Textos más vistos publicados por Brian etiquetados como Cuento | pág. 5

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editor: Brian etiqueta: Cuento


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La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida

Horacio Quiroga


Cuento


La Joven Obesa Que Quería Vivir Su Vida


Y pensar—dice la joven, sin apartar los ojos del fuego de la chimenea— que a estas horas hay gentes que corren a aburrirse en los teatros por el temor de la soledad!

El hombre, sentado también ante el resplandor del hogar, tiende, sin mirarla, el brazo hacia la cabeza de su mujer. 

—Hace tres años —observa— no hubieras pensado así.


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Publicado el 6 de julio de 2026 por Brian.

La Ura

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Suele acontecer que una criatura se duerma, a la siesta, con la boca abierta. Días después, prorrumpe en un agudo grito de dolor, que cesa enseguida. Los gritos se repiten con intermitencias, con la misma brusquedad e igual calma subsiguiente. La criatura se lleva en aquellos momentos las manos a la garganta. Un examen prolijo de la boca delata entonces en el fondo de las fauces uno o más agujerillos hinchados, de que escurre un líquido claro. 

Este es el proceso común de la ura. En el fondo de cada uno de esos agujerillos, se agita en carne viva, come y prospera, un gusano rugoso, circundado de duros anillos, estando cada anillo erizado de pelos negros. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Yarará Newiedi

Horacio Quiroga


Cuento


Siendo yo muy muchacho, en el Salto Oriental, asistí a una mordedura de víbora en la persona de un chico de mi edad, picado en el extremo del índice, justamente cuando se inclinaba a beber de un pozo. Éramos cuatro o cinco sujetos, el mayor de los cuales no alcanzaba a diez años. 

El chico mordido dió un grito y se incorporó, con algo como piolín grueso colgado del dedo. Comenzó a gritar seguido, mirándonos a todos. Le atamos fuertemente la falange, y alguno, feliz poseedor de un cortapluma, abrió la mordedura. Uno operaba, y los otros sujetaban el brazo. Tras la espalda del último, el chico forcejeaba, pateaba y nos rompía los oídos a alaridos. 


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Publicado el 12 de julio de 2026 por Brian.

La Yararacusú

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.

Hacía ya tiempo que no había trabado relación con estos animalitos sin lograr contacto con un poderoso ejemplar, cuando la casualidad me puso a cinco centímetros de la muerte en el fondo de un pozo, con una yararacusú por todo auxilio.


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Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

Perros De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Una propiedad rural en el monte de Misiones está constituida por un rancho de sólo tres paredes, perdido en la inmensidad del bosque, del cual logra apenas aislarse por medio de un mínimo desmonte. En ese desmonte, el propietario planta maíz, mandioca, porotos y tabaco, todo ello en la cantidad justa e indispensable para no morirse de hambre y fumar. Pueden dar aspecto de vida al rancho, algunas gallinas de cuello y rabo desplumados, un chancho alto de patas como un galgo, y dos o tres cabras.

Pero nada de esto es indispensable. En cambio, sentados a la vista del fuego, en verano, o arrollados en invierno ante la llama misma, con la cola y el hocico ardidos, se ve siempre tres o cuatro perros flacos como esqueletos, y que al levantarse oscilan con las caderas flojas, prontos a caer.

Nada denuncia en estos perros su calidad particular. Reumáticos, siempre huraños y tristes, no habría optimista capaz de concederles vida para una estación más, fuerzas para alcanzar hasta el monte, y decisión para hacer frente a un tímido apereá.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Tangos Redentores

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Durante mucho tiempo constituyó una de nuestras preocupaciones, el triste estado social, espiritual y moral de lo que, por un criollo eufemismo, hemos convenido en llamar milonguita.

En nuestra juventud las jóvenes de ese carácter no se llamaban milonguitas. Pero estas de hoy, de sus mil compañeros de bohemia sólo amaron furiosamente a uno solo: y aquel privilegiado ser, como los de ahora, devolvió a su amiga en golpes, religiosamente, el homenaje recibido a sus otros 999 admiradores. No cambian las circunstancias, como se ve, aunque los hombres varíen.


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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Un Hecho Desnudo

Horacio Quiroga


Cuento


La ansiedad de emociones desmesuradas —observó el pasajero— es el aspecto romántico de las gentes que no lo son. Entre esas emociones, gozan de particular privilegio las que otorgan una empresa o un país extremo: días de sed insaciada, hambres crueles, tempestades de un mes, paisajes enormes, sin contar los tiros imprevistos.

