Textos más vistos publicados por Edu Robsy etiquetados como Poesía | pág. 8

Mostrando 71 a 80 de 97 textos encontrados.


Buscador de títulos

editor: Edu Robsy etiqueta: Poesía


678910

El Viaje del Parnaso

Miguel de Cervantes Saavedra


Poesía


Licencia

Por mandado y comisión de los señores del Consejo, he visto El viaje del Parnaso, de Miguel de Cervantes Saavedra; y, después de no tener cosa contra lo que tiene y enseña nuestra santa fee católica ni buenas costumbres, tiene muchas muy apacibles y entretenidas, y muy conformes a las que del mismo autor honran la nación y celebra el mundo. Este es mi parecer, salvo &c. En Madrid, a 20 de setiembre, 1614.

El maestro Joseph de Valdivielso.


Leer / Descargar texto


79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 455 visitas.

Publicado el 22 de abril de 2016 por Edu Robsy.

La Hechicera

Virgilio


Poesía


Poeta.

Quiero el alterno canto y los amores
Imitar de Damón y Alfesibeo,
A cuyo dulce són la becerrilla,
Olvidada del pasto, absorta estuvo,
Y atónitos los linces atendían,
Y el curso revolviendo de sus ondas
En silencio á escuchar llegóse el río.
Quiero el alterno canto y los amores
De Damón imitar y Alfesibeo.

Tú, ó ya las rocas del Timavo undoso,
Folión, superes, ó rayendo vayas
Del Ilírico golfo las riberas.
Oye mi voz. ¡Oh! ¿al fin vendrá aquel día
En que tus heclios diga, y por el orbe

Pueda tus cantos divulgar, que solos
El coturno de Sófocles merecen?
Tomó principio en ti la Musa mía,
Y en tu honor sonará su voz postrera.
Acoge en tanto los humildes versos
Que ensayo obedeciéndote, y permite
Que en torno se deslice de tu frente
Aquesta hiedra entre gloriosos lauros.

Habíanse del cielo las nocturnas
Frígidas sombras ahuyentado apenas,
Hora en que alegra fúlgido rocío
Sobre la fresca hierba á los ganados,
Cuando en polido báculo de oliva
Apoyado Damón, así cantaba:


Damón.

Sal tú, lucero, precursor del día,
Sal presuroso, y el lamento escúcha
De este amante infelice, hoy despreciado
Por Nisa, la que ayer llamaba esposa.
En mi hora postrimera, á las deidades
Testigos de mi amor y su perjurio,
Yo me lamento, y me lamento en vano.
Flauta, ensayemos pastorales tonos.

Tonos conmigo ensáya, flauta mía.
Como en Ménalo se oyen, donde suenan
Bosques silbosos y parleros pinos:
Allí zagales, que de amores cantan;

Allí el músico Pan, que dió el primero
A las cañas inertes ejercicio.
Flauta, ensayemos pastorales tonos.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 483 visitas.

Publicado el 3 de marzo de 2019 por Edu Robsy.

La Pipa de Kif

Ramón María del Valle-Inclán


Poesía


La pipa de Kif

Mis sentidos tornan a ser infantiles,
Tiene el mundo una gracia matinal,
Mis sentidos como gayos tamboriles
Cantan en la entraña del azul cristal

Con rítmicos saltos plenos de alegría,
Cabalga en el humo de mi pipa Puk,
Su risa en la entraña del azul del día
Mueve el ritmo órfico amado de Gluk.

Alumbran mi copta conciencia, hipostática
Las míticas luces de un indo avatar,
Que muda mi vieja sonrisa socrática
En la risa joven del Numen Solar.

Divino penacho de la frente triste,
En mi pipa el humo da su grito azul,
Mi sangre gozosa claridad asiste
Si quemo la Verde Yerba de Estambul.

Voluta, de humo, vágula cimera,
Tú eres en mi frente la última ilusión
De aquella celeste azul Primavera
Que movió la rosa de mi corazón.

