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editor: Brian etiqueta: Cuento


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Los Cuervos

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Todas las veces que el cadáver de un animal ultimado en el monte ha atraído a los buitres, me he preguntado con qué extraordinaria finura de olfato el cuervo, flotando en el alto cielo, a miles de metros, ha podido percibir las emanaciones de un agutí muerto, una comadreja, menos aún, que bajo veinte metros de obscuro e impenetrable follaje. comienza a descomponerse.

La vista no juega aquí ningún papel. Desde las altísimas nubes el bosque es un uniforme bloque de pizarra. Más fácil sería distinguir una presa a una legua de distancia en una noche de tinta, que percibir ser alguno bajo el impenetrable blokao del monte.

Y de allí vienen, no obstante; de allí y de allá, los grandes buitres necrófagos. Son al principio dos o tres, y muy pronto veinte o treinta.

¿Cómo han sentido al agutí, apenas recién muerto, a cuyo contacto la más fina nariz no percibe emanación alguna?


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida

Horacio Quiroga


Cuento


La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida


Y pensar—dice la joven, sin apartar los ojos del fuego de la chimenea— que a estas horas hay gentes que corren a aburrirse en los teatros por el temor de la soledad!

El hombre, sentado también ante el resplandor del hogar, tiende, sin mirarla, el brazo hacia la cabeza de su mujer. 

—Hace tres años —observa— no hubieras pensado así.


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Publicado el 6 de julio de 2026 por Brian.

La Intervención De Los Espíritus Y La Caja De Fósforos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


Las últimas manifestaciones espiritistas de Conan Doyle, y su certeza de comunicarse más allá de la vida con su colega Houdini, han vuelto a inquietar a todos los innumerables doloridos de este mundo que con mayor o menor fe sueñan o confían en reanudar, a través de la muerte, una felicidad trunca.

Cabe ante el renovado fenómeno sorprenderse una vez más de la resistencia que el hombre opone a desaparecer totalmente de un escenario frío, insensible y duro, en el que apareció cuando su turno en la caravana fue llegado, y donde se desarrolló, actuó, se encogió y murió, sin llegar a tener nunca conciencia del por qué de este surgir y desaparecer en lo que media de un segundo a otro del universo, y sin conocer otra cosa de su destino que la fatal brevedad en cumplirlo.

Puede el hombre convivir años enteros con los astros; puede prescindir de su yo ante descubrimientos de divina exaltación: pero ante la idea de su muerte personal, circunscrita a sí mismo, el hombre, con una terquedad heredada a través de las edades de la amonita primaria, se agita y se revuelve ante ese anonadamiento.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Religiosa

Horacio Quiroga


Cuento


Religiosa

Concluye la tarde de un día de agosto. El crepúsculo ha caído como una pulverización cenicienta, llena de tedio y de meditaciones ocultas. El día galopa hacia el Occidente, dejando en las nubes las manchas sangrientas de su agonía, como el rastro hemorrágico y ardiente de un Pegaso herido, huyendo de la derrota.

Las líneas se esfuman como una pincelada inconsciente; y los cantos del alma, profanados por un nocturno aroma de pecado, suben acre y misteriosamente, como las confesiones purpúreas de una noche nupcial.

Queda en el aire un rumor sombrío, cargado de presagios y de acusaciones; un estéril perfume de celda monacal, un protestante clamor de novicias erróneamente profesadas. Y el luto de las noches australes, opacamente cóncavo, emboza el foco de los contornos


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Publicado el 25 de junio de 2026 por Brian.

Perros De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Una propiedad rural en el monte de Misiones está constituida por un rancho de sólo tres paredes, perdido en la inmensidad del bosque, del cual logra apenas aislarse por medio de un mínimo desmonte. En ese desmonte, el propietario planta maíz, mandioca, porotos y tabaco, todo ello en la cantidad justa e indispensable para no morirse de hambre y fumar. Pueden dar aspecto de vida al rancho, algunas gallinas de cuello y rabo desplumados, un chancho alto de patas como un galgo, y dos o tres cabras.

