Textos más descargados publicados por Fernando Guzmán | pág. 3

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editor: Fernando Guzmán


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El monstruo de metal

Abraham Merritt


Novela, Ciencia ficción


Obra original: The Metal Monster, 1930, en dominio públicoTraductor al español: Artifacs, 2021, CC-BY-NC-SA 4.0.




PRÓLOGO
Antes de que la narración que sigue fuese puesta en mis manos, nunca había visto al Dr. Walter T. Goodwin, su autor.
Cuando la Asociación Internacional de Ciencias me entregó el manuscrito que revela sus aventuras entre las prehistóricas ruinas de Nan-Matal (La Fuente Lunar) en las Carolinas para que yo lo editara y lo revisara a fin de cumplir con los requisitos de una presentación popular, el Dr. Goodwin había dejado América. Él había explicado que seguía demasiado conmovido, demasiado deprimido, para poder recordar experiencias que inevitablemente debían llevar consigo renovados recuerdos de aquellos a quienes amaba tan bien y de quienes, sentía él, estaba separado con toda probabilidad para siempre.
Yo tenía entendido que había ido a alguna parte remota de Asia para realizar ciertos estudios botánicos y, por tanto, fue con la más viva sorpresa e interés que recibí una citación del presidente de la Asociación para encontrarme con el Dr. Goodwin en un lugar y hora designados.
A través de mi detenido estudio de los artículos de La Fuente Lunar, me había formado una imagen mental de su escritor. También había leído esos volúmenes de investigación botánica que lo habían colocado muy por encima de todos los demás científicos estadounidenses en este campo, deduciendo de su curiosa mezcla de observaciones extremadamente técnicas y descripciones minuciosamente precisas, aunque extraordinariamente poéticas, pistas para ampliar mi imagen de él. Me complació descubrir que había dibujado una bastante buena.
El hombre que me presentó el presidente de la Asociación era robusto, bien formado, un poco por debajo de la media. Tenía una frente ancha, pero lo bastante baja para que me recordara un poco al difunto mago eléctrico Steinmetz.


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272 págs. / 7 horas, 56 minutos / 57 visitas.

Publicado el 16 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Cuento de guerra

Xosé Ramón Barreiro Fernández


Cuento, Francesada, Galicia


Traducción por Fernando Guzmán 2025


Alrededor de la chimenea del viejo pazo de San Fiz, junto al fuego, en las noches de invierno, mi abuelo Xohan Ramón nos contaba cuentos de luchas, cuentos de guerras, recuerdos de la francesada, que el tío Lourenzo —que había sido cadete de los Reales Ejércitos en sus tiempos jóvenes y luego había comandado una Alarma— le había contado a él, cuando él era como nosotros, en el mismo sitio, alrededor de aquel hogar que era, por la tradición de la casa, el altar donde nos moldeaban el corazón a los de mi casta.
Hoy, en el pazo de San Fiz, ya no arde el fuego en la chimenea ni queda de él más que mis recuerdos. No queda piedra sobre piedra. El desamor de unos y la ruindad de otros deshicieron el pazo y, con el pazo, el hogar.
Uno de aquellos cuentos era de los tiempos de la francesada. Los ejércitos ingleses se retiraban para embarcar a través de La Coruña. Era una retirada trágica... de muerte.
Nuestras Alarmas les ayudaban a salvarse.
El del tío Lourenzo salió para proteger las últimas fuerzas, donde venían los enfermos y los heridos.
En un instante, el ejército gabacho llegó cerca de ellos. Allí no quedaban ya, para luchar, más que unos cuantos hombres de nuestra Alambra; entonces, a la prisa, de cualquier manera, subieron a los heridos a un castro que de allí a poco estaba. Entre aquellos héroes hubo uno que no pudo llegar. La muerte le tenía ya clavadas sus garras: era un alférez galés que moría de dolor y de saudade.
El tío Lourenzo se quedó a su lado; no podía dejar abandonado a aquel hombre que era un hermano de lucha y de cultura, que había venido a ayudarnos y moría por nosotros.
El abuelo Xohan Ramón, cuando nos decía que la Saudade lo era todo para nuestra gente, nos contaba siempre este cuento...
...


