Textos más vistos publicados por Brian etiquetados como Crónica disponibles | pág. 2

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editor: Brian etiqueta: Crónica textos disponibles


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La Honestidad Artística

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Últimamente han sido dados a luz documentos en los que se comprueba que el trabajo literario de Poe era pagado a razón de cincuenta céntimos de dólar la página impresa, Constando sus cuentos más conocidos de quince páginas, como término medio, y de apenas diez o doce, sus más famosos, nos encontramos con un promedio de seis dólares por cuento, o sea quince pesos de nuestra moneda,

Vale decir que uno de los genios más extraordinarios que hayamos tenido en el mundo, casi sin ascendientes y sin sucesor alguno, sólo y aislado en la historia literaria como un diamante, este hombre de inteligencia profunda hasta dar vértigo, debió vivir, comer, dormir, vestirse y alternar con las gentes a razón de un solo peso por página que escribiera.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Ñandurihé

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Hasta el día de hoy, las gentes del norte no han podido ponerse de acuerdo sobre la ñandurihé. Esta víbora representa, sin género alguno de duda, al más venenoso ser de la creación.

Hasta aquí, el acorde es perfecto. Pero cuando deseamos especificar fisonomía, color y particularidades de esta lúgubre bestia, las lenguas se confunden.

Sólo un aspecto de aquélla permanece inalterable en todas las leyendas: su tamaño. La ñandurihé es una viborilla deslizante y fugaz, cuya breve mordedura anuncia cierta, segura, precisa, inexorable y fatalmente, la muerte.

En casa tuvimos una, a que mis chicos profesaron un afecto casi de hermanos mayores. La habíamos hallado entre los bambúes, deslizándose bajo las hojas caídas, que se arqueaban apenas a su paso.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Ratas De Campo

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Las ratas de campo son al principio la alegría de la casa. Cazan mariposas al aire con una estrategia admirable y entretienen los insomnios del enfermo con su tenaz empeño en llevarse a su nido largas medias de mujer, allá a lo alto del techo.

La rata de campo es un lindísimo animal, que apenas recuerda a la infecta, obscura y pelada rata de ciudad. Vista desde arriba, es de un color plomizo brillante, gracias a la suavidad y pulcritud de su pelo. Vista desde abajo, parece de plata, por tener blancos la garganta, el pecho, el vientre y la parte interna de las patas. Pero en lo que no tiene parangón con su innoble hermana de ciudad, es en la centelleante vivacidad de sus movimientos, y en la gracia con que juega a las escondidas con quien la asecha, asechándolo a su vez por arriba, abajo y los costados de una tabla, con sólo la mitad de un ojo y la punta de las orejas a la vista.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Cuadros

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Es uno de los tantos días, ayer, mañana, hoy; una hermosa mañana de invierno, con un sol brillante que enloquece a mis chicos después de 15 días de cielo fosco y helado. Bien se ve; mis chicos vienen del bosque del extremo norte. Son dos cachorros de vida libre, que cuesta aclimatar. Algo de vida urbana es preciso, sin embargo.

La mañana es un encanto, pues. Como tengo qué hacer, sujeto a mis chicos en casa, prometiéndoles el paseo para después de mediodía. Y con la orden abrumadora de siempre: "No me pongan los pies en la calle mientras yo no esté en casa". En casa, el tranvía pasa rasando la vereda.

Salgo, pues. Bastante feliz, con un amplio sol, un porvenir lleno de esperanzas, y mis hijos sanos. Nada: ni en la tierra, ni en el cielo, ni en mis recuerdos, ni en el porvenir, y menos en el momento presente, evoca una de esas cosas que hacen contraer las cejas. La dicha de vivir con el corazón en calma como hoy, y a perpetuidad, es evidente como el mismo día de luz.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Diario De Viaje A París

Horacio Quiroga


Crónica, Viajes, Diario


Primera Libreta


Salto, Marzo 20 — 1900.

A bordo del "Montevideo" — Marzo 21 de 1900. 7 a.m.

Cuesta mucho hacer un viaje, aunque la distancia a que nos alejemos sea corta. El principio de inercia parece retratarse en el cerebro, y se sufre con la traslación de los puntos de mira afectivos. Y cuando nos alejamos por mucho tiempo, lejos, muy lejos, el espíritu siente la sacudida de un presentimiento que nos ahoga. Es pena abandonar la ciudad en que se ha vivido, los amigos, las costumbres, los horizontes, la familia, los cielos; quebrar con todo lo que ha apoyado el índice en nuestros sentimientos buenos, y ha respondido (con un canto) buenamente a nuestros deseos de agradar; acariciar tristemente en nuestra retina la suprema visión de nuestros buenos padres y amigos que nos despiden con pañuelos... pero nada es todo esto; cuando hay una niña que queda llorando por nosotros en su cuarto, solita y temerosa de que la oigan.

¡Cuánto te quiero, mi alma! Todo es para ti, mi vida y mi desolación. De nada me he acordado cuando partía. Todos mis amigos estaban a bordo y me rodeaban y me despedían calurosamente. Solo tú faltabas. Pero estoy seguro de que en ese angustioso momento no dudabas de mí y hallabas las más olvidadas oraciones de niña para angelicar tus lágrimas. Hoy vas a la iglesia. No sé lo que rezarás. Creo, sí, que en este momento, 8 a.m., en que estás en misa, a pesar de todo, de todo, pensarás en mí.


