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El Salto

León Tolstói


Cuento


Un navío regresaba al puerto después de dar la vuelta al mundo; el tiempo era bueno y todos los pasajeros estaban en el puente. Entre las personas, un mono, con sus gestos y sus saltos, era la diversión de todos. Aquel mono, viendo que era objeto de las miradas generales, cada vez hacía más gestos, daba más saltos y se burlaba de las personas, imitándolas.

De pronto saltó sobre un muchacho de doce años, hijo del capitán del barco, le quitó el sombrero, se lo puso en la cabeza y gateó por el mástil. Todo el mundo reía; pero el niño, con la cabeza al aire, no sabía qué hacer: si imitarlos o llorar.

El mono tomó asiento en la cofa, y con los dientes y las uñas empezó a romper el sombrero. Se hubiera dicho que su objeto era provocar la cólera del niño al ver los signos que le hacía mientras le mostraba la prenda.

El jovenzuelo lo amenazaba, lo injuriaba; pero el mono seguía su obra.

Los marineros reían. De pronto el muchacho se puso rojo de cólera; luego, despojándose de alguna ropa, se lanzó tras el mono. De un salto estuvo a su lado; pero el animal, más ágil y más diestro, se le escapó.

—¡No te irás! —gritó el muchacho, trepando por donde él. El mono lo hacía subir, subir... pero el niño no renunciaba a la lucha. En la cima del mástil, el mono, sosteniéndose de una cuerda con una mano, con la otra colgó el sombrero en la más elevada cofa y desde allí se echó a reír mostrando los dientes.

Del mástil donde estaba colgado el sombrero había más de dos metros; por lo tanto, no podía cogerlo sin grandísimo peligro. Todo el mundo reía viendo la lucha del pequeño contra el animal; pero al ver que el niño dejaba la cuerda y se ponía sobre la cofa, los marineros quedaron paralizados por el espanto. Un falso movimiento y caería al puente. Aun cuando cogiera el sombrero no conseguiría bajar.


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Publicado el 24 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Biombo del Infierno

Ryunosuke Akutagawa


Cuento


I

El Gran Señor de Horikawa es el señor más grande que hubo nunca en Japón. Las generaciones siguientes jamás verán un señor tan grande. Los rumores dicen que antes de su nacimiento, Daitoku- Myo-O, se apareció a la gran señora, su madre, en un sueño. Desde el momento de su nacimiento fue un hombre absolutamente extraordinario. Todo lo que hacı́a trascendı́a las expectativas corrientes.

Para mencionar sólo unos pocos ejemplos, el esplendor y el audaz diseño de su mansión de Horikawa exceden con mucho nuestras mediocres concepciones. Algunos dicen que su carácter y conducta son comparables con los del primer Emperador de China y el emperador Yang. Pero esta comparación puede semejarse a la descripción que el ciego hace del elefante. Porque su intención no era en absoluto disfrutar del monopolio de toda la gloria y el lujo. Era un hombre de gran alcurnia que preferı́a más bien compartir los placeres con todos los que se hallaban bajo su dominio.

Sólo un gobernante tan grande podrı́a haber sido capaz de pasar indemne a través de la truculenta escena que fue el verdadero pandemonio desatado frente al palacio imperial. Y más aún, indudablemente fue su autoridad la que logro exorcizar al espı́ritu del difunto Ministro de la Izquierda, quien por las noches asolaba su mansión, cuyos jardines eran una afamada imitación del pintoresco paisaje de Shiogama. De hecho, la influencia de Horikawa era tan enorme que toda la gente de Kyoto, jóvenes y viejos, lo respetaba tanto como si fuera un Buda encarnado.

Una vez, cuando volvı́a a su casa de una exhibición de capullos de ciruelo realizada en la corte imperial, uno de los bueyes que tiraban de su carro se soltó y atropelló a un anciano que pasaba por allı́. Se rumorea que, aun en medio del accidente, el anciano, uniendo las manos en gesto reverente, expresó su gratitud por haber sido atropellado por el buey del Gran Señor.


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Publicado el 9 de noviembre de 2016 por Edu Robsy.

Los Engranajes

Ryunosuke Akutagawa


Cuento


1. Impermeable

Desde un balneario veraniego situado a cierta distancia, cargando con mi maleta, tomé un auto hasta la estación de la lı́nea Tokaido, en camino hacia la fiesta de bodas de un conocido. A cada lado del camino que recorrı́a el auto habı́a casi solamente pinos. Era dudoso que llegara a tiempo para alcanzar el tren que iba a Tokio. En el auto iba conmigo un peluquero. Era tan regordete como un durazno y lucı́a una barba corta. Como estaba preocupado por la hora, hablé con él de manera intermitente.

