Meditaciones
Marco Aurelio
Filosofía
Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 4.020 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Mostrando 1 a 10 de 37 textos encontrados.
Dominio público
153 págs. / 4 horas, 28 minutos / 4.020 visitas.
Publicado el 8 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Traducción de uso libre
—¡Mire! Está… está en mi bolsa de viaje, allí. La cosa… aquello ante lo cual el mundo entero quedará asombrado
El hombre, delgado, de rostro pálido y barba gris, que yacía de espaldas en la cama, hizo un esfuerzo por incorporarse ligeramente y, con un dedo huesudo, señaló su resistente aunque maltrecha bolsa de cuero, arrinconada en un extremo de la pequeña habitación del hotel.
Creative Commons
247 págs. / 7 horas, 13 minutos / 25 visitas.
Publicado el 12 de agosto de 2026 por Fernando Guzmán.
Dominio público
225 págs. / 6 horas, 34 minutos / 197 visitas.
Publicado el 21 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Creative Commons
270 págs. / 7 horas, 53 minutos / 127 visitas.
Publicado el 25 de mayo de 2026 por Fernando Guzmán.
El pronóstico
del sueño previene de un río amargo de fantasmas en las sienes y un
correr entre escenarios. Serán las próximas horas de aguaceros en
las manos y una voz desconocida
que vendrá de tres a cuatro.
Clara inestabilidad
a la altura de los cráneos
y un relato
en blanco y negro que dirá entre saltos algo.
Serán nubes en los
dedos recuerdos desmenuzados, bloques para el día a día
de un
presente diluviando. Llegará el persecutor
en las lluvias del
espanto; tal vez no te dará alcance mas no podrás alejarlo. Vendrá
azul de boca a pecho cual viento desde un pasado, un calor en
granizada
y un beso que sabe a plagio. Una música de
cielo
—más relámpago que canto y más cántaro que
mar— moverá el mordido labio. Inundado el pensamiento inventará
algún presagio como una voz en los ojos
o un escombro
decorado.
24 de septiembre de 2023
OLAS INMERECIDAS
Ya no hay mar,
para
estos ojos ciegos ya no se siente el mar,
si acaso todavía
ruge a lo lejos
la canción de olas inmerecidas,
y aún
deja el aire en nuestra ropa
el nombre del agua sibilante.
Y
cómo nos grita el sin sentido
de las huellas en la arena
cuando
al mediodía el mar intenta sin nosotros la gravedad de otros huecos
planetarios.
Y hacia estos se empeña el mar
con terrena
humedad de cangrejos y horizontes.
Con gracia se
esfuerza cabalgando
sobre el amor de un millón de trotes
marsupiales
Son culpables todas estas manos solitarias,
voluntariosas en
palpar desde lejos
lo que exige amor con nuestros poros,
que
marchó el gran mar de las sirenas hacia la otra cara prometida del
silencio.
18 de septiembre de 2023
Dominio público
33 págs. / 58 minutos / 76 visitas.
Publicado el 3 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.
Creative Commons
272 págs. / 7 horas, 56 minutos / 60 visitas.
Publicado el 16 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Creative Commons
3 págs. / 5 minutos / 43 visitas.
Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Edición: Traducción y prefacio editorial por Fernando Guzmán, CC0. La presente edición se ofrece como contribución editorial abierta, libre de restricciones de uso.
Prefacio Editorial
En 1873, la escritora estadounidense Celia Thaxter publicó Among the Isles of Shoals, una obra que pronto se convirtió en su libro más reconocido. Nacida y criada en las pequeñas islas frente a la costa de Nueva Inglaterra, Thaxter convirtió sus recuerdos y observaciones en una crónica poética y entrañable de la vida isleña.
El texto, que había aparecido primero en la revista The Atlantic Monthly, fue recibido con entusiasmo por figuras de la talla de Charles Dickens, quien lo calificó de “admirable”, y por el periodista Horace Greeley, quien lo consideró “lo mejor en prosa que había leído en mucho tiempo”. Su éxito fue tal que se vendió en ediciones populares en estaciones de tren, convirtiéndose en un retrato cultural accesible para el público de la época.
Más que una guía o un tratado histórico, este libro es un canto a la naturaleza y a la vida sencilla: describe tormentas, naufragios, paisajes marinos y la cotidianidad de los pescadores con una sensibilidad poética que refleja la doble vocación de Thaxter como narradora y poeta. Sus páginas transmiten tanto la dureza como la belleza de habitar un espacio aislado, donde la naturaleza dicta el ritmo de la existencia.
