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Mae Marsh...

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Mae Marsh. William Hart. —Muy poco nos ha revelado la última semana, si no es restar un poco de gloria a los grandes ases del film. Mae Marsh y William Hart han hecho lo humanamente posible para salvar sus respectivas cintas; pero la inutilidad del empeño pone una vez más de relieve esta verdad absoluta: de un buen drama siempre queda algo, a pesar de la medianía de sus intérpretes; pero no hay estrella ni sol capaz de salvar un film, si éste no tiene otro exclusivo objeto que lucir a tal o cual actor. Así hemos visto decaer y caer del todo a otros de innegable valer, por el malsano concepto de que un intérprete de arte pueda dar sensación de arte allí donde no lo hay. Y lo lamentable en estos casos es que actores de la talla de la Marsh y de Hart, no marquen una honrosa excepción. 


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2 págs. / 4 minutos / 2 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

"Luchar Hasta Vencer"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La persona que lucha en este film es una muchachita obrera que, torturada por las necesidades de la gran industria que exige criaturas baratas al servicio de las máquinas, las que asimismo se indemnizan cada diez o quince días con una u otra mano aplastada bajo el estampador, logra luchar hasta llevar ante el Senado de su país un proyecto de ley prohibiendo el trabajo infantil en las usinas. La muchacha en cuestión está perfectamente encarnada en Zena Keefe, y las incidencias del filme se desenvuelven sin mayores éxitos de arte. 

Pero lo que en esta obra vale es el tema, desprovisto de las hipocresías artísticas que echan a perder no pocas ideas de corazón. No hay en nuestro filme más tesis, base y asunto que este, encarado con absoluta franqueza. 


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3 págs. / 5 minutos / 2 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Los "Trucs" del Perfecto Cuentista

Horacio Quiroga


Artículo


Días atrás, en estas mismas páginas, comentábamos algunos trucs inocentes a que recurre todo cuentista que cuida en lo que vale de su profesión. Una historia —anotamos previamente— puede surgir de una pieza, sin que se haya recurrido a truc alguno para su confección. Se han visto casos. Pero ¡cuán raros y qué cúmulo de decepciones han proporcionado a su autor!

Pues, por extraño que parezca, el honesto público exige del cuento, como de una mujer hermosísima, algo más que su extrema desnudez. El arte íntimo del cuento debe valerse con ligeras hermosuras, pequeños encantos muy visibles, que el cuentista se preocupa de diseminar aquí y allá por su historia.

Estas livianas bellezas, al alcance de todos y por todos usadas, constituyen los trucs del arte de contar.

Desde la inmemorial infancia de este arte, los relatos de color local —o de ambiente, como también se les llama con mayor amplitud— han constituido un desiderátum en literatura. Los motivos son obvios: evocar ante los ojos de un ciudadano de gran ciudad la naturaleza anónima de cualquier perdida región del mundo, con sus tipos, modalidades y costumbres, no es tarea al alcance del primer publicista urbano. Lo menos que un cuento de ambiente puede exigir de su creador es un cabal conocimiento del país pintado: haber sido, en una palabra, un elemento local de ese ambiente.

Las estadísticas muy rigurosas levantadas acerca de este género comprueban el anterior aserto. No se conoce creador alguno de cuentos campesinos, mineros, navegantes, vagabundos, que antes no hayan sido, con mayor o menor eficacia, campesinos, mineros, navegantes y vagabundos profesionales; esto es, elementos fijos de un ambiente que más tarde utilizaron (explotamos, decimos nosotros) en sus relatos de color.


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4 págs. / 7 minutos / 158 visitas.

Publicado el 23 de enero de 2024 por Edu Robsy.

Los Tres Fetiches

Horacio Quiroga


Artículo


La necesidad de crear constituye uno de los más fuertes caracteres de los pueblos nuevos. Pero contra lo que pudiera a primera vista creerse, esta necesidad se manifiesta mucho más hacia el ensueño de una ideología fetichista, que en el sencillo progreso material.

Cuando no hace muchos años se creó el panamericanismo: "Bien está —pensamos entonces—. Honraremos este gran fetiche que alcanza de uno a otro polo". "Todo nos vincula en un gran sentimiento continental. Tal vez no alcancemos a comprender las ventajas del culto espiritual que nos exige; pero tratándose de una religión geográfica y semimundial, elevemos confiados nuestras preces a la felicidad del inmenso continente".

El continente —cortado en Panamá, según es notorio— no nos oyó. Creamos entonces el hispanoamericanismo, religión más pequeña, que, a pesar de los oficios celebrados en el altar de la poesía, murió en temprana edad por falta de oraciones, exactamente como su hermana mayor.


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3 págs. / 6 minutos / 5 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Inadaptados

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Tiranía. Dorothy Dalton. —Según indicación del título y de dos largas leyendas iniciales, se trata de la tiranía impuesta a los seres débiles por el abuso de la fuerza. Pero basta que uno de estos seres débiles se dé cuenta un día de que el valor es cuestión de voluntad, y que el miedo se destierra con sólo querer desterrarlo, basta esto para que el mísero adquiera de repente la energía que le faltaba para romper sus cadenas. El plan, como se ve, es heroico. Veamos cómo se realiza:


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2 págs. / 4 minutos / 2 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Los Heroísmos

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Llega un momento en la vida en que las circunstancias colocan al hombre al borde de un precipicio que debe saltar, él que no ha saltado nunca; a la entrada de un túnel abrasado en llamas, el que no resiste los primeros calores; ante las puertas de una ciudad devastada por una epidemia, el que evitó siempre el menor contagio.

