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editor: Brian etiqueta: Artículo


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La Corrección

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En un crudo día de invierno, tras diez horas de crueles fatigas, nos acostamos, apenas anochece casi sin cenar, casi sin desvestirnos, doblados por la extenuación. De las torturas de ese día no nos queda, al caer desplomados en el limbo del sueño, sino un recuerdo lejano e impersonal, como de horrores sufridos por otro durante miles de años, y que pasaron también hace siglos. Tal es la certísima dicha de descansar por fin, y la seguridad de que vamos a dormirnos en seguida con la profundidad de la muerte. Afuera, cae una blanca helada.

Mas he aquí que en la alta noche vamos despertando con inaudita resistencia de nuestro cuerpo. La mente misma, sobrecargada de toxinas, pugna por defendernos forjando sueño tras sueño. Otro es al que despiertan; el anuncio nos llega a nosotros, pero quien debe volver, apenas dormido, a las atroces fatigas del día anterior, es otro.

No hay tal. Tenaz e invenciblemente, vamos despertando. Como en sueños aun, tan agudo punzamiento nos recorre todo el cuerpo. Tan viva es la impresión, que bruscamente nos incorporamos y encendemos luz.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Locura De Las Trincheras

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Entre los mil aspectos de la guerra que escaparon al cine, ninguno menos explotado que esta locura del sistema nervioso entero, destrozado por un bombardeo. Después de la batalla de la Champaña, donde, como se recordará, las trincheras alemanas estuvieron sometidas a un cañoneo sin precedentes, dos mil soldados germanos, que habían soportado el fuego, fueron internados en sanatorios especiales, con una nueva forma de locura cuya manifestación típica era un estado constante de estupor ansioso, que sólo se rompía al menor ruido en atroces aullidos de sufrimiento. Las salas se mantenían casi obscuras, y los enfermos yacían acostados, inmóviles, y los ojos abiertos. Pero un poco de luz que entrara bruscamente, la caída súbita de un frasco, provocaba ataques de locura furiosa. Y así permanecían meses, años, y muchos por toda la vida, con los nervios destrozados. Y sin esperanzas de volver a ser los hombres que habían sido antes de ser bombardeados en una trinchera.

El cuadro de estos dos mil hombres internados en un lúbrego manicomio, convertidos en harapos humanos, es ya sobrado horizonte para una pieza dramática. Pero ha de ser, asimismo, pequeño, ante los mil dramas domésticos a que habrá dado lugar la vuelta al hogar del millón de soldados semilocos, con manías, tics, alucinaciones e insomnios de hombres bombardeados setenta y dos horas, y que después de eso no volverán jamás a ser lo que fueron.


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Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

La Altura De Las Estrellas

Horacio Quiroga


Artículo


Una de las cosas que más saltan a la vista en las cintas norteamericanas es la exigua estatura de sus actrices. Dícese que Griffith, el afamado director, rechaza sistemáticamente a toda joven estrella cuya cabeza no es dominada por la de un actor de buena estatura. Por otro lado, todo el mundo puede observar el aventajado porte de las actrices italianas y francesas, las mismas que en las tablas lo lucieron ya, con el derroche de poses, posesión de sí mismas e impertinencia, que parece ser inherente a su suficiencia de «femmes supérieures». 

Este singular contraste obedece sin duda a un concepto, sobre el que no es inútil detenerse un instante. 


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Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

William S. Stowell

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


A consecuencia de un desastre ferroviario, en el centro de África, ha fallecido este as cinematográfico, cuya larga y brillante actuación al lado de Dorothy Phillips, concluye con este acontecimiento.

Se conocen aún pocos detalles del siniestro; sólo se sabe en concreto que el tren chocó con un carro cruzado en la vía, y que Stowell permaneció veinticuatro horas en el lugar, sin asistencia alguna. Cuando fue recogido vivía aún; pero ya era tarde para salvarlo.