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3 págs. / 5 minutos / 42 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Sombras acechantes

William Le Queux


Novela, Detectives, Crimen


Obra original: Poison Shadows – Wiliam Le Queux, 1927. 

Edición: Traducción por Fernando Guzmán, 2025. 

Nota legal: La obra original en inglés está en dominio público. Esta obra derivada se distribuye bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).




I. Un alma en venta

—Tienes que ser firme, Gordon. No importa en lo más mínimo si Sibell lo ama o lo detesta. Tiene que casarse con él, de lo contrario ambos vamos a acabar en la ruina. Así que nada de discusiones. ¿Estás de acuerdo? —preguntó la mujer.

—Por supuesto que estoy de acuerdo, querida Etta. Pero mi pupila es terca y se niega rotundamente a volver a verlo —respondió el hombre calvo y deforme que estaba junto a Lady Wyndcliffe, en la ventana del salón privado que daba a las arenas doradas y el mar veraniego frente al Grand Hotel, en la Digue de Knocke, en la costa belga.

—¡Qué tontería! ¡Hay que hacerla entrar en razón! —replicó la mujer esbelta, de cabello oscuro y rostro atractivo, vestida con un vaporoso vestido a rayas azules que delataba discretamente a la modista parisina.—Otway es simpático, sí, pero no tiene un centavo, mientras que Gretton heredó más de medio millón de su padre, quien hizo un buen negocio con lana durante la guerra y gracias a eso llegó a ser alcalde de Bradford. Gussie es medio tonto, pero eso nos conviene. Ambos necesitamos dinero con urgencia. Y hasta ahora he jugado bien mis cartas: él está loco por ella. Solo hay que deshacerse de Otway a toda costa. Un joven médico sin recursos no sirve para Sibell.

—Estoy de acuerdo con cada palabra —dijo el extraño jorobado, Gordon Routh, con su voz aguda y chillona—. Tú y yo hemos hecho muchos negocios que nos han resultado satisfactorios, y ahora, ¿no es curioso que estemos negociando el futuro de la chica?


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249 págs. / 7 horas, 17 minutos / 68 visitas.

Publicado el 8 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Sigue tu estela

Aurora Romero


Autoayuda, Superación personal


Primera edición: octubre de 2025 O 2025, Aurora Romero


Maquetación y diseño: Juan Muñoz

Todos los derechos reservados. Puedes compartir esta obra siempre que se mencione la autoría, no se use con fines comerciales y no se modifique ni se generen obras derivadas.

Licencia: Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND).








A mis raíces, que sostienen cada paso.

A quienes me enseñaron la paciencia del tiempo y la ternura de lo cotidiano.

A los guardianes de historias, a los cómplices de risas, a los pilares silenciosos que acompañan sin hacer ruido.

A quienes estuvieron, están o quizá estén algún día.

Si este viaje ha despertado una chispa, si la estela de esta obra ha tocado tu corazón, gracias por estar ahí.







PRÓLOGO



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21 págs. / 37 minutos / 42 visitas.

Publicado el 31 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Rosas muertas

Laura Méndez de Cuenca


Cuento


Quedó resuelto que saldríamos a veranear. Nos lo pedían los huesos helados por la incesante lluvia del invierno, los músculos ateridos clamaban por un poco de sol, los ojos cansados de la inmensidad gris del mar anhelaban salir de lo verde en la campiña y el matiz de las gayas flores. Mientras llegó el día de la marcha y nos ocupamos en preparativos de viaje, la tarea diaria se nos hizo más llevadera.

“Seremos veinte los de la expedición” —pensábamos— y por aquella porción menguada de la gran masa que poblaba la ciudad porteña, sentíamos particular simpatía, cuanto era desdén indiferente por el enjambre humano que íbamos a dejar atrás. Qué se nos iba o se nos venía de que los demás se ahogaran o se secaran como pergamino. El sentimiento egoísta que nace de la aglomeración humana en lucha por la existencia era la única muestra de sentir que a mí me daba el corazón.

