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editor: Brian etiqueta: Cuento textos disponibles


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El Aguará-Guazú

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


La palabra guaranítica aguará, corresponde a zorro en nuestra lengua; y guazú, a grande. Con estas dos expresiones se designa a un rarísimo animal del bosque huraño y sombrío a más no poder, y cuyo singular aspecto puede definirse diciendo que es un zorro rojizo, con altísimas patas de lobo. 

Esta longitud de las patas, y el extraño modo de moverlas, constituyen en efecto los dos rasgos más destacados del aguará-guazú. 

Como los camellos, las jirafas, los coatíes y, particularmente, los caballos de paso "andador", el aguará-guazú marcha avanzando a un tiempo las patas del mismo lado, y no cruzadas, como es la norma en casi todos los cuadrúpedos, y que el hombre mismo observa en sus miembros, quién sabe desde qué remotísimo pasado.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Una Cacería

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica


Llegó un momento en mi vida en que me sentí harto de la civilización, tal como la gozamos en las ciudades. Por contrapeso a un ejercicio intelectual más o menos intenso, mis brazos no sabían ya apartar un obstáculo del camino, porque todos me eran allanados, merced a ese mismo concepto de civilización. Para engañarme, se me mostró el camino de un gimnasio, donde en un patio herméticamente cerrado y con luz artificial a las dos de la tarde, hice fuerza de abajo para arriba y de frente al costado, con una bola de hierro en cada mano, manteniéndome inmóvil y rígido en el mismo sitio. Esto —se me decía— es muy útil.

¿Útil? ¿Para qué? ¿En qué consiste la utilidad de un ejercicio espantosamente estéril? ¿Útil porque trataba de simular con una vergonzosa pantomima el verdadero esfuerzo, que consiste en vencer la dificultad "natural"? De igual modo se podría llamar útil a la bolsa de oxígeno que prolonga la agonía de un moribundo: necesaria, por sutilezas de biología moral, acaso; pero "útil", jamás.


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Publicado el 19 de julio de 2026 por Brian.

Tempestad En El Vacío

Horacio Quiroga


Cuento



El hombre ha llegado a la frontera tropical sin afán de lucro, lo que es muy raro, y se instala a guisa de huésped en un campamento de yerba mate. No ofrece la vida allí grandes comodidades. Mayordomo, capataces, y peones gustan de la misma pobre comida. El lecho es duro, la cama angosta, el mosquitero corto. Nuestro hombre pasa por todo, como se pasa una eterna Semana Santa en la soledad de la metrópoli. En realidad, una semana es también el plazo que el visitante ha fijado a su vacación agreste. Finalizada ésta, regresará a su hogar rico de impresiones. 

Ni rico ni pobre, ciertamente en sólo siete días de selva. ¿Qué puede ver con mirada virgen en tan breve lapso? 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

Los Robinsones Del Bosque

Horacio Quiroga


Cuento


Una mañana, el joven empleado de banco se despierta en el bosque. —¡Por fin!— exclama —¡Heme por fin en plena naturaleza!— Y calzándose sus polainas nuevas, colgando de la cintura su machete nuevo, y del hombro su escopeta también virgen, se lanza al monte. 

No es natural que a la vuelta del primer poste de alambrado haya antas, ni común que en las picadas se encuentren tigres. No importa; nuestro joven empleado no ceba menos por eso su escopeta, ni deja de probar el filo del machete en la primer liana que pende como una gruesa soga desde 15 metros de altura.

Y aquí el primer contraste: el machete, descargado con una energía que honra el entusiasmo del mozo, ha tronchado —claro está— la soga en cuestión, pero siguiendo su curva ha ido a clavarse en el botín de su dueño: en la suela, felizmente, que sobresale dos centímetros.


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Publicado el 11 de julio de 2026 por Brian.

Los Estranguladores

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Un fuerte y hermoso árbol ha quedado solo al borde del camino. Desde los días en que el fuego abatió el bosque circundante, ese árbol, habituado a un régimen de humedad y aire muerto, ha luchado tenazmente por adaptarse al ambiente y a los vientos de hielo. Ha reconstruido su corteza quemada en largas franjas, con una laboriosa e hinchada cicatrización, de cuya constancia nada da idea. Ha perdido hojas, gajos enteros, para reducir su copa y reforzar las ramas matrices. Ha reaccionado contra los ataques de los insectos, vertiendo a litros sus jugos vitales por los agujeros que lo taladraban. Ha cambiado, en fin, de tal modo de aspecto, que cuesta reconocer en ese vigía escueto y nervudo, al árbol de espesa y húmeda fronda que antes vegetaba dormido en la penumbra natal.

