Textos más vistos publicados por Brian etiquetados como Cuento | pág. 4

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editor: Brian etiqueta: Cuento


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El Aguará-Guazú

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


La palabra guaranítica aguará, corresponde a zorro en nuestra lengua; y guazú, a grande. Con estas dos expresiones se designa a un rarísimo animal del bosque huraño y sombrío a más no poder, y cuyo singular aspecto puede definirse diciendo que es un zorro rojizo, con altísimas patas de lobo. 

Esta longitud de las patas, y el extraño modo de moverlas, constituyen en efecto los dos rasgos más destacados del aguará-guazú. 

Como los camellos, las jirafas, los coatíes y, particularmente, los caballos de paso "andador", el aguará-guazú marcha avanzando a un tiempo las patas del mismo lado, y no cruzadas, como es la norma en casi todos los cuadrúpedos, y que el hombre mismo observa en sus miembros, quién sabe desde qué remotísimo pasado.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Cascarudo-Tanque

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


Al caer la noche de un riguroso día de verano, tan riguroso que las piedras se mantienen calientes en la obscuridad; antes que el rocío refresque la atmósfera ardida, y los cuyos asciendan desde la hondura de los valles, suele oírse en Misiones un zumbido lejano, cuya orientación no se puede aún definir, El zumbido crece, acercándose sensiblemente; tórnase agudo de pronto, y sacudiendo el aire en nuestros propios oídos con una violencia de pequeño bólido, va de nuevo a perderse en el misterio de la noche.

No siempre pasa de este modo. A veces el zumbido se estrella, por decirlo así, contra la palmera que nos abanica. Y al pie del árbol vemos entonces por el césped avanzar pesadamente, como una máquina que quisiera imitar a un insecto, un enorme escarabajo que destella, bruñido y verde como un metal, Es el cascarudo-tanque.

Ningún escarabajo da como él la impresión de artificio con cardanes, bielas y pistones de lenta marcha. Cada movimiento suyo, cada avance de pata, es un prodigio de mecánica; pero no lo parecería, a juzgar por la titubeante lentitud del animal.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Surucuá

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Arículo


La más fuerte impresión que ofrece el bosque tropical al pasajero que penetra en él por primera y única vez, es su ausencia de pájaros. Ni un canto, ni un pío, ni un fugaz aleteo entre las ramas inmóviles. Unos tras otros, los árboles se alzan solitarios, se enredan, despéjanse por fin allá arriba en ramillas desvanecidas de luz.

Pero esa inmensa jaula está vacía. Diríase que desde el remoto pasado en que se levantó, el bosque está aguardando, rígido y desierto, las aves que le den vida.

El turista mira a todos lados, avanza aún diez pasos, y de pronto siente el frío de esa cárcel milenaria, donde él, el turista, está absolutamente de más.

El pasajero, naturalmente, ha conocido el bosque a las diez de la mañana o a las tres de la tarde, según sean su prisa o la latitud de su siesta. No conservará recuerdo alguno agradable de la selva y sus célebres pájaros.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Gentes Que Viajan

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica


Muchas veces he reflexionado sobre la capital importancia que para un pueblo nuevo como el nuestro deben tener los viajes. Desde la remota antigüedad considérase que el viajar proporciona al ser humano una ocasión de desarrollar su cultura que el estancamiento nativo no puede otorgar. Si ya el solo acto de vivir renueva al hombre hasta el fondo de sus entrañas, ¡con qué profundidad y pujanza no debe de acelerarse esta remoción al soplo de impresiones más extrañas, más amplias, más vitales que aquéllas a que se acomodaba perezosamente nuestro quieto existir!

Las ideas natales más arraigadas —decíame yo— no lo son tanto como parecen. Basta a veces un choque inesperado sobre esas ideas, un nuevo amanecer que las escorce, un distinto obscurecer que las enturbie, y de nuestro gran jardín mental no queda sino una glorieta lugareña; impregnada de cansancio, lugares comunes y vejez.


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Publicado el 19 de julio de 2026 por Brian.

La Avispa Colorada

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Mortal por mortal, el veneno de la avispa colorada lo es en mayor grado que el de la víbora. Si no lo parece, es por la insignificante cantidad de que aquélla dispone. Pero si en vez de una gotita microscópica, la avispa inyectara con su aguijón cuatro o cinco gruesas gotas, como las víboras comunes, o veinte y más, como las grandes yararás, otro sería el porvenir de sus víctimas.

Pocos animales, por lo demás, tan bien dotados para la batalla como la avispa colorada. Ni el león ni el tigre dan, en su recogimiento de resorte al saltar, la impresión de ataque de la avispa cuando, presta a disparar desde el borde de su nido, clava los ojos inmóviles en su agresor.

