La Kultura y la Cultura
Miguel de Unamuno
Artículo
Otra vez á mi amigo Félix Méndez.
Dominio público
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Publicado el 6 de octubre de 2019 por Edu Robsy.
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Otra vez á mi amigo Félix Méndez.
Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 325 visitas.
Publicado el 6 de octubre de 2019 por Edu Robsy.
La circunstancia de haberse creado por tercera y última vez la sociedad argentina de escritores con fines preeminentemente gremiales, presta viva actualidad a las leyes sobre la propiedad literaria, por la cual el escritor goza o debe gozar de su trabajo intelectual, en primer término, y defender en segundo sus derechos a la labor producida. No es, por lo demás, la primera vez que nos ocupamos de esto.
Cae de su peso que la producción artística es un bien propio del escritor. Ni los editores ni las empresas periodísticas a cuyo cargo corre la difusión del producto intelectual, han dudado nunca de la legitimidad de dicho derecho. El tratado de ciencias, el ensayo de filosofía y la colección de poemas son bien, pura y exclusivamente propiedad de su autor.
¿Pero constituyen una propiedad, en el más amplio sentido de la palabra? ¿Puédese asegurar que artículo, ensayo, estudio y novela son un bien propio, ajeno a todo otro derecho, una pertenencia individual de nuestra persona misma?
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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.
La Dirección de Griffith en el Filme Por defender a una Mujer. —Mucho más que en las palabras, el’alma se transparenta en el rostro. El teatro y el cine lo saben de larga data, y los actores de fuerte temperamento han obtenido de esta virtud violentos triunfos. Pero existen en el alma medios tonos, para los que las expresiones abiertas del semblante no son trasunto fiel. El alma, en estos casos, se insinúa al exterior en imperceptibles matices: leve temblor de cejas; ojos inmóviles que lloran sin una sola lágrima; sonrisas prendidas aún por un extremo a un sollozo; medias tintas de expresión, insinuaciones vagas que en el teatro, por razones de distancia del actor al espectador, no tienen cabida, y que el cine ha convertido en su más rica fuente de acción.
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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.
Bret Harte, consultado por cierta publicación sobre los orígenes del relato breve en Estados Unidos, cuya creación se le atribuía, informó que mucho antes que él aportara al género sus cuentos de ambiente minero, era ya vasta la producción de novelas cortas en aquel país. Desde Nueva Jersey a California misma, los relatos de escasa medida dominaban en la literatura a entera satisfacción de las clases cultas. Solamente que en dichos cuentos no se hallaba un ápice de sentimiento artístico nacional.
En su inmensa mayoría, remedan ellos pobre y afanosamente la literatura inglesa. La acción de aquellos relatos se desarrollaba sin duda en la tierra natal; pero ni en sus temas se hallaba un reflejo de la exasperación vital de los Estados Unidos de entonces, ni sus personajes tenían nada que ver con los instintos, apetitos, y rudos ideales de los hombres que formaban la nación. Ladies sentimentales, cuyo idilio truncaba la expatriación del amante; enredos amorosos del tiempo de la emancipación; jóvenes militares ingleses, fusilados por traspasar las líneas enemigas en busca de su amada patriota; héroes nacionales sacrificados en aras del amor, por motivos semejantes, tales eran —nos informa Bret Harte—, los personajes y el asunto de las novelas breves norteamericanas al promediar el siglo xix.
Dominio público
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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.
El coatí es un animalito tan alargado de cabeza como de cola, y con ambas arqueadas hacia arriba; que posee un grito de pájaro, agudo y precipitadísimo, y a quien la curiosidad devora vivo.
No hay cosa, en efecto, a que no lleguen el hocico y los dedos del coatí. Por ver lo que hay adentro, es capaz de atarearse en abrir un horno a mil grados. De diez libros a su alcance, y uno de ellos prolijamente embalado para el correo, sólo le interesará este último, y escarbará su cubierta y bajo cubierta, hasta dejarlo al desnudo y con todas las hojas arañadas, pues algo podía haber entre ellas.
El que nosotros tuvimos poseía, fuera de su diabólica curiosidad, un extraño afecto a los hombres —no a las mujeres—a causa de haber sido criado en brazos por un hombre de monte.
