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editor: Brian etiqueta: Artículo


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Los Estranguladores

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Un fuerte y hermoso árbol ha quedado solo al borde del camino. Desde los días en que el fuego abatió el bosque circundante, ese árbol, habituado a un régimen de humedad y aire muerto, ha luchado tenazmente por adaptarse al ambiente y a los vientos de hielo. Ha reconstruido su corteza quemada en largas franjas, con una laboriosa e hinchada cicatrización, de cuya constancia nada da idea. Ha perdido hojas, gajos enteros, para reducir su copa y reforzar las ramas matrices. Ha reaccionado contra los ataques de los insectos, vertiendo a litros sus jugos vitales por los agujeros que lo taladraban. Ha cambiado, en fin, de tal modo de aspecto, que cuesta reconocer en ese vigía escueto y nervudo, al árbol de espesa y húmeda fronda que antes vegetaba dormido en la penumbra natal.

Ese árbol de monte, pues, ha adquirido el derecho, tras diez años de lucha por la adaptación, a vivir al aire libre, Ni vientos, ni soles, ni heladas le dañarán. Los pájaros lo utilizan como mástil de tránsito en su vuelo desde una vera a otra del bosque. Concluyen allí de comer la fruta arrebatada al monte, —y una semilla cae a veces en la capa de polvo depositada en sus horquetas.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Escritores En El Cine

Doctor Ignotos


Artículo, Entrevista


Inauguramos nuestras entrevistas a los escritores nacionales sobre cinematografía con la opinión que, sobre ese particular, en forma rápida y sintética, nos expresó Ricardo Rojas. Hoy toca el turno a Horacio Quiroga, escritor suficientemente conocido por los lectores de nuestra revista, por sus colaboraciones frecuentes en los periódicos, por sus libros de cuentos —originales y profundos que le han creado una personalidad vigorosa y salvaje, de un Kipling americano. Es un amigo del cine. Es poco frecuente encontrar en los escritores de su época un entusiasmo tan sincero y cordial por el séptimo arte como el que ha demostrado siempre el autor de El Salvaje.

 Lo entrevistamos en el consulado uruguayo, en donde desempeña un cargo administrativo. 

No ignoramos que existe, entre los escritores “pasadistas”, una animadversión general hacia el cine. Tratamos de investigar, de boca de Quiroga, cuál es la causa de ese desdén injustificado por el nuevo arte. Quiroga nos dice: 


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Publicado el 13 de septiembre de 2026 por Brian.

Los Cuervos

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Todas las veces que el cadáver de un animal ultimado en el monte ha atraído a los buitres, me he preguntado con qué extraordinaria finura de olfato el cuervo, flotando en el alto cielo, a miles de metros, ha podido percibir las emanaciones de un agutí muerto, una comadreja, menos aún, que bajo veinte metros de obscuro e impenetrable follaje. comienza a descomponerse.

La vista no juega aquí ningún papel. Desde las altísimas nubes el bosque es un uniforme bloque de pizarra. Más fácil sería distinguir una presa a una legua de distancia en una noche de tinta, que percibir ser alguno bajo el impenetrable blokao del monte.

Y de allí vienen, no obstante; de allí y de allá, los grandes buitres necrófagos. Son al principio dos o tres, y muy pronto veinte o treinta.

¿Cómo han sentido al agutí, apenas recién muerto, a cuyo contacto la más fina nariz no percibe emanación alguna?


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Crepúsculos Del Jardín

Horacio Quiroga


Artículo, Crítica


Yo tuve siempre la seguridad de escribir algo cuando aparecieran Los Crepúsculos Del Jardín. Primero de todo, como manifestación de mi propio gozo; segundo, por la potencia de su autor; tercero, en homenaje a mis primeros entusiasmos. Como es común relatar en estos casos el conocimiento personal que del autor se tuvo —y esto implica el mérito de variar lo escrito, aligerando no poco la ineludible gravedad judicial que tales cosas suponen— contaré a mi vez que en 1896 leí la Oda a la desnudez, primera obra suya que conocí. Sentíme lleno de tal alegría, que le llamé repetidas veces hombre de genio. Aún hoy que no siento tales sobresaltos de emoción, el vocablo se me sube a los labios, sobre todo cuando —como ahora— revivo mis impresiones. Al año siguiente leí Las montañas del oro, y sucesivamente algunas poesías, muy pocas. Llegué así a 1900, sin conocer de este hombre nada, ideas, modo de ser, actuación estrepitosa; apenas un amigo que le había conocido antes, y una caricatura en Caras y Caretas. Para mí, tan lleno de fresco humanismo, la ignorancia de todo dato poetiza su figura al extremo de suponerlo indio, muy indio, huraño, hercúleo y violento. Por demás, inabordable, sobre todo para mí con mi ridícula espontaneidad de joven adorador.

Un día en compañía de un amigo en igual crisis, fuimos a verle.

