible violencia que éstos fueron deshechos en un momento, sin tiempo para llorar una vida que les iba a cornadas. Llegó al zoo con esa grave fama, y si la cosa no fue cierta, se aseguró mucho.

Este es el único hecho mortal que hayan llevado a cabo, pero no por falta de deseos, como se verá.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 6 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

El Soldado

Horacio Quiroga


Teatro, Cuento



Cuadro Primero


(Patio de cuartel. Los nuevos conscriptos reciben las primeras instrucciones del oficial. La acción en el planeta Marte.)

OFICIAL.—Tales son, pues, los deberes del soldado. Defender a su patria, dar en todos

los instantes su vida por ella, sacrificarle esposas e hijos, obedecer ciegamente a sus jefes… Estos son sus deberes.

(Un soldado da un paso al frente.)

SOLDADO.—Y los derechos del soldado, ¿cuáles son? (Pausa)

OFICIAL.—¡A las filas!

SOLDADO.—Muy bien.

OFICIAL.—¡Cállese la boca!

SOLDADO.—Ya me he callado.

OFICIAL.—(Rojo de ira yendo sobre él.) —¡Insolente!

SOLDADO.—No he dicho ninguna insolencia.

(El oficial, fuera de sí, le pone violentamente la mano en el pecho. El soldado responde con una bofetada.)


Cuadro Segundo


(En el Consejo de Guerra)

CORONEL.—De modo que usted no niega ninguno de los hechos producidos.

SOLDADO.—No.

CORONEL.—Por donde se ve que alcanza usted toda la extensión de su actitud abofeteando a un oficial.

SOLDADO.—Perfectamente. Me insultó y pegó sin motivo alguno. Por eso le abofetée.

CORONEL.—Pero usted olvida que era su superior.

SOLDADO.—Yo soy un hombre libre.

CORONEL.—¡Usted es un soldado!

SOLDADO.—¿No soy pues. un hombre libre?

CORONEL.—Lo es: pero ante todo es soldado. Este es su primer deber.

SOLDADO.—Y mis derechos, ¿cuáles son?

CORONEL.—Derivan de sus mismos deberes.

SOLDADO.—Muy bien: he comprendido.


Cuadro Tercero


(En la celda del condenado a muerte. Entra el oficial del bofetón.)

OFICIAL.—Aquí estoy.

SOLDADO.—Ya lo veo.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 24 visitas.

Publicado el 25 de junio de 2026 por Brian.

La Corrección

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En un crudo día de invierno, tras diez horas de crueles fatigas, nos acostamos, apenas anochece casi sin cenar, casi sin desvestirnos, doblados por la extenuación. De las torturas de ese día no nos queda, al caer desplomados en el limbo del sueño, sino un recuerdo lejano e impersonal, como de horrores sufridos por otro durante miles de años, y que pasaron también hace siglos. Tal es la certísima dicha de descansar por fin, y la seguridad de que vamos a dormirnos en seguida con la profundidad de la muerte. Afuera, cae una blanca helada.

Mas he aquí que en la alta noche vamos despertando con inaudita resistencia de nuestro cuerpo. La mente misma, sobrecargada de toxinas, pugna por defendernos forjando sueño tras sueño. Otro es al que despiertan; el anuncio nos llega a nosotros, pero quien debe volver, apenas dormido, a las atroces fatigas del día anterior, es otro.

No hay tal. Tenaz e invenciblemente, vamos despertando. Como en sueños aun, tan agudo punzamiento nos recorre todo el cuerpo. Tan viva es la impresión, que bruscamente nos incorporamos y encendemos luz.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 12 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Locura De Las Trincheras

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Entre los mil aspectos de la guerra que escaparon al cine, ninguno menos explotado que esta locura del sistema nervioso entero, destrozado por un bombardeo. Después de la batalla de la Champaña, donde, como se recordará, las trincheras alemanas estuvieron sometidas a un cañoneo sin precedentes, dos mil soldados germanos, que habían soportado el fuego, fueron internados en sanatorios especiales, con una nueva forma de locura cuya manifestación típica era un estado constante de estupor ansioso, que sólo se rompía al menor ruido en atroces aullidos de sufrimiento. Las salas se mantenían casi obscuras, y los enfermos yacían acostados, inmóviles, y los ojos abiertos. Pero un poco de luz que entrara bruscamente, la caída súbita de un frasco, provocaba ataques de locura furiosa. Y así permanecían meses, años, y muchos por toda la vida, con los nervios destrozados. Y sin esperanzas de volver a ser los hombres que habían sido antes de ser bombardeados en una trinchera.

El cuadro de estos dos mil hombres internados en un lúbrego manicomio, convertidos en harapos humanos, es ya sobrado horizonte para una pieza dramática. Pero ha de ser, asimismo, pequeño, ante los mil dramas domésticos a que habrá dado lugar la vuelta al hogar del millón de soldados semilocos, con manías, tics, alucinaciones e insomnios de hombres bombardeados setenta y dos horas, y que después de eso no volverán jamás a ser lo que fueron.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 4 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

La Altura De Las Estrellas

Horacio Quiroga


Artículo


Una de las cosas que más saltan a la vista en las cintas norteamericanas es la exigua estatura de sus actrices. Dícese que Griffith, el afamado director, rechaza sistemáticamente a toda joven estrella cuya cabeza no es dominada por la de un actor de buena estatura. Por otro lado, todo el mundo puede observar el aventajado porte de las actrices italianas y francesas, las mismas que en las tablas lo lucieron ya, con el derroche de poses, posesión de sí mismas e impertinencia, que parece ser inherente a su suficiencia de «femmes supérieures». 

Este singular contraste obedece sin duda a un concepto, sobre el que no es inútil detenerse un instante. 


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 6 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

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