Textos más descargados etiquetados como Artículo que contienen 'b' | pág. 6

Mostrando 51 a 60 de 66 textos encontrados.


Buscador de títulos

etiqueta: Artículo contiene: 'b'


34567

Un Buen Film "El Hombre De Río Perdido"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Cuando, en la vieja Triangle, Tomás H. Ince producía en silencio una buena cinta por semana, sin que se poseyera entonces la supervisión telescópica y a menudo miope de ahora, House Peters interpretó bajo su dirección y en compañía de Hart, el excelente film Un hombre. 


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 1 visita.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Un Buen Film

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


A veces, y por lo común inadvertida, nos llega una cinta que realiza el ideal de este peregrino nuevo arte. Tal es el caso con La niña de la gran casa, días atrás estrenada en silencio, a semejanza de tantos otros filmes, y que por desidia o falta de comprensión de sus propios productores nos llega, pasa y se apaga sin una sola mención. 


Leer / Descargar texto

Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 1 visita.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Nidau

Marcel Schwob


Artículo


Cerca de Biel, justo encima del oscuro lago de aguas verdes y agitadas y de los juncos que se hunden tristemente en el mismo, apareció a mi vista una torre cuadrada tocada con tejas y luciendo un enorme blasón rojo, cortado oblicuamente por una banda amarilla junto a un furioso oso negro rampante con las fauces abiertas.

La lluvia rayaba los arbustos y crepitaba en las rodadas; una niebla penetrante cubría las montañas del Jura, protuberantes, amenazadoras, erizadas de pinos negros y de finas hayas rojas, como si fueran pinceladas de tinieblas estriadas de sangre. Un siniestro tajo surcaba la arcilla remontando una garganta, entre sombríos bosquecillos y manchas de nieve, con una estrecha cremallera oxidada en cuyos rincones lloraban tripudas vagonetas abandonadas. Las ráfagas silbaban sobre los remolinos verdosos del lago, combando las cañas y estremeciendo los turbios charcos de barro.

Había ahí una vieja casita, recogida bajo su tejado, y detrás de sus ventanucos convexos dormitaban, en polvorientas estanterías, finos libretos de papel amarillento decorados con grabados sobre madera, sencillos y antiguos. Así pude releer los cuentos de Caperucita roja, de Los dos hermanitos, del Pobre Enrique y la triste historia de Blancanieves, en la que hay un espejo que habla. Y también leí la aventura de los tres que llegaron de Ultra-Rin.

BALADA

Llegaron tres desde la otra orilla
Y bajaron hasta la posada.
¡Posadera, cerveza de cebada!
¿Dónde está su blanca chiquilla?

Tengo cerveza fresca y buen vino
Y mi hija descansa ahí tumbada.
Entraron a echar una mirada
Y ahí la vieron, sobre tablas de pino.

El primero el sudario bajó
Y la miró con gran tristeza.
Hermosa niña, si aún vivieras
Conocerías a quien te amó.


Información texto

Protegido por copyright
3 págs. / 6 minutos / 42 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Manos Blancas…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Manos Blancas. Hobart Bosworth y Roberto Mac Kim. —La cinta de este título estrenada en los últimos días reúne a dos hombres de alto valer en el cine que por vez primera, si no recordamos mal, se encuentran con papel descollante en un mismo film. 

Hobart Bosworth y Roberto Mac Kim representan dos tipos característicos en este sentido: que siendo ambos de gallardo continente, buenos mozos (pese a la edad de Bosworth), y de noble fisonomía, prefieren desarrollar sus facultades de expresión en los papeles antipáticos. 


Leer / Descargar texto

Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 2 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Los "Rojos" de Basilea

Marcel Schwob


Artículo


Basilea era una república y una ciudad libre, gobernada por una asamblea de notables, un cónsul y un obispo. Villa diplomática, se asentaba en la ribera baja del Rin, con sus pequeñas casas puntiagudas cubiertas de tejas estriadas en forma de ojivas, con innumerables ventanucos estrechos y enrejados, con sus atalayas de techos pintados de azul y de amarillo, su viejo puente de madera y su monasterio, parecido a una nube colorada y pulida, en el cual San Jorge, vestido de sangre, hunde su lanza en las fauces del dragón de gres rojo.

