Obra
original:
The Doomed City
– John R. Carling,
1910. En dominio público.
Edición:
Traducción independiente realizada por Fernando Guzmán. (CC BY 4.0).
CAPÍTULO
I
UNA
BODA MISTERIOSA
La
luz púrpura del atardecer había caído sobre la costa siria cuando
Crispo, con paso rápido y oscilante, recorría la bien trazada
calzada que conducía hacia el sur, a la majestuosa ciudad de
Cesarea, capital romana de Judea.
Evidentemente
amaba el ejercicio de caminar, pues, si lo hubiera deseado, podría
haber cabalgado: a una distancia respetuosa lo seguía, conducido por
un par de esclavos, su rheda de dos caballos, un carro de viaje de
bronce esculpido, provisto de toldo de cuero y cortinajes de seda,
que contenía el equipaje necesario (llamado con propiedad
impedimenta por los romanos) que un hombre de gustos sencillos
requeriría en un largo trayecto.
Crispo,
de unos veinticinco años, tenía una figura poderosa y a la vez
graciosa, ojos de un gris profundo, cabello rizado de tono bronceado
y un rostro hermoso, tan nítido como si hubiera sido esculpido en
mármol; un semblante cuya pureza de tez hablaba de pureza de vida
—virtud rara en aquella época—; un rostro cuya mirada ardiente y
aguda prometía que su dueño había nacido para alcanzar distinción,
si es que no la había alcanzado ya. “Un romano antiguo”, se
diría al verlo, pues aún se aferraba al uso de la majestuosa toga,
que en el primer siglo estaba siendo rápidamente sustituida por la
túnica griega; además, el anillo en su dedo no era de oro, sino de
hierro, conforme a la antigua costumbre.
Leer / Descargar texto 'La ciudad condenada'