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editor: Fernando Guzmán etiqueta: Novela textos disponibles


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El ángel del terror

Edgar Wallace


Novela, Misterio, Suspenso


Capítulo 1



El silencio de la sala, que se había interrumpido cuando el presidente del jurado entregó su veredicto, se hizo aún más profundo. El juez, dirigiendo una rápida mirada por encima de sus lentes al alto prisionero, ordenó sus documentos con esa precisión y método que los hombres mayores muestran en momentos de tensión como este. Juntó los papeles blancos, azules y beige, y los apiló cuidadosamente en una pequeña repisa a la izquierda de su escritorio. Luego, tomó su pluma y escribió unas cuantas palabras en un formulario impreso que tenía frente a él.

Hubo otra pausa expectante. El juez tanteó debajo del escritorio, sacó un pequeño cuadrado de seda negra y lo colocó con cuidado sobre su peluca blanca. Entonces habló:

—James Meredith, tras un largo y minucioso juicio, ha sido usted declarado culpable del terrible crimen de asesinato premeditado. Estoy en total acuerdo con el veredicto del jurado. Después de escuchar el testimonio de la desafortunada dama con la que usted estaba comprometido —y cuyo testimonio intentó refutar de la manera más brutal—, quedan pocas dudas de que, cegado por los celos, usted le disparó a Ferdinand Bulford. La declaración de la señorita Briggerland respecto a que usted había amenazado a este pobre joven, y que la dejó a ella en un estado de furia, es inquebrantable. Por una terrible coincidencia, el señor Bulford estaba en la calle, frente a la puerta de su prometida cuando usted salió de allí, y enloquecido por sus celos enfermizos, usted lo mató a tiros.


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201 págs. / 5 horas, 52 minutos / 50 visitas.

Publicado el 30 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

La melodía del terror

Edgar Wallace


Novela, Suspenso, Misterio


 CAPÍTULO I

EL AFICIONADO ROMPECAJAS



La noche del 27 de mayo de 1925, la oficina de Gilderheim, Pascoe y Compañía, comerciantes de diamantes de Little Hatton Garden, no presentó nada fuera de lo común para el agente de policía que patrullaba la zona y que examinó la cerradura y probó la puerta en el curso ordinario de su deber. Hasta las nueve de la noche la oficina había estado ocupada por el señor Gilderheim y su principal empleado, y un oficial de paisano, cuya labor consistía en investigar sucesos inusuales, consideró que la luz encendida en la ventana del primer piso entraba dentro de sus atribuciones y subió para descubrir la razón de aquella presencia. El día 27 había caído en sábado, y era habitual que las oficinas de Hatton Garden quedaran vacías de empleados y propietarios a más tardar a las tres de la tarde.

El señor Gilderheim, un caballero afable, se sintió aliviado al descubrir que el golpe en la puerta que lo había hecho acudir, aferrando un revólver en el bolsillo por si ocurría algún accidente, no producía aventura más alarmante que una conversación con un oficial de policía a quien conocía. Explicó que aquel día había recibido un cargamento de diamantes procedente de una casa de Ámsterdam y que estaba clasificando las piedras antes de retirarse por la noche; y, tras algunas bromas sobre la tentación que sesenta mil libras en diamantes ofrecían al inescrupuloso “hijo de las tinieblas”, el oficial se marchó.

A las nueve cuarenta, el señor Gilderheim guardó las joyas en su gran caja fuerte, ante la cual ardía día y noche una lámpara eléctrica, y acompañado de su empleado abandonó el número 93 de Little Hatton Garden y caminó en dirección a Holborn.


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136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 42 visitas.

Publicado el 30 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

El árbol de la ciencia

Pío Baroja


Novela


PRIMERA PARTE   La vida de un estudiante en Madrid.
I  ANDRÉS HURTADO COMIENZA LA CARRERA
Serían las diez de la mañana de un día de octubre. En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase.De la puerta de la calle de los Estudios que daba a este patio, iban entrando muchachos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban,    reían y hablaban. Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio  de la Escuela de Arquitectura, no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmacéuticos. La clase de Química general del año preparatorio  de Medicina y Farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura. La cantidad de estudiantes y la impaciencia que demostraban por entrar en el aula se explicaba fácilmente por ser aquél, primer día de curso y del comienzo de la carrera.Ese paso del bachillerato al estudio de facultad  siempre da al estudiante ciertas ilusiones, le hace creerse más hombre, que su vida ha de cambiar.Andrés Hurtado, algo sorprendido de verse  entre tanto compañero, miraba atentamente arrimado a la pared la puerta de un ángulo del patio por donde tenían que pasar. Los chicos se agrupaban delante de aquella puerta como el público a la entrada de un teatro. Andrés seguía apoyado en la pared, cuando sintió que le agarraban del brazo y le decían: —¡Hola, chico!Hurtado se volvió y se encontró con su compañero    de Instituto Julio Aracil.Habían sido condiscípulos en San Isidro; pero  Andrés hacía tiempo que no veía a Julio. Éste había estudiado el último año del bachillerato, según dijo, en provincias. —¿Qué, tú también vienes aquí?—le preguntó    Aracil.—Ya ves.—¿Qué estudias?
—Medicina.—¡Hombre! Yo también. Estudiaremos juntos.