El Rin, amplio, luminoso y verde, rodeaba la ciudad como si de un malecón se tratara, entre las lejanas montañas nevadas y las pequeñas colinas de Basilea: Leonardberg, Kohlemberg y Munsterberg, hacia donde trepaban las calles empinadas con sus grandes insignias coloridas, calle del Yelmo y calle de la Corona, calle de los Cisnes y calle del Hombre salvaje, cerca del Mercado de los Peces y del León de Piedra que vomita su chorro de agua pura como un arco de cristal.

Ahí había honestas posadas donde mofletudas muchachas servían vino claro en jarras de estaño, donde colgaban trajes y mucetas dejadas como señal. Había una casa consistorial donde se reunían los burgueses con su capa de paño, su camisa de lino crudo, la alianza de oro en el anular, para hacer justicia y dar expeditiva cuenta a los malhechores. Alrededor de la Casa del Consejo dedaleaban callejuelas estrechas y apacibles frecuentadas por tenderetes de escribanos, repletos de pergaminos y de escritorios; por mujeres plácidas de ojos azules y húmedos, con el rostro ajado de ternura, su doble barbilla, tocadas con un pañuelo transparente que a veces velaba también su boca con una tira de tela fina; por muchachas juveniles vestidas de blanco, con pupas en los codos, cinturones de color cereza y que parecían alisarse su larga melena en una rueca; por niños pelirrojos de pálidos labios.


Información texto

Protegido por copyright
3 págs. / 5 minutos / 51 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Los Asesinos

Marcel Schwob


Artículo


La banda a la que Monsieur Goron acaba de echar el guante en Asnières es todo un caso de estudio de asociación criminal. Uno se diría de vuelta a los viejos tiempos del asunto de la calle Temple, que inspiró a Eugène Sue Los misterios de París. La viuda Berlant, del Bulevar Voltaire, no tiene nada que envidiar a la madre de Fifi Vollard, alias Tortillard. Yo no creo que se hayan producido grandes cambios desde entonces, salvo tal vez que los asesinos de la banda Soufflard eran hombres hechos y derechos, entre los treinta y cuarenta años, mientras que los de la banda Berlant aún no han cumplido la veintena. Pero quien quiera hablar de la decadencia de la moral pública se equivoca de caso. No existe hoy en día más cinismo que hace cincuenta años: los niños, en vez de hacer una zancadilla a la víctima para colaborar en el robo, ahora también empuñan el cuchillo, esa es la única diferencia.

Me gustaría señalar precisamente la persistencia de las costumbres criminales. Los asesinos de Courbevoie pertenecen a la vieja escuela, que ha marcado generaciones. Doré, el que planificó el asunto, era aprendiz de carnicero. Que conste que hay carniceros buenos y malos, pero los malos no pueden ser peores. Desde hace más de un siglo, los mataderos aseguran importantes siegas a la guillotina. El populacho del oficio de carnicero aporta auténticos contingentes al ejército del crimen y numerosa escolta al verdugo. Los carniceros, que se codean con las clases peligrosas, han tomado su jerga e incluso la han transformado. La última canción de Aristide Bruant es un monólogo de una «tipa de loucherbème» que se ha hecho tanto a las costumbres de su amante que promete a otra pájara «plantarle un bardeo en la chepa».


Información texto

Protegido por copyright
4 págs. / 7 minutos / 57 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Laplace Y Biot

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Cuando Laplace, creador de la teoría de la formación de los mundos por la nebulosa original, gozaba ampliamente de la fama a que su gente le hacía acreedor, fue solicitado por sus colegas del Instituto de Francia para dictaminar sobre cierta memoria que un joven poco menos que desconocido había leído en el Instituto.

Versaba aquélla sobre cuestiones astronómicas: sabíase que su autor se llamaba Juan Bautista Biot, y que era aficionado a la geometría; pero de su penetración, de su ánimo esforzado, de su entusiasmo, se ignoraba todo.

