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editor: Francisco A. Baldarena


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Damián y los Soplidos

Francisco A. Baldarena


cuento



LAS QUEJAS


   ¡Otra mañana de mierda!, se queja María de los Dolores mientras abandona pesadamente la cama, y la queja continúa dando vueltas en su cabeza mientras despierta a los hijos y durante el trayecto a la escuela. Y a la vuelta también: 

   

   "Otra semana esperando el maldito miércoles y él solo ha pensado en sí mismo: cinco miserables minutos de calentura y se acabó lo que se daba. ¡Y yo que me joda!" 

   

   Y entre más "mierda esto" y "mierda aquello", María de los Dolores llega a la casa. 


   Y para completar el drama, mientras toma mate aplastada en el sofá y mastica rabia, María de los Dolores enciende el televisor y lo primero que ve es un comercial de perfume donde un hombre y una mujer se están dando un beso de lo más romántico. A partir de ese momento la imagen grotesca y repulsiva de su detestable marido, que veía medio borrosa como vista a través de un vidrio empañado, se vuelve nítida como si lo tuviera parado en frente. Pero la imagen aborrecible no viene sola, viene acompañada de baranda a achuras y a grasa rancia, lo que provoca que su odio, no, ya no es odio lo que siente María de los Dolores, que su aversión hacia él aumente considerablemente. 

   


UNA VISITA INESPERADA 


María de los Dolores está que muerde la bombilla, sin importarse con la dentadura, cuando golpes en la puerta de calle la apartan bruscamente de las negras visiones que perturban su existencia. 


   "¿Quién será?" 


   Larga el mate. 


   Por la mirilla ve que se trata de un hombre. 


   "¡Un hombre!" 


   Algo en su interior se enciende.


   Abre la puerta.


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8 págs. / 15 minutos / 6 visitas.

Publicado el 24 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Indio Iroqués

Francisco A. Baldarena


cuento


Los primeros copos de nieve habían empezado a caer la noche anterior; mientras cenaban John había comentado con su hijo que ese invierno sería más frío que el anterior. Por la mañana Bobby vio a su padre salir del granero conduciendo la carreta con rumbo al bosque, ya blanco de nieve.  

   

   John detuvo la carreta en un punto del bosque donde abundaban los árboles caídos, ató los caballos a un árbol y se alejó con el hacha al hombro. Estimaba que si el invierno fuese tan rudo como pensaba, tendría que hacer un buen acopio de leña; por lo demás, heno para la vaca lechera y alfalfa para el caballo, no necesitaba preocuparse, tenía de sobra. 


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2 págs. / 3 minutos / 4 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Kafka y el Buitre

Francisco A. Baldarena


cuento


El hombre llegó a su casa casi en las últimas, jadeaba tanto y tan desesperadamente que parecía que iba a caer duro de un momento a otro. Se sentía exhausto, agotado, extenuado, consumido, gastado, derrengado, se sentía... se sentía... ¿Qué sé yo cómo se sentía? Digamos que sentía muy mal, pero no tanto como para no hacer lo que había venido a hacer: buscar la escopeta. 

¿Para qué quieres la escopeta, hombre, es que vas a ir a cazar?, le preguntó la esposa, cuando irrumpió en la cocina abrazando una palangana con la colada y lo vio hurgando en el armario donde guardaba además de la escopeta las cañas de pescar y las trampas. 

Más o menos, le contestó mientras sacaba unos cuantos cartuchos de una caja. 

La mujer dejó caer estrepitosamente la palangana en la mesa, de manera que se diera cuenta de que su respuesta no la había convencido, pero é, concentrado como estaba en guardar los cartuchos en diferentes bolsillos, nada respondió. Entonces  la mujer volvió a preguntar: 

¿Y qué clase de animal piensas cazar a esta hora, o no te has dado cuenta que pronto oscurecerá? 

Si me doy prisa cuando llegue todavía habrá un poco de luz. Ésto lo dijo con la atención puesta en los cartuchos que metía en los caños del arma, no en lo que su esposa le preguntaba. Entonces ella se acercó con las manos en la cintura, los ojos achicados y la jeta fruncida, y volvió a reiterarle la pregunta: 

¿Que qué clase de animal piensas cazar a esta hora, te he preguntado? 

