Textos más populares esta semana publicados por Fernando Guzmán | pág. 2

Mostrando 11 a 20 de 39 textos encontrados.


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editor: Fernando Guzmán


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La melodía del terror

Edgar Wallace


Novela, Suspenso, Misterio


 CAPÍTULO I

EL AFICIONADO ROMPECAJAS



La noche del 27 de mayo de 1925, la oficina de Gilderheim, Pascoe y Compañía, comerciantes de diamantes de Little Hatton Garden, no presentó nada fuera de lo común para el agente de policía que patrullaba la zona y que examinó la cerradura y probó la puerta en el curso ordinario de su deber. Hasta las nueve de la noche la oficina había estado ocupada por el señor Gilderheim y su principal empleado, y un oficial de paisano, cuya labor consistía en investigar sucesos inusuales, consideró que la luz encendida en la ventana del primer piso entraba dentro de sus atribuciones y subió para descubrir la razón de aquella presencia. El día 27 había caído en sábado, y era habitual que las oficinas de Hatton Garden quedaran vacías de empleados y propietarios a más tardar a las tres de la tarde.

El señor Gilderheim, un caballero afable, se sintió aliviado al descubrir que el golpe en la puerta que lo había hecho acudir, aferrando un revólver en el bolsillo por si ocurría algún accidente, no producía aventura más alarmante que una conversación con un oficial de policía a quien conocía. Explicó que aquel día había recibido un cargamento de diamantes procedente de una casa de Ámsterdam y que estaba clasificando las piedras antes de retirarse por la noche; y, tras algunas bromas sobre la tentación que sesenta mil libras en diamantes ofrecían al inescrupuloso “hijo de las tinieblas”, el oficial se marchó.

A las nueve cuarenta, el señor Gilderheim guardó las joyas en su gran caja fuerte, ante la cual ardía día y noche una lámpara eléctrica, y acompañado de su empleado abandonó el número 93 de Little Hatton Garden y caminó en dirección a Holborn.


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136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 47 visitas.

Publicado el 30 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

El paso del lobo

William Byron Mowery


Cuento


Sucedió en un desolado tramo de transporte de canoas, a unos treinta kilómetros adentrándose en la naturaleza virgen desde el puesto de la Policía Montada en Bighorn. Le pasó a Sylvia. El desastre se presentó de golpe; fue una desgracia horrible, exactamente como Lorn lo había profetizado cuando le ordenó que no saliera sola a explorar el bosque esa semana.

Cargando su pequeña y elegante canoa de corteza de abedul durante los cien pasos que separaban el punto de desembarque del de partida, Sylvia caminaba por un sendero de osos bajo los enormes pinos amarillos. A su alrededor había señales de peligro que debieron haberla alertado. En la densa y musgosa arboleda a su derecha, un arrendajo canadiense graznaba con furia ante la presencia de algo. Un conejo de nieve, con los ojos saltones de puro susto, salió disparado de entre los arbustos y cruzó su camino de un salto. Una familia de reyezuelos de Sitka lanzaba su agudo "grito de serpiente" ante alguna amenaza acechante, fuera hombre o bestia.

Pero para Sylvia, una chica de ciudad que aún no conocía el lenguaje de esta naturaleza salvaje de las Rocosas del Norte, aquellas señales claras que gritaban "¡Cuidado! ¡Cuidado!" no significaban nada. Y si acaso pensaba en la advertencia de su marido, lo hacía con un desafiante desprecio hacia él por ordenarle no abandonar el puesto mientras él no estuviera.

¡Ella no era una de sus subordinadas bajo su mando! ¡Qué importaba si él era el inspector Hastings; haberse casado con él no significaba que se hubiera enlistado en la Policía Montada!


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20 págs. / 36 minutos / 103 visitas.

Publicado el 22 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

Una era de cristal

W. H.Hudson


Novela, Ciencia ficción


PREFACIO

Los romances del futuro, por muy fantásticos que sean, despiertan en la mayoría de nosotros un interés permanente, aunque leve, ya que nacen de un sentimiento muy común: una sensación de insatisfacción con el orden existente, combinada con una fe vaga o una esperanza en uno mejor que vendrá. La imagen que se nos presenta es falsa; la sabíamos que sería falsa antes incluso de verla, ya que no podemos imaginar lo desconocido más de lo que podemos construir sin materiales. Nuestra atmósfera mental nos rodea y nos encierra como nuestra propia piel; nadie puede presumir de haber escapado de esa prisión. El vasto y desmesurado panorama se extiende ante nosotros, pero, como añade tristemente el poeta, "nubes y tinieblas reposan sobre él". Sin embargo, no podemos suprimir toda curiosidad, ni dejar de preguntarnos unos a otros: ¿cuál es tu sueño, tu ideal? ¿Cuál es tu Noticias del Aquí y Ahora, o más bien, cuál es el resultado del pequeño empujón que tu mano ha dado al viejo juguete de cartón con una docena de cristales de colores como contenido? Y, lo más importante de todo, ¿puedes presentarlo en forma de narrativa o romance que me permita pasar una hora de ocio sin aburrimiento? ¿Cómo, por ejemplo, se compara con otros libros proféticos en la estantería?