Ahora bien, esta penetración y este entusiasmo encantaron al gran Laplace. El Joven estudiante presentaba una serie de problemas de orden superior, que llamaríamos "Integración de las ecuaciones en las diferencias parciales". Lo que es más feliz todavía, presentaba también las soluciones de dichos problemas, con lo que se venía a descubrir y demostrar una nueva ley astronómica.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 7 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Psicología del Trilero

Marcel Schwob


Artículo


Detrás del puente de Caulaincourt se extienden solares, rodeados de ruinas. La ciudad es ahí salvaje, las casas son dispares y están apresuradamente encaladas; a veces el camino, cortado por hoyos, serpentea entre cabañas. Los cabarés son chozas de ramas reforzadas con tierra seca. Hay tabernas con ventanales en tres de sus caras, muchos de cuyos cristales, rotos a puñetazos, están cubiertos de papel. La barra está vacía, y lo único que se ve en la pared desnuda es la ley Giffre. Las botellas están en la trastienda. Cuando entras, el jefe aparece, revólver en ristre; con una mano te sirve y con la otra te apunta con la pipa para que salte la moneda. Los vagabundos consumen en los bancos, a la luz de una vela; tan sólo se oye la lluvia golpeando las ventanas, el viento empujando las planchas y, de vez en cuando, una ventana de papel que se rompe.


Información texto

Protegido por copyright
4 págs. / 8 minutos / 147 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La Ejecución

Marcel Schwob


Artículo


La ejecución

Noche lívida, niebla estrellada de farolas de gas, luces rojas en los marcos de las ventanas alrededor de la plaza de la Roquette; tal es el decorado de la muerte de Eyraud. Una muchedumbre turbulenta se agolpa en las aceras, en la calle inclinada; se oyen murmullos difusos y relinchos de caballos. Entonces se recortan con viveza las siluetas de los gendarmes, con las botas calzadas en los estribos, manteniendo a los caballos de frente y en fila.

Entre los rostros del público destaca el poeta Rodolphe Darzens, que se inclina hacia delante con avidez; Monsieur de Winter, plantado en primera fila, con su uniforme gris, un gorro hasta las orejas y un fino bigote retraído, contempla la escena con sus ojos claros. ¿Acaso ha venido a inspirarnos con el alma rusa, amplia y piadosa, el alma de Turguenev, que quiso retratar la ejecución de Troppmann, o el alma de Dostoievski, que se apiadó del estudiante Rodion? No lo parece.

Ha asistido a la toilette del condenado con su impasibilidad de andarín infatigable, que arrastraba periodistas a su paso, como los perseguidores del Judío Errante, a través de la ventisca invernal. Se trata de un sportman que está en la plaza para asistir a un tipo de muerte desconocido para él. En Rusia existe la horca y el knout, así que tiene curiosidad por conocer el suplicio típico de los franceses, que tal vez sean para él esos extraños habitantes de Occidente. Se llevará a su patria una visión clara de la máquina que, llegada del Extremo Occidente, estremeció antaño a Europa.


Información texto

Protegido por copyright
4 págs. / 7 minutos / 51 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

“Jazz-Band” Latina

Horacio Quiroga


Artículo


En pos de la oda con que a comienzos de la guerra mundial Rudyard Kipling cantó las esperanzas de fusión de Inglaterra y Francia ante la barbarie que representaba el imperio germánico —ha llegado por fin la hora, dijéronse los ingleses, de que esa raza decrépita asimile de nosotros fuerzas vitales. —Este es el momento, repitieron los franceses, de refrescar con una gota salvaje nuestra sangre supercivilizada.

Francia, bien se sabe, no necesitaba energías guerreras, pues el valor ha sido siempre patrimonio de las razas en decadencia. Hacíanle falta ideales más frescos, más próximos, más serios, como la vida cotidiana que marcha a nuestro lado. La ciencia gala no merecía sino elogios. La inteligencia, como el valor, permanecían incólumes.

No pasaba lo mismo con el espíritu, cuya expresión práctica, por decirlo así, se resuelve en la comprensión de la vida, y cuya parte lírica se expande en alas del arte.


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 5 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

34567