Con el embarazoso bulto de las tiendas de campaña plegadas hasta lo mínimo, y provisiones de boca hasta para un mes, salimos de la ciudad el 4 de julio, día de aniversario de la independencia norteamericana, día terrible, como del juicio final, hasta para los mismos nacionales. La ciudad estaba envuelta en humo, y aletargada con el monótono crac crac de los cohetes chinos, que a las puertas de las casas quemaban los niños y viejos en señal de patriótico regocijo. Causaba tedio. Nada dice al espíritu del extranjero el sentimiento de un pueblo cuya vida no se ha podido identificar; y eso mismo me acontecía. ¿Qué se me daba de Jorge Washington y sus hazañas en aquel terruño, cuya historia no es la de México y en el cual mis pies solicitaban con recelo el privilegio de pasar?

Por la gran avenida empezaba a agruparse la gente a presenciar el desfile de la parada, y ya las carretas, empavesadas del comercio que éste suele enviar como reclamo, aguardaban su turno metidas en una y otra acera.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 56 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

Nombrar la desolación

Eduardo H. González


Poesía



 CIUDAD INFECUNDA


I
De asfalto hinchada,
la sustancia voraz demuele la arquitectura.
Edificada bajo ansiedades disolutas,
entre el escarnio de las manos furibundas,
la arquitectura es la hija hendida
de la ciudad infecunda.
Sonámbula ante el reclamo
de la permanencia,
la arquitectura cede al arbitrio
de la animosidad absoluta.

Servil,
cripta lícitamente abierta en la disforme
virulencia de los peatones.
Mínima,
el regocijo abastece las dádivas,
el rencor, el ocio hostil.

La ciudad acoge inmortales tragedias,
sólidas conflagraciones como disparos.

Cede la ciudad,
decimonónica
y trémula.

La ciudad revela largas decadencias
en que la arquitectura gesticula:
sus muecas desgajan el tiempo,
urden la inclemencia y la bastedad…




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6 págs. / 10 minutos / 33 visitas.

Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.

La ciudad condenada

John R. Carling


Novela, Romance, Histórico, Judío, Romano


Obra original: The Doomed City – John R. Carling, 1910. En dominio público.

Edición: Traducción independiente realizada por Fernando Guzmán. (CC BY 4.0).





CAPÍTULO I

UNA BODA MISTERIOSA


La luz púrpura del atardecer había caído sobre la costa siria cuando Crispo, con paso rápido y oscilante, recorría la bien trazada calzada que conducía hacia el sur, a la majestuosa ciudad de Cesarea, capital romana de Judea.


Evidentemente amaba el ejercicio de caminar, pues, si lo hubiera deseado, podría haber cabalgado: a una distancia respetuosa lo seguía, conducido por un par de esclavos, su rheda de dos caballos, un carro de viaje de bronce esculpido, provisto de toldo de cuero y cortinajes de seda, que contenía el equipaje necesario (llamado con propiedad impedimenta por los romanos) que un hombre de gustos sencillos requeriría en un largo trayecto.


Crispo, de unos veinticinco años, tenía una figura poderosa y a la vez graciosa, ojos de un gris profundo, cabello rizado de tono bronceado y un rostro hermoso, tan nítido como si hubiera sido esculpido en mármol; un semblante cuya pureza de tez hablaba de pureza de vida —virtud rara en aquella época—; un rostro cuya mirada ardiente y aguda prometía que su dueño había nacido para alcanzar distinción, si es que no la había alcanzado ya. “Un romano antiguo”, se diría al verlo, pues aún se aferraba al uso de la majestuosa toga, que en el primer siglo estaba siendo rápidamente sustituida por la túnica griega; además, el anillo en su dedo no era de oro, sino de hierro, conforme a la antigua costumbre.



