Priscilla Dean. Miel silvestre y Diques rotos. —Esta muchacha de rostro y temperamento singulares, bella y suavísima, fea y de incisiva maldad a la par, merece un sitio de distinción entre las estrellas congéneres. Dueña de una personalidad aguda, desde sus primeros filmes se ha mostrado a sí misma, sin imitar a nadie ni a nada, confiándolo todo a sus nervios, su vivacidad, su brío —y su ternura, porque esta mujercita de cejas diabólicas es capaz de hacernos gustar, si quiere, la más espesa miel que empape mohín alguno de labios de mujer.
Es Priscilla Dean asimismo una de las más afortunadas actrices en punto a argumentos. No se recuerda, en verdad, cinta suya francamente mala. Adicta desde tiempo atrás a la Universal, la suerte le depara buenos dramas y excelentes directores y fotógrafos —elementos, estos dos últimos, que han caracterizado a la Universal en sus buenos momentos.
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