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editor: Edu Robsy etiqueta: Ensayo


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Sobre la Novela

Émile Zola


Ensayo, Crítica


El sentido de lo real

El más hermoso elogio que en otro tiempo se podía hacer de un novelista era decir: «Tiene imaginación». En la actualidad, este elogio sería considerado casi como una crítica. Ocurre que todas las condiciones de la novela han cambiado. La imaginación ya no es la mayor cualidad del novelista.

Alexandre Dumas, Eugène Sue, tenían imaginación. En Notre-Dame de Paris, Victor Hugo imaginó unos personajes y una fábula del más vivo interés; en Mauprat, George Sand supo apasionar toda una generación por los amores imaginarios de sus héroes. Pero nadie se ha decidido en conceder imaginación a Balzac y a Stendhal. Se ha hablado de sus poderosas facultades de observación y de análisis; son grandes porque han pintado su época y no porque hayan inventado cuentos. Ellos son los autores de esta evolución, a partir de sus obras la imaginación ha dejado de contar en la novela. Ved a nuestros grandes novelistas contemporáneos, Gustave Flaubert, Edmond y Jules de Goncourt, Alphonse Daudet: su talento no reside en lo que imaginan sino en que presentan a la naturaleza con intensidad.


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Publicado el 24 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La Interpretación de los Sueños

Artemidoro


Ensayo


Libro I

Proemio: Artemidoro saluda a Casio Máximo

Muchas veces me sentí impulsado a emprender el presente trabajo y siempre me detuve «no porque cediese por pereza o por insensatez» como dice el poeta, sino porque me sobrecogía, en particular, la magnitud y la multiplicidad de las cuestiones que en él se plantean y porque temía las críticas adversas de aquellas personas que o bien sostienen cuanto afirman por estar convencidas de que la mántica no existe y tampoco la providencia divina, o bien se entregan a prácticas y disquisiciones de otra índole. Mas ahora la demanda existente —que reviste caracteres de necesidad por los beneficios que deparará, tanto a nosotros mismos como a los que vengan después— me incitó a no demorar ni a dar largas al asunto, sino a redactar un escrito con aquellos conocimientos de los que tengo una cabal comprensión, tras haberlos adquirido de una forma empírica. En verdad, considero que, gracias a tal iniciativa, alcanzaré dos objetivos: primero, oponerme, de una forma leal y con un cúmulo de argumentos fuera de lo corriente, a los que intentan suprimir la propia mántica y sus distintas variantes, trayendo a colación públicamente la experiencia y el testimonio de los resultados, los cuales bastarían para hacer frente a todos los hombres; y, en segundo lugar, establecer una terapéutica salvadora en vez del error para los que se sirven de la adivinación, pero son engañados por no encontrar unas doctrinas rigurosas sobre esta materia y, en consecuencia, corren el riesgo de despreciarla y de apartarse de ella.


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293 págs. / 8 horas, 33 minutos / 195 visitas.

Publicado el 17 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Sobre la Consecuencia, la Sinceridad

Miguel de Unamuno


Ensayo


En todos los órdenes de la vida vivimos cada vez más del crédito y cada vez menos del pago inmediato en dinero, o cosa que lo valga, contante y sonante. Nos apoyamos en la autoridad ajena para no tomarnos la molestia de formarnos y afirmarnos una autoridad propia. El gran principio de la vida social moderna, sobre todo en nuestro país, es el principio de la delegación: lo delegamos todo. Y no son los que más truenan contra el autoritarismo los que menos buscan apoyarse en ajena autoridad.

En el libro I, «Fisiología de la guerra», de su notabilísima obra Mi rebeldía, y página 70 de ésta, dice don Ricardo Burguete esta gran verdad: "«La defensiva es una forma democrática: se confía en el esfuerzo común, y éste descansa en el mérito ajeno»". Es indudable; las democracias, más que otra forma alguna social, descansan en la confianza mutua... en el esfuerzo ajeno. Cada cual echa el mochuelo al prójimo y procura zafarse. El reconocer y afirmar que todos tienen derecho a gobernar, no es para arrogarse uno el gobierno, sino para sacudírselo al prójimo. Y para esto nos hace falta que los demás sean consecuentes; es decir, que sean como nosotros les queremos hacer.

Todo ello es en gran parte resultado del principio de la diferenciación —mejor que división— del trabajo. Es lo que sucede con el perito ante los tribunales. Un juez a quien se le resiste dar una sentencia que cree justa, si se encuentra con un perito que le ofrece un apoyo para la injusticia, aunque esté convencido de lo absurdo del informe del perito, se agarra a él, y diciéndose: «Aquí que no peco, si dice un desatino, como es él quien lo dice, allá por su cuenta; yo siempre tendré en qué justificar mi acuerdo», falla contra su conciencia y a favor de su deseo. Nos es muy cómodo eso de los peritos para sacudirnos responsabilidades.


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Dominio público
20 págs. / 36 minutos / 259 visitas.

Publicado el 13 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

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