Fuera de su avispero, donde sus funciones de familia la exasperan hasta la ferocidad, la avispa que nos ocupa es más bien un manso insecto.

En las grandes épocas de sequía, nuestra casa en Misiones se veía asaltada por todas las avispas del contorno, en procura de agua.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Chusma

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Dios llamó a San Pedro y le dijo:

—No sé lo que pasa en el infierno. Deben de haberse vuelto locos allá. En todos los sectores no se habla ni se discute de otra cosa que de la chusma. Es un clamor que no cesa noche y día; el mismo Luzbel no sabe ya qué hacerse. Haz un rincón donde puedas y ubícame en él a todos los individuos de esa categoría. Así quedaremos tranquilos.

Buscando bien San Pedro halló el rincón deseado y abrió su recinto a la chusma de todas las especies y edades. La algarabía que se levantó allí fue espantosa, pues al fin se hallaba toda la chusma junta. Pero la nota llegó al verdadero escándalo cuando hizo su entrada en tropel la chusma democrática.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida

Horacio Quiroga


Cuento


La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida


Y pensar—dice la joven, sin apartar los ojos del fuego de la chimenea— que a estas horas hay gentes que corren a aburrirse en los teatros por el temor de la soledad!

El hombre, sentado también ante el resplandor del hogar, tiende, sin mirarla, el brazo hacia la cabeza de su mujer. 

—Hace tres años —observa— no hubieras pensado así.


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Publicado el 6 de julio de 2026 por Brian.

Perros De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Una propiedad rural en el monte de Misiones está constituida por un rancho de sólo tres paredes, perdido en la inmensidad del bosque, del cual logra apenas aislarse por medio de un mínimo desmonte. En ese desmonte, el propietario planta maíz, mandioca, porotos y tabaco, todo ello en la cantidad justa e indispensable para no morirse de hambre y fumar. Pueden dar aspecto de vida al rancho, algunas gallinas de cuello y rabo desplumados, un chancho alto de patas como un galgo, y dos o tres cabras.

Pero nada de esto es indispensable. En cambio, sentados a la vista del fuego, en verano, o arrollados en invierno ante la llama misma, con la cola y el hocico ardidos, se ve siempre tres o cuatro perros flacos como esqueletos, y que al levantarse oscilan con las caderas flojas, prontos a caer.

Nada denuncia en estos perros su calidad particular. Reumáticos, siempre huraños y tristes, no habría optimista capaz de concederles vida para una estación más, fuerzas para alcanzar hasta el monte, y decisión para hacer frente a un tímido apereá.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Textos Fronterizos

Horacio Quiroga


Cuento, Compilación


El Regreso A La Selva


Después de quince años de vida urbana, bien o mal soportada, el hombre regresa a la selva. Su modo de ser, de pensar y obrar, lo ligan indisolublemente a ella. Un día dejó el monte con la misma violencia que lo reintegra hoy a él. Ha cumplido su deuda con sus sentimientos de padre y su arte: nada debe. Vuelve, pues, a buscar en la vida sin trabas de la naturaleza el libre juego de su libertad constitucional. 

Regresa a la selva. Pero ese hombre no lleva consigo el ánimo que debiera. ¡Ha pasado tanto tiempo desde que colgó tras una puerta su machete de monte! Sus pasajeros retornos al bosque apenas cuentan en la pesada carga de ficciones que no ha podido eludir. Quince años de civilización forzada concluyen por desgastar las aristas más cortantes de un temperamento. 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

Una Carta De Amor

Horacio Quiroga


Cuento



Cuando se ha pasado la vida publicando historietas, no es extraño que haya una persona que guste particularmente de lo que uno —bien o mal— hace. Esta persona puede ser un amigo, o una vieja señora que vive en Jujuy, y que no tiene, desde luego, la menor idea de quién puede ser el autor. Otras veces es un joven estudiante de bachillerato que sueña con la conquista de un gran nombre en las letras, y para cuyos quince años, un hombre que escribe cuentos en revistas, es una especie de personaje. Alguna vez el adolescente en cuestión no es ni siquiera estudiante y tal resultó ser el muchacho que vino una vez a consultarme por cosas del oficio.

En verdad, el joven visitante no tenía aspiraciones artísticas; pero estaba profundamente enamorado. Había tenido un disgusto serio con su novia —novia, creo que tampoco, dada la edad del muchacho, 17 a 18 años, a lo sumo—. Se trataba, pues, verosímilmente, de una de las tantas peleas que sobrevienen matemáticamente cada quince días a los fogosos y tiernos amantes cuya relación no es aún formal. Pero mi muchacho estaba enérgicamente enamorado, y entendía no aplazar aquello por nada del mundo.


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Publicado el 14 de agosto de 2026 por Brian.

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