El Armario de Caoba
Francisco A. Baldarena
cuento
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Publicado el 13 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 13 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 26 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 16 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
«¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.»
Epicuro
1
Primer día de vacaciones de Frank Sandbucket. Vacaciones que pensaba aprovechar al máximo, por eso al entrar en la habitación no se fijó en nada; ni en las comodidades ni en el paisaje que podía ver desde la ventana, sino que se deshizo de la ropa —solo eso quería.
«Adiós por un mes a los zapatos, al traje y a la corbata.»
Menos de media hora después, descalzo y vistiendo un short de baño y una camisa floreada —que compró, al llegar, en una tienda del aeropuerto—, bajó a la playa y, como cuando era niño, se lanzó a caminar sin descanso hasta que tuviese hambre.
Le habían dicho los empleados del hotel que no debía preocuparse en llevar agua, pues varios arroyos cortaban la playa, despejando sus aguas frescas, cristalinas y, sobre todo, puras en el mar; y también que caminara con calma, de lo contrario daría la vuelta a la isla en un par de horas, a pesar de que en su interior había tantas diversiones como para mantenerse bastante ocupado durante el mes que él pensaba quedarse.
Cerca de una hora de caminata, Franck se deparó, confundido entre la maleza, con un antiguo caserón destartalado, pero todavía conservando un vago vestigio de lo imponente y bello que fuera alguna vez.
—¿Qué tal echar un vistazo? —dijo y se abrió camino por la tupida vegetación que rodeaba la vivienda. La puerta, ligeramente caída a un lado, estaba abierta.
Franck inspeccionó cómodo por cómodo en busca de un souvenir, pero después de unos pocos minutos todo lo que encontró para llevarse de recuerdo fue un botellón de vidrio mugriento, que yacía olvidado sobre una opaca y polvorienta repisa agujereada por las termitas.
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Publicado el 18 de septiembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 15 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 28 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
Vuelve a llamarlo. La verdad es que: Zulema vuelve a intentar comunicarse con él; cosa que lleva haciendo, sin éxito, desde la mañana. Pero nuevamente el silencio…
“¿Con esta van cuántas, diez, quince, veinte veces?” Hace rato que ha perdido la cuenta.
“No está en el trabajo, ni en el club, ni en el bar y, claro, tampoco en el departamento. ¿Dónde está, entonces, ese hijo de mil puta?”
Enciende otro cigarrillo con la colilla del que acaba de consumir, y la humareda de las primeras bocanadas forman una niebla azulada que le cubre la cabeza y tras la cual larga una certeza:
“¡Con otra, seguro! Con una nueva conquista, como hasta el último día de su vida.”
Piensa en el cuello de Ramiro y aprieta los puños con todas sus fuerzas.
“¡Ese va a perder hasta el último pelo, pero no las mañas! Ya lo veo en un hospital, antes del último suspiro, agarrándole la mano a una enfermerita tonta; pero rubia y tetona, como al degenerado le gusta.”
Llena otro vaso con whisky, esta vez sin hielo y sin soda, y evita mirarse en el espejo del aparador, pues al contrario de la enfermera rubia y tetona de su imaginación, ella tiene senos pequeños. Y la sigue:
“¿Cuántas veces me prometió que era la última aventura? ¿Cuántas veces me dijo, mirándome a los ojos, el muy caradura, que yo soy la única? ¿Y cuántas veces me juró de manos juntas que ya no está para esos trotes? Y, sin embargo… cuando no es un cabello pegado al sobretodo, es la tapa de un lápiz labial debajo del asiento del auto, o las malditas tarjetitas perfumadas en la guantera del auto. Si hasta parece que el hijo de puta me las hace de propósito.”
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Publicado el 29 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 18 de febrero de 2022 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 29 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 6 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .