Meditaciones
Marco Aurelio
Filosofía
Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 861 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
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Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 861 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
En el corazón de esta novela se esconde una habitación donde convergen los secretos, las sospechas y los temores de una época marcada por la intriga. El cuarto rojo nos introduce en un mundo donde nada es lo que parece, y donde cada sombra proyectada sobre la pared puede ser el eco de una conspiración. William Le Queux, maestro del suspense y pionero del espionaje literario, nos guía por pasillos de incertidumbre, revelando poco a poco los hilos que conectan la ambición, el peligro y la verdad.
Esta obra, publicada en 1909, conserva intacta su capacidad de inquietar y fascinar, como si el cuarto aún estuviera esperando que alguien se atreva a entrar.
Tres hombres inquisitivos
Creative Commons
200 págs. / 5 horas, 50 minutos / 60 visitas.
Publicado el 25 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
Creative Commons
747 págs. / 21 horas, 47 minutos / 45 visitas.
Publicado el 18 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
CAPÍTULO 1
Alguien venía por el sendero. Ese alguien era Hubert. La señora Scott lo vio y le dijo a su hijo:
—Aquí viene tu papá.
Su tono fue el de quien dice: “Todos tienen una cruz que cargar”. El joven Hubert agarró una revista de entre las muchas que había sobre la mesa. La señora Scott abandonó su cómodo sillón junto a la chimenea y se sentó en el escritorio. Se puso a revisar con cuidado el recibo del teléfono.
Hubert Scott entró con su llave y cerró la puerta con un golpe. Se detuvo en el vestíbulo, dejó el abrigo y el sombrero en el pasamanos, y esperó a que su familia lo saludara. Nadie dijo nada. Tampoco se sorprendió ni se sintió herido. Cada noche, desde hacía nueve años, había esperado en ese mismo lugar oír a su familia decirle “hola”. Siempre era él quien hablaba primero.
—Hola —dijo.
El joven Hubert respondió “hola” sin levantar la vista de la revista. La señora Scott ni parpadeó. El recibo del teléfono tenía toda su atención.
—Esto parece una morgue. ¿Qué hacen ustedes todo el día? ¿Sentarse y aparentar sabiduría?
Creative Commons
222 págs. / 6 horas, 29 minutos / 45 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
Obra original: The Doomed City – John R. Carling, 1910. En dominio público.
Edición: Traducción independiente realizada por Fernando Guzmán. (CC BY 4.0).
CAPÍTULO I
UNA BODA MISTERIOSA
La luz púrpura del atardecer había caído sobre la costa siria cuando Crispo, con paso rápido y oscilante, recorría la bien trazada calzada que conducía hacia el sur, a la majestuosa ciudad de Cesarea, capital romana de Judea.
Evidentemente amaba el ejercicio de caminar, pues, si lo hubiera deseado, podría haber cabalgado: a una distancia respetuosa lo seguía, conducido por un par de esclavos, su rheda de dos caballos, un carro de viaje de bronce esculpido, provisto de toldo de cuero y cortinajes de seda, que contenía el equipaje necesario (llamado con propiedad impedimenta por los romanos) que un hombre de gustos sencillos requeriría en un largo trayecto.
Crispo, de unos veinticinco años, tenía una figura poderosa y a la vez graciosa, ojos de un gris profundo, cabello rizado de tono bronceado y un rostro hermoso, tan nítido como si hubiera sido esculpido en mármol; un semblante cuya pureza de tez hablaba de pureza de vida —virtud rara en aquella época—; un rostro cuya mirada ardiente y aguda prometía que su dueño había nacido para alcanzar distinción, si es que no la había alcanzado ya. “Un romano antiguo”, se diría al verlo, pues aún se aferraba al uso de la majestuosa toga, que en el primer siglo estaba siendo rápidamente sustituida por la túnica griega; además, el anillo en su dedo no era de oro, sino de hierro, conforme a la antigua costumbre.
Creative Commons
324 págs. / 9 horas, 27 minutos / 49 visitas.
Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Cargando su pequeña y elegante canoa de corteza de abedul durante los cien pasos que separaban el punto de desembarque del de partida, Sylvia caminaba por un sendero de osos bajo los enormes pinos amarillos. A su alrededor había señales de peligro que debieron haberla alertado. En la densa y musgosa arboleda a su derecha, un arrendajo canadiense graznaba con furia ante la presencia de algo. Un conejo de nieve, con los ojos saltones de puro susto, salió disparado de entre los arbustos y cruzó su camino de un salto. Una familia de reyezuelos de Sitka lanzaba su agudo "grito de serpiente" ante alguna amenaza acechante, fuera hombre o bestia.
Pero para Sylvia, una chica de ciudad que aún no conocía el lenguaje de esta naturaleza salvaje de las Rocosas del Norte, aquellas señales claras que gritaban "¡Cuidado! ¡Cuidado!" no significaban nada. Y si acaso pensaba en la advertencia de su marido, lo hacía con un desafiante desprecio hacia él por ordenarle no abandonar el puesto mientras él no estuviera.
