Meditaciones
Marco Aurelio
Filosofía
Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 286 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Mostrando 1 a 10 de 30 textos encontrados.
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Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 286 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Cargando su pequeña y elegante canoa de corteza de abedul durante los cien pasos que separaban el punto de desembarque del de partida, Sylvia caminaba por un sendero de osos bajo los enormes pinos amarillos. A su alrededor había señales de peligro que debieron haberla alertado. En la densa y musgosa arboleda a su derecha, un arrendajo canadiense graznaba con furia ante la presencia de algo. Un conejo de nieve, con los ojos saltones de puro susto, salió disparado de entre los arbustos y cruzó su camino de un salto. Una familia de reyezuelos de Sitka lanzaba su agudo "grito de serpiente" ante alguna amenaza acechante, fuera hombre o bestia.
Pero para Sylvia, una chica de ciudad que aún no conocía el lenguaje de esta naturaleza salvaje de las Rocosas del Norte, aquellas señales claras que gritaban "¡Cuidado! ¡Cuidado!" no significaban nada. Y si acaso pensaba en la advertencia de su marido, lo hacía con un desafiante desprecio hacia él por ordenarle no abandonar el puesto mientras él no estuviera.
¡Ella no era una de sus subordinadas bajo su mando! ¡Qué importaba si él era el inspector Hastings; haberse casado con él no significaba que se hubiera enlistado en la Policía Montada!
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20 págs. / 36 minutos / 34 visitas.
Publicado el 22 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
CAPÍTULO 1
Alguien venía por el sendero. Ese alguien era Hubert. La señora Scott lo vio y le dijo a su hijo:
—Aquí viene tu papá.
Su tono fue el de quien dice: “Todos tienen una cruz que cargar”. El joven Hubert agarró una revista de entre las muchas que había sobre la mesa. La señora Scott abandonó su cómodo sillón junto a la chimenea y se sentó en el escritorio. Se puso a revisar con cuidado el recibo del teléfono.
Hubert Scott entró con su llave y cerró la puerta con un golpe. Se detuvo en el vestíbulo, dejó el abrigo y el sombrero en el pasamanos, y esperó a que su familia lo saludara. Nadie dijo nada. Tampoco se sorprendió ni se sintió herido. Cada noche, desde hacía nueve años, había esperado en ese mismo lugar oír a su familia decirle “hola”. Siempre era él quien hablaba primero.
—Hola —dijo.
El joven Hubert respondió “hola” sin levantar la vista de la revista. La señora Scott ni parpadeó. El recibo del teléfono tenía toda su atención.
—Esto parece una morgue. ¿Qué hacen ustedes todo el día? ¿Sentarse y aparentar sabiduría?
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222 págs. / 6 horas, 29 minutos / 10 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
Dominio público
225 págs. / 6 horas, 34 minutos / 78 visitas.
Publicado el 21 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Los romances del futuro, por muy fantásticos que sean, despiertan en la mayoría de nosotros un interés permanente, aunque leve, ya que nacen de un sentimiento muy común: una sensación de insatisfacción con el orden existente, combinada con una fe vaga o una esperanza en uno mejor que vendrá. La imagen que se nos presenta es falsa; la sabíamos que sería falsa antes incluso de verla, ya que no podemos imaginar lo desconocido más de lo que podemos construir sin materiales. Nuestra atmósfera mental nos rodea y nos encierra como nuestra propia piel; nadie puede presumir de haber escapado de esa prisión. El vasto y desmesurado panorama se extiende ante nosotros, pero, como añade tristemente el poeta, "nubes y tinieblas reposan sobre él". Sin embargo, no podemos suprimir toda curiosidad, ni dejar de preguntarnos unos a otros: ¿cuál es tu sueño, tu ideal? ¿Cuál es tu Noticias del Aquí y Ahora, o más bien, cuál es el resultado del pequeño empujón que tu mano ha dado al viejo juguete de cartón con una docena de cristales de colores como contenido? Y, lo más importante de todo, ¿puedes presentarlo en forma de narrativa o romance que me permita pasar una hora de ocio sin aburrimiento? ¿Cómo, por ejemplo, se compara con otros libros proféticos en la estantería?
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162 págs. / 4 horas, 44 minutos / 47 visitas.
Publicado el 13 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Quedó resuelto que saldríamos a veranear. Nos lo pedían los huesos helados por la incesante lluvia del invierno, los músculos ateridos clamaban por un poco de sol, los ojos cansados de la inmensidad gris del mar anhelaban salir de lo verde en la campiña y el matiz de las gayas flores. Mientras llegó el día de la marcha y nos ocupamos en preparativos de viaje, la tarea diaria se nos hizo más llevadera.
“Seremos veinte los de la expedición” —pensábamos— y por aquella porción menguada de la gran masa que poblaba la ciudad porteña, sentíamos particular simpatía, cuanto era desdén indiferente por el enjambre humano que íbamos a dejar atrás. Qué se nos iba o se nos venía de que los demás se ahogaran o se secaran como pergamino. El sentimiento egoísta que nace de la aglomeración humana en lucha por la existencia era la única muestra de sentir que a mí me daba el corazón.
