Textos más vistos publicados por Brian etiquetados como Cuento | pág. 5

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editor: Brian etiqueta: Cuento


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Una Serpiente De Cascabel

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento



Cuando no ha mucho el ilustre naturalista Ángel Cabrera hacía notar en un artículo local la escasa probidad con que los literatos observan en general a los animales que prestan asunto para sus fantasías, he pensado en aquella ocasión en la parte que a mí podría tocarme de tal culpa. Yo me he ocupado con interés, lo confieso, y no una sola vez, de pájaros, perros, hormigas y hasta de un dinosaurio guayrense. Salvo en lo que concierne a este ser u otros similares, creo de buena fe haber aportado a la observación de los demás animales toda la probidad de que soy capaz. Si una larga convivencia con aquéllos en su ambiente resta méritos a dicha probidad, no es menos cierto que he debido con frecuencia resistir a la tentación de decorar artificialmente mi fauna. He hablado de lo que he visto. Mas si así y todo mi nombre figura en las listas improbas del doctor Cabrera con más puntos negros de los que creo merecer, doy entonces un paso atrás y cedo mi lugar a un colega cien veces más ilustre en la escala literaria.


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Publicado el 12 de agosto de 2026 por Brian.

Cuatro Literatos

Horacio Quiroga


Cuento


Los vapores que navegan en el Alto Paraná desde Posadas á Puerto Alica, término forzoso de la derrota, llevan casi siempre a proa treinta ó cuarenta peones de obraje y un número menor de mulas, todo suficientemente mezclado. En el grupo, algunas vacas que suelen escaparse, derivando leguas enteras.

Hay luego peces que tienen las desviada habilidad de saltar a las chalanas que remolca el vapor, correspondencia arrojada al agua en botellas, capataces de monte que han aprendido de algún inglés eternamente civilizado á amar el whisky, y muchas cosas más.


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Publicado el 7 de julio de 2026 por Brian.

El Boa

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


La designación de boa es genérica, y comprende unas cuantas especies de serpientes sudamericanas. En lenguaje común, sin embargo, entendemos por boa toda serpiente singularmente larga, proporcionalmente gruesa y capaz de hacer crujir entre sus anillos los huesos de la víctima que entre ellos encerró. Naturalmente, estos boas son hijos de la zona ecuatorial, y apenas si una u otra especie de menor tamaño se aventura por bajo del trópico.

La primera noticia personal que en Misiones tuvimos del boa, nos la ofreció una víbora arrollada, una mañana, ante la puerta del taller.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Cadáver De La Libertad

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Cuando la libertad fue declarada "cadáver putrefacto", de acuerdo con la expresión del señor Mussolini, aquélla vióse en seguida abandonada de sus fieles discípulos. En vista de ello, sus censores cargaron irónicamente sobre sí con el deber de velar sus restos.

Ante aquel cuerpo velado de la cabeza a los pies, los jueces cambiaban entre sí sus impresiones.

—Magnífico cuerpo —murmuró uno— destinado a vivir muchos años.

—Eso se dice siempre —objetó otro. —En verdad, se ignora cómo ha resistido tanto tiempo.

—¿Pero de qué ha muerto? —preguntó un tercero, seguramente extraño a la localidad.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Caguaré

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Pocas cosas parecen más comprobadas que el amor de los osos hormigueros por las hormigas y la miel. Y pocas más difíciles, en cambio, que criar uno de estos animalitos con aquellos manjares.

De las dos especies de osos hormigueros conocidas en Misiones, una de ellas posee una cola fantásticamente rica que lleva enmarcada a la rastra, y que enarbola como un penacho a la menor sorpresa. Es el ñurumí, o tamanduá bandeira, como dicen los brasileños. La otra especie es más pequeña y posee una cola prehensil, muy semejante a la de las comadrejas. Vive en los árboles, y se la denomina caguaré.

En cierta ocasión tuvimos en casa un caguaré, y la primera insinuación sobre lo extraño de su pelaje, me la dió mi chico, prendido de mi mano ante la vista del animal.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Coatí

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo, Cuento


El coatí es un animalito tan alargado de cabeza como de cola, y con ambas arqueadas hacia arriba; que posee un grito de pájaro, agudo y precipitadísimo, y a quien la curiosidad devora vivo.

No hay cosa, en efecto, a que no lleguen el hocico y los dedos del coatí. Por ver lo que hay adentro, es capaz de atarearse en abrir un horno a mil grados. De diez libros a su alcance, y uno de ellos prolijamente embalado para el correo, sólo le interesará este último, y escarbará su cubierta y bajo cubierta, hasta dejarlo al desnudo y con todas las hojas arañadas, pues algo podía haber entre ellas.

