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Nidau

Marcel Schwob


Artículo


Cerca de Biel, justo encima del oscuro lago de aguas verdes y agitadas y de los juncos que se hunden tristemente en el mismo, apareció a mi vista una torre cuadrada tocada con tejas y luciendo un enorme blasón rojo, cortado oblicuamente por una banda amarilla junto a un furioso oso negro rampante con las fauces abiertas.

La lluvia rayaba los arbustos y crepitaba en las rodadas; una niebla penetrante cubría las montañas del Jura, protuberantes, amenazadoras, erizadas de pinos negros y de finas hayas rojas, como si fueran pinceladas de tinieblas estriadas de sangre. Un siniestro tajo surcaba la arcilla remontando una garganta, entre sombríos bosquecillos y manchas de nieve, con una estrecha cremallera oxidada en cuyos rincones lloraban tripudas vagonetas abandonadas. Las ráfagas silbaban sobre los remolinos verdosos del lago, combando las cañas y estremeciendo los turbios charcos de barro.

Había ahí una vieja casita, recogida bajo su tejado, y detrás de sus ventanucos convexos dormitaban, en polvorientas estanterías, finos libretos de papel amarillento decorados con grabados sobre madera, sencillos y antiguos. Así pude releer los cuentos de Caperucita roja, de Los dos hermanitos, del Pobre Enrique y la triste historia de Blancanieves, en la que hay un espejo que habla. Y también leí la aventura de los tres que llegaron de Ultra-Rin.

BALADA

Llegaron tres desde la otra orilla
Y bajaron hasta la posada.
¡Posadera, cerveza de cebada!
¿Dónde está su blanca chiquilla?

Tengo cerveza fresca y buen vino
Y mi hija descansa ahí tumbada.
Entraron a echar una mirada
Y ahí la vieron, sobre tablas de pino.

El primero el sudario bajó
Y la miró con gran tristeza.
Hermosa niña, si aún vivieras
Conocerías a quien te amó.


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3 págs. / 6 minutos / 42 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Una Serpiente De Cascabel

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento



Cuando no ha mucho el ilustre naturalista Ángel Cabrera hacía notar en un artículo local la escasa probidad con que los literatos observan en general a los animales que prestan asunto para sus fantasías, he pensado en aquella ocasión en la parte que a mí podría tocarme de tal culpa. Yo me he ocupado con interés, lo confieso, y no una sola vez, de pájaros, perros, hormigas y hasta de un dinosaurio guayrense. Salvo en lo que concierne a este ser u otros similares, creo de buena fe haber aportado a la observación de los demás animales toda la probidad de que soy capaz. Si una larga convivencia con aquéllos en su ambiente resta méritos a dicha probidad, no es menos cierto que he debido con frecuencia resistir a la tentación de decorar artificialmente mi fauna. He hablado de lo que he visto. Mas si así y todo mi nombre figura en las listas improbas del doctor Cabrera con más puntos negros de los que creo merecer, doy entonces un paso atrás y cedo mi lugar a un colega cien veces más ilustre en la escala literaria.


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Publicado el 12 de agosto de 2026 por Brian.

Sensaciones De Acrobacia Aérea

Horacio Quiroga


Artículo


Desde hace un rato estoy mirando poner a punto el motor del Curtiss en que debemos hacer la vrille. No hay hoy persona que ignore el significado de estas expresiones extranjeras, tan gratas a los deportes y a la aviación en particular. La vrille consiste en la caída cabeza abajo del aeroplano, taladrando el aire. Barrena o tirabuzón: cualquiera de estas dos espirales da idea perfecta del fenómeno.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 6 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Ante el Tribunal

Horacio Quiroga


Artículo, crítica


Cada veinticinco o treinta años el arte sufre un choque revolucionario que la literatura, por su vasta influencia y vulnerabilidad, siente más rudamente que sus colegas. Estas rebeliones, asonadas, motines o como quiera llamárseles, poseen una característica dominante que consiste, para los insurrectos, en la convicción de que han resuelto por fin la fórmula del Arte Supremo.