Un buitre, respondió apuntando a un buitre imaginario. 

¡¿Un buitre?! ¿Y para qué quieres cazar un buitre, acaso se comen estos bichos asquerosos? La esposa estaba convencida que eso de matar un buitre era otro invento suyo para escaparse a la taberna del viejo Piotr. 

Que yo sepa, no conozco a nadie que haya comido uno, contestó mientras se echaba el arma al hombro. 


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Publicado el 22 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Delfín

Francisco A. Baldarena


cuento


Sergio Agostini emprendía por fin las tan esperadas vacaciones. Hacía tres años que no sabía lo que era un descanso; entre la gerencia de la empresa y la ONG ecologista de la cual era miembro activo su vida era poco menos que vertiginosa. El doctor le había dicho: "Pare ya, o se muere". Lo que significaba que Sergio tendría que olvidarse de la empresa y la ONG por lo menos por dos semanas y pensar en su corazón. 

   “Y nada de salvar pingüinos embadurnados de petróleo ni ballenas encalladas”, le había aconsejado el doctor, antes de abandonar el consultorio. 


El destino elegido para el descanso fue Pinamar; lugar apacible y de acuerdo a lo que Sergio necesitaba. Llegó temprano al hotel, antes de las ocho. A eso de las diez se encaminaba a la playa, a dos cuadras del hotel, cargado como un ekeko boliviano: silla plegable, sombrilla, agua, libro, protector solar, toalla, hielera de telgopor, frutas y los prismáticos. Aún había poca gente en la playa, con lo que le fue fácil conseguir una buena ubicación. Desplegó la silla, extendió la toalla sobre el respaldo, enterró la sombrilla en la arena, acomodó la hielera al lado, se pasó protector y, por fin, se sentó a leer. Pero para las once la playa hervía de gente; el primer indicio de que la elección del lugar para el descanso no había sido buena. Quizás las sierras cordobesas, sin gritos, sin ese pelotazo que le hizo volar el libro de las manos, sin las salpicaduras de arena. 

   ¡Listo! Molesto por el gentío bullicioso, Sergio cerró el libro, agarró los prismáticos y empezó a buscar un lugar con menos gente. 


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2 págs. / 4 minutos / 19 visitas.

Publicado el 21 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Invisibilidad

Francisco A. Baldarena


cuento


Exactamente el mismo día que le declaró su amor a Corina y ella le dijo que lo quería apenas como amigo, Tadeo decidió hacerse mago, pero no como entretenimiento para mantener a Corina alejada de sus pensamientos, mucho menos para olvidarla, ¡eso jamás!, sino para, a través de esa ciencia oculta, conseguir invertir los sentimientos de ella hacia él.


   ¡Y con tantas ilusiones que se había hecho!, pero la respuesta de Corina fue como una patada en el hígado. Y aunque el rechazo tenía todo lo necesario para hacerlo caer en una profunda depresión, o cosa peor como por ejemplo el suicidio, Tadeo se zambulló de cabeza en los oscuros meandros de la magia, la magia verdadera no los trucos de los pseudos magos que embroman a los niños y entretienen a los adultos que aún no han crecido. 


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3 págs. / 6 minutos / 22 visitas.

Publicado el 20 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Navío Fantasma

Francisco A. Baldarena


cuento



EL RECEPCIONISTA LE PREGUNTA EL NOMBRE. 

   

   DANIEL BENICIO, RESPONDE EL HUÉSPED. 


   EL RECEPCIONISTA LO MIRA COMO QUIÉN ESPERA MÁS, Y ESO MÁS ES EL APELLIDO. 


  ¿DANIEL BENICIO DE QUÉ?, LE PREGUNTA.  


   DE NADA MÁS; DANIEL ES MI NOMBRE Y BENICIO MI APELLIDO. 


   AH, ENTENDÍ. ¿PROFESIÓN? 


   CAZADOR DE MARIPOSAS. 


