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Casa de Muñecas

Henrik Ibsen


Teatro


Personajes

HELMER, abogado.
NORA, su esposa.
El DOCTOR RANK.
KROGSTAD, procurador.
SEÑORA LINDE, amiga de Nora.
ANA MARÍA, su niñera.
ELENA, doncella de los Helmer.
Los Tres Niños del matrimonio Helmer.
Un Mozo de cuerda.

La acción, en Noruega, en casa de los Helmer.

Acto primero

Sala acogedora, amueblada con gusto, pero sin lujo. En el fondo, a la derecha, una puerta conduce a la antesala, y a la izquierda, otra al despacho de Helmer. Entre ambas, un piano. En el centro del lateral izquierdo, otra puerta, y más allá, una ventana. Cerca de la ventana, una mesa redonda, con un sofá y varias sillas alrededor. En el lateral derecho, junto al foro, otra puerta, y en primer término, una estufa de azulejos, con un par de sillones y una mecedora enfrente. Entre la estufa y la puerta lateral, una mesita. Grabados en las paredes. Repisa con figuritas de porcelana y otros menudos objetos de arte. Una pequeña librería con libros encuadernados primorosamente. Alfombra. La estufa está encendida. Día de invierno.

En la antesala suena una campanilla; momentos más tarde, se oye abrir la puerta. Nora entra en la sala tarareando alegremente, vestida de calle y cargada de paquetes, que deja sobre la mesita de la derecha. Por la puerta abierta de la antesala, se ve un Mozo con un árbol de Navidad y un cesto, todo lo cual entrega a la doncella que ha abierto.

NORA.—Esconde bien el árbol, Elena. No deben verlo los niños de ninguna manera hasta esta noche, cuando esté arreglado. (Dirigiéndose al Mozo, mientras saca el portamonedas.) ¿Cuánto es?

EL MOZO.—Cincuenta ore.


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79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 661 visitas.

Publicado el 24 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Cuento de Invierno

William Shakespeare


Teatro, Comedia


Dramatis personae

LEONTES, rey de Sicilia
MAMILIO, joven príncipe de Sicilia

CAMILO
ANTÍGONO
CLEÓMENES
DIÓN, cuatro nobles de Sicilia

HERMÍONE, reina, esposa de Leontes
PERDITA, hija de Leontes y Hermíone
PAULINA, esposa de Antígono
EMILIA, dama [de compañía de Hermíone]
POLÍXENES, rey de Bohemia
FLORISEL, príncipe de Bohemia
Un viejo PASTOR, supuesto padre de Perdita
Un RÚSTICO, su hijo
AUTÓLICO, pícaro
ARQUÍDAMO, noble de Bohemia
Otros nobles, caballeros, criados, [damas y oficiales]

MOPSA
DORCAS, pastoras

[Otros] pastores y pastoras
[Un CARCELERO]
[Un MARINERO]
[Doce campesinos disfrazados de sátiros]
[El TIEMPO como Coro]

Acto I

Escena I

Entran CAMILO y ARQUÍDAMO.

ARQUÍDAMO
Si por azar, Camilo, visitáis Bohemia en ocasión semejante a la que ahora ocupa mis servicios, notaréis gran diferencia, como he dicho, entre nuestra Bohemia y vuestra Sicilia.

CAMILO
Creo que el próximo verano el rey de Sicilia piensa devolver al de Bohemia la visita que en justicia le debe.

ARQUÍDAMO
Nuestra hospitalidad va a sonrojarnos, pero nos defenderá nuestro afecto, pues, sin duda…

CAMILO
Os lo ruego.

ARQUÍDAMO
De verdad, lo que sé me faculta a hablar así. No podemos, con tanta magnificencia, con tan excelso… No sé cómo decirlo.
Os daremos narcóticos, para que vuestros sentidos (ig norantes de nuestras carencias), si no nos elogian, al menos no nos acusen.

CAMILO
Pagáis demasiado por lo que se os da con gusto.

ARQUÍDAMO
Creedme: hablo como me dicta la razón y me inspira la honradez.


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74 págs. / 2 horas, 10 minutos / 1.107 visitas.

