Textos más vistos publicados por Brian etiquetados como Cuento | pág. 6

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editor: Brian etiqueta: Cuento


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Jazmines Y Langostas

Horacio Quiroga


Cuento


Mi ausencia había durado quince años. No es así de extrañar que a mi regreso hallara la meseta en que se levanta mi casa convertida en capuera por la invasión de pajas y arbustos, allí donde era dogma que el vasto círculo comprendido entre las palmeras debía lucir sin un solo yuyo.

La varita de bambú que plantada en 1910 había arrastrado una miserable vida hasta 1917 sin alzarse un milímetro más, había logrado al fin adaptarse a la estéril arena, y cuando regresé, se había apoderado ya de media hectárea, asfixiando y aniquilando entre sus inexplicables rizomas, damascos, chirimoyas, higueras, nísperos y bastantes cosas más. Lo que dejé quinta en tierra árida se había convertido en selva de Java. El bambú había avanzado hasta la meseta invadiéndola en gran parte, no obstante el mineral de hierro del subsuelo. Afuera del macizo, largas filas de cañas denunciaban la marcha recta y obstinada de los rizomas de vanguardia.

¿A dónde iban? No sé; pero hubieran alcanzado el Paraná, de dejárseles la marcha libre.


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Publicado el 4 de agosto de 2026 por Brian.

La Bolsa De Valores Literarios

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento


Desde hace mucho tiempo atrás hemos pensado en la utilidad que a las bellas letras reportaría la Bolsa de Valores Literarios. Personas bien informadas nos aseguran que su instauración es un hecho en este año que comienza. No podemos sino congratularnos de un tal acontecimiento, que iniciará una nueva era en nuestro mundo de arte.

Las crecientes necesidades, en efecto, de diarios, revistas y casas editoras; las aún más crecientes necesidades de nuestros escritores; las viejas e ineludibles leyes de la oferta y la demanda, propician urgentemente esta institución, cuyos favores saltan a los ojos de los más ciegos.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

La Hormiga Minera

Horacio Quiroga


Cuento



Una tarde de verano, el propietario del nuevo jardín comprueba en éste la presencia de una hormiga minera, a pesar de hallarse el sol muy alto aún.

Ese hombre ha llegado no ha mucho a Misiones. No conoce el país, pero sí el sumario completo levantado a la hormiga minera, azote de la región. Cuantas advertencias cabe hacer a un aficionado a las plantas, le han sido confiadas a ese plantador.

—Me defenderé —ha respondido éste—. Tengo cien modos a mi disposición.

—Invente otros cien más —le han advertido—, y al final de los doscientos todavía estará en los comienzos de la lucha.


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Publicado el 4 de agosto de 2026 por Brian.

La Tragedia De Los Ananás

Horacio Quiroga


Cuento



Cuando Glieb Grüner, botánico de la Estación Experimental de Loreto, en Misiones, abandonó el instituto, me puso ante un lote de quince o veinte plantitas, cada cual en su respectiva maceta. 

—Le confío estas esencias —me dijo—, pues nadie las va a cuidar como usted. Todas son tropicales, o poco les falta. Usted tiene en su meseta dos grados más que nosotros, y con un poco de atención en las noches de helada, va a lograr lo que aquí nunca hubiéramos conseguido. Lástima —añadió sacudiendo la cabeza ante un par de matitas espinosas— que va a perder estos ananás de Pernambuco, que eran mi esperanza. 

—¿Por qué se van a perder? —objeté—. ¿Por el frío? No se van a helar. 

—Sí, se helarán —repitió. 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

La Yararacusú

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.

Hacía ya tiempo que no había trabado relación con estos animalitos sin lograr contacto con un poderoso ejemplar, cuando la casualidad me puso a cinco centímetros de la muerte en el fondo de un pozo, con una yararacusú por todo auxilio.