Para el lector hispanohablante contemporáneo, Among the Isles of Shoals ofrece una ventana al siglo XIX norteamericano, a la vez que conserva un carácter atemporal. Es un testimonio de cómo la literatura puede convertir un rincón geográfico en un símbolo universal de resistencia, contemplación y pertenencia.
Dominio público
125 págs. / 3 horas, 40 minutos / 37 visitas.
Publicado el 12 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
Era una amplia estancia, de techo alto y ricamente amueblada. Sus dos ventanas daban a un parque cuyos altos árboles se alzaban demasiado cerca de la casa. Un biombo apenas lograba aislar del resto de la habitación la cama, colocada en el centro, donde yacía una joven. Su cabello castaño, cuidadosamente trenzado y extendido sobre la almohada, formaba una especie de aureola alrededor de su cabeza. Su rostro, aunque contraído por el dolor, conservaba belleza; las cejas fruncidas dibujaban una línea recta. De sus labios finos y bien delineados escapaba, de vez en cuando, un gemido, y bajo la sábana que la cubría se adivinaba cómo su cuerpo se tensaba.
Junto a la cama permanecía un grupo de personas atentas: un anciano vestido de frac, con una condecoración prendida en la solapa; un hombre más joven, de expresión inteligente, con bata blanca; y dos enfermeras. En la hora en que toda mujer, herida en su cuerpo y en su pudor, tiene derecho a permanecer sola, varias personas rodeaban a aquella mujer que sufría. Pertenecía, en efecto, a una casta en la que ni el dolor ni la alegría podían mantenerse en secreto, y la emperatriz de Austria, Isabel, de apenas veinte años, estaba obligada a dar a luz en público.
Junto a una de las ventanas se encontraba un hombre bajo y rechoncho, de piernas cortas: Su Alteza Imperial y Real, el archiduque Raniero. Conversaba en voz baja con el consejero íntimo Carlos Fernando, conde de Buol-Schauenstein. Otros tres personajes, vestidos con uniforme, contemplaban en silencio el parque y sus avenidas rectas, ya cubiertas por las sombras del atardecer. Dos damas, sentadas en un rincón, cuchicheaban entre sí.
Creative Commons
169 págs. / 4 horas, 57 minutos / 20 visitas.
Publicado el 26 de julio de 2026 por Fernando Guzmán.
Quedó resuelto que saldríamos a veranear. Nos lo pedían los huesos helados por la incesante lluvia del invierno, los músculos ateridos clamaban por un poco de sol, los ojos cansados de la inmensidad gris del mar anhelaban salir de lo verde en la campiña y el matiz de las gayas flores. Mientras llegó el día de la marcha y nos ocupamos en preparativos de viaje, la tarea diaria se nos hizo más llevadera.
“Seremos veinte los de la expedición” —pensábamos— y por aquella porción menguada de la gran masa que poblaba la ciudad porteña, sentíamos particular simpatía, cuanto era desdén indiferente por el enjambre humano que íbamos a dejar atrás. Qué se nos iba o se nos venía de que los demás se ahogaran o se secaran como pergamino. El sentimiento egoísta que nace de la aglomeración humana en lucha por la existencia era la única muestra de sentir que a mí me daba el corazón.
Con el embarazoso bulto de las tiendas de campaña plegadas hasta lo mínimo, y provisiones de boca hasta para un mes, salimos de la ciudad el 4 de julio, día de aniversario de la independencia norteamericana, día terrible, como del juicio final, hasta para los mismos nacionales. La ciudad estaba envuelta en humo, y aletargada con el monótono crac crac de los cohetes chinos, que a las puertas de las casas quemaban los niños y viejos en señal de patriótico regocijo. Causaba tedio. Nada dice al espíritu del extranjero el sentimiento de un pueblo cuya vida no se ha podido identificar; y eso mismo me acontecía. ¿Qué se me daba de Jorge Washington y sus hazañas en aquel terruño, cuya historia no es la de México y en el cual mis pies solicitaban con recelo el privilegio de pasar?
Por la gran avenida empezaba a agruparse la gente a presenciar el desfile de la parada, y ya las carretas, empavesadas del comercio que éste suele enviar como reclamo, aguardaban su turno metidas en una y otra acera.
Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 58 visitas.
Publicado el 18 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.