Niña Primavera, dueña de los linos
Celestes. Princesa Corazón de Abril,
Peregrina siempre sobre mis caminos
Mundanos. Tú eres mi «spirto gentil».

¡Y jamás le nieguen tus cabellos de oro,
Jarcias a mi barca, toda de cristal:
La barca fragante que guarda un tesoro
De aromas y gemas y un cuento oriental!

El ritmo del orbe en un ritmo asumo,
Cuando por ti quemo la Pipa de Kif,
Y llegas mecida en la onda del humo
Azul, que te evoca como un «leit-motif».

Tu luz es la esencia del canto que invoca
La Aurora vestida de rosado tul,
El divino canto que no tiene boca
Y el amor provoca con su voz azul.

¡Encendida rosa! ¡Encendido toro!
¡Encendidos números que rimó Platón!
¡Encendidas normas por donde va el coro
Del mundo: Está el mundo en mi corazón!

Si tú me abandonas, gracia del hachic,
Me embozo en la capa y apago la luz.
Ya puede tentarme la Reina del Chic.
No dejo la capa y le hago la †.


Leer / Descargar texto

Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 673 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

Federico García Lorca


Poesía, Elegía


I. La cogida y la muerte

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 523 visitas.

Publicado el 15 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

Romancero Selecto del Cid

Anónimo


Poesía, Romance


Prólogo

I

La historia literaria nos señala, como objeto de incomparable nombradía, á los héroes que ocupan el primer lugar en las grandes y poco numerosas epopeyas, hijas legítimas del genio de un pueblo. Al retratar el poeta venusino, y por cierto con colores nada halagüeños, el carácter de Aquiles, no encuentra epiteto que mejor le cuadre que el de celebrado (honoratum). Igual calificativo pudiera aplicarse á los dos héroes predilectos de las tradiciones heróicas de Francia y España. «El Cid, dice el docto Puymaigre, es tan popular allende los Pirineos, como aquende lo fué Roldán.» Y, en verdad, si el nombre del paladín francés traspasó inmediatamente los linderos de su tierra natal, y se extendió por dilatadísimas comarcas, los españoles han recordado el del héroe de Vivar con sin igual perseverancia, y ni un solo día ha dejado de ser proverbial y propuesto como dechado de guerreros y patricios.

Rodrigo ó Rúy Díaz el de Vivar, llamado también el Castellano y el Campeador y más comunmente el Cid (nombre de origen arábigo que significa Señor), hijo de Diego Laynez, descendiente del juez de Castilla Laín Calvo, nació en Burgos ó en la próxima aldea de Vivar á mediados del siglo XI. Hubo de figurar ya en los últimos tiempos del primer Fernando. Le armó caballero y le nombró su alférez Sancho II, á quien, después de la batalla de Golpejares, aconsejó el Cid que atacase al victorioso y ya descuidado ejército de su hermano Alfonso VI de León. Consta que venció en singular batalla á un sarraceno y á un pamplonés. Acaso ya por entonces casó con doña Jimena, hija del conde de Oviedo.


Leer / Descargar texto

Dominio público
108 págs. / 3 horas, 9 minutos / 267 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2022 por Edu Robsy.

A la Juventud Filipina

José Rizal


Poesía


¡Alza su tersa frente,
Juventud Filipina, en este día!
¡Luce resplandeciente
Tu rica gallardía,
Bella esperanza de la patria mía!

Vuela, genio grandioso,
Y les infunde noble pensamiento,
Que lance vigoroso,
Más rápido que el viento,
Su mente virgen al glorioso asiento.

Baja con la luz grata
De las artes y ciencias a la arena,
Juventúd, y desata
La pesada cadena
Que tu genio poético encadena.

Ve que en la ardiente zona
Do moraron las sombras, el hispano
Esplendente corona,
Con pía sabia mano,
Ofrece al hijo de este suelo indiano.

Tú, que buscando subes,
En alas de tu rica fantasía,
Del Olimpo en las nubes
Tiernisima poesía
Más sabrosa que néctar y ambrosía.