Ese árbol de monte, pues, ha adquirido el derecho, tras diez años de lucha por la adaptación, a vivir al aire libre, Ni vientos, ni soles, ni heladas le dañarán. Los pájaros lo utilizan como mástil de tránsito en su vuelo desde una vera a otra del bosque. Concluyen allí de comer la fruta arrebatada al monte, —y una semilla cae a veces en la capa de polvo depositada en sus horquetas.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Catorce Millones De Víboras Del Señor Casado

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En el Alto Paraná, sobre la barranca misma del río, existe o existía un cementerio que alojaba diez y siete cadáveres. De quince de estos cadáveres, eran causantes las víboras. 

Sufriría yerro, sin embargo, quien creyera que este terrible porcentaje de muertes por el veneno ofídico, es en aquella zona el régimen normal. Las víboras no constituyen un peligro mayor que el de tantas circunstancias sombrías de la existencia, aquí como allá. La víbora de cascabel, con todo y ser la más peligrosa bestia de la familia, dista mucho de abundar hasta el extremo de erigirse como una cruz alquitranada, en el confín de todos nuestros pasos. Las estadísticas más avanzadas conceden apenas dos o tres víboras a cada hectárea de bosque. De estas tres víboras, dos son yararás, y la otra es una serpiente de cascabel.

Ahora bien: como una legua de bosque tiene dos mil quinientas hectáreas, el feliz poseedor de una legua de bosque virgen (el señor Carlos Casado poseía dos mil), se halla también ser poseedor de siete u ocho mil mortales víboras, discretamente diseminadas por la finca.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Moral Del Ford

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica



No es para nadie un misterio que la propiedad de un Ford lleva aparejado un sinfín de disgustos. No reza este contraste con los coches del último modelo. Trátase aquí de un automóvil de verdad, ajeno a la lúgubre nombradía de sus antecesores. El Ford verdadero y legítimo, maravilloso y desesperante, calamitoso e insubstituible, es el otro, catalogado con la letra T. Todos los pertenecientes a esta edición, provengan del año 1927 o hayan perdurado desde 1912 hasta hoy, han contribuido más a la fatiga, la neurastenia y la desesperación de sus propietarios que el resto de sus vicisitudes en la vida.

Cuéntanse estas vicisitudes por billones en tales seres, a causa de la miserable vida que han llevado desde el nacer. Todo puede sospecharse del dueño de un Ford, menos opulento bienestar. Su propiedad indica, denuncia y propala a grito herido la pobreza de su conductor. Y a esta vergonzante condición, dura ya de sobrellevar, se suman las penurias y fatigas sin cuento que la frágil existencia de su vehículo exige.


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Publicado el 24 de julio de 2026 por Brian.

La Guardia Nocturna

Horacio Quiroga


Cuento



Se me había dicho que Angelici había logrado resolver el arduo problema de la defensa nocturna del jardín, y yo me puse en campaña para averiguarlo. 

Nadie ignora que mucho más que el vergel de frutales, el jardín floral constituye la nocturna pesadilla de sus dueños. Como no existen valla ni cerco capaces de contener al ratero —no siempre ratero— de rosas de calidad (souvenir de Mme. une telle), los modestos propietarios deben confiar la guardia nocturna de su jardín a los animales domésticos cuya voz de alerta pone en jaque a los ladrones.


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

La Cena De Los Espíritus

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


La cena de los espíritus es de origen puramente indígena, como la velada del angelito, en que las ceremonias que deberían ser fúnebres se convierten en escenas de alegría, en bailes y banquetes.

La cena de los espíritus se celebra, en los más apartados rincones de los valles calchaquíes del norte, en la víspera del día de difuntos del calendario cristiano.

Ya hemos dicho que el indio cree que los que han muerto siguen viviendo, y por eso entierra sus cadáveres junto con provisiones de comida y yuros de agua y chicha, para que se alimente y para que beba.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

La Avispa Colorada

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Mortal por mortal, el veneno de la avispa colorada lo es en mayor grado que el de la víbora. Si no lo parece, es por la insignificante cantidad de que aquélla dispone. Pero si en vez de una gotita microscópica, la avispa inyectara con su aguijón cuatro o cinco gruesas gotas, como las víboras comunes, o veinte y más, como las grandes yararás, otro sería el porvenir de sus víctimas.

Pocos animales, por lo demás, tan bien dotados para la batalla como la avispa colorada. Ni el león ni el tigre dan, en su recogimiento de resorte al saltar, la impresión de ataque de la avispa cuando, presta a disparar desde el borde de su nido, clava los ojos inmóviles en su agresor.

Fuera de su avispero, donde sus funciones de familia la exasperan hasta la ferocidad, la avispa que nos ocupa es más bien un manso insecto.

En las grandes épocas de sequía, nuestra casa en Misiones se veía asaltada por todas las avispas del contorno, en procura de agua.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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