Estas circunstancias, precoces para algunos, tardías para otros, pero ineludibles siempre, constituyen el destino de toda existencia.

Hoy o mañana, el hombre se encuentra fatalmente ante tales circunstancias. Dos caminos se abren ante él: el hombre de temple mediano, el hombre normal, equilibrado como una balanza, juicioso y previsor, el hombre-tipo, al cual todos pertenecemos, ese hombre vuelve la espalda al precipicio que podría costarle la vida; se aparta de las llamas que pueden malograr su existencia, y huye de los moribundos de la ciudad, que podrían arrastrarle consigo.


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1 pág. / 2 minutos / 6 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Los Hércules

Duque de Rivas


Crónica, Artículo


Dentro de los muros de Sevilla, y en medio de uno de sus barrios, tres anchas, largas y paralelas calles de árboles gigantescos y antiguos, delante de los cuales corre por un lado y otro un asiento de piedra, forman el antiguo, magnífico y casi olvidado paseo que se llama la Alameda Vieja. Seis fuentes de mármol, pequeñas, pero de gracioso y sencillo gusto, brindan en ella con el agua más deliciosa de la ciudad, y le sirve de entrada un monumento de la antigua Hispalis y de la romana dominación. Fórmanlo dos gigantescas columnas antiquísimas, llamadas vulgarmente los Hércules, compuestas de dos cañas o afustes, de un solo pedazo de granito cada una, que, estribando en bases áticas, también antiguas, sobre pedestales modernos de muy buena proporción, se ven coronados con sendos capiteles de mármol blanco, mutilados por el curso de los siglos, de orden corintio, y de gran mérito, sobre los que se alzan: en uno, la estatua de Hércules; en otro, la de Julio César. La altura y gallardía de estas columnas, a quien el tiempo ha robado parte de su robustez, descarnando con desigualdad su superficie y dándoles más delgadez y esbelteza; la majestad con que descuellan sobre el gigantesco arbolado y sobre los edificios de la redonda; la gracia y novedad con que dibujan su parte inferior sobre masas de verdura y ramaje, y la superior, sobre el azul puro del cielo de Andalucía; lo vago de sus contornos, y el color indeciso y misterioso de la edad, les da una apariencia fantástica e indefinible, que causa sensación profunda en los ojos y en el corazón de quien las mira y contempla. Por cierto, no tienen tal virtud las dos hermanas raquíticas que quiso darles el siglo pasado en las ridículas columnillas, de ocho pedazos cada una, que en la parte opuesta de la Alameda, como si dijéramos a su salida, se colocaron. ¡Qué diferencia!... Aquéllas son las canillas de un Titán; éstas, un juguetillo de alcorza.


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11 págs. / 19 minutos / 159 visitas.

Publicado el 14 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Los Grandes Escritores…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Los Grandes Escritores del Cine. El Camino de Hierro. —Cuando hace un par de años las empresas filmadoras experimentaron en sus espaldas la falta cometida al creer que de los tres factores de la escena hablada y muda: autor, director y actor, basta con la existencia de los dos últimos, ocurrióseles por la primera vez la necesidad de obtener, a cualquier precio, la colaboración de los únicos que podían, de derecho, escribir una historia para el film: los escritores de profesión. 


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4 págs. / 7 minutos / 2 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Los Gigantes de Santa Elena

Francisco Campos Coello


Artículo


Con el mayor interés y cuidado, ha registrado el que esto escribe, todos los archivos municipales, y no ha encontrado un solo documento, ni acta de ninguna clase referente al siglo XVI. Todo ha desaparecido y lo poco que ha llegado a conocerse de aquella época se debió a informes posteriores y todos al siglo XVII. Solo se observa regularidadhistórica durante el siglo XVIII. Es pues, probable que los primeros documentos de la ciudad desaparecieron por las llamas de algunos de los incendios.

Veamos ahora cómo andaba dividido el Corregimiento de Guayaquil a fines del siglo XVI y la población que obtuvo durante los 73 años primeros de su existencia política y civil.

El corregimiento se extendía desde el cabo Pasado, Norte, llamado así, porque se halla cuando se ha pasado la línea equinoccial, siguiendo las orillas del Pacífico hasta la costa de Tumbes al Sur, correspondiendo la costa de Machala y la isla de Puná. Al Este, limitaba con el corregimiento de Cuenca y hacia el Nordeste con los Corregimientos de Riobamba y Chimbo.

Se dividía en siete tenencias: Portoviejo, Santa Elena, Puná, Yaguachi, Babahoyo, Baba y Daule. Comprendiendo la Tenencia de la Capital, hacían ocho.

La Tenencia de Portoviejo, comprendía cuatro parroquias: Montecristi, Picoasá, Jipijapa y Charapotó. La de Santa Elena encerraba en su recinto las islas de la Plata y Salango, y tenía cinco parroquias: Santa Elena, Chongón, Morro, Colonche y Chanday. La de Puná comprendía la isla de este nombre, Naranjal y Machala. La de Yaguachi tres, Alonche, Guafa, y San Jacinto, donde se hallaba la Aduana real. Babahoyo que comprendía las parroquias de Ojiva, Caracol, Quilca y Margache; la de Baba, las de Baba, San Lorenzo y Palenque y finalmente

Daule, contenía tres parroquias: Daule, Santa Lucía y Bolívar.


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6 págs. / 11 minutos / 75 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2024 por Edu Robsy.

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