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Aceituna, Una

Ricardo Palma


Artículo


Acabo de referir que uno de los tres primeros olivos que se plantaron en el Perú fue reivindicado por un prójimo chileno, sobre el cual recayó por el hurto nada menos que excomunión mayor, recurso terrorífico merced al cual, años más tarde, restituyó la robada estaca, que a orillas del Mapocho u otro río fuera fundadora de un olivar famoso.

Cuando yo oía decir aceituna, una, pensaba que la frase no envolvía malicia o significación, sino que era hija del diccionario de la rima o de algún quídam que anduvo a caza de ecos y consonancias. Pero ahí verán ustedes que la erré de medio a medio, y que si aquella frase como esta otra: aceituna, oro es una, la segunda plata y la tercera mata, son frases que tienen historia y razón de ser.

Siempre se ha dicho por el hombre que cae generalmente en gracia o que es simpático: Este tiene la suerte de las aceitunas, frase de conceptuosa profundidad, pues las aceitunas tienen la virtud de no gustar ni disgustar a medias, sino por entero. Llegar a las aceitunas era también otra locución con que nuestros abuelos expresaban que había uno presentádose a los postres en un convite, o presenciado sólo el final de una fiesta. Aceituna zapatera llamaban a la oleosa que había perdido color y buen sabor y que, por falta de jugo, empieza a encogerse. Así decían por la mujer hermosa a quien los años o los achaques empiezan a desmejorar:

—Estás, hija, hecha una aceituna zapatera.

Probablemente los cofrades de San Crispín no podían consumir sino aceitunas de desecho.


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2 págs. / 3 minutos / 676 visitas.

Publicado el 20 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

Contra Esto y Aquello

Miguel de Unamuno


Ensayo, artículo


Prólogo a la segunda edición

Los artículos que componen esta colección no son propiamente ensayos críticos, ni pretende su autor que lo sean. Tan sólo son notas de un lector. En rigor, un pretexto para ir el autor entretejiendo sus propias ideas con las que le dan aquellos otros escritores a los que lee.

Escritos a vuelapluma y para satisfacer exigencias de labor periódica, no se enderezan a llevar a cabo un trabajo de erudición, que debe quedar para otros ingenios mejor dotados a tal respecto. El autor de estos ensayos no lee para citar lo leído, sino más bien para encender y enriquecer su propio pensamiento.

Hay, además, en la colección ésta algunos trabajos que no se refieren expresamente a obra alguna literaria, sino que son reflexiones generales sobre temas literarios y uno sobre la crítica. En éste trata el autor de sincerarse en cierto modo para que no se le tome por un crítico, por lo que se llama correctamente un crítico, a cuyo oficio renuncia, lo mismo que al de erudito, por no sentirse con aptitud para ninguna de esas dos tan inútiles y tan nobles funciones.

Poco tendría que añadir a lo que aquí hace ya dieciséis años dije si no hubiera pasado en tanto la terrible galerna, y a la vez terremoto, de la guerra mundial y sobre mí otra galerna que me tiene ya más de cuatro años y medio desterrado de mi patria, tiempo en que, merced sobre todo a trece meses de habitación en París, he podido rectificar ciertos juicios que acerca del espíritu francés, y más concretamente parisiense, había formado y publicado entonces. Pero no quiero tocar nada de lo que entonces dije, quiero respetar los juicios, equivocados o no, del que fui hace más de dieciséis años. Si algo rectificaría habrían de ser algunos vituperios, jamás los elogios, aunque respecto a éstos haya cambiado algo alguna vez.


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Dominio público
184 págs. / 5 horas, 23 minutos / 613 visitas.

Publicado el 13 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

Perros De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Una propiedad rural en el monte de Misiones está constituida por un rancho de sólo tres paredes, perdido en la inmensidad del bosque, del cual logra apenas aislarse por medio de un mínimo desmonte. En ese desmonte, el propietario planta maíz, mandioca, porotos y tabaco, todo ello en la cantidad justa e indispensable para no morirse de hambre y fumar. Pueden dar aspecto de vida al rancho, algunas gallinas de cuello y rabo desplumados, un chancho alto de patas como un galgo, y dos o tres cabras.

Pero nada de esto es indispensable. En cambio, sentados a la vista del fuego, en verano, o arrollados en invierno ante la llama misma, con la cola y el hocico ardidos, se ve siempre tres o cuatro perros flacos como esqueletos, y que al levantarse oscilan con las caderas flojas, prontos a caer.

Nada denuncia en estos perros su calidad particular. Reumáticos, siempre huraños y tristes, no habría optimista capaz de concederles vida para una estación más, fuerzas para alcanzar hasta el monte, y decisión para hacer frente a un tímido apereá.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Artículos de Naturaleza Y Fauna Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Compilación


El Sentimiento De La Catarata


En sus mil trescientos kilómetros de curso desde las sierras brasileñas hasta su desembocadura en el Paraná, el río Iguazú debe salvar un desnivel de 800 metros. Como se trata de una gran masa de agua de velocidad normal, y no de una avenida de montaña, se explica que el álveo del río se quiebre repetidas veces en numerosas y rápidas cascadas, para autorizar de algún modo aquella fuerte cota.