—Es raro. He oı́do que la casa de Fulano está embrujada incluso durante el día.

—Incluso durante el día.

Mirando por la ventanilla las distantes colinas de pinos bañadas por el sol de la tarde, procuré satisfacerlo con respuestas ocasionales.

—Pero no con buen tiempo, sin embargo. Me dijeron que el fantasma aparece casi siempre en días lluviosos.

—Me sorprende que sólo aparezca para mojarse los días de lluvia.

—¡No es broma, se lo aseguro!... Y dicen que el fantasma se presenta con un impermeable.

Con un bocinazo, el auto se detuvo en la estación.

Me despedı́ del peluquero y entré. Como habı́a imaginado, el tren habı́a partido hacı́a apenas unos minutos. En un banco de la sala de espera, un hombre de impermeable miraba hacia el exterior con expresión ausente. Recordé la historia que acababa de escuchar. Pero la descarté, esbozando una leve sonrisa, y decidı́ ir a un café situado frente a la estación para esperar el próximo tren.


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35 págs. / 1 hora, 1 minuto / 744 visitas.

Publicado el 9 de noviembre de 2016 por Edu Robsy.

Pericles, Príncipe de Tiro

William Shakespeare


Teatro, Comedia


Dramatis personae

JOHN GOWER, coro
PERICLES, príncipe de Tiro

En Antioquía:

ANTÍOCO, rey de Antioquía
Su HIJA
TALIARDO, un noble
MENSAJERO

En Tiro:

HELÍCANO
ESQUINES, consejeros

Tres NOBLES

En Tarso:

CLEÓN, el gobernador
DIONISA, su esposa
LEONINO, criado de Dionisa
Un NOBLE
MARINA, hija de Pericles
Tres PIRATAS

En Pentápolis:

SIMÓNIDES, el rey
TAISA, su hija
Un MARINERO
Tres CABALLEROS, pretendientes de Taisa
Un SENESCAL
Dos NOBLES
Dos CABALLEROS
Pajes
LICÓRIDA, nodriza de Marina
Tres PESCADORES

En el barco:

El CAPITÁN
Un MARINERO

En Éfeso:

CERIMÓN, un noble
FILEMÓN, su criado
Otros dos CRIADOS
Dos CABALLEROS

En Mitilene:

LISÍMACO, el gobernador
Un RUFIÁN
Una ALCAHUETA, su mujer
FLECHA, su criado
Dos SEÑORES
Un NOBLE
Un MARINERO de Tiro
Un MARINERO de Mitilene
Un CABALLERO de Tiro
Una DONCELLA, compañera de Marina

DIANA, diosa de la castidad


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59 págs. / 1 hora, 44 minutos / 737 visitas.

Publicado el 10 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Orestíada

Esquilo


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Agamenón

Personajes del drama

Vigía
Coro de ancianos argivos
Mensajero
Clitemnestra, esposa de Agamenón
Heraldo
Agamenón, rey de Micenas
Casandra, hija de Príamo y cautiva
Egisto, amante de Clitemnestra
 

(En la azotea del palacio de los Atridas en Micenas está apostado un VIGÍA. Es de noche y reina un profundo silencio).

VIGÍA. Pido a los dioses que mis penas cesen, esta guardia, que dura ya hace un año, durante el cual, echado como un perro, en la azotea del palacio Atrida, aprendí a conocer la multivaria multitud de los astros que en el cielo, príncipes luminosos, resplandecen, y las estrellas, que a los hombres traen inviernos y veranos, ortos y ocasos.

(Breve pausa).

Y ahora aguardo el signo de la antorcha, la llama esplendorosa que de Troya ha de traernos nuevas y el anuncio de que al final ha sido conquistada, pues así lo ha mandado de una esposa el varonil e impaciente pecho. Cada vez que me tumbo en mi camastro perdido en la tiniebla y empapado, y nunca visitado por los sueños —que en vez del sueño, el terror se me acerca y el párpado cerrar no me permite en tranquilo reposo—, cuando quiero cantar o bien silbar una tonada buscando contra el sueño algún antídoto, echo a llorar, lamento el infortunio de una casa ya no tan bien llevada como antaño. Mas ¡ojalá que ahora, a través de la noche, apareciera la llama que traerá buenas noticias, y llegara el final de mis desdichas!

(Breve pausa. A lo lejos, de pronto, brilla una luz).


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Publicado el 4 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

La Muerta

Guy de Maupassant


Cuento


¡Yo la había amado locamente! ¿Por qué amamos? Es raro no ver en el mundo sino a un ser, no tener en la mente sino una idea, en el corazón sino un deseo, y en la boca más que un nombre: un nombre que sube sin cesar, que sube, como el agua de un manantial, de las honduras del alma, que sube a los labios, y que decimos, que repetimos, que murmuramos sin cesar en todas partes, al igual que una plegaria.