¡Ella no era una de sus subordinadas bajo su mando! ¡Qué importaba si él era el inspector Hastings; haberse casado con él no significaba que se hubiera enlistado en la Policía Montada!
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20 págs. / 36 minutos / 86 visitas.
Publicado el 22 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
el poema moldea significados
talla el centro
cincela uno o dos tópicos
vacila
se escucha el peso de un lápiz
el zigzag natural
la onda expansiva
de un río invisible
tersa sitios pretéritos
claros infiernos
y la magia apenas aparece
es un pájaro aturdido
apresado en el umbral del vuelo
no hay estilo de zanjar distancias
en la hondura de la hoja
ni vertiente que revele
la piel besada por la pluma húmeda
el lazo que lo une a otro universo
pequeño como un punto
imprescindible
un verso alterado por la prisa
de unirse
al cauce de otra mirada
no hay forma ni adjetivo
ni cercano epíteto que salve
ni tipografía que imprima o sacie
el ligero caudal bajo los puentes
un manantial que ansiamos beber
tan próximo y puro
como un cielo
jirones
rato escaso de caricias
mano de cartas delebles
ya todo está escrito
mañana blanquearé los muros
restos del derrumbe
a doble tinta
rojo el cabello
entonces
me acostaré con cualquier palabra
por amor
un párrafo
salto
paréntesis
desafío mortal
en el suspenso de la cima
un equilibrio donde mirarme
en lucha con el trapecio
un abismo
donde callar
mi destino de acróbata
escribir
una forma de estar concebida
romper aguas
diluvio en el modo de no ser
y haber sido humano intento
lenguaje arrullado
Creative Commons
4 págs. / 7 minutos / 36 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
El pronóstico
del sueño previene de un río amargo de fantasmas en las sienes y un
correr entre escenarios. Serán las próximas horas de aguaceros en
las manos y una voz desconocida
que vendrá de tres a cuatro.
Clara inestabilidad
a la altura de los cráneos
y un relato
en blanco y negro que dirá entre saltos algo.
Serán nubes en los
dedos recuerdos desmenuzados, bloques para el día a día
de un
presente diluviando. Llegará el persecutor
en las lluvias del
espanto; tal vez no te dará alcance mas no podrás alejarlo. Vendrá
azul de boca a pecho cual viento desde un pasado, un calor en
granizada
y un beso que sabe a plagio. Una música de
cielo
—más relámpago que canto y más cántaro que
mar— moverá el mordido labio. Inundado el pensamiento inventará
algún presagio como una voz en los ojos
o un escombro
decorado.
24 de septiembre de 2023
OLAS INMERECIDAS
Ya no hay mar,
para
estos ojos ciegos ya no se siente el mar,
si acaso todavía
ruge a lo lejos
la canción de olas inmerecidas,
y aún
deja el aire en nuestra ropa
el nombre del agua sibilante.
Y
cómo nos grita el sin sentido
de las huellas en la arena
cuando
al mediodía el mar intenta sin nosotros la gravedad de otros huecos
planetarios.
Y hacia estos se empeña el mar
con terrena
humedad de cangrejos y horizontes.
Con gracia se
esfuerza cabalgando
sobre el amor de un millón de trotes
marsupiales
Son culpables todas estas manos solitarias,
voluntariosas en
palpar desde lejos
lo que exige amor con nuestros poros,
que
marchó el gran mar de las sirenas hacia la otra cara prometida del
silencio.
18 de septiembre de 2023
Dominio público
33 págs. / 58 minutos / 70 visitas.
Publicado el 3 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Maquetación
y diseño: Juan Muñoz
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A mis raíces, que
sostienen cada paso.
A quienes me enseñaron la paciencia
del tiempo y la ternura de lo cotidiano.
A los guardianes
de historias, a los cómplices de risas, a los pilares silenciosos
que acompañan sin hacer ruido.
A quienes estuvieron,
están o quizá estén algún día.
Si este viaje ha
despertado una chispa, si la estela de esta obra ha tocado tu
corazón, gracias por estar ahí.
Creative Commons
21 págs. / 37 minutos / 36 visitas.
Publicado el 31 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
sitio y tiempo fluyen simultáneos
próximo en-seguida lugar después ola tras ola
instancias disgregadas en pura arena
una lápida y su epitafio
sorpresa de seguir vivos
en la brevedad
de un adiós
luna menguante
última llamada
espacio en blanco
inhabitable
el frío es muy frío
calles verticales
puertas como torres
la imagen del lenguaje
el mar en la boca
dejaré huellas en todos los zaguanes
en el recorrido
abolir la circunstancia
cautivarse.
durar
durar
mientras tanto alrededor...
Textos tardíos la furia del alfabeto
escribo en el humo
tropezando
derrumbes de agua en el río
se oye
el rumor de la niebla
Creative Commons
1 pág. / 3 minutos / 23 visitas.
Publicado el 24 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.