Hasta dónde esta gente sensata es capaz de llevar adelante su ensueño, no es fácil averiguarlo. Sobre cien casos, con noventa y nueve los ardientes soñadores viven y mueren en su oficina, o bien escriben poemas delirantes ú la vida del bosque y la montaña, siempre encerrados en su cuartito, claro está. Algunos, muy pocos, se resignan y dejan la pluma con los Rosny, “llorando inmensos bosques vírgenes que no visitarán jamás ".


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Publicado el 6 de julio de 2026 por Brian.

Una Cacería

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica


Llegó un momento en mi vida en que me sentí harto de la civilización, tal como la gozamos en las ciudades. Por contrapeso a un ejercicio intelectual más o menos intenso, mis brazos no sabían ya apartar un obstáculo del camino, porque todos me eran allanados, merced a ese mismo concepto de civilización. Para engañarme, se me mostró el camino de un gimnasio, donde en un patio herméticamente cerrado y con luz artificial a las dos de la tarde, hice fuerza de abajo para arriba y de frente al costado, con una bola de hierro en cada mano, manteniéndome inmóvil y rígido en el mismo sitio. Esto —se me decía— es muy útil.

¿Útil? ¿Para qué? ¿En qué consiste la utilidad de un ejercicio espantosamente estéril? ¿Útil porque trataba de simular con una vergonzosa pantomima el verdadero esfuerzo, que consiste en vencer la dificultad "natural"? De igual modo se podría llamar útil a la bolsa de oxígeno que prolonga la agonía de un moribundo: necesaria, por sutilezas de biología moral, acaso; pero "útil", jamás.


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4 págs. / 7 minutos / 7 visitas.

Publicado el 19 de julio de 2026 por Brian.

Una Cacería Humana En África

Horacio Quiroga


Cuento, Drama, Novela


Estamos en África, en plena África ecuatorial. La selva virgen, profunda, negra, inextricable, reina en el paisaje. Como una inmensa cinta de plata, el río Congo corre hacia el océano, arrastrando en su corriente enormes troncos, búfalos muertos, monstruosamente hinchados y ya en descomposición, islas flotantes de juncos y pajas, y a veces piraguas tumbadas, en que alguna docena de negros naufragó.

Son las cinco de la tarde, y ya la lánguida luz del cielo anuncia la proximidad de la noche. Con la primera frescura del crepúsculo pueden observarse innumerables puntos negros que desde el río avanzan hacia la orilla. Adelantan en parejas simétricas, muy juntos uno de otro, dos, cuatro, veinte, cien. Se los hubiera tomado por palillos de resaca, o más bien por diminutas cimas de islotes. Prosiguen avanzando, y de pronto el agua se enturbia súbitamente, se remueve en toda su hondura, y dos, diez, cincuenta monstruos asoman la cabeza.


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44 págs. / 1 hora, 18 minutos / 19 visitas.

Publicado el 1 de septiembre de 2026 por Brian.

Una Carta De Amor

Horacio Quiroga


Cuento



Cuando se ha pasado la vida publicando historietas, no es extraño que haya una persona que guste particularmente de lo que uno —bien o mal— hace. Esta persona puede ser un amigo, o una vieja señora que vive en Jujuy, y que no tiene, desde luego, la menor idea de quién puede ser el autor. Otras veces es un joven estudiante de bachillerato que sueña con la conquista de un gran nombre en las letras, y para cuyos quince años, un hombre que escribe cuentos en revistas, es una especie de personaje. Alguna vez el adolescente en cuestión no es ni siquiera estudiante y tal resultó ser el muchacho que vino una vez a consultarme por cosas del oficio.

En verdad, el joven visitante no tenía aspiraciones artísticas; pero estaba profundamente enamorado. Había tenido un disgusto serio con su novia —novia, creo que tampoco, dada la edad del muchacho, 17 a 18 años, a lo sumo—. Se trataba, pues, verosímilmente, de una de las tantas peleas que sobrevienen matemáticamente cada quince días a los fogosos y tiernos amantes cuya relación no es aún formal. Pero mi muchacho estaba enérgicamente enamorado, y entendía no aplazar aquello por nada del mundo.


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3 págs. / 5 minutos / 22 visitas.

Publicado el 14 de agosto de 2026 por Brian.

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