Jenny
Sigrid Undset
Novela, Romance trágico, Drama psicológico, Realismo escandinavo
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270 págs. / 7 horas, 53 minutos / 149 visitas.
Publicado el 25 de mayo de 2026 por Fernando Guzmán.
Mostrando 1 a 10 de 18 textos encontrados.
editor: Fernando Guzmán etiqueta: Novela textos disponibles
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270 págs. / 7 horas, 53 minutos / 149 visitas.
Publicado el 25 de mayo de 2026 por Fernando Guzmán.
Publicada en 1909, La muchacha del Limberlost surgió en una época en que gran parte de los humedales y bosques de Indiana, Estados Unidos, comenzaban a desaparecer debido al avance industrial y agrícola. Su autora, Gene Stratton-Porter, conocía profundamente aquellos paisajes porque pasó años explorándolos y estudiando su flora y fauna.
La novela refleja tanto la sensibilidad naturalista de comienzos del siglo XX como los cambios sociales de la época: la educación femenina, las diferencias de clase y la búsqueda de independencia personal. El Limberlost, inspirado en un pantano real de Indiana, terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más recordados de la literatura estadounidense sobre la naturaleza.
En las bastas profundidades del Limberlost —un bosque pantanoso lleno de luz dorada, insectos raros y senderos ocultos— una joven llamada Elnora Comstock busca abrirse camino entre la pobreza, la soledad y el deseo de encontrar un lugar en el mundo. Mientras la naturaleza le enseña paciencia, fortaleza y belleza, Elnora descubre también los misterios del amor, el dolor y el crecimiento del alma.
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378 págs. / 11 horas, 2 minutos / 76 visitas.
Publicado el 7 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.
Serían las diez de la mañana de un día de octubre. En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase. De la puerta de la calle de los Estudios que daba a este patio, iban entrando muchachos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban, reían y hablaban.
Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura, no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmacéuticos. La clase de Química general del año preparatorio de Medicina y Farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura.
La cantidad de estudiantes y la impaciencia que demostraban por entrar en el aula se explicaba fácilmente por ser aquél, primer día de curso y del comienzo de la carrera. Ese paso del bachillerato al estudio de facultad siempre da al estudiante ciertas ilusiones, le hace creerse más hombre, que su vida ha de cambiar.
Andrés Hurtado, algo sorprendido de verse entre tanto compañero, miraba atentamente arrimado a la pared la puerta de un ángulo del patio por donde tenían que pasar. Los chicos se agrupaban delante de aquella puerta como el público a la entrada de un teatro.
Andrés seguía apoyado en la pared, cuando sintió que le agarraban del brazo y le decían:
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223 págs. / 6 horas, 31 minutos / 611 visitas.
Publicado el 21 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
La noche del 27 de mayo de 1925, la oficina de Gilderheim, Pascoe y Compañía, comerciantes de diamantes de Little Hatton Garden, no presentó nada fuera de lo común para el agente de policía que patrullaba la zona y que examinó la cerradura y probó la puerta en el curso ordinario de su deber. Hasta las nueve de la noche la oficina había estado ocupada por el señor Gilderheim y su principal empleado, y un oficial de paisano, cuya labor consistía en investigar sucesos inusuales, consideró que la luz encendida en la ventana del primer piso entraba dentro de sus atribuciones y subió para descubrir la razón de aquella presencia. El día 27 había caído en sábado, y era habitual que las oficinas de Hatton Garden quedaran vacías de empleados y propietarios a más tardar a las tres de la tarde.
El señor Gilderheim, un caballero afable, se sintió aliviado al descubrir que el golpe en la puerta que lo había hecho acudir, aferrando un revólver en el bolsillo por si ocurría algún accidente, no producía aventura más alarmante que una conversación con un oficial de policía a quien conocía. Explicó que aquel día había recibido un cargamento de diamantes procedente de una casa de Ámsterdam y que estaba clasificando las piedras antes de retirarse por la noche; y, tras algunas bromas sobre la tentación que sesenta mil libras en diamantes ofrecían al inescrupuloso “hijo de las tinieblas”, el oficial se marchó.
A las nueve cuarenta, el señor Gilderheim guardó las joyas en su gran caja fuerte, ante la cual ardía día y noche una lámpara eléctrica, y acompañado de su empleado abandonó el número 93 de Little Hatton Garden y caminó en dirección a Holborn.
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136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 46 visitas.
Publicado el 30 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.
El
silencio de la sala, que se había interrumpido cuando el presidente
del jurado entregó su veredicto, se hizo aún más profundo. El
juez, dirigiendo una rápida mirada por encima de sus lentes al alto
prisionero, ordenó sus documentos con esa precisión y método que
los hombres mayores muestran en momentos de tensión como este. Juntó
los papeles blancos, azules y beige, y los apiló cuidadosamente en
una pequeña repisa a la izquierda de su escritorio. Luego, tomó su
pluma y escribió unas cuantas palabras en un formulario impreso que
tenía frente a él.