Publicado el 15 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Don Juan

Molière


Teatro


Personajes

DON JUAN, hijo de Don Luis
SGANARELLE, criado de Don Juan
ELVIRA, esposa de Don Juan
GUZMÁN, escudero de Elvira
DON CARLOS, hermano de Elvira
DON ALONSO, hermano de Elvira
DON LUIS, Padre de Don Juan
FRANCISCO, mendigo
CARLOTA, aldeana
MATURINA, aldeana
PERICO, aldeano
LA ESTATUA DEL COMEDIANTE
LA VIOLETA, criado de Don Juan
RAGOTÍN, criado de Don Juan
DON DOMINGO, mercader
LA REMÉE, espadachín
SÉQUITO DE DON JUAN
SÉQUITO DE DON CARLOS y DON ALFONSO, hermanos
UN ESPECTRO

Acto primero

Escena I

SGANARELLE y GUZMÁN

La escena representa un palacio


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53 págs. / 1 hora, 32 minutos / 709 visitas.

Publicado el 8 de abril de 2018 por Edu Robsy.

El Artista del Hambre

Franz Kafka


Cuento


En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy. En cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos.

Entonces, todo la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno: todos querían verle siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños.

Para los adultos aquello solía no ser más que una broma en la que tomaban parte medio por moda, pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido. con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortamente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, volviendo después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.


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12 págs. / 22 minutos / 265 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

El Horror en la Playa Martin

H.P. Lovecraft


Cuento


Nunca escuché una explicación convincente y adecuada del horror de la Playa Martin. A pesar de un gran número de testigos, no hay dos que concuerden entre sí; y el testimonio tomado por autoridades locales contiene las más sorprendentes discrepancias.

Quizás esta vaguedad sea normal en vista del carácter inaudito del horror en sí, el terror más paralizante para todos aquellos que lo vieron, y de los esfuerzos hechos por la elegante posada Wavecrest para silenciar todo luego de la publicidad creada por el Prof. Ahon y su artículo “¿Están los poderes hipnóticos reservados a los Seres Humanos?”

Contra todos estos obstáculos me esfuerzo en presentar una versión coherente; he visto el espantoso hecho y creo que debería darse a conocer en vista de las aterradores posibilidades sugeridas. La Playa Martin es una vez más un lugar populoso, un balneario muy visitado, y yo tiemblo cuando pienso en ello. Sin embargo, no puedo mirar al océano sin temblar.

El destino no carece siempre de un sentido de drama y clímax. En consecuencia el terrible suceso del 8 de agosto fue seguido por un período de menor excitación en torno a la Playa Martin. Todo comenzó el 17 de mayo, cuando la tripulación de un pesquero, el “Alma de Gloucester”, bajo el mando del capitán James P. Orne, mató, tras una batalla de casi cuarenta horas, a un monstruo marino cuyo tamaño y aspecto produjeron luego gran conmoción en círculos científicos y que ciertos naturalistas de Boston tomaran grandes recaudos para su preservación taxidérmica.


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7 págs. / 13 minutos / 204 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Libro de Monelle

Marcel Schwob


Cuento


I. PALABRAS DE MONELLE

Monelle me halló en el páramo en donde yo erraba y me tomó de la mano.

—No debes sorprenderte —dijo—, soy yo y no soy yo.

Volverás a encontrarme y me perderás;

Regresaré una vez más entre los tuyos; pues pocos hombres me han visto y ninguno me ha comprendido;

Y me olvidarás, y me reconocerás, y me olvidarás.

Y Monelle dijo: Te hablaré de las pequeñas prostitutas, y conocerás el comienzo.

A los dieciocho años, Bonaparte el asesino se encontró a una pequeña prostituta bajo las puertas de hierro del Palais Royal. Tenía el semblante pálido y temblaba de frío. Pero «había que vivir», dijo. Ni tú ni yo conocemos el nombre de aquella pequeña que Bonaparte llevó a su cuarto del hotel de Cherbourg, en una noche de noviembre. Ella era de Nantes, en Bretaña. Estaba débil y cansada, su amante la había abandonado. Era simple y buena; un sonido muy dulce tenía su voz: de todo eso se acordó Bonaparte. Y pienso que después el recuerdo del sonido de su voz lo emocionó hasta las lágrimas, y que la buscó largo tiempo en las noches de invierno, pero no volvió a verla jamás.