   EL RECEPCIONISTA ARQUEA UNA CEJA CASI IMPERCEPTIBLEMENTE. ANOTA LA INFORMACIÓN ADICIONAL Y SE DA VUELTA HACIA EL TABLERO,  DONDE ESCOGE UNA LLAVE Y SE LA PASA AL HUÉSPED. 


   AQUÍ TIENE. SUBIENDO LA ESCALERA A LA DERECHA, CON VISTA A LA CALLE, COMO PIDIÓ, LE DICE, Y MIENTRAS EL HUÉSPED SUBE LA ESCALERA SE LO QUEDA MIRANDO PREGUNTÁNDOSE CÓMO CAZAR MARIPOSAS PUEDE SER LLAMADO DE PROFESIÓN. DESPUÉS VUELVE A LA REVISTA PLAYBOY QUE OJEABA CUANDO EL HUÉSPED LLEGÓ. 


   DANIEL SUBE LA ESCALERA, DOBLA A LA DERECHA Y SE DETIENE DELANTE DE LA PUERTA "B-3".


   LA HABITACIÓN, NI PEQUEÑA NI AMPLIA Y BIEN ILUMINADA, LE PARECE CONFORTABLE. POR TODO MOBILIARIO TIENE UNA CAMA DE SOLTERO, UNA MESITA DE NOCHE, UNA MESA MÁS GRANDE CON UNA SILLA Y UN PEQUEÑO GUARDARROPAS. UNA PUERTA LATERAL, JUNTO A LA MESITA DE NOCHE, DA ACCESO AL BAÑO. 


   DANIEL LARGA EL MOCHILÓN SOBRE LA CAMA, SE DESVISTE Y SE METE AL BAÑO. 



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3 págs. / 6 minutos / 25 visitas.

Publicado el 18 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Pierre Le Chef

Francisco A. Baldarena


cuento


Pierre Le Chef subió a la terraza, un piso arriba de su habitación, y contempló el paisaje desolado de su ciudad, tanto como lo estaba su alma.  

   

   Mon Dieu, dijo con tristeza. 


   La Torre Eiffel todavía se mantenía en pie, pero se venía abajo; un día abriría la persiana y solo sería un montón de chatarra retorcida y herrumbrada terminando de pudrirse en el piso como el esqueleto de un coloso prehistórico. 


   La mañana estaba soleada, el viento fresco que soplaba desde los alpes suizos había llevado las nubes cargadas de aguas, que cubrían el cielo de París desde hacía algunos días, en dirección al canal de la mancha.


   Un hermoso día para ir de compras, dijo, aspirando profundamente el aire mañanero. 


   Pierre Le Chef salió del Hôtel de la Tour Eiffel, en el distrito de Gros-Caillou, donde se había instalado después del hecho inexplicable que había acabado con todo el mundo, tirando del carrito de compras. Sorteando escombros y ratas callejeras caminó por la Rue de l'Exposition hasta la Rue Saint-Dominique donde torció a la derecha hasta la Rue Jean Nicot. Unos metros más adelante, entró en el Supermercado G20. 


   Cargó en el carrito algo de carne congelada de la cámara fría, y del depósito que había condicionado para la charcutería tomó queso, salames y un frasco de aceitunas, y por último, en la parte trasera del supermercado le puso más combustible al depósito del generador eléctrico.  


   A la vuelta, por la vereda opuesta, hizo una pequeña parada en el Carrefour city, de allí salió con salsas, luego de inspeccionar el generador. Más adelante entró en Le Malabar, por una botella de coñac. 


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4 págs. / 7 minutos / 32 visitas.

Publicado el 16 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Donde hay Necesidad hay Oportunidad

Francisco A. Baldarena


cuento


Después de lavarse la cara y cepillarse los dientes, Dios se trasladó a su despacho. Mientras pasaba por los largos pasillos del palacio, le extrañó el silencio y la quietud fuera de lo común a esa hora. No que el bullicio y el movimiento diarios fueran a compararse con los de la tierra, pero tampoco al de un mausoleo, que es lo que parecía. Y más extrañado quedó al abrir la puerta del despacho: una avalancha de hojas de impresora lo empujó contra la pared a sus espaldas, cubriéndolo por completo. Dios asomó la cabeza entre las hojas y se quedó atónito (sí, aunque parezca mentira) al ver como el fax seguía escupiendo hojas al aire como si fuera una barredora de nieve, con un clac-clac incesante y ensordecedor. 