Hubo otra pausa expectante. El juez
tanteó debajo del escritorio, sacó un pequeño cuadrado de seda
negra y lo colocó con cuidado sobre su peluca blanca. Entonces
habló:
—James Meredith, tras un largo y minucioso
juicio, ha sido usted declarado culpable del terrible crimen de
asesinato premeditado. Estoy en total acuerdo con el veredicto del
jurado. Después de escuchar el testimonio de la desafortunada dama
con la que usted estaba comprometido —y cuyo testimonio intentó
refutar de la manera más brutal—, quedan pocas dudas de que,
cegado por los celos, usted le disparó a Ferdinand Bulford. La
declaración de la señorita Briggerland respecto a que usted había
amenazado a este pobre joven, y que la dejó a ella en un estado de
furia, es inquebrantable. Por una terrible coincidencia, el señor
Bulford estaba en la calle, frente a la puerta de su prometida cuando
usted salió de allí, y enloquecido por sus celos enfermizos, usted
lo mató a tiros.
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201 págs. / 5 horas, 52 minutos / 64 visitas.
Publicado el 30 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.
Traducción de uso libre
—¡Mire! Está… está en mi bolsa de viaje, allí. La cosa… aquello ante lo cual el mundo entero quedará asombrado
El hombre, delgado, de rostro pálido y barba gris, que yacía de espaldas en la cama, hizo un esfuerzo por incorporarse ligeramente y, con un dedo huesudo, señaló su resistente aunque maltrecha bolsa de cuero, arrinconada en un extremo de la pequeña habitación del hotel.
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247 págs. / 7 horas, 13 minutos / 52 visitas.
Publicado el 12 de agosto de 2026 por Fernando Guzmán.
Obra original: Poison Shadows – Wiliam Le Queux, 1927.
Edición: Traducción por Fernando Guzmán, 2025.
Nota legal: La obra original en inglés está en dominio público. Esta obra derivada se distribuye bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).
—Tienes que ser firme, Gordon. No importa en lo más mínimo si Sibell lo ama o lo detesta. Tiene que casarse con él, de lo contrario ambos vamos a acabar en la ruina. Así que nada de discusiones. ¿Estás de acuerdo? —preguntó la mujer.
—Por supuesto que estoy de acuerdo, querida Etta. Pero mi pupila es terca y se niega rotundamente a volver a verlo —respondió el hombre calvo y deforme que estaba junto a Lady Wyndcliffe, en la ventana del salón privado que daba a las arenas doradas y el mar veraniego frente al Grand Hotel, en la Digue de Knocke, en la costa belga.
—¡Qué tontería! ¡Hay que hacerla entrar en razón! —replicó la mujer esbelta, de cabello oscuro y rostro atractivo, vestida con un vaporoso vestido a rayas azules que delataba discretamente a la modista parisina.—Otway es simpático, sí, pero no tiene un centavo, mientras que Gretton heredó más de medio millón de su padre, quien hizo un buen negocio con lana durante la guerra y gracias a eso llegó a ser alcalde de Bradford. Gussie es medio tonto, pero eso nos conviene. Ambos necesitamos dinero con urgencia. Y hasta ahora he jugado bien mis cartas: él está loco por ella. Solo hay que deshacerse de Otway a toda costa. Un joven médico sin recursos no sirve para Sibell.
—Estoy de acuerdo con cada palabra —dijo el extraño jorobado, Gordon Routh, con su voz aguda y chillona—. Tú y yo hemos hecho muchos negocios que nos han resultado satisfactorios, y ahora, ¿no es curioso que estemos negociando el futuro de la chica?
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249 págs. / 7 horas, 17 minutos / 74 visitas.
Publicado el 8 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Obra original: The Doomed City – John R. Carling, 1910. En dominio público.
Edición: Traducción independiente realizada por Fernando Guzmán. (CC BY 4.0).
CAPÍTULO I
UNA BODA MISTERIOSA
La luz púrpura del atardecer había caído sobre la costa siria cuando Crispo, con paso rápido y oscilante, recorría la bien trazada calzada que conducía hacia el sur, a la majestuosa ciudad de Cesarea, capital romana de Judea.
Evidentemente amaba el ejercicio de caminar, pues, si lo hubiera deseado, podría haber cabalgado: a una distancia respetuosa lo seguía, conducido por un par de esclavos, su rheda de dos caballos, un carro de viaje de bronce esculpido, provisto de toldo de cuero y cortinajes de seda, que contenía el equipaje necesario (llamado con propiedad impedimenta por los romanos) que un hombre de gustos sencillos requeriría en un largo trayecto.
Crispo, de unos veinticinco años, tenía una figura poderosa y a la vez graciosa, ojos de un gris profundo, cabello rizado de tono bronceado y un rostro hermoso, tan nítido como si hubiera sido esculpido en mármol; un semblante cuya pureza de tez hablaba de pureza de vida —virtud rara en aquella época—; un rostro cuya mirada ardiente y aguda prometía que su dueño había nacido para alcanzar distinción, si es que no la había alcanzado ya. “Un romano antiguo”, se diría al verlo, pues aún se aferraba al uso de la majestuosa toga, que en el primer siglo estaba siendo rápidamente sustituida por la túnica griega; además, el anillo en su dedo no era de oro, sino de hierro, conforme a la antigua costumbre.
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324 págs. / 9 horas, 27 minutos / 65 visitas.
Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
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272 págs. / 7 horas, 56 minutos / 70 visitas.
Publicado el 16 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Dominio público
78 págs. / 2 horas, 17 minutos / 48 visitas.
Publicado el 27 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.