Nos presentamos sin tarjeta alguna, corriendo la hermosa aventura. Esperamos largo rato, pues la hora más que matinal excusaba toda demora mientras saboreábamos a dúo la emoción de la ruda silueta poética que debía aparecer en la puerta. Fue así que en su lugar se presentó un hombre blanco, de expresión cualquiera, juvenilizado por un fresco pijama. La única conciencia de ser él quien buscábamos provenía de un vago parecido con la caricatura. Pero tanto le conocía en sí mismo, que inconscientemente le presenté a mi amigo, y enseguida me presenté yo. Hablamos toda la mañana, poco de letras.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Los Catorce Millones De Víboras Del Señor Casado

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En el Alto Paraná, sobre la barranca misma del río, existe o existía un cementerio que alojaba diez y siete cadáveres. De quince de estos cadáveres, eran causantes las víboras. 

Sufriría yerro, sin embargo, quien creyera que este terrible porcentaje de muertes por el veneno ofídico, es en aquella zona el régimen normal. Las víboras no constituyen un peligro mayor que el de tantas circunstancias sombrías de la existencia, aquí como allá. La víbora de cascabel, con todo y ser la más peligrosa bestia de la familia, dista mucho de abundar hasta el extremo de erigirse como una cruz alquitranada, en el confín de todos nuestros pasos. Las estadísticas más avanzadas conceden apenas dos o tres víboras a cada hectárea de bosque. De estas tres víboras, dos son yararás, y la otra es una serpiente de cascabel.

Ahora bien: como una legua de bosque tiene dos mil quinientas hectáreas, el feliz poseedor de una legua de bosque virgen (el señor Carlos Casado poseía dos mil), se halla también ser poseedor de siete u ocho mil mortales víboras, discretamente diseminadas por la finca.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Cartagineses De Eldorado

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


En los grandes momentos de acción de los pueblos, el heroísmo no recluta exclusivamente sus elegidos entre los hombres de energías probadas. Roma nos ofrece uno de los casos más singulares de la historia en la persona de Lúculo, quien dejando un día sus festines de vago político y ocioso magnate, y sin más preparación guerrera que la lectura apresurada de "La Retirada De Los Diez Mil" durante el viaje por mar a Asia, emprende en los confines de la vasta república, una de las campañas más duras y admirables del mundo antiguo.

España, en el transcurso del siglo XVI, lanza a la conquista sus grandes fuerzas de acción, encarnadas en sus capitanes de vasto renombre. Pero no todos eran militares aventureros.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Lo Que No Puede Decirse

Horacio Quiroga


Artículo


Lo que no se puede decir ni hacer es la apología con vistas internas de un estado de cosas que atañe a cien millones de seres humanos, y que desde hace tres años está puesto en el Índice por los países de instituciones conocidas y probadas. Como tales instituciones rigen al mundo entero, el mundo entero es quien ha reprobado las nuevas instituciones rusas. La reprobación asume en casi todos los países carácter prohibitivo, y en algunos, de franca excomunión. Tal nuestra república.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Leopoldo Lugones

Horacio Quiroga


Artículo


"Les mystérieuses rencontres avec l’invraisemblable, que, pour nous tirer d’ affaire, nous appelons hallucinations, sont dans la nature. Illusions ou réalités, des visions passent; qui trouve là les voit"

(Victor Hugo. Les travailleurs de la mer)


La première caractéristique du génie est donc la puissance de l'imagination. Le poète créateur est proprement un voyant, qui voit comme réel le possible, parfois même l'invraisemblable.


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Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Las Viboras Venenosas Del Norte

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


"Para víboras, el Chaco y Misiones". Esta aserción está tan generalizada que no hay persona que no la repita. Y si a esta persona se le dijera que es mucho más común hallar víboras en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, que en aquellos territorios, se reiría, de seguro.

Nada más cierto, sin embargo. No hay muchacho criado en las chacras o campos de la provincia, que con la primer lluvia de verano no haya creído su deber, transformado para él en diversión, el echarse a buscar víboras que a su vez se echaban a buscar ranas y sapos, y hallaba tres, cuatro y cinco víboras, con tanta facilidad como lombrices,


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

Las Pequeñas Molestias Del Monte

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Las travesías del monte tropical ofrecen al paso una serie de pequeños contratiempos, el menor de los cuales es la fatiga, y el más agudo el campanilleo inmediato de una serpiente de cascabel a la que no se ve. Entre estos dos límites, la marcha del viajero se encuentra violentada, hostigada, dolorida por los elementos naturales y tranquilos del ambiente en que se halla.

De ellos rara vez se habla; en los relatos nunca se los menciona, por insignificantes. De esta insignificancia fue la molestia que sufrí durante veinte días consecutivos en un renuevo de monte inmediato a casa, y que yo todas las mañanas atravesaba. No había podido cruzarlo una sóla vez sin salir de él con grandes ronchas en los brazos, que me escocían vivamente. Dicho renuevo —o capuera— había surgido de un verdadero páramo de cenizas, en el que predominaban gruesisimas guías de enredaderas, que se alzaban tendiéndose a todos lados, buscando desesperadamente de qué asirse. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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