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Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

Los Estranguladores

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Un fuerte y hermoso árbol ha quedado solo al borde del camino. Desde los días en que el fuego abatió el bosque circundante, ese árbol, habituado a un régimen de humedad y aire muerto, ha luchado tenazmente por adaptarse al ambiente y a los vientos de hielo. Ha reconstruido su corteza quemada en largas franjas, con una laboriosa e hinchada cicatrización, de cuya constancia nada da idea. Ha perdido hojas, gajos enteros, para reducir su copa y reforzar las ramas matrices. Ha reaccionado contra los ataques de los insectos, vertiendo a litros sus jugos vitales por los agujeros que lo taladraban. Ha cambiado, en fin, de tal modo de aspecto, que cuesta reconocer en ese vigía escueto y nervudo, al árbol de espesa y húmeda fronda que antes vegetaba dormido en la penumbra natal.

Ese árbol de monte, pues, ha adquirido el derecho, tras diez años de lucha por la adaptación, a vivir al aire libre, Ni vientos, ni soles, ni heladas le dañarán. Los pájaros lo utilizan como mástil de tránsito en su vuelo desde una vera a otra del bosque. Concluyen allí de comer la fruta arrebatada al monte, —y una semilla cae a veces en la capa de polvo depositada en sus horquetas.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Tatetos

Horacio Quiroga


Cuento, Artíclo, Crónica


El tateto es un animalito arisco, cerdoso y cargado de hombros, como el jabalí. Se mueve constantemente de un lado a otro con una especie de trote nervioso, y representa en la selva americana al citado jabalí, a cuya familia pertenece.

Pero al revés de la negra bestia Solitaria, el tateto no se halla en la soledad, Su vida entera, su inteligencia están consagradas a la piara. Un tateto aislado apenas constituye otra cosa que un chanchito canoso, de cuello recogido, mirar soslayado y cabeza baja. Pero en la piara familiar, en la manada salvaje, el tateto encarna la vida total y obstinada de la especie.

Apretados en piaras de cientos y miles de individuos, los tatetos van y van. Como los perros jaros de la India, nada ni nadie les detiene. Donde ellos pasaron, el bosque queda desgarrado, destilando barro y flavo hedor.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Para Los Niños

Horacio Quiroga


Cuento


Para Los Niños

Queridos hermanitos:

¡Qué gran cosa poderles escribir por fin, después de lo pasado! Un poco más y ya no queda más Dum-Dum en el mundo, chiquitos. Ya les conté que un tigre de Bengala, en el Asia, me abrió una vez la espalda de un solo manotón, y que la sangre saltaba como de cinco manantiales. Las uñas de un tigre, hermanitos, son como cinco puñales atados en una pata de tremenda fuerza. ¡Figúrense ahora cómo habré quedado yo entonces!


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Publicado el 20 de junio de 2026 por Brian.

Sin Salida

Horacio Quiroga


Cuento


Este caso no tiene nada de raro, anormal o extraordinario en modo alguno. Antes bien, su aterradora sencillez es su extrema virtud, y él ha añadido una gota más al mar de angustia en que nos estamos ahogando los civilizados de hoy.

Tengo dos hijos, uno de ellos varón. Y este hombrecito de cuatro años, estrella del triángulo luminoso que un hombre de bien debe fijar en su paso por la tierra, según el precepto árabe: “plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo", esta criatura mía va, corriendo con la civilización actual, a buscar el destino de aquella otra criatura que se llamó Jack, y que es el protagonista del caso.

Llamábase, pues, Jack, y su padre era inglés.


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Publicado el 6 de julio de 2026 por Brian.

Tempestad En El Vacío

Horacio Quiroga


Cuento



El hombre ha llegado a la frontera tropical sin afán de lucro, lo que es muy raro, y se instala a guisa de huésped en un campamento de yerba mate. No ofrece la vida allí grandes comodidades. Mayordomo, capataces, y peones gustan de la misma pobre comida. El lecho es duro, la cama angosta, el mosquitero corto. Nuestro hombre pasa por todo, como se pasa una eterna Semana Santa en la soledad de la metrópoli. En realidad, una semana es también el plazo que el visitante ha fijado a su vacación agreste. Finalizada ésta, regresará a su hogar rico de impresiones. 

Ni rico ni pobre, ciertamente en sólo siete días de selva. ¿Qué puede ver con mirada virgen en tan breve lapso? 


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

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