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162 págs. / 4 horas, 44 minutos / 100 visitas.

Publicado el 13 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

La pequeña casa en Allington

Anthony Trollope


Novela


 Capítulo 1

El señor de Allington

Por supuesto, había una Casa Grande en Allington. ¿De qué otro modo podría haber existido una Casa Pequeña? Nuestra historia, como su nombre indica, tendrá sus vínculos más estrechos con quienes vivían en el menos digno de ambos domicilios; pero también guardará relación con el más distinguido, y será conveniente que, en primera instancia, dedique unas palabras a la Casa Grande y a su propietario.

Los señores de Allington lo habían sido desde que se tiene noticia en Inglaterra de tales hacendados, al menos tal y como se conocen hoy. De padre a hijo, de tío a sobrino y, en una ocasión, de primo segundo a primo segundo, el cetro había descendido en la familia de los Dale; y los acres habían permanecido intactos, aumentando en valor y no disminuyendo en número, pese a no estar protegidos por ningún mayorazgo ni por una dosis asombrosa de prudencia o sabiduría. Las tierras de los Dale de Allington habían sido colindantes con la parroquia de Allington durante algunos siglos; y aunque, como he dicho, la estirpe de los señores no había poseído una discreción sobrehumana, y quizá no se había guiado en su paso por la vida por principios muy definidos, había habido en ellos tal adhesión a una ley sagrada que ni un solo acre de la propiedad se había separado jamás de las manos del señor de turno.


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Dominio público
781 págs. / 22 horas, 47 minutos / 90 visitas.

Publicado el 2 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

La ciudad condenada

John R. Carling


Novela, Romance, Histórico, Judío, Romano


Obra original: The Doomed City – John R. Carling, 1910. En dominio público.

Edición: Traducción independiente realizada por Fernando Guzmán. (CC BY 4.0).





CAPÍTULO I

UNA BODA MISTERIOSA


La luz púrpura del atardecer había caído sobre la costa siria cuando Crispo, con paso rápido y oscilante, recorría la bien trazada calzada que conducía hacia el sur, a la majestuosa ciudad de Cesarea, capital romana de Judea.


Evidentemente amaba el ejercicio de caminar, pues, si lo hubiera deseado, podría haber cabalgado: a una distancia respetuosa lo seguía, conducido por un par de esclavos, su rheda de dos caballos, un carro de viaje de bronce esculpido, provisto de toldo de cuero y cortinajes de seda, que contenía el equipaje necesario (llamado con propiedad impedimenta por los romanos) que un hombre de gustos sencillos requeriría en un largo trayecto.


Crispo, de unos veinticinco años, tenía una figura poderosa y a la vez graciosa, ojos de un gris profundo, cabello rizado de tono bronceado y un rostro hermoso, tan nítido como si hubiera sido esculpido en mármol; un semblante cuya pureza de tez hablaba de pureza de vida —virtud rara en aquella época—; un rostro cuya mirada ardiente y aguda prometía que su dueño había nacido para alcanzar distinción, si es que no la había alcanzado ya. “Un romano antiguo”, se diría al verlo, pues aún se aferraba al uso de la majestuosa toga, que en el primer siglo estaba siendo rápidamente sustituida por la túnica griega; además, el anillo en su dedo no era de oro, sino de hierro, conforme a la antigua costumbre.



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324 págs. / 9 horas, 27 minutos / 65 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Cuento de guerra

Xosé Ramón Barreiro Fernández


Cuento, Francesada, Galicia


Traducción por Fernando Guzmán 2025


Alrededor de la chimenea del viejo pazo de San Fiz, junto al fuego, en las noches de invierno, mi abuelo Xohan Ramón nos contaba cuentos de luchas, cuentos de guerras, recuerdos de la francesada, que el tío Lourenzo —que había sido cadete de los Reales Ejércitos en sus tiempos jóvenes y luego había comandado una Alarma— le había contado a él, cuando él era como nosotros, en el mismo sitio, alrededor de aquel hogar que era, por la tradición de la casa, el altar donde nos moldeaban el corazón a los de mi casta.
Hoy, en el pazo de San Fiz, ya no arde el fuego en la chimenea ni queda de él más que mis recuerdos. No queda piedra sobre piedra. El desamor de unos y la ruindad de otros deshicieron el pazo y, con el pazo, el hogar.
Uno de aquellos cuentos era de los tiempos de la francesada. Los ejércitos ingleses se retiraban para embarcar a través de La Coruña. Era una retirada trágica... de muerte.
Nuestras Alarmas les ayudaban a salvarse.
El del tío Lourenzo salió para proteger las últimas fuerzas, donde venían los enfermos y los heridos.
En un instante, el ejército gabacho llegó cerca de ellos. Allí no quedaban ya, para luchar, más que unos cuantos hombres de nuestra Alambra; entonces, a la prisa, de cualquier manera, subieron a los heridos a un castro que de allí a poco estaba. Entre aquellos héroes hubo uno que no pudo llegar. La muerte le tenía ya clavadas sus garras: era un alférez galés que moría de dolor y de saudade.
El tío Lourenzo se quedó a su lado; no podía dejar abandonado a aquel hombre que era un hermano de lucha y de cultura, que había venido a ayudarnos y moría por nosotros.
El abuelo Xohan Ramón, cuando nos decía que la Saudade lo era todo para nuestra gente, nos contaba siempre este cuento...
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3 págs. / 5 minutos / 44 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Sonetos y otros poemas