Tal pasa hoy. El momento actual ha hallado a su verdadero dios, relegando al olvido toda la errada fe de nuestro pasado artístico. De éste, ni las grandes figuras cuentan. Pasaron. Hacía atrás, desde el instante en que se habla, no existe sino una falange anónima de hombres que por error se consideraron poetas. Son los viejos. Frente a ella, viva y coleante, se alza la falange, también anónima, pero poseedora en conjunto y en cada uno de sus individuos, de la única verdad artística. Son los jóvenes, los que han encontrado por fin en este mentido mundo literario el secreto de escribir bien.

Uno de estos días, estoy seguro, debo comparecer ante el tribunal artístico que juzga a los muertos, como acto premonitorio del otro, del final, en que se juzgará a los "vivos" y los muertos.

De nada me han de servir mis heridas aún frescas de la lucha, cuando batallé contra otro pasado y otros yerros con saña igual a la que se ejerce hoy conmigo. Durante veinticinco años he luchado por conquistar, en la medida de mis fuerzas, cuanto hoy se me niega. Ha sido una ilusión. Hoy debo comparecer a exponer mis culpas, que yo estimé virtudes, y a librar del báratro en que se despeña a mi nombre, un átomo siquiera de mi personalidad.


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3 págs. / 5 minutos / 205 visitas.

Publicado el 29 de octubre de 2022 por Edu Robsy.

Espectros Que Hablan

Horacio Quiroga


Artículo


Una que otra vez vale la pena recordar las definiciones de arte, en particular cuando su concepto peligra, como es el caso con el cinematógrafo, arte realista y mudo por excelencia, que por obra de factores diversos amenaza convertirse en arte espectral y hablado.

El cinematógrafo comenzó remedando a la pantomima, creció imitando al teatro, para adquirir luego, cuando su talla le permitió avanzar sin tutelas, una personalidad marcadísima, tan lejos de la pantomima inicial como de la escena hablada. Mientras el concepto artístico del movimiento, el gesto y la expresión del teatro primó sobre las calidades aún débiles y obscuras del cine, éste se arrastró lánguidamente por las pantallas, extenuado prematuramente por el recargo de la intención, por la violencia de las gesticulaciones, por el peso de las leyendas o títulos, que en vez de dar pie al juego fisonómico, lo avanzaban entero de antemano, en una lamentable literatura cuya cursilería persiste todavía en las cintas de hoy.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Los "Rojos" de Basilea

Marcel Schwob


Artículo


Basilea era una república y una ciudad libre, gobernada por una asamblea de notables, un cónsul y un obispo. Villa diplomática, se asentaba en la ribera baja del Rin, con sus pequeñas casas puntiagudas cubiertas de tejas estriadas en forma de ojivas, con innumerables ventanucos estrechos y enrejados, con sus atalayas de techos pintados de azul y de amarillo, su viejo puente de madera y su monasterio, parecido a una nube colorada y pulida, en el cual San Jorge, vestido de sangre, hunde su lanza en las fauces del dragón de gres rojo.

El Rin, amplio, luminoso y verde, rodeaba la ciudad como si de un malecón se tratara, entre las lejanas montañas nevadas y las pequeñas colinas de Basilea: Leonardberg, Kohlemberg y Munsterberg, hacia donde trepaban las calles empinadas con sus grandes insignias coloridas, calle del Yelmo y calle de la Corona, calle de los Cisnes y calle del Hombre salvaje, cerca del Mercado de los Peces y del León de Piedra que vomita su chorro de agua pura como un arco de cristal.

Ahí había honestas posadas donde mofletudas muchachas servían vino claro en jarras de estaño, donde colgaban trajes y mucetas dejadas como señal. Había una casa consistorial donde se reunían los burgueses con su capa de paño, su camisa de lino crudo, la alianza de oro en el anular, para hacer justicia y dar expeditiva cuenta a los malhechores. Alrededor de la Casa del Consejo dedaleaban callejuelas estrechas y apacibles frecuentadas por tenderetes de escribanos, repletos de pergaminos y de escritorios; por mujeres plácidas de ojos azules y húmedos, con el rostro ajado de ternura, su doble barbilla, tocadas con un pañuelo transparente que a veces velaba también su boca con una tira de tela fina; por muchachas juveniles vestidas de blanco, con pupas en los codos, cinturones de color cereza y que parecían alisarse su larga melena en una rueca; por niños pelirrojos de pálidos labios.