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Dominio público
225 págs. / 6 horas, 34 minutos / 178 visitas.

Publicado el 21 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Mayerling

ClaudeAnet


Novela


PRÓLOGO

Era una amplia estancia, de techo alto y ricamente amueblada. Sus dos ventanas daban a un parque cuyos altos árboles se alzaban demasiado cerca de la casa. Un biombo apenas lograba aislar del resto de la habitación la cama, colocada en el centro, donde yacía una joven. Su cabello castaño, cuidadosamente trenzado y extendido sobre la almohada, formaba una especie de aureola alrededor de su cabeza. Su rostro, aunque contraído por el dolor, conservaba belleza; las cejas fruncidas dibujaban una línea recta. De sus labios finos y bien delineados escapaba, de vez en cuando, un gemido, y bajo la sábana que la cubría se adivinaba cómo su cuerpo se tensaba.

Junto a la cama permanecía un grupo de personas atentas: un anciano vestido de frac, con una condecoración prendida en la solapa; un hombre más joven, de expresión inteligente, con bata blanca; y dos enfermeras. En la hora en que toda mujer, herida en su cuerpo y en su pudor, tiene derecho a permanecer sola, varias personas rodeaban a aquella mujer que sufría. Pertenecía, en efecto, a una casta en la que ni el dolor ni la alegría podían mantenerse en secreto, y la emperatriz de Austria, Isabel, de apenas veinte años, estaba obligada a dar a luz en público.

Junto a una de las ventanas se encontraba un hombre bajo y rechoncho, de piernas cortas: Su Alteza Imperial y Real, el archiduque Raniero. Conversaba en voz baja con el consejero íntimo Carlos Fernando, conde de Buol-Schauenstein. Otros tres personajes, vestidos con uniforme, contemplaban en silencio el parque y sus avenidas rectas, ya cubiertas por las sombras del atardecer. Dos damas, sentadas en un rincón, cuchicheaban entre sí.


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169 págs. / 4 horas, 57 minutos / 17 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Fernando Guzmán.

Una era de cristal

W. H.Hudson


Novela, Ciencia ficción


PREFACIO

Los romances del futuro, por muy fantásticos que sean, despiertan en la mayoría de nosotros un interés permanente, aunque leve, ya que nacen de un sentimiento muy común: una sensación de insatisfacción con el orden existente, combinada con una fe vaga o una esperanza en uno mejor que vendrá. La imagen que se nos presenta es falsa; la sabíamos que sería falsa antes incluso de verla, ya que no podemos imaginar lo desconocido más de lo que podemos construir sin materiales. Nuestra atmósfera mental nos rodea y nos encierra como nuestra propia piel; nadie puede presumir de haber escapado de esa prisión. El vasto y desmesurado panorama se extiende ante nosotros, pero, como añade tristemente el poeta, "nubes y tinieblas reposan sobre él". Sin embargo, no podemos suprimir toda curiosidad, ni dejar de preguntarnos unos a otros: ¿cuál es tu sueño, tu ideal? ¿Cuál es tu Noticias del Aquí y Ahora, o más bien, cuál es el resultado del pequeño empujón que tu mano ha dado al viejo juguete de cartón con una docena de cristales de colores como contenido? Y, lo más importante de todo, ¿puedes presentarlo en forma de narrativa o romance que me permita pasar una hora de ocio sin aburrimiento? ¿Cómo, por ejemplo, se compara con otros libros proféticos en la estantería?


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162 págs. / 4 horas, 44 minutos / 83 visitas.