Tú, de celeste acento,
Melodioso rival Filomena,
Que en variado concento
En la noche serena
Disipas del mortal la amarga pena.

Tú que la peña dura
Animas al impulso de tu mente,
Y la memoria pura
Del genio refulgente
Eternizas con genio prepotente.

Y tú, que el vario encanto
De Febo, amado del divino Apeles,
Y de natura el manto
Con mágicos pinceles
Trasladar al sencillo lienzo sueles.

¡Corred! que sacra llama
Del genio el lauro coronar espera,
Esparciendo la fama
Con trompa pregonera
El nombre del mortal por la ancha espera.

¡Día, día felice,
Filipinas gentil, para tu suelo!
¡Al Potente bendice
Que con amante anhelo
La ventura te envia y el consuelo!


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 333 visitas.

Publicado el 19 de junio de 2022 por Edu Robsy.

Canciones y Coplas

Antonio Machado


Poesía


I

Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas. La menor cosía,
la mayor hilaba...
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—
miró a mi ventana.

La mayor seguía,
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca,
que el lino enroscaba,
abril florecía
frente a mi ventana.

Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
—¿Qué tienes—le dije—
silenciosa, pálida?
Señaló el vestido
que empezó la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el blanco velo,
el dedal de plata.
Señaló a la tarde
de abril que soñaba
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas...
Abril florecía
frente a mi ventana.

Fué otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba...
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca...
Tan sólo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio espejo brillaba...
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba...
Abril florecía
frente a mi ventana.

II. De la vida

(Coplas elegíacas)


¡Ay del que llega sediento
a ver el agua correr
y dice: la sed que siento
no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe y, saciada
la sed, desprecia la vida:
moneda al tahur prestada,
que sea al azar rendida!


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 340 visitas.

Publicado el 17 de septiembre de 2022 por Edu Robsy.

Cantos

Giacomo Leopardi


Poesía, antología


Dos palabras

Con la mayor desconfianza y temiendo haber cometido más de una profanación sacrílega, presento á los escasos aficionados inteligentes de nuestro país, en un pequeño volumen, la traducción en verso castellano de diez cantos de Leopardi, cuya mayor parte he ido publicando en diversos periódicos.

La literatura castellana no es rica en traducciones de los grandes poetas extranjeros, pues la natural indolencia de nuestra raza repugna emprender una tarea tan ardua y escabrosa como generalmente mal apreciada. Créese por lo común que el traductor es un simple copista de bellezas agenas, y este error lamentable, oscureciendo injustamente los méritos del traductor, arredra y desanima á los que, con aptitudes para serlo, quizá recogieran en esa senda lauros que en vano pretenden alcanzar con producciones originales. De ahí que sea tan común el tropezar con traducciones en prosa de poetas extranjeros, verdaderas traiciones y calumnias del original, pues no cabe fidelidad alguna en traducir en prosa lo que ha sido pensado y escrito en verso. Rota por tan extraña manera la unión íntima del pensamiento y la forma que hay en toda verdadera obra de arte, deja ésta de ser una figura viva para convertirse en esqueleto. Pero, ¡qué hacer! la tarea queda así infinitamente facilitada, y luego la pereza, esa madre maldecida de tantas ideas frívolas y perniciosas, se encarga de hacer creer á los inocentes que las traducciones en prosa son más fieles, que conservan mejor el pensamiento, etc., etc.

Si todo el secreto del traductor estuviera en verter exactamente los pensamientos del original, su obra sería una obra muerta, y por lo tanto, esencialmente infiel. Pero la poesía no estriba precisamente en los pensamientos en sí, sino en la fuerza y calor con que están sentidos y pensados, y en la belleza artística con que exteriormente se les manifiesta.


Leer / Descargar texto

Dominio público
18 págs. / 32 minutos / 39 visitas.