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3 págs. / 5 minutos / 52 visitas.

Publicado el 28 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

No Dejar Solo a Ningún Hombre

Miguel Hernández


Artículo, crónica


Entro en las trincheras a primeros de octubre, incorporado a las entonces escasas fuerzas del «Campesino». Me siento orgulloso de haber peleado mandado por este hombre inaudito.

Barón de Extremadura, se levanta contra el cielo ensangrentado de la guerra como un bloque viril y puro. Le veo como un herrero forjador de temples heroicos, victorias, verdades y justicia. Su presencia da fortaleza, y su aliento austero derriba, huracanado, las debilidades y los robles que se le ponen por delante. Es uno de los dirigentes y defensores más apasionados del pueblo. Lleva muchas heridas por dentro, y no repara en las que las balas cuelgan sobre su piel blindada. Su humanidad titánica ha probado, sin desfallecer, las losas, las miserias y los atropellos de todas las cárceles y carceleros de la España negra; en todos los pueblos ha sido apaleado y perseguido por comunista. A los dieciséis años de su vida torrencial ya había derribado de muerte a varios burgueses y fue condenado a la horca. Se escapaba de todas las prisiones, burlaba a los celosos guardianes del capitalismo, rompía a dentelladas cerrojos y cadenas. Se metía en las minas a despertar y a propagar la libertad entre los mineros. Fue marino, picapedrero, labrador, y llevaba a los campos y a las aldeas una voz enardecida y emocionada para los trabajadores y un salivazo irritado para los que oprimían.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 35 visitas.

Publicado el 30 de enero de 2026 por Edu Robsy.

La Industria Azucarera Del Bosque

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


En el bosque, y en la vida de obraje, el peón procura su azúcar de un modo tan elemental como rudo. Después de seis días de incesante trabajo de hacha, desde que el día aclara hasta que se pone el sol, cualquiera creería que el obrajero descansa el domingo. Hay quienes lo hacen así, y su descanso consiste en lavarse profundamente la cabeza, una y mil veces; peinarse, despeinarse, volverse a peinar, más aquella tarea poco habitual es complicadísima para él. Se afeita a veces, y en este quehacer que realza su propia hermosura, el peón ve llegar el mediodía.

Pero el mensú realmente trabajador, y que por razones del mismo esfuerzo gastado no se conforma con el lavado ni con el peine, se lanza al monte al amanecer, husmea aquí y allá, avanza con la vista fija en la cima de los árboles, hasta que descubre lo que quiere: una colmena de "uropa", como llaman ellos a la abeja europea. No siempre está seguro de su colmena; golpea entonces con su hacha el tronco del árbol suspecto, y aplica el oído a él: si el zumbido transmitido desde arriba le llega claro, echa entonces abajo el árbol, y con todas las precauciones del caso, se apodera de la miel, que llega a veces a decenas de kilos. Del total de kilos, 4 o 5 desaparecen inmediatamente en el estómago del mensú; el resto, en los días subsiguientes.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

“Jazz-Band” Latina

Horacio Quiroga


Artículo


En pos de la oda con que a comienzos de la guerra mundial Rudyard Kipling cantó las esperanzas de fusión de Inglaterra y Francia ante la barbarie que representaba el imperio germánico —ha llegado por fin la hora, dijéronse los ingleses, de que esa raza decrépita asimile de nosotros fuerzas vitales. —Este es el momento, repitieron los franceses, de refrescar con una gota salvaje nuestra sangre supercivilizada.

Francia, bien se sabe, no necesitaba energías guerreras, pues el valor ha sido siempre patrimonio de las razas en decadencia. Hacíanle falta ideales más frescos, más próximos, más serios, como la vida cotidiana que marcha a nuestro lado. La ciencia gala no merecía sino elogios. La inteligencia, como el valor, permanecían incólumes.

No pasaba lo mismo con el espíritu, cuya expresión práctica, por decirlo así, se resuelve en la comprensión de la vida, y cuya parte lírica se expande en alas del arte.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 5 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

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