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Publicado el 3 de agosto de 2026 por Brian.

Artículos de Deportes Y Venturas Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Compilacion, Crónica


Para Los Ciclistas 

De Salto A Paysandú


El Viernes 27 de Noviembre pasado salimos en bicicleta con destino a Paysandú. A las 3.40 a. m. emprendemos el viaje. Marchamos a una semiluz peligrosa, pues se confunde mucho la vista. La madrugada está fría y ventosa: Nos preocupa algo la idea de pasar el Daymán; más por suerte encontramos un paisano oficioso que, entre charla y preguntas, nos pasó a remolque con su caballo. Al efecto, hémonos embarcado en un bote con nuestras máquinas. Tardamos diez minutos en pasar y seguimos viaje a las 4 y 40.

El trayecto a Piñeyrúa es tal vez de los mejores caminos que hemos hallado. Pocas ondulaciones y piso firme.


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Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.

Artículos de Naturaleza Y Fauna Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Compilación


El Sentimiento De La Catarata


En sus mil trescientos kilómetros de curso desde las sierras brasileñas hasta su desembocadura en el Paraná, el río Iguazú debe salvar un desnivel de 800 metros. Como se trata de una gran masa de agua de velocidad normal, y no de una avenida de montaña, se explica que el álveo del río se quiebre repetidas veces en numerosas y rápidas cascadas, para autorizar de algún modo aquella fuerte cota.

La cuenca del Iguazú es, en efecto, una de las más poderosas fuentes de hulla blanca del mundo entero. Si el Iguazú nace a novecientos metros de altura, sus numerosísimos afluentes cobran origen a mil trescientos metros, para vaciarse en aquél tras un curso relativamente breve. Toda esa vasta cuenca se revuelve, pues, en tumbos de agua, cachuelas, saltos y cataratas, cuya sacudida, propagándose de unos a otros sin solución de continuidad, mantiene, puede decirse, a la zona entera en un sordo e interminable fragor.

La cuenca del Iguazú no es dilatada, pero el régimen de lluvias torrenciales a qué está sometida compensa al exceso su brevedad. Los ciento veinticuatro kilómetros cúbicos de agua que se desploman por año sobre los bosques natales son absorbidos en su mitad por el Iguazú. Y si estamos atentos al desnivel apuntado, comprenderemos que cada caída a plomo de esa inmensidad líquida encierre una formidable energía mecánica.


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

Artículos Misceláneos Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento, Compilación


La Intervención De Los Espíritus Y La Caja De Fósforos


Las últimas manifestaciones espiritistas de Conan Doyle, y su certeza de comunicarse más allá de la vida con su colega Houdini, han vuelto a inquietar a todos los innumerables doloridos de este mundo que con mayor o menor fe sueñan o confían en reanudar, a través de la muerte, una felicidad trunca.

Cabe ante el renovado fenómeno sorprenderse una vez más de la resistencia que el hombre opone a desaparecer totalmente de un escenario frío, insensible y duro, en el que apareció cuando su turno en la caravana fue llegado, y donde se desarrolló, actuó, se encogió y murió, sin llegar a tener nunca conciencia del por qué de este surgir y desaparecer en lo que media de un segundo a otro del universo, y sin conocer otra cosa de su destino que la fatal brevedad en cumplirlo.

Puede el hombre convivir años enteros con los astros; puede prescindir de su yo ante descubrimientos de divina exaltación: pero ante la idea de su muerte personal, circunscrita a sí mismo, el hombre, con una terquedad heredada a través de las edades de la amonita primaria, se agita y se revuelve ante ese anonadamiento.

Sin exceptuar una sola, todas las religiones han enseñado y muestran al hombre el camino de la muerte fatal y liberadora. No hay fenómeno, en nuestra transitoria existencia, más forzoso, necesario y breve que su desaparición. A ningún horror, fantasma o cuco nos acostumbran desde pequeños como a la fatalidad de morir. No hay espectro más fiel en la sombra de todas nuestras acciones que el de la inexorable muerte.

Y no nos acostumbramos a ella, sin embargo. Millares de siglos pasarán, y lo que constituye un acto archiconocido y archisentido por todas las generaciones muertas, y cuyo hábito debía habernos legado, espantará siempre al hombre como inesperada y horrible sorpresa.


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48 págs. / 1 hora, 25 minutos / 16 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Bernardo Palissy

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Bernardo Palissy fue uno de esos hombres de vasta influencia en la civilización, cuya fecha de muerte se ignora. Como acontece por lo general con estos oscuros hombres del momento, la posteridad se apresura a conferirles en la historia heroica de la raza humana, un sitio de preferencia. Se les erigen estatuas, se da su nombre a las plazas públicas, se disputa acaso el sitio de su nacimiento o de su muerte. La deuda queda así pagada.

Lo que se paga, en realidad, es la deuda a la gloria y vanidad del país que le dio a luz. Pero el pago de la incomprensión contemporánea, de los dolores, de las miserias sufridas por ese hombre durante los veinte, treinta, cincuenta años en que arrastró su miserable vida de héroe, esa deuda quedará eternamente sin pagar.

Palissy había ejercido hasta los cuarenta años varios oficios y profesiones, sin descollar en ninguno de ellos. No había logrado ni siquiera hacerse rico. En esa edad tuvo entre las manos, por mero accidente, un jarrón de barro cocido y esmaltado.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

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