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.
Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.
La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.
Juan Bodgán, soldado de infantería, regresa del frente cargado de laureles. Cuenta en su haber con diversos enemigos más que posiblemente muertos a bala, y siete u ocho ultimados con la bayoneta. Estos últimos éxitos están perfectamente comprobados; dan fe de ello sus compañeros de asalto y los mismos oficiales, que son quienes han elevado el entusiasta informe.
Siete u ocho rusos ensartados en la bayoneta, son un respetable número, que honra a cualquier civil. Juan Bodgán no es militar de profesión, ni siquiera un hombre de cultura urbana, arrebatado desde pequeño por el culto a la patria. Es un patán, un rudo campesino austriaco que hasta el día anterior a la declaración de guerra se daba por muy satisfecho guiando el coche de su señor, un aristócrata húngaro. No importa; él solo, Juan Bodgán, sin más ayuda que la de sus manos y la de la bayoneta prestada por el Estado Mayor, ha abierto el vientre a siete u ocho hombres. Es un héroe, y merece bien de la patria.
Mientras el tren lo devuelve de regreso a su pueblo natal, Juan Bodgán, con una sonrisita de orgullo, evoca a sus muertos. ¡Oh! ¡La cosa no ha sido fácil, por cierto! Es aquel un oficio como otro cualquiera, que requiere largo aprendizaje y práctica antes de poder aspirar a las condecoraciones de heroísmo. Recuerda sobre todo a su primera víctima, un ruso alto y flaco, de larga barba entrecana; un ruso de la reserva, ya viejo y posiblemente padre de numerosa familia.
Juan Bodgán no conocía aún su oficio de matar. Por lo cual, al tener enfrente al ruso, lo clavó literalmente contra el parapeto de la trinchera.
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Publicado el 12 de agosto de 2026 por Brian.
He aquí, pues, que ignoramos su nombre. Sabemos sólo que era muy joven y que poseía una cultura extraordinaria para su edad. Vivía en Estados Unidos, en la localidad de Capron, en el Illinois. Y a aquella tierna edad descubrió un día que no valía la pena vivir.
Cuando este hombre llegó a interpretar así su destino, no había obtenido de la vida sino favores —si por tales pueden considerarse una salud robusta, una juventud ardiente, una inteligencia sin par. No era un fracasado, ni un amargado, ni siquiera un descreído. Creía, antes bien, y con una exaltación de que luego dio pruebas, en la divinización del hombre por la inteligencia.
El día —decía— en que el hombre comprenda su destino, habrá dejado de existir.
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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.
En Roberto J. Payró el hombre y el escritor son una sola y misma cosa. Su honradez a toda prueba y su temple de varón traspasan fielmente a su prosa. Existe una cómoda tendencia a desligar el hombre del escritor, olvidando que los caracteres de éste están determinados y limitados por el de aquél, porque quien escribe es el hombre. Inútil buscar caracteres firmes en un escritor de alma blanducha, y honestidad en la pluma de un hombre que se vende. El respeto y la admiración profesados a Payró provienen precisamente de que el hombre y el escritor que hay en él no se han vendido nunca a idea, sentimiento o imposición alguna.
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Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.
Toda vez que el teatro ha tratado de llevar a la escena una obra cuyo asunto escapaba a las rígidas leyes de tiempo y lugar que rigen a una obra común; cuando la importancia capital de repetidas escenas, la multiplicidad de los lugares de acción o el largo tiempo transcurrido de una escena a otra; cuando todas o cada una de estas contingencias dramáticas aportaban su extraño elemento al escenario, el teatro, en estas ocasiones, no hacía teatro sino cine.
Cuando una obra meditada para el cine se desarrolla en la pantalla en cuatro o cinco escenas de violento contraste con el ambiente inicial de la pieza, y esas cuatro o cinco escenas absorben y condensan la vida interna de los personajes como si su psicología esperara ese instante para hacer allí explosión; cuando todo lo que es progresivo en el tiempo y en el alma —se trate del desenvolvimiento de un carácter o de un conflicto pasional— se resuelve en un corto número de escenas de gran efecto, el cine, al desaprovechar todas las fuerzas que de gradación y naturalidad posee, en vez de hacer cine hace entonces teatro.
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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.