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editor: Brian etiqueta: Artículo


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El Culto Colonial

Horacio Quiroga


Artículo


Muchísimo más que por su porvenir, los pueblos muy jóvenes se preocupan de su pasado. Sin historia aun, a cuyo favor los viejos pueblos, acumulando sus elementos y condiciones de vida más persistentes, han construido lo que se llama tradición, los pueblos nuevos se apresuran a crear una con todo lo escasísimo que sostuvo su próximo ayer.

Es en el arte, en particular, donde se manifiesta ese frenesí por la tradición, fuente perenne de belleza, al decir de sus cultores. Lo verdaderamente noble, hermoso y puro radica y debe beberse en nuestro pasado.

Pero un estilo de fortuna, una modalidad del ambiente, un recurso de vida precaria, no son necesariamente bellos y nobles por la sola circunstancia de haber sido. Cuando no se posee abuelos heroicos, los padres devienen forzosamente héroes. Cuando un pueblo no ha vivido bastante, conglomera sus elementos no siempre limpios de ayer, y rinde entonces culto a esos pobres despojos con el nombre de tradición.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

El Despertar

Horacio Quiroga


Artículo


Recuerdo perfectamente la impresión que sufrí al tener una tarde por delante las frentes despejadas y la mirada de fuego de cuatro muchachos que anunciaban la aparición de un nuevo órgano universitario —sumamente curioso esta vez: Insurrexit. Fluía de aquellos cuatro muchachos, y no gota a gota sino a chorros, tal cantidad de indignado amor, tal generoso entusiasmo, que el que los oía se puso a pensar en el extraño dios que se apiadaba al cabo del honor de los jóvenes argentinos, cuando le permitía a aquel por fin inundar de roja y pura sangre el muerto corazón de los estudiantes universitarios. 

Porque, en efecto, nada más triste nos ha sido en los últimos diez años —diez siglos— que ver la indiferencia, la sequedad y la estrechez mental de nuestra lírica flor de sangre; de nuestra juventud universitaria cuya única preocupación consistió, a raíz del desastre moral que nos legó la guerra —con las bellas e inteligentes cabezas caídas hacia el corazón— en pulir, bruñir y esmaltarse las uñas. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Eterno Traidor

Horacio Quiroga


Artículo


Muchas veces me ha llamado la atención la semejanza de espíritu y tarea que existe entre críticos y traductores. Por regla general, unos y otros andan a caza de un tercer espíritu que a la vez que arranca su admiración, exalta sus propias dotes creadoras, en detrimento casi siempre del autor admirado. Esta emulación artística se manifiesta de igual modo en críticos y traductores: erigiendo en ídolo a un honrado y serio escritor, con el muy visible objeto de lucir su propia inocente literatura, en el crítico; de lucirla también, pero malvadamente, en el traductor.

La inocencia artística del primero es manifiesta y perceptible aún para el profano, que llevado o no a admirar las galanuras de estilo del crítico, nada llega a saber del autor juzgado, puesto que él no fue otra cosa que un pretexto para crear arte.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

El Ídolo Y El Puñetazo

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Con bastante menos propaganda de la acostumbrada en nuestro país para acontecimientos de esta especie, se pasó días atrás la cinta del gran match Siki-Carpentier, match en el cual el primero de estos jóvenes franceses (senegalés el uno y metropolitano el otro), batió a su compatriota. 


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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

El Pique

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En cierta ocasión, como hubiéramos naufragado en el Alto Paraná al embate de una recia tormenta, fuimos arrastrados a cobrar tierra bajo un cobertizo de cinc abandonado en la costa, y cuyo destino fuera en otra época el de secar ladrillos. Vastos montones de ceniza diseminados por el suelo, lo atestiguaban todavía.

Para náufragos, no estaba aquello mal. Solamente que al volcar sobre la ceniza el agua de nuestras botas, una especie de nubecilla obscura comenzó a ascender por las piernas.

Eran los piques. Había millares de ellos, si no millones.

Para valorar lo pintoresco de esta visita, es bueno que se sepan las costumbres de dichos visitantes.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Puma

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Cuando en Misiones un tigre ha pasado su temporada haciendo sistemático estrago en el ganado de la sierra, y cesa de pronto de hacer oír en la madrugada su estertor de caza, las gentes lanzan un suspiro, pues ello indica que el puma ha hecho irrupción en el terreno, ahuyentando a su rival.

