Textos más populares este mes etiquetados como Artículo | pág. 19

Mostrando 181 a 190 de 283 textos encontrados.


Buscador de títulos

etiqueta: Artículo


1718192021

Todo al Vuelo

Rubén Darío


Crítica, Ensayo, Artículo, Opinión


Films de París

Los exóticos del «Quartier».

En la terraza del Valchette, o desde algún banco del Luxemburgo, me fijo singularmente en los exóticos que desfilan. Y me llama sobre todo la atención el negrito del panamá, un negrito negro, negro, con un panamá blanco, blanco. Es un negrito delgado, ágil, simiesco, orgulloso, pretencioso, pintiparado, petimetre, suficiente, contento y como danzante. París contiene varias clases de hijos de Cham, pero este negrito a ninguna de ellas pertenece. No es, seguramente, el célebre payaso Chocolat, que ha recibido recientemente una medalla por haber ido muchos años a divertir con saltos y muecas a los niños pobres de los hospitales y asilos; no será, por cierto, Koulery Ouníbalo, príncipe Gleglé, hijo del rey Behanzin Cortacabezas, que puede verse reproducido en cera en el Museo Grevin, y del cual príncipe, que ha servido como buen soldado a Francia, no ha vuelto a acordarse el Estado que depusiera a su padre; no será, de ninguna manera, el diputado por la Guadalupe, Legitimus, que ha pasado ya los años de la alegre juventud; no será, sobre todo, el estupendo Johnson, que desquijarró a Jeffries en Yanquilandia y cuyo retrato y «sonrisa de oro» han popularizado las gacetas. ¿Quién será, entonces, este negrito pintiparado que camina en se dandinant; y dodelinant de la tête? A veces va solo; a veces con otros compañeros de color, pero que no tienen sus manifestaciones de holgura ni su cándido jipijapa; a veces, en compañía de una moza pizpireta del quartier, una de esas trabadas calipigias que andan hoy por la moda en perpetua gymkana.


Leer / Descargar texto

Dominio público
183 págs. / 5 horas, 20 minutos / 520 visitas.

Publicado el 11 de diciembre de 2018 por Edu Robsy.

Aguafuertes Vascas

Roberto Arlt


Crónica, artículo


I

De Santander a Bilbao. Luciérnagas móviles en un fondonegro. Se ha perdido una maleta

El Mundo, 18 de noviembre de 1935


Un cuarto de hora antes de que salga el tren me apresuro a ocupar mi asiento en el coche de tercera, y no me arrepiento de ello, pues en pocos minutos, los coches quedan prácticamente atestados de pasajeros.Antes de subir he averiguado de qué lado ilumina el sol; me siento junto a la ventanilla de sombra y de modo que el viento golpee en la cara del que se sienta frente a mí. Debido al calor, no se permite cerrar las ventanillas. Mi precaución no es pueril, pues estas locomotoras lanzan torbellinos de chispas y hollín. Observo que, cuando arranca el tren, casi todos los pasajeros se hacen la señal de la cruz; más tarde en Bilbao, donde observé la misma costumbre, varias señoras me manifestaron que antes de partir de viaje se confesaban.

Frente a mi asiento se ubica un cura gordo y sudoroso. A un costado llevo un viajante; más allá dos proletarios meriendan, repartiendo fraternalmente el pan, las sardinas, el vino y las manzanas. De pronto, entra al coche otro viajante y le dice al que está sentado:

–¿Sabes que se ha perdido una maleta?

–¿Has perdido la maleta?

–Sí, no aparece.

Durante una hora, en el coche no se conversa de nada más que de la maleta extraviada. Termino de puro aburrido por inmiscuirme en la conversación y, como ésta languidece, para darles cuerda a los viajantes expongo mis dudas jurídicas sobre si la empresa pagará o no la dichosa maleta. Pero, para distraernos, en otro compartimento una señora que conversa en voz muy alta con otras dos exclama:

–Lo que es yo, el día que me casé estaba lo más tranquila. Por la mañana me bañé...


Leer / Descargar texto

Dominio público
20 págs. / 35 minutos / 185 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Tomás De Quincey

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


La lucha más heroica que pueda exigirse a un hombre es aquella en que debe combatir contando por únicas fuerzas con su sola voluntad —que no existe.

Es más fácil arrancar una chispa de genio de un imbécil, que un acto insignificante a una voluntad diluida en el marasmo glacial de los estupefacientes.

Nada en el mundo desvía, retuerce, atrofia y liquida la voluntad de un ser humano como el goce espectral de los paraísos artificiales. No hay inteligencia, dignidad ni vergüenza capaces de obtener del hombre lo que su voluntad totalmente abolida no puede prestarle ya.

Conocido es el caso del médico morfinómano que, desesperado de una lucha contra el alcaloide que duraba ya años, se internó él mismo en un sanatorio, entregado de pies y manos a sus colegas para su completa curación. Disimulada en las ropas, sin embargo, aquel enfermo de buena fe llevaba oculta una jeringuilla…


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 3 minutos / 8 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

El Coatí

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo, Cuento


El coatí es un animalito tan alargado de cabeza como de cola, y con ambas arqueadas hacia arriba; que posee un grito de pájaro, agudo y precipitadísimo, y a quien la curiosidad devora vivo.

No hay cosa, en efecto, a que no lleguen el hocico y los dedos del coatí. Por ver lo que hay adentro, es capaz de atarearse en abrir un horno a mil grados. De diez libros a su alcance, y uno de ellos prolijamente embalado para el correo, sólo le interesará este último, y escarbará su cubierta y bajo cubierta, hasta dejarlo al desnudo y con todas las hojas arañadas, pues algo podía haber entre ellas.

El que nosotros tuvimos poseía, fuera de su diabólica curiosidad, un extraño afecto a los hombres —no a las mujeres—a causa de haber sido criado en brazos por un hombre de monte.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 3 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Vitalidad De Las Víboras

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


La piel de las víboras es por lo general muy fina, sin mayor adherencia a la carne, y facilísima por lo tanto de quitar. No así la de las culebras y grandes serpientes, Dicha piel forma cuerpo, diríamos, con los tejidos del animal. Tan íntima es la conexión de la piel y carne en las boas, que no se concibe arrancarles la piel, sin arrancarles con cada tirón la propia vida.

Es éste, no obstante, el único modo de despojar de su piel a las serpientes. Una vez muerto y frío el sujeto, no es ya posible desprender aquélla de la espina dorsal. Por esto se practica la operación en vivo, previo corte alrededor de las mandíbulas. Se va tirando entonces de la piel hacia atrás, como quien descorre un guante al revés... Y la masa desnuda y palpitante que queda al descubierto, no es agradable de ver.

La vitalidad de esa masa es asimismo tan grande, cuán débil fue la resistencia del animal a morir. La vida de una víbora, nadie la ignora, no tiene más alcance que la de la varita que le disloca una vértebra.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Desde París

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Viajes


Héme, por fin, en París, en la capital-cerebro, en la ciudad de los cuidados, donde todo es acumulamiento, palpitación y prodigio. París merece por dos motivos el primer lugar entre las poblaciones: por lo inmenso que lleva en su nombre y amplia vida, y por la forma que se le ha dado. Para nosotros, pobres desterrados de la suprema intelectualidad, la visión de París es una nostalgia de un lugar que nunca hemos visto, y que, hoy o mañana, nos lleva a conocerle. Héme, por fin, en París.

La primera impresión que se siