Textos más populares esta semana publicados por Brian disponibles | pág. 11

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El Vampiro

Horacio Quiroga


Cuento, Gotico


Son estas líneas las últimas que escribo. Hace un instante acabo de sorprender en los médicos miradas significativas sobre mi estado: la extrema depresión nerviosa en que yazgo llega conmigo a su fin.

He padecido hace un mes de un fuerte shock seguido de fiebre cerebral. Mal repuesto aún, sufro una recaída que me conduce directamente a este sanatorio.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Decadencia

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Entre los recuerdos que han encontrado un abrigo en el santuario luminoso de mis momentos más dulces; entre aquellos que mi alma, recogida en sí misma, ha cobijado en su seno, como madre cariñosa que reúne sus hijos para vivir de su ternura; entre los que han llorado conmigo, pobres compañeros de mis horas más lentas y fatigosas, vive la memoria de una mujer.

Triste y cansado, sin fuerzas para sostenerlos, el cerebro ha dejado escapar otros pensamientos más verdaderos, pero menos hondos, quizás. Los nervios no reflejan el mundo exterior: sus vibraciones se agotan en el vacío, perdiéndose en el silencio que mi espíritu encierra. Así descansan mis recuerdos, sin fuerzas para agitarse. Sólo uno revolotea estremecido, como si quisiera ser evocado por la palabra; pero ha perdido su forma, mezclándose con ideas y concepciones que he soñado, no pudiendo decir que dulzura corresponden á uno, y cual á otro. Mi inteligencia es incapaz de despejarlas; y, esa continua ansiedad; en ese sacudimiento prolongado que revuelve tantas sombras dormidas, se concentra mi vida entera, como si el cerebro, colmado, hubiera perdido su facultad creadora, replegándose en sí mismo.


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Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

El Maestro De Territorios

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Cuando hace muchos años fui nombrado profesor de Literatura y Castellano en una Escuela Normal, me presenté a su directora días antes de la apertura de los cursos, con el objeto de enterarme del uso y alcance de mis funciones. Yo era nuevo en la enseñanza; tan nuevo, que la directora no volvía de su asombro al comprobar mi ignorancia en el arte de dictar clase. La dama me miró aún un buen rato con la sorpresa del caso y suspiró por fin, al parecer resignada a su destino de regentear profesores de mi categoría. Mi antecesor, en efecto —era arquitecto— había también surgido de las tinieblas de la pedagogía, tan preparado como yo. Inauguré el curso, sin embargo, en un ambiguo día feriado para ciertas actividades, pero no para las nuestras. Ante el inequívoco desgano de las alumnas por el fracaso de sus esperanzas, me apresuré a proponer a la clase la redacción de una nota al Señor Ministro de Instrucción Pública, impetrando la suspensión de clases para celebrar dignamente y a la par de los agraciados por la feria, el acontecimiento de ese día.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

La Enredadera De Flor Escarlata

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Cuando los primeros fríos de junio devuelven al monte su negrura normal, que la última brotación de otoño había desvanecido en verdes claros, y alisan el espartillo del campo en un crema ceniciento por las primeras heladas, puede decirse que Misiones ha adquirido definitivamente su fisonomía invernal.

Hasta los Primeros días de agosto, la gran vegetación dormirá, sufriendo día a día la ilusión de una primavera que el sol cálido evoca, para arrebujarse de nuevo en su pesimismo al caer la noche, en cuyas últimas horas largas agujas de hielo morderán y quemarán su vasto y lóbrego contorno. La naturaleza conoce las bajas extremas del país y espera, soñando y aterida, el primer vislumbre de aurora primaveral que sonroja a los lapachos.

Sólo se atreve a florecer, a punzar en sangre las capueras lívidas de frío; a escalar hasta la cima de los negros troncos quemados en pie, desde donde descuelga en pesadas madejas sus gajos y flores, la enredadera de flor escarlata.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Carta Abierta Al Señor Benito Lynch

Horacio Quiroga


Artículo


Esta carta que le dirijo —y abierta, por ignorar en un todo dónde pudiera hallarlo— tiene el objeto, extraordinariamente grato para mí, de contarle la profunda emoción con que he leído «Los Caranchos De La Florida». Debo ante todo decirle que no tengo el menor detalle sobre su persona, y desde luego sobre su personalidad —fuera del muy hondo que me ha proporcionado su libro.