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324 págs. / 9 horas, 27 minutos / 57 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

El hombre de las arañas

Roger D. Aycock


Fantasía, Misterio, Relato


Traducción indepenciente por Fernando Guzmán CC BY4.0-----------------

Con demasiada modestia, creemos, Roger Dee ha intentado sacudirse su indudable parentesco con Saki —ese maestro supremo de la fantasía caprichosa— en esta excursión exuberante y sobrecogedora hacia un reino tan oscuramente misterioso como irresistiblemente encantador.

Las arañas de Adrián quizá te hagan estremecer la piel. Pero predecimos que te agradará Adrián mismo tanto como al señor Marcus, y que te alegrarás de su triunfo.


Probablemente exista más de una manera de curar una trágica adicción al alcohol. Pero el método de Adrián fue tan escalofriante como ver a Medusa sonriendo.


------------------
Cuando el Sr. Marcus —quien durante cuarenta años había vendido artículos de novedad a tiendas de curiosidades y, por lo tanto, había perdido la capacidad de asombro ante la imprevisibilidad humana— regresó a Maysville en el tren de las 8:04 para su semana habitual de ventas en abril, se dirigió de inmediato a la casa de huéspedes de la Sra. Ponder y encontró a Kitty tocando a Delibes en el piano de la sala.

Era casi como volver a casa, pensó el Sr. Marcus con una inusual punzada de nostalgia. Se detuvo un momento en el umbral, con su maleta, el maletín de muestras y su inevitable paquete de libros en la mano, para escuchar.

"Tierna" era la palabra adecuada para describir a Kitty, con su toque fresco y seguro sobre el tema de Delibes, sus claros ojos ciegos y su recogido cabello rubio que apenas rozaba sus hombros. Y desperdiciada, pensó el Sr. Marcus, con toda su belleza y talento relegados a la oscuridad en la lúgubre distinción del hogar de su madre.

Si él fuera treinta años más joven...


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12 págs. / 22 minutos / 33 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Un rayo de luna

Laura Méndez de Cuenca


Cuento


No era una noche tibia de primavera, de esas noches impregnadas de perfumes de Oriente, cielo gris perla, nubes encarrujadas y esfumadas hacia el horizonte, cuando el misterioso rayo de luna llenó mi alma de emoción hasta entonces no sentida.

Bien segura estoy de que las ráfagas de octubre, echando a mala parte el pudor de los tiernos arbustos, desnudábalos sin preocuparse de la suerte de los pobrecitos gorriones que entre hojas y capullos diéranse a fabricar palacios góticos, castillos señoriales y hasta chalets a la moderna usanza. También creo recordar que las estrellas temblaban, al través de ligerísima bruma, con esa trémula palpitación de las vírgenes bajo el albo velo nupcial. Sirio, la reina Sirio, sobresalía en blancura brillante y luminosa en medio de todas las otras rojas, verdes y azules que decoraban el espacio. El cielo teñido suavemente entre azulado y verdoso tiraba a superficie de mar, pero un mar alegre y sereno; y hasta se me alcanza que las demás estrellas han de haber estado hechas una furia de celosas: cierto que resplandecían; mas con ese fulgor siniestro de las miradas de una mujer en presencia de su rival.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 50 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

Pequeñas islas

Melba Guariglia


Poesía


En el desorden del mar, pequeñas islas.



Sitio y tiempo

sitio y tiempo fluyen simultáneos

próximo en-seguida lugar después ola tras ola

instancias disgregadas en pura arena





Una lápida y su epitáfio

una lápida y su epitafio

sorpresa de seguir vivos

en la brevedad

de un adiós




Luna menguante

luna menguante

última llamada

espacio en blanco

inhabitable

el frío es muy frío



Calles verticales

calles verticales

puertas como torres

la imagen del lenguaje

el mar en la boca

dejaré huellas en todos los zaguanes




En el recorrido

en el recorrido

abolir la circunstancia

cautivarse.

durar

durar

mientras tanto alrededor...



Textos tardíos

Textos tardíos la furia del alfabeto

escribo en el humo

tropezando

derrumbes de agua en el río

se oye

el rumor de la niebla




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1 pág. / 3 minutos / 29 visitas.

Publicado el 24 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

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