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Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Renato Caillé

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Podría afirmarse que la violencia de una vocación está casi siempre en razón directa de los sufrimientos que el destino depara a quienes la sienten con tal exaltación. Los grandes tormentos no acechan por lo general a un ser débil que destruirían del primer mordisco. Parecen elegir cautelosamente su presa, estudiando el vigor de la víctima, desechando centenares y millares de débiles presas, para fijar por fin su elección en tal cual ser humano, cuyo temple de alma, fuera de concurso, les asegura una heroica capacidad para resistirlos.

Renato Caillé no había sido hasta los quince años más que un niño de los tantos, con la vulgar perspectiva de éstos. A esa edad, cae en sus manos ociosas un libro que todos han leído, sin perder el sueño por él: Robinson Crusoe.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Satisfacciones De La Profesión De Escritor

Horacio Quiroga


Artículo


Cuando un hombre, un bueno y pobre hombre, alcanza a ser propietario de un auto, una finca o una boquilla de ámbar, agradece a Dios el bien adquirido, porque está seguro de que todas las leyes divinas y humanas protegen su posesión. Sabe que puede gozar de su bien hasta que muera, y que después de muerto las mismas leyes protegerán a sus herederos; quienes, hasta la eternidad de los siglos, podrán gozar de la propiedad del auto, de la finca y de la boquilla de ámbar adquiridos y legados por el ancestral genitor.

Bien. Esto en cuanto al feliz poseedor de dichos bienes. Pero quien posee ahora no es un pobre y simple buen hombre, sino un intelectual, sin par, un escritor consagrado por el dolor y el genio. Este artista ha luchado por la vida desde su primera infancia. No hay miseria que ignore, ni tormento que desconozca. En pos de quince, veinte años de lucha, infunde en un libro la llama de su genio. No se hallan en su libro rastros de imitación. De tal modo es su exclusivo bien; tan personales han sido sus sufrimientos, que el poema brilla fúlgido y aislado con luz hasta entonces desconocida. La fortuna amenaza por fin con serle propicia. Angustias de la miseria, hambre de sus pequeñuelos —todo quedará pronto alejado—.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

El Caguaré

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Pocas cosas parecen más comprobadas que el amor de los osos hormigueros por las hormigas y la miel. Y pocas más difíciles, en cambio, que criar uno de estos animalitos con aquellos manjares.

De las dos especies de osos hormigueros conocidas en Misiones, una de ellas posee una cola fantásticamente rica que lleva enmarcada a la rastra, y que enarbola como un penacho a la menor sorpresa. Es el ñurumí, o tamanduá bandeira, como dicen los brasileños. La otra especie es más pequeña y posee una cola prehensil, muy semejante a la de las comadrejas. Vive en los árboles, y se la denomina caguaré.

En cierta ocasión tuvimos en casa un caguaré, y la primera insinuación sobre lo extraño de su pelaje, me la dió mi chico, prendido de mi mano ante la vista del animal.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Carta Abierta Al Señor Benito Lynch

Horacio Quiroga


Artículo


Esta carta que le dirijo —y abierta, por ignorar en un todo dónde pudiera hallarlo— tiene el objeto, extraordinariamente grato para mí, de contarle la profunda emoción con que he leído «Los Caranchos De La Florida». Debo ante todo decirle que no tengo el menor detalle sobre su persona, y desde luego sobre su personalidad —fuera del muy hondo que me ha proporcionado su libro.

Yo vivo en Misiones, en pleno bosque, y desde hace varios años. Conservo muy contado cambio de ideas con ésa, y paso asimismo meses enteros sin que me llegue un libro de allí. Tal es el caso con «Los Caranchos». Ha venido a mis manos anteayer, y pocos impulsos en mi vida han sido tan violentos como el que me hace escribirle en seguida, sin saber quién es usted, dónde vive, y aún si vive usted en realidad. —Vaya, pues, esta suposición idiota, para afirmar el absoluto desinterés de mi carta— cosa, dicha sea de paso, a que no estamos exageradamente acostumbrados.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

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