Yo vivo en Misiones, en pleno bosque, y desde hace varios años. Conservo muy contado cambio de ideas con ésa, y paso asimismo meses enteros sin que me llegue un libro de allí. Tal es el caso con «Los Caranchos». Ha venido a mis manos anteayer, y pocos impulsos en mi vida han sido tan violentos como el que me hace escribirle en seguida, sin saber quién es usted, dónde vive, y aún si vive usted en realidad. —Vaya, pues, esta suposición idiota, para afirmar el absoluto desinterés de mi carta— cosa, dicha sea de paso, a que no estamos exageradamente acostumbrados.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Recuerdos

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


¡Qué encanto el de aquellas tardes de verano, el de nuestros paseos por los alegres alrededores, en la orilla del arroyo, en el cerro, en la vía férrea, sintiendo los aromas de las florecillas campestres, bocanadas de aire frescas y furtivas, muchachas rollizas y jóvenes, la vida toda de nuestra juventud hermosa! ¡Qué encanto el de nuestras pláticas literarias, el de nuestras inspiraciones repentinas, el de nuestros gritos resonando en la soledad de la tarde que caía, el de nuestras declamaciones frente á aquella pared de la avenida, escuchando el eco dulce y apagado de la poesía á Cervantes ó las tristisimas quejas del indio Tabaré. ¡Qué encanto el de los crepúsculos tranquilos, los pompones de cúmulus rosados, la armonía de la luz al extinguirse, dejando en nuestras almas rastros de nostalgias adorables, ternuras melancólicas, prolongándose en el silencio de la noche que empezaba, cuando las hojas y las ramas murmuraban en la sombra, se aspiraban las fragancias que flotaban el aire, y morían las notas de los pájaros.


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Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

La Ura

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Suele acontecer que una criatura se duerma, a la siesta, con la boca abierta. Días después, prorrumpe en un agudo grito de dolor, que cesa enseguida. Los gritos se repiten con intermitencias, con la misma brusquedad e igual calma subsiguiente. La criatura se lleva en aquellos momentos las manos a la garganta. Un examen prolijo de la boca delata entonces en el fondo de las fauces uno o más agujerillos hinchados, de que escurre un líquido claro. 

Este es el proceso común de la ura. En el fondo de cada uno de esos agujerillos, se agita en carne viva, come y prospera, un gusano rugoso, circundado de duros anillos, estando cada anillo erizado de pelos negros. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Lata De Nafta

Horacio Quiroga


Cuento



Las rutas de la selva y las de la pampa ostentan dos características, paraíso en la una e infierno en la otra: falta o exceso de vegetación. 

No hay camino en la estepa digno de tal nombre mientras no se logre encauzarlo entre doble fila de árboles. No hay picada en el bosque que pueda resistir a la lujuria floral, si día tras día no se va extirpando la selva ambiente que pugna por cubrir la honda cicatriz abierta. Es, pues, obvio que el amigo del árbol a ciegas sufra trastornos conceptuales cuando trasplantada su existencia a una zona boscosa deba, para conservar aquélla, talar, rozar, aniquilar y quemar constantemente la selva ante el altar de sus pampeanos dioses. 

Nunca como en el bosque el caballo de Atila pudo ser útil. 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

El Arte De Cazar En Los Bosques De Misiones

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un cazador de monte requiere dos condiciones esenciales: el conocimiento de los rastros y la facultad de orientación. Esta facultad es realmente asombrosa, y si ella puede ser innecesaria en las cacerías de llanura, en el bosque es primordial. Supóngase una selva inextricable, densa hasta ahogar el sol, y de vegetación y terreno uniformes. No hay modo de avanzar media cuadra o efectuar una corrida circular, sin perder absolutamente la conciencia de donde se está. Si los avances, ahora, duran desde el amanecer hasta el crepúsculo, y las corridas tras las piezas han ocasionado, no uno, sino cuarenta círculos y contracírculos, fácil es suponer la remota probabilidad que tiene un buen hombre de saber hacia qué rumbo está precisamente su casa.

Este conflicto no preocupa al verdadero cazador. Esté donde esté, dé las vueltas que quiera en el monte, sabrá siempre qué dirección es menester seguir para hallar la entrada del monte. Hay casi siempre indicaciones que el cazador utiliza. Por ejemplo, la dirección del viento, que ha tenido buen cuidado de observar al principio. Concluida la cacería, nuestro hombre levanta la cabeza y mira, allá arriba, en la cima de los árboles, la inclinación de las ramas.


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

Revista Del Salto

Horacio Quiroga


Artículo


Todo periódico al salir a luz, se traza un programa, rojo o blanco.

Es combatiente o es expositivo. Levanta la bandera punzó o rehúye toda idea que no sea tranquila, todo concepto que no equilibre.

Nuestro programa es simplemente de exposición. Abrimos estas columnas a los que en el Salto meditan, analizan, imaginan, y escriben esas meditaciones, esos análisis, esas imágenes.

A los que resuelven un sentimiento en un pensamiento, y un pensamiento en una verdad.

Nada es pensar si no se procura grabar hondamente lo que se piensa. El esfuerzo más impulsivo es impotente, si la palanca quiebra sus brazos, y el concepto iluminado se desvanece en la sombra.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

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