La cuenca del Iguazú es, en efecto, una de las más poderosas fuentes de hulla blanca del mundo entero. Si el Iguazú nace a novecientos metros de altura, sus numerosísimos afluentes cobran origen a mil trescientos metros, para vaciarse en aquél tras un curso relativamente breve. Toda esa vasta cuenca se revuelve, pues, en tumbos de agua, cachuelas, saltos y cataratas, cuya sacudida, propagándose de unos a otros sin solución de continuidad, mantiene, puede decirse, a la zona entera en un sordo e interminable fragor.

La cuenca del Iguazú no es dilatada, pero el régimen de lluvias torrenciales a qué está sometida compensa al exceso su brevedad. Los ciento veinticuatro kilómetros cúbicos de agua que se desploman por año sobre los bosques natales son absorbidos en su mitad por el Iguazú. Y si estamos atentos al desnivel apuntado, comprenderemos que cada caída a plomo de esa inmensidad líquida encierre una formidable energía mecánica.


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Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 13 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 9 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Al Margen De La Pintura

Horacio Quiroga


Artículo


El título que antecede nada tiene de ofensivo. Expresa exactamente la posición en que se coloca este autor con sus trabajos, tan distantes de la pintura clásica, como las presentes líneas de la crítica de arte.

Xul Solar no cree, sin duda, que la finalidad de la pintura sea —en el por lo menos— representar la realidad del mundo visible. Busca otro destino para su arte, y sospecha hallarla en sus obras. Perfecto. Es un modo de sentir, que incumbe únicamente a su responsabilidad de creador.


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Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 10 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

Tangos Redentores

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Durante mucho tiempo constituyó una de nuestras preocupaciones, el triste estado social, espiritual y moral de lo que, por un criollo eufemismo, hemos convenido en llamar milonguita.

En nuestra juventud las jóvenes de ese carácter no se llamaban milonguitas. Pero estas de hoy, de sus mil compañeros de bohemia sólo amaron furiosamente a uno solo: y aquel privilegiado ser, como los de ahora, devolvió a su amiga en golpes, religiosamente, el homenaje recibido a sus otros 999 admiradores. No cambian las circunstancias, como se ve, aunque los hombres varíen.


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Dominio público
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Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

El Maestro De Territorios

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Cuando hace muchos años fui nombrado profesor de Literatura y Castellano en una Escuela Normal, me presenté a su directora días antes de la apertura de los cursos, con el objeto de enterarme del uso y alcance de mis funciones. Yo era nuevo en la enseñanza; tan nuevo, que la directora no volvía de su asombro al comprobar mi ignorancia en el arte de dictar clase. La dama me miró aún un buen rato con la sorpresa del caso y suspiró por fin, al parecer resignada a su destino de regentear profesores de mi categoría. Mi antecesor, en efecto —era arquitecto— había también surgido de las tinieblas de la pedagogía, tan preparado como yo. Inauguré el curso, sin embargo, en un ambiguo día feriado para ciertas actividades, pero no para las nuestras. Ante el inequívoco desgano de las alumnas por el fracaso de sus esperanzas, me apresuré a proponer a la clase la redacción de una nota al Señor Ministro de Instrucción Pública, impetrando la suspensión de clases para celebrar dignamente y a la par de los agraciados por la feria, el acontecimiento de ese día.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 8 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Bernardo Palissy

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Bernardo Palissy fue uno de esos hombres de vasta influencia en la civilización, cuya fecha de muerte se ignora. Como acontece por lo general con estos oscuros hombres del momento, la posteridad se apresura a conferirles en la historia heroica de la raza humana, un sitio de preferencia. Se les erigen estatuas, se da su nombre a las plazas públicas, se disputa acaso el sitio de su nacimiento o de su muerte. La deuda queda así pagada.

Lo que se paga, en realidad, es la deuda a la gloria y vanidad del país que le dio a luz. Pero el pago de la incomprensión contemporánea, de los dolores, de las miserias sufridas por ese hombre durante los veinte, treinta, cincuenta años en que arrastró su miserable vida de héroe, esa deuda quedará eternamente sin pagar.

Palissy había ejercido hasta los cuarenta años varios oficios y profesiones, sin descollar en ninguno de ellos. No había logrado ni siquiera hacerse rico. En esa edad tuvo entre las manos, por mero accidente, un jarrón de barro cocido y esmaltado.


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Dominio público
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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

La Crisis Del Cuento Nacional

Horacio Quiroga


Artículo


Tiene este enunciado cierto aspecto paradojal, precisamente en instantes en que los diarios, revistas y publicaciones semanales luchan con ahínco por recoger, ofrecer y exaltar en su programa literario el mayor número posible de cuentos y novelas breves.

La producción no flaquea, según se ve. Lo que flaquea y está en plena decadencia es el resultado artístico de esa producción. Felizmente su causa es ajena en gran parte a la capacidad de nuestros cuentistas y novelistas breves. Un ligero examen de estas expresiones lo hará comprender mejor.

Un cuentista es, por definición, el hombre que sabe contar. Nada como el ejemplo ofrecido por Tolstoi da idea completa de esta capacidad.

Reúnense cuatro chicos a referirse historias. Como la acción pasa en Rusia, como es de noche y hace frío, los lobos actúan en preferente lugar.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 7 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

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