Enrique Floriano


Poesía, Religión



-Gracia de amor- Hay gracia en el amor de los sencillos, gracia donde pensarte lleva a ti; tú, mi razón, mi gozo de vivir, mi anhelo de habitar el paraíso. Te amo con la ilusión de los humildes y su necesidad de asir el cielo. Te amo en mi voluntad de prisionero que ve en tus brazos guardas como esfinges. Te amo con el dulzor de los pequeños que dan lo más feliz de su universo. 14.12.25
-Vientos de alegría- Cuán sabio el corazón del firmamento donde alza catedral tu pensamiento. Habita allí el fulgor de la verdad, allí la luz rebosa entendimiento, y da amor peso a la realidad. Forman tu música vocablos tantos, líricas en sublime cantidad, que hay un mundo de voces para el hombre y un hilo en las esferas de los cantos. No existe beso con mayor renombre que aquel que obsequia tu sabiduría ni un poder que más ruinas desescombre. Hacen coro los vientos de alegría cantando, amor, tu dulce hegemonía.
02.12.2025
-Dulce amor- Tu gran amor nos nutre desde el cielo y llega aquí endulzando la mañana; tiene sabor a luz por la ventana y rico aroma de panal en vuelo. No hay similar caricia sobre el suelo ni vino superior en lengua humana; tu voz en todo pecho exclama: ¡Hosanna! Vocablo como un mundo de consuelo. Tu amor llega con sal del paraíso y un enigma de trigo entre los labios; llega cual agua tierna a mediodía. Ya somos todo lo que el cielo quiso: de tu vergel cosechadores sabios e hijos que tu presciencia prometía.


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6 págs. / 11 minutos / 33 visitas.

Publicado el 19 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

El cuarto rojo

William Le Queux


Novela, Misterio, Suspenso, Detectives


Prefacio


En el corazón de esta novela se esconde una habitación donde convergen los secretos, las sospechas y los temores de una época marcada por la intriga. El cuarto rojo nos introduce en un mundo donde nada es lo que parece, y donde cada sombra proyectada sobre la pared puede ser el eco de una conspiración. William Le Queux, maestro del suspense y pionero del espionaje literario, nos guía por pasillos de incertidumbre, revelando poco a poco los hilos que conectan la ambición, el peligro y la verdad.

Esta obra, publicada en 1909, conserva intacta su capacidad de inquietar y fascinar, como si el cuarto aún estuviera esperando que alguien se atreva a entrar.



Capítulo Uno

Tres hombres inquisitivos




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200 págs. / 5 horas, 50 minutos / 106 visitas.

Publicado el 25 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.

La muchacha del Limberlost

Gene Stratton-Porter


Novela, Drama emocional, Crecimiento personal


Prefacio

Publicada en 1909, La muchacha del Limberlost surgió en una época en que gran parte de los humedales y bosques de Indiana, Estados Unidos, comenzaban a desaparecer debido al avance industrial y agrícola. Su autora, Gene Stratton-Porter, conocía profundamente aquellos paisajes porque pasó años explorándolos y estudiando su flora y fauna.

La novela refleja tanto la sensibilidad naturalista de comienzos del siglo XX como los cambios sociales de la época: la educación femenina, las diferencias de clase y la búsqueda de independencia personal. El Limberlost, inspirado en un pantano real de Indiana, terminó convirtiéndose en uno de los escenarios más recordados de la literatura estadounidense sobre la naturaleza.

En las bastas profundidades del Limberlost —un bosque pantanoso lleno de luz dorada, insectos raros y senderos ocultos— una joven llamada Elnora Comstock busca abrirse camino entre la pobreza, la soledad y el deseo de encontrar un lugar en el mundo. Mientras la naturaleza le enseña paciencia, fortaleza y belleza, Elnora descubre también los misterios del amor, el dolor y el crecimiento del alma.


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378 págs. / 11 horas, 2 minutos / 77 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Fernando Guzmán.

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