Publicado el 13 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

El pequeño César

William Riley Burnett


Novela, Crimen


PRIMERA PARTE


En una mesa redonda y detrás de Sam Vettori, estaban jugando al póker Otero, apodado el Greco, Tony Passa y Rico, lugarteniente de Sam Vettori. Bajo el reflejo verde de la pantalla, el rostro de Otero naturalmente oscuro parecía cadavérico; por lo demás, tanto si ganaba como si perdía, no se movía ni pronunciaba palabra alguna. Tony, robusto y sonrosado, con veinte años apenas cumplidos, se mostraba muy interesado en la partida, manifestando su gozo cuando la suerte le era favorable y jurando si le era adversa, más por necesidad de excitarse que por ansia de ganar. En cuanto a Rico, tenía el ala del sombrero sobre los ojos, sus facciones estaban contraídas y repiqueteaba nerviosamente con los dedos sobre la mesa: él jugaba para ganar.
Vettori aspiró una bocanada de humo de su cigarrillo, la lanzó al espacio y, levantándose, se puso a pasear arriba y abajo de la estancia.
—¿Dónde estará? —preguntó para sí con los ojos puestos en el techo—. Le he dicho que volviera a las ocho, y ya son casi las ocho y media.
—Joe no suele acordarse de la hora —dijo Tony.
—Es un inútil —gruñó Rico sin levantar la vista de las cartas—; un tipo demasiado blando.
—Es posible —repuso Vettori, el cual se había acercado a la mesa para seguir el juego—; es posible. Sin embargo, la verdad es que le necesitamos. Como tú sabes, tiene una gran facilidad para introducirse en todas partes, sea donde sea. Los hoteles de lujo no le impresionan. Se acerca al gerente y con gran naturalidad le dice: “Un apartamento, por favor”. ¡Un apartamento! Indiscutiblemente, no se puede prescindir de él.
Rico, con el rostro enrojecido, tamborileó con los dedos sobre la mesa.
—No te fíes demasiado, Sam —murmuró—. Un día u otro dará un paso en falso. Ten presente lo que te digo: acabará traicionándonos. Cuando uno es un hombre de verdad no se hace pagar por bailar con las mujeres.
Sam se rió.—Tú no le conoces.


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Dominio público
78 págs. / 2 horas, 17 minutos / 37 visitas.

Publicado el 27 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

La muchacha del Limberlost

Gene Stratton-Porter


Novela, Drama emocional, Crecimiento personal


Prefacio

Publicada en 1909, La muchacha del Limberlost surgió en una época en que gran parte de los humedales y bosques de Indiana, Estados Unidos, comenzaban a desaparecer debido al avance industrial y agrícola. Su autora, Gene Stratton-Porter, conocía profundamente aquellos paisajes porque pasó años explorándolos y estudiando su flora y fauna.

La novela refleja tanto la sensibilidad naturalista de comienzos del siglo XX como los cambios sociales de la época: la educación femenina, las diferencias de clase y la búsqueda de independencia personal. El Limberlost, inspirado en un pantano real de Indiana, terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más recordados de la literatura estadounidense sobre la naturaleza.

En las bastas profundidades del Limberlost —un bosque pantanoso lleno de luz dorada, insectos raros y senderos ocultos— una joven llamada Elnora Comstock busca abrirse camino entre la pobreza, la soledad y el deseo de encontrar un lugar en el mundo. Mientras la naturaleza le enseña paciencia, fortaleza y belleza, Elnora descubre también los misterios del amor, el dolor y el crecimiento del alma.


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378 págs. / 11 horas, 2 minutos / 62 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

El cuarto rojo

William Le Queux


Novela, Misterio, Suspenso, Detectives


Prefacio


En el corazón de esta novela se esconde una habitación donde convergen los secretos, las sospechas y los temores de una época marcada por la intriga. El cuarto rojo nos introduce en un mundo donde nada es lo que parece, y donde cada sombra proyectada sobre la pared puede ser el eco de una conspiración. William Le Queux, maestro del suspense y pionero del espionaje literario, nos guía por pasillos de incertidumbre, revelando poco a poco los hilos que conectan la ambición, el peligro y la verdad.

Esta obra, publicada en 1909, conserva intacta su capacidad de inquietar y fascinar, como si el cuarto aún estuviera esperando que alguien se atreva a entrar.



Capítulo Uno

Tres hombres inquisitivos




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200 págs. / 5 horas, 50 minutos / 94 visitas.

Publicado el 25 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.

La pequeña casa en Allington

Anthony Trollope


Novela


 Capítulo 1

El señor de Allington

Por supuesto, había una Casa Grande en Allington. ¿De qué otro modo podría haber existido una Casa Pequeña? Nuestra historia, como su nombre indica, tendrá sus vínculos más estrechos con quienes vivían en el menos digno de ambos domicilios; pero también guardará relación con el más distinguido, y será conveniente que, en primera instancia, dedique unas palabras a la Casa Grande y a su propietario.

Los señores de Allington lo habían sido desde que se tiene noticia en Inglaterra de tales hacendados, al menos tal y como se conocen hoy. De padre a hijo, de tío a sobrino y, en una ocasión, de primo segundo a primo segundo, el cetro había descendido en la familia de los Dale; y los acres habían permanecido intactos, aumentando en valor y no disminuyendo en número, pese a no estar protegidos por ningún mayorazgo ni por una dosis asombrosa de prudencia o sabiduría. Las tierras de los Dale de Allington habían sido colindantes con la parroquia de Allington durante algunos siglos; y aunque, como he dicho, la estirpe de los señores no había poseído una discreción sobrehumana, y quizá no se había guiado en su paso por la vida por principios muy definidos, había habido en ellos tal adhesión a una ley sagrada que ni un solo acre de la propiedad se había separado jamás de las manos del señor de turno.


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Dominio público
781 págs. / 22 horas, 47 minutos / 78 visitas.

Publicado el 2 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

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