No se explica suficientemente esta creencia nativa. Nada la afirma, ni las respectivas fuerzas y valentía de ambas fieras, ni las observaciones sobre ellas cuando se las ha puesto en contacto en domesticidad. Antes bien, cuánto posee el tigre de capacidad acumulativa en violencia cuando se lo va acorralando en tierra, falta del todo al gran gato amarillo de mirada tranquila e inextinguible sed de sangre, que es el puma.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Señor DeMill…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Señor DeMill, en Los Enredos de Anatolio. —Con estruendoso éxito se estrenó días atrás esta cinta. El anuncio de que doce estrellas habían sumado y puesto sus fuerzas al servicio de Cecil B. De Mille, director de la obra, hacía pregustar ya de antemano las bellezas del film. La comedia, pues, fue recibida con una satisfacción a la que diversos factores no son ajenos: los hombros de Wanda Hawley (excepcionalmente desnudos en esta fresca rubia); las poses habituales de Gloria Swanson, y la propaganda de su propio director, priman eficazmente entre aquellos. 


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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

El Urutaú

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Cierta vez tuvimos en casa un muchacho de doce a trece años, cuyo principal quehacer consistía en revisar todas las mañanas las trampas que la tarde anterior habíamos dispuesto en el monte. El muchacho era muy listo, nativo del mismo bosque, y escolar número uno de su grado. Estábamos entonces en vacaciones. El chico se levantaba, obscuro todavía, y volvía del monte a las ocho de la mañana con los informes del caso acerca de nuestras trampas. Cuatro o cinco horas empleadas en la inspección sobrepasaban en mucho, sin embargo, el tiempo que ésta requería. Como le preguntara por consiguiente qué le retenía tanto en el monte, el chico me respondió, con vanidad halagadísima:

—Estaba haciendo una composición sobre la Naturaleza...

Recordé entonces que el muchacho gozaba fama por sus composiciones que le prometían, —al decir de sus maestros,— gran porvenir literario. Pedíle su composición, que comenzaba más o menos en estos términos:


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Yaciyateré

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Yo no logré nunca ver un yaciyateré. Oí su canto en la noche, pero no vi sus bucles de oro ni su bastón, ni le vi robar a las criaturas, para abandonarlas luego enloquecidas por su contacto.

Corre por todo Corrientes, Chaco y Misiones, la leyenda de este singular duende de aspecto pueril que aterroriza con su canto en las altas horas mudas, y a quien se inculpa el ciento por ciento de las meningitis infantiles.

Durante el día, es un pájaro. Como tal, un hombre me dice haberlo entrevisto dormitando en lo más denso del follaje. Tendría, según él, el aspecto de un mirlo delgado. Y el plumaje uniformemente gris. Nada más sé del yaciyateré.

Pero conozco su voz. Y ella constituye la nota más tierna, honda y poética de todo el bosque.

En lo más crudo del día estival, ningún sonido, ningún grito descuella en el ambiente: todos se funden en el rumor monótono, zumante y tenaz de las largas horas de fuego.

Al declinar el sol, los zorzales reviven, y su flauteo, un poco desafinado y a contratiempo, anuncia ya la próxima frescura. Nuevas voces se agregan a aquél, y la noche comienza a cerrar, en un decreciente piar de pajarillos.

Luego, nada. Desde el fondo de los valles húmedos de la selva, comienza a media noche a ascender, vaguísima neblina. Horas después, el país entero, doblegado por doce horas de atroz calor, yace cubierto por fresquísimo manto de rocío.

La dicha es demasiado grande para que se permita gozar de ella con los ojos abiertos. El bosque duerme: pájaros, flores, anchas hojas por fin eréctiles de rocío, sueñan en paz.

Pero he aquí que del fondo de esa gran felicidad dormida, se levanta un canto apenas sensible. No posee ese canto gorjeos ni trisos. Es sólo un silbido tímido, un hilo de voz excesivamente dulce que no consta sino de cinco notas, y cuatro de ellas repetidas. Más la poesía silbada en esa desfallecida voz, no se la vuelve a hallar en canto alguno de pájaro.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Escenarios En Blanco

Horacio Quiroga


Artículo


Los lectores de un drama se imaginan el escenario, y los espectadores necesitan verlo. Esta diferencia de capacidad explica por qué sólo los imaginativos son capaces de gozar con la lectura de una obra de teatro, mientras los cortos de vista mental han menester de la representación para percibir el drama. Los primeros ven con los ojos del alma y los segundos miran con los ojos del cuerpo. Este distingo, viejo como el padre Adán, ha venido desde entonces marcando la pauta de dos capacidades distintas para sentir el arte.

Perfecto —nos observan—. Pero esto era antes. Ni antes ni ahora las piezas de teatro han sido escritas para ser leídas, sino representadas. La representación y no su lectura determina el mérito de aquéllas como obra teatral. Una obra de teatro es un espectáculo totalmente externo; y como tal, para ser visto y no soñado. Quede para el verso y la novela la evocación como instrumento intermediario. Los espectáculos muestran, no sugieren. Y en tal carácter, y de acuerdo con el canon imperante en escenografía, la pieza teatral debe objetivar su atmósfera psíquica, debe desglosar cuidadosamente todas las sugestiones materializables del drama, y crear con ellas la riquísima decoración del teatro nuevo. 


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Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

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