El que nosotros tuvimos poseía, fuera de su diabólica curiosidad, un extraño afecto a los hombres —no a las mujeres—a causa de haber sido criado en brazos por un hombre de monte.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Llamado Nocturno

Horacio Quiroga


Cuento



Nuestra casa se levanta al borde de una amplia meseta que domina por todos lados el paisaje y que declina fuertemente hacia el oeste en una a modo de ancha garganta. En el fondo, el profundo valle así formado limitado por la abrupta costa paraguaya y por dos altos cerros en tierra argentina que cierran el anfiteatro, yace estático el Paraná, convertido en lago escocés por obra del ambiente. El valle, la cordillera, cuanto abarca la vista se halla cubierto por el bosque. En esa mancha uniformemente sombría sólo las aguas del río pincelan de color el paisaje; cinc en las primeras horas de la mañana; plata cuando el sol ya ha ascendido, y oro y sangre a la muerte de la tarde. 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

El Pique

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En cierta ocasión, como hubiéramos naufragado en el Alto Paraná al embate de una recia tormenta, fuimos arrastrados a cobrar tierra bajo un cobertizo de cinc abandonado en la costa, y cuyo destino fuera en otra época el de secar ladrillos. Vastos montones de ceniza diseminados por el suelo, lo atestiguaban todavía.

Para náufragos, no estaba aquello mal. Solamente que al volcar sobre la ceniza el agua de nuestras botas, una especie de nubecilla obscura comenzó a ascender por las piernas.

Eran los piques. Había millares de ellos, si no millones.

Para valorar lo pintoresco de esta visita, es bueno que se sepan las costumbres de dichos visitantes.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Regreso A La Selva

Horacio Quiroga


Cuento



Después de quince años de vida urbana, bien o mal soportada, el hombre regresa a la selva. Su modo de ser, de pensar y obrar, lo ligan indisolublemente a ella. Un día dejó el monte con la misma violencia que lo reintegra hoy a él. Ha cumplido su deuda con sus sentimientos de padre y su arte: nada debe. Vuelve, pues, a buscar en la vida sin trabas de la naturaleza el libre juego de su libertad constitucional. 

Regresa a la selva. Pero ese hombre no lleva consigo el ánimo que debiera. ¡Ha pasado tanto tiempo desde que colgó tras una puerta su machete de monte! Sus pasajeros retornos al bosque apenas cuentan en la pesada carga de ficciones que no ha podido eludir. Quince años de civilización forzada concluyen por desgastar las aristas más cortantes de un temperamento. 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

Episodio

Horacio Quiroga


Cuento, Horror


Tuve un amigo cuyo recuerdo cada vez que ese episodio de mi vida sube a la memoria pone en mis nervios un largo escalofrío de miedo y espanto. Nunca he podido borrarle; en las noches de duelo, sobre todo, cuando un ruido silencioso nos despierta con sobresalto, y una indefinible angustia nos contrae la garganta en la terrible seguridad de que alguien se desliza por el cuarto sin que sintamos cuando está al lado nuestro, viene ese hecho á erizar mis cabellos, á pesar de que hace mucho tiempo que acaeció

Un año entero tuve amistad con él; y las extrañas circunstancias que acompañaron a nuestras relaciones podrán tal vez no ser creídas; pero esos súbitos espantos, esos hilarantes cambios de pesadilla en los que una carcajada tiene el timbre del más alto erizamiento interior y la encogida fijeza de una mirada puede torcer horriblemente nuestro cuerpo, son indiscutibles, tan indiscutibles, que durante doce meses mi carne tuvo el frío esponjado y contráctil de una larva presta a transformarse.

Era pequeño y desmesuradamente flaco. Sus manos largas, muy largas, tenían un afilamiento de zarpa suave y silenciosa que llevaba siempre replegadas, casi ocultas por las mangas del saco, siempre creí que si aquellas manos se posaban sobre mi cuello, me helarían poco á poco en un lento sudor de asfixia.

Nuestros comunes paseos nos unieron en una intimidad completamente objetiva. Nada sabía de su pasado ni de la estructura de su modo de, ser: gustábamos de estar juntos, simplemente; y sin conocer uno y otro lo que había más allá de una muda contemplación, íbamos, cuando las mojadas tardes de invierno tiritaban en los campos helados, a detenernos absortos ante los paisajes doblegados


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Publicado el 7 de julio de 2026 por Brian.

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