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64 págs. / 1 hora, 52 minutos / 229 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

El Loco

Gibran Kahlil Gibran


Cuento


Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras —si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas—; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

—¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

—Miren! ¡Es un loco!

Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

—¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Dios

En los días de mi más remota antigüedad, cuando el temblor primero del habla llegó a mis labios, subí a la montaña santa y hablé a Dios, diciéndole:

—Amo, soy tu esclavo. Tu oculta voluntades mi ley, y te obedeceré por siempre jamás.

Pero Dios no me contestó, y pasó de largo como una potente borrasca.

Y mil años después volví a subir a la montaña santa, y volví a hablar a Dios, diciéndole:

—Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy.

Y Dios no contestó; pasó de largo como mil alas en presuroso vuelo.


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23 págs. / 40 minutos / 529 visitas.

Publicado el 29 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

El Rayo Verde

Julio Verne


Novela


I. El hermano Sam y el hermano Sib

¡Bet!

—¡Beth!

—¡Bess!

—¡Betsey!

—¡Betty!

Todos estos nombres resonaron sucesivamente en el magnífico hall de Helensburgh con arreglo a la costumbre del hermano Sam y del hermano Sib, para llamar así al ama de llaves de la mansión.

Pero en aquel momento los diminutivos familiares del nombre de Elisabeth no lograron que apareciera la buena mujer, tanto como si la hubieran llamado con su nombre entero.

En cambio, el que apareció en la puerta del hall con la gorra en la mano fue el mayordomo Partridge en persona.

Partridge, dirigiéndose a los dos personajes de alegre semblante, sentados en el alféizar de una ventana que hacía tribuna en la fachada de la casa:

—Los señores han llamado a la señora Bess —dijo—, pero la señora Bess no está en casa.

—¿Dónde está, pues, Partridge?

—Ha salido acompañando a la señorita Campbell, que se pasea por el jardín.

Y Partridge se retiró ceremoniosamente, obedeciendo una señal que le hicieron los dos hermanos.

Estos dos hermanos, Sam y Sib —cuyo verdadero nombre de bautismo era Samuel y Sebastián—, tíos de la señorita Campbell, escoceses de pura cepa, escoceses de un antiguo clan de las Tierras Altas, contaban entre los dos la bonita edad de ciento doce años, con una diferencia solo en quince meses entre el mayor Sam y el menor Sib.


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151 págs. / 4 horas, 25 minutos / 210 visitas.

Publicado el 16 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

El Reflejo

Oscar Wilde


Cuento


Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.

—¡Oh! —les respondió el río— aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.

—¡Oh! —prosiguieron las flores de los campos— ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.

—¿Era hermoso? —preguntó el río.

—¿Y quién mejor que tú para saberlo? —dijeron las flores—. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza…

—Si yo lo amaba —respondió el río— es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.


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1 pág. / 1 minuto / 1.380 visitas.

Publicado el 21 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

El Terremoto en Chile

Heinrich von Kleist


Cuento


En Santiago, la más importante ciudad del Reino de Chile, justamente cuando se producía el gran terremoto del año de 1647, en el que tantos seres perecieron, estaba atado a una pilastra de la prisión el español Jerónimo Rugera, acusado de un hecho criminal, a punto de ser ejecutado.

Don Enrique Asterón, uno de los nobles más acaudalados de la ciudad, le había echado de su casa hacía poco más de un año, donde se desempeñaba como maestro, cuando descubrió sus relaciones con su única hija, doña Josefa.

Como después de haber amonestado a su hija con severidad el noble anciano descubriese una oculta cita que se habían dado, gracias al celo de su orgulloso hijo con este motivo decidió confiar a la joven al monasterio carmelita de Nuestra Señora del Monte. Gracias a una feliz casualidad, Jerónimo había podido reanudar sus relaciones con ella, de manera que en una tranquila noche sirviendo de escena el jardín del cementerio, alcanzaron su total felicidad.


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16 págs. / 28 minutos / 190 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

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