   Dios se desgañitó llamando a su secretario particular, pero éste no apareció; así como nadie más para ver qué quería el gran jefe. Entonces se dirigió a la cantina. Allí las mesas estaban vacías, y en la cocina las ollas se aburrían sobre las hornallas apagadas. Volvió a desgañitarse llamando al jefe de los cocineros; su voz resonó contra las paredes con un realismo inusual, pero ni así el cocinero jefe apareció. 


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2 págs. / 3 minutos / 40 visitas.

Publicado el 15 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Carga Peligrosa

Francisco A. Baldarena


cuento



Un punto a lo lejos empezó a hacerse visible en la ruta solitaria. Dentro de la Van, los dos hombres hablaban animadamente. 


   Te lo dije, Valdemar, acá estamos a salvo. ¿Viste cómo funcionan las cosas en Argentina? Tomá para la birra, le dice uno al milico y él responde, gracias negrito, buen viaje, dijo Juan Carlos, sonriendo con sorna.


   É a mesma coisa que no Paraguai, contestó el brasilero. 


   Bueno, algunas horitas más y listo, ¡a llenarse los bolsillos de plata!, festejó Juan Carlos. Ambos compinches saboreaban por anticipado la fortuna que les reportaría la carga que traían en la parte trasera de la Van. 


   Tengo sed, ¿qué tal una birra?, dijo Juan Carlos, señalando un parador a medio kilómetro. 



Recostado contra la pared, el dueño del parador escrutaba la ruta de un extremo a otro. 


   Atento, che, dijo, golpeando el vidrio de la ventana a su espalda, apenas avistó un vehículo asomando en el horizonte. 


   ¿Qué pasa?, preguntó un muchacho, saliendo a ver qué quería el patrón. El hombre le señaló con la cabeza la ruta. 


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Publicado el 14 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Benjamín Arbelloa y el Hombre en el Laberinto

Francisco A. Baldarena


cuento



El Cuento. 


Benjamín Arbelloa, en un nuevo cuento que se llamará Laberinto, sitúa a un hombre perdido en un laberinto vegetal en  una noche de luna llena. 

"Un hombre cree estar dentro de un sueño y no sabe quién es ni qué hace allí". Así empieza el cuento. 

"El hombre mira al frente y detrás del pasillo gris donde está parado, la claridad de la luna le muestra siempre la misma imagen. Camina sin rumbo, sabiendo que ignora hacia dónde se dirige. 

Al final del pasillo hay otro pasillo que en ambos extremos da en otro pasillo. 

El hombre mira hacia un lado y ve que está mirando exactamente lo mismo que acaba de ver hace un momento, cuando se acercaba a ese pasillo, idéntico al lado opuesto si acaso mire hacia allí. 

No necesita preguntarse dónde se encuentra, ya lo sabe. Entonces sigue, con la convicción de que avanzar es lo mismo que retroceder, o peor, patinar en el mismo lugar.

El hombre aprieta los dientes y sigue adelante, no porque tenga la esperanza de encontrar la salida al final del pasillo ni en el próximo ni en los que le sigan, sino porque está con frío y mantenerse en movimiento es vital. Y así, en ese continuo seguir, doblar, volver a seguir y volver a doblar, avanza y solo eso hace. Nota, entretanto, que lo único que cambia es la posición de la luna, pero siempre repitiendo una cuádruple secuencia de luz y sombra: delante, detrás, a la derecha, a la izquierda. Más de lo mismo en un juego de geometrías reiterativas de nunca acabar". 



Paréntesis. 


Benjamín recuerda que tiene un compromiso ineludible esperándolo en la ciudad. Interrumpe el trabajo, cierra el cuaderno y se marcha. 



En el laberinto.


De pronto la luna desaparece, la luna y las estrellas, como si un paño oscuro hubiese sido puesto por manos invisibles sobre el laberinto. 


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1 pág. / 3 minutos / 39 visitas.

Publicado el 13 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .

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