Con el embarazoso bulto de las tiendas de campaña plegadas hasta lo mínimo, y provisiones de boca hasta para un mes, salimos de la ciudad el 4 de julio, día de aniversario de la independencia norteamericana, día terrible, como del juicio final, hasta para los mismos nacionales. La ciudad estaba envuelta en humo, y aletargada con el monótono crac crac de los cohetes chinos, que a las puertas de las casas quemaban los niños y viejos en señal de patriótico regocijo. Causaba tedio. Nada dice al espíritu del extranjero el sentimiento de un pueblo cuya vida no se ha podido identificar; y eso mismo me acontecía. ¿Qué se me daba de Jorge Washington y sus hazañas en aquel terruño, cuya historia no es la de México y en el cual mis pies solicitaban con recelo el privilegio de pasar?
Por la gran avenida empezaba a agruparse la gente a presenciar el desfile de la parada, y ya las carretas, empavesadas del comercio que éste suele enviar como reclamo, aguardaban su turno metidas en una y otra acera.
Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 21 visitas.
Publicado el 18 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
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272 págs. / 7 horas, 56 minutos / 41 visitas.
Publicado el 16 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
El misterio del barco ataúd: un barco mercante de aparejo cuadrado que fue hallado con las brazas sueltas, las perchas oscilando sin control y rodando perezosamente en la resaca del mar; un barco recién pintado, pero sin la menor señal de vida a bordo.
Era en los tiempos de la vieja marina de madera, cuando sólo unos pocos de los barcos mayores, fragatas y bergantines-goleta llevaban potencia auxiliar de vapor. Mi barco, un bergantín-goleta artillado, no la tenía. Dependíamos enteramente del viento, de modo que nuestro viaje hacia Sídney fue largo y tedioso, con la inevitable consecuencia de deserciones entre la tripulación. Al disponernos a zarpar rumbo a Shanghái, y hallando dificultades para completar el número reglamentario de hombres, el capitán negoció con las autoridades locales, con el resultado de que unos veinticuatro hombres —todos marineros—, presos por diversos delitos, se enrolaron en la Marina estadounidense como alternativa a cumplir sus condenas, y fueron entregados a bordo. Tras unos días de instrucción encontraron sus puestos, y nos hicimos a la mar.
Eran una partida dura; y, aunque sabíamos que no había entrado licor con ellos, al cabo de pocos días, de dos en dos, o tres o cuatro a la vez, se les hallaba ebrios y se les confinaba en el calabozo. Incluso allí continuaba la borrachera, y se dispuso una estricta guardia para impedir que se les pasasen fluidos desmoralizadores; pero, antes de que el grupo inicial se hubiese despejado, su número había aumentado a doce; y para entonces nos encontrábamos ya cerca del grupo de las Loyalty, donde, a través de un mar bastante calmo, avistamos un mercante de aparejo cuadrado, con las brazas sueltas, las vergas oscilando sin control y rodando perezosamente en la resaca. Al acercarnos, observamos con los anteojos que no había señal de vida a bordo; incluso el timón estaba abandonado.
Dominio público
17 págs. / 29 minutos / 27 visitas.
Publicado el 17 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Con demasiada modestia, creemos, Roger Dee ha intentado sacudirse su indudable parentesco con Saki —ese maestro supremo de la fantasía caprichosa— en esta excursión exuberante y sobrecogedora hacia un reino tan oscuramente misterioso como irresistiblemente encantador.
Las arañas de Adrián quizá te hagan estremecer la piel. Pero predecimos que te agradará Adrián mismo tanto como al señor Marcus, y que te alegrarás de su triunfo.
Probablemente exista más de una manera de curar una trágica adicción al alcohol. Pero el método de Adrián fue tan escalofriante como ver a Medusa sonriendo.
Era casi como volver a casa, pensó el Sr. Marcus con una inusual punzada de nostalgia. Se detuvo un momento en el umbral, con su maleta, el maletín de muestras y su inevitable paquete de libros en la mano, para escuchar.
"Tierna" era la palabra adecuada para describir a Kitty, con su toque fresco y seguro sobre el tema de Delibes, sus claros ojos ciegos y su recogido cabello rubio que apenas rozaba sus hombros. Y desperdiciada, pensó el Sr. Marcus, con toda su belleza y talento relegados a la oscuridad en la lúgubre distinción del hogar de su madre.
Si él fuera treinta años más joven...
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12 págs. / 22 minutos / 21 visitas.
Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
sitio y tiempo fluyen simultáneos
próximo en-seguida lugar después ola tras ola
instancias disgregadas en pura arena
una lápida y su epitafio
sorpresa de seguir vivos
en la brevedad
de un adiós
luna menguante
última llamada
espacio en blanco
inhabitable
el frío es muy frío
calles verticales
puertas como torres
la imagen del lenguaje
el mar en la boca
dejaré huellas en todos los zaguanes
en el recorrido
abolir la circunstancia
cautivarse.
durar
durar
mientras tanto alrededor...
Textos tardíos la furia del alfabeto
escribo en el humo
tropezando
derrumbes de agua en el río
se oye
el rumor de la niebla
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1 pág. / 3 minutos / 22 visitas.
Publicado el 24 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.