No contaré nuestra historia. El amor no tiene más que una, siempre la misma. La encontré y la amé. Nada más. Y viví durante un año en su ternura, en sus brazos, en su caricia, en su mirada, en sus trajes, en sus palabras, enredado, ligado, aprisionado en todo lo que venía de ella, de una forma tan completa que ya no sabía si era de día o de noche, si estaba vivo o muerto, en la vieja tierra o en otro lugar.

Y he aquí que se murió. ¿Cómo? No sé, ya no lo sé.

Volvió a casa empapada, una noche de lluvia, y al día siguiente tosía. Tosió durante una semana aproximadamente y guardó cama.

¿Qué ocurrió? Ya no lo sé.

Los médicos venían, escribían, se iban. Se traían remedios; una mujer se los hacía tomar. Sus manos estaban calientes, su frente ardiente y húmeda, su mirada brillante y triste. Yo le hablaba, ella me respondía. Qué nos dijimos? Ya no lo sé: ¡Lo he olvidado todo, todo! Se murió, recuerdo muy bien su breve suspiro, su breve suspiro tan débil, el último. La enfermera dijo: «¡Ay!» ¡Comprendí, comprendí!

No supe nada más. Nada. Vi a un sacerdote que pronunció estas palabras. «Su querida.» Me pareció que la insultaba. Puesto que ella había muerto, nadie tenía derecho a saber eso. Lo despedí. Vino otro que fue muy bondadoso, muy dulce. Yo lloraba cuando él me habló de ella.

Me consultaron mil cosas sobre el entierro. Ya no lo sé. Recuerdo muy bien, sin embargo, el ataúd, el ruido de los martillazos cuando la clavaron dentro. ¡Ay, Dios mío!


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5 págs. / 9 minutos / 733 visitas.

Publicado el 19 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

Jane Eyre

Charlotte Brontë


Novela


I

Aquel día no fue posible salir de paseo. Por la mañana jugamos durante una hora entre los matorrales, pero después de comer (Mrs. Reed comía temprano cuando no había gente de fuera), el frío viento invernal trajo consigo unas nubes tan sombrías y una lluvia tan recia, que toda posibilidad de salir se disipó.

Yo me alegré. No me gustaban los paseos largos, sobre todo en aquellas tardes invernales. Regresábamos de ellos al anochecer, y yo volvía siempre con los dedos agarrota­dos, con el corazón entristecido por los regaños de Bessie, la niñera, y humillada por la consciencia de mi inferioridad física respecto a Eliza, John y Georgiana Reed.

Los tres, Eliza, John y Georgiana, se agruparon en el salón en torno a su madre, reclinada en el sofá, al lado del fuego. Rodeada de sus hijos (que en aquel instante no disputaban ni alborotaban), mi tía parecía sentirse perfec­tamente feliz. A mí me dispensó de la obligación de unirme al grupo, diciendo que se veía en la necesidad de mantener­me a distancia hasta que Bessie le dijera, y ella lo compro­bara, que yo me esforzaba en adquirir mejores modales, en ser una niña obediente. Mientras yo no fuese más sociable, más despejada, menos huraña y más agradable en todos los sentidos, Mrs. Reed se creía obligada a excluirme de los privilegios reservados a los niños obedientes y buenos.

—¿Y qué ha dicho Bessie de mí? —interrogué al oír aquellas palabras.

—No me gustan las niñas preguntonas, Jane. Una niña no debe hablar a los mayores de esa manera. Sién­tate en cualquier parte y, mientras no se te ocurran me­jores cosas que decir, estate callada.


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473 págs. / 13 horas, 48 minutos / 720 visitas.

Publicado el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Tito Andrónico

William Shakespeare


Teatro, Drama


Dramatis personae

SATURNINO, hijo mayor del último emperador de Roma, futuro emperador
TITO ANDRÓNICO, su hermano, general romano, victorioso ante los godos
LUCIO, hijo de Tito
QUINTO, hijo de Tito
MARCIO, hijo de Tito
MUCIO, hijo de Tito
LAVINIA, hija de Tito
El JOVEN LUCIO, hijo de Lucio
MARCO ANDRÓNICO, tribuno, hermano de Tito
PUBLIO, hijo de Marco
SEMPRONIO, pariente de Tito
CAYO, pariente de Tito
VALENTÍN, pariente de Tito
EMILIO, noble romano
Un CAPITÁN
TAMORA, reina de los godos, futura mujer de Saturnino
ALARBO, hijo de Tamora
DEMETRIO, hijo de Tamora
QUIRÓN, hijo de Tamora
AARÓN, un moro, amante de Tamora
NODRIZA
BUFÓN
MENSAJERO
Senadores, tribunos, soldados, otros romanos, godos y sirvientes

Primer acto

I

Fanfarria. Entran arriba los tribunos y los senadores; luego, abajo, por una puerta SATURNINO y sus seguidores y por otra BASIANO y los suyos, con tambores y estandartes.