Pero nada de esto es indispensable. En cambio, sentados a la vista del fuego, en verano, o arrollados en invierno ante la llama misma, con la cola y el hocico ardidos, se ve siempre tres o cuatro perros flacos como esqueletos, y que al levantarse oscilan con las caderas flojas, prontos a caer.

Nada denuncia en estos perros su calidad particular. Reumáticos, siempre huraños y tristes, no habría optimista capaz de concederles vida para una estación más, fuerzas para alcanzar hasta el monte, y decisión para hacer frente a un tímido apereá.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Muy Caro: Dos Pesos

Horacio Quiroga


Cuento


Entonces Luis Alemandri, dibujante, fué llevado a pensar así;

Los comerciantes son seres extraordinarios, Estos tres son perfectamente honrados, de ello no hay duda. Pero su honradez está asentada sobre tales singulares conceptos de viveza que resulta, para el que como yo no es comerciante, absolutamente indescifrable, Son sobre todo extraordinarios… —Ahora es conmigo— se interrumpió espantado, viendo que uno de los comerciantes que desde media hora atrás ejercían de críticos literarios, se dirigía esta vez a él.

—¡Usted conoce a F.G.!— le preguntó,

—Algo—repuso el dibujante-—he hablado con él una sola vez.


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Publicado el 12 de julio de 2026 por Brian.

La Ñandurihé

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Hasta el día de hoy, las gentes del norte no han podido ponerse de acuerdo sobre la ñandurihé. Esta víbora representa, sin género alguno de duda, al más venenoso ser de la creación.

Hasta aquí, el acorde es perfecto. Pero cuando deseamos especificar fisonomía, color y particularidades de esta lúgubre bestia, las lenguas se confunden.

Sólo un aspecto de aquélla permanece inalterable en todas las leyendas: su tamaño. La ñandurihé es una viborilla deslizante y fugaz, cuya breve mordedura anuncia cierta, segura, precisa, inexorable y fatalmente, la muerte.

En casa tuvimos una, a que mis chicos profesaron un afecto casi de hermanos mayores. La habíamos hallado entre los bambúes, deslizándose bajo las hojas caídas, que se arqueaban apenas a su paso.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ñacaniná

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Un hombre, cuya veracidad es para mí el Evangelio, me contó una vez que habiendo encontrado en un naranjal de Misiones una ñacaniná, le tiró, como por broma, una naranja desde diez metros de distancia. La culebra se había vuelto hacia él, observándolo. Como el hombre insistiera con otra naranja, la ñacaniná lo había atacado. Ni el hombre ni yo sabemos nada del carácter de este ataque, pues aquél huyó sin volverse a ver si le seguían. Cuánto puede haber durado la persecución, si llegó a haberla, lo ignora el hombre. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Moral Del Ford

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica



No es para nadie un misterio que la propiedad de un Ford lleva aparejado un sinfín de disgustos. No reza este contraste con los coches del último modelo. Trátase aquí de un automóvil de verdad, ajeno a la lúgubre nombradía de sus antecesores. El Ford verdadero y legítimo, maravilloso y desesperante, calamitoso e insubstituible, es el otro, catalogado con la letra T. Todos los pertenecientes a esta edición, provengan del año 1927 o hayan perdurado desde 1912 hasta hoy, han contribuido más a la fatiga, la neurastenia y la desesperación de sus propietarios que el resto de sus vicisitudes en la vida.

Cuéntanse estas vicisitudes por billones en tales seres, a causa de la miserable vida que han llevado desde el nacer. Todo puede sospecharse del dueño de un Ford, menos opulento bienestar. Su propiedad indica, denuncia y propala a grito herido la pobreza de su conductor. Y a esta vergonzante condición, dura ya de sobrellevar, se suman las penurias y fatigas sin cuento que la frágil existencia de su vehículo exige.


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Publicado el 24 de julio de 2026 por Brian.

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