Publicado el 31 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Épodas

Horacio


Poesía


I. A MECENAS

¿Irás en los bajeles liburnos, amigo Mecenas, entre las altas fortalezas de las naves, resuelto a afrontar todos los peligros del César? ¡Ah!, ¿qué será de mí, a quien la existencia parece tan grata mientras vives, como le sería insoportable con tu muerte? ¿Habré de obedecer y condenarme a una quietud que únicamente me agrada en tu compañía, o temes acaso que no pueda sobrellevar las fatigas de la guerra con el ánimo que conviene a los fuertes varones? Las soportaré y te seguiré con pecho animoso por las cumbres de los Alpes, del Cáucaso inhospitalario y las últimas comarcas de Occidente.

¿Me preguntas cómo yo tan débil y apocado he de ayudar tus esfuerzos con los míos? Acompañándote será menos mi temor, que siempre acobarda más a los ausentes, así el ave que cobija a sus tiernos polluelos recelosa del ataque de la serpiente, teme mucho más cuando los abandona, aunque su presencia no les sirva de auxilio.

Con el mayor gozo iría a esta y otras campañas sólo en la esperanza de complacerte, y no por aumentar las parejas de bueyes uncidas a mis arados relucientes, ni porque mis rebaños, al amenazar el estío, truequen los de Calabria por los pastos lucanos, ni para que mi granja se extienda hasta tocar las murallas de la elevada Túsculo. Bastante me ha enriquecido tu liberalidad a manos llenas. Jamás codiciaré tesoros que esconda en la tierra, como el avaro Cremes, o que disipe como un joven manirroto.

II. ALABANZA DE LA VIDA CAMPESTRE

Dichoso el que alejado de los negocios y libre de toda usura, como los primitivos mortales, trabaja los paternos campos con bueyes de su propiedad; ni le despierta en el campamento el aviso de la cruel trompeta, ni le intimidan las borrascas del iracundo mar, y evita por igual los pleitos del foro que los soberbios umbrales de los ciudadanos poderosos.


Leer / Descargar texto

Dominio público
15 págs. / 27 minutos / 374 visitas.

Publicado el 14 de agosto de 2020 por Edu Robsy.

La Flor

Rosalía de Castro


Poesía


Un desengaño

En las riberas vagando
de la mar, las verdes olas
mira Argelina y contando
las horas que van pasando
vierte lágrimas a solas.

Sus lindos ojos de cielo
en el horizonte fija,
por ver si encuentra un consuelo
¡mas ay!, que es vano el anhelo
que su corazón cobija.

Su amante le dijo allí
desde su buque velero:
«Aguarda Argelina aquí:
Que si hoy dejarte prefiero,
mañana vendré por ti».

Y entera la noche larga
que silenciosa corría
vio pasar; pero en su impía,
crüel desventura amarga
no vio que su bien volvía.

Y el día también llegó:
Mas fue que llegara en vano,
que el bien que ansiosa esperó,
consuelo del mal tirano,
por el mar no pareció.

Y allí todavía está
mirando a la mar movible,
por ver si la mar le da
lo que tal vez imposible
para Argelina será.

Y viendo al fin reducidas
sus esperanzas en nada,
viendo en el viento esparcidas,
las ilusiones perdidas,
su bienandanza frustrada;

mirando al bien que se aleja
con su fugitivo encanto,
dijo en tristísima queja:
«¿Por qué tan sola me deja,
cuando yo le amaba tanto?

¿Por qué si tras él corrí?
¿Por qué si hasta aquí llegué?
¿Por qué si tanto esperé
a verle más no volví?

¿No comprendió que sin él,
fuera un tormento mi vida,
donde guardara escondida
llena una copa de hiel?

¡Adiós, ventura de un día!
¡Adiós, delicia soñada,
donde he mirado estampada
toda la esperanza mía!

¡Ya nunca más te veré,
que el rudo penar que siento
me irá consumiendo lento,
y de dolor moriré!

¡Adiós, hermosa ribera
donde mi esperanza dejo
ya para siempre me alejo
de tu orilla placentera.


Leer / Descargar texto

Dominio público
16 págs. / 28 minutos / 415 visitas.

Publicado el 10 de enero de 2019 por Edu Robsy.

678910