SATURNINO (A sus seguidores.)
Nobles patricios, protectores de mis derechos,
defiendan la verdad de mi causa con las armas;
y ustedes, compatriotas, mis amados seguidores,
aboguen por mi título de sucesión con sus espadas.
Yo soy el primogénito del último
que portó la diadema imperial de Roma;
dejen pues que el honor de mi padre viva en mí,
y no ultrajen mi mayorazgo con este agravio.


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Publicado el 24 de julio de 2018 por Edu Robsy.

La Educación Sentimental

Gustave Flaubert


Novela


Primera parte

Capítulo I

Hacia las seis de la mañana del 15 de septiembre de 1840, próximo a zarpar, el Ville de Montereau despedía grandes torbellinos de humo delante del muelle de Saint-Bernard.

La gente llegaba sin aliento; las barricas, los cables, los cestos de ropa blanca dificultaban la circulación; los marineros no contestaban a nadie; tropezaban unas con otras las personas; los bultos subían por entre los dos tambores, y el bullicio se absorbía en el ruido del vapor, que, escapándose por las tapaderas de hierro de las chimeneas, todo lo envolvía en una nube blanquecina, mientras la campana sonaba avante sin cesar.

Por fin, el barco arrancó, y las dos orillas, pobladas de tiendas, de canteros y de fábricas, desfilaron como dos anchas cintas que se desenrollan.

Un joven de dieciocho años, de pelo largo, que llevaba un álbum debajo del brazo, estaba inmóvil cerca del timón. A través de la bruma contemplaba campanarios y edificios, cuyo nombre ignoraba; después abrazó en una última ojeada la isla de Saint-Louis, la Cité, Notre-Dame, y muy pronto, al desaparecer París, lanzó un suspiro prolongado.

Frédéric Moreau, que acababa de recibir el título de bachiller, regresaba a Nogent-sur-Seine, donde debía languidecer durante dos meses antes de ir a cursar derecho. Su madre, con la suma indispensable, le había enviado al Havre a ver a un hermano suyo, del cual esperaba que fuese heredero su hijo; volvió de allí la víspera, y lamentaba no poder permanecer en la capital, siguiendo, para llegar a su provincia, el camino más largo.


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Publicado el 15 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Joseph Balsamo, Memorias de un Médico

Alejandro Dumas


Novela


PROLOGO

I. CAMINAR A CIEGAS

A la margen izquierda del Rin, cerca de la imperial ciudad de Worms, y hacía el sitio donde nace el pequeño río Selz, empiezan a elevarse las primeras cordilleras de innúmeras montañas, cuyos erizados picos parecen alejarse hacia el Norte, simulando una manada de espantados búfalos que se pierden entre la bruma.

Estas montañas, que desde la cumbre dominan ya aquel país casi desierto, y que semejan la comitiva de la más alta, tiene cada una un nombre particular que expresa su forma o recuerda alguna tradición.

Llámase una la Silla del Rey, la otra la Piedra de los Agavanzos, ésta la Roca de los Halcones y aquélla la Cresta de la Serpiente.

La más alta de todas, la que parece llegar al cielo, ceñida la granítica frente de una corona de ruinas, es la Montaña de los Truenos. Cuando la noche condensa la sombra de los árboles y el crepúsculo vespertino dora las altas cumbres de esta familia de gigantes, parece que el silencio desciende lentamente desde las sublimes gradas del cielo hasta la llanura, y que un brazo invisible y poderoso desenvuelve de sus flancos, para extenderlo sobre el mundo cansado por los ruidos y penalidades del día, ese inmenso manto azulado, en cuyo fondo brillan las estrellas. Entonces todo pasa insensiblemente de la vigilia al sueño, todo enmudece sobre la tierra. Únicamente en medio de este silencio solemne, el riachuelo a que nos hemos referido prosigue día y noche su curso misterioso bajo los abetos de la orilla, hasta desembocar en el caudaloso Rin, que es su muerte. La arena de su seno es tan fresca, sus cañas tan flexibles y sus peñas se hallan tan cubiertas de suave musgo y saxífragas, que sus ondas no producen el más pequeño ruido desde Morsheim, donde principia, hasta el lugar en donde termina.


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1.348 págs. / 1 día, 15 horas, 20 minutos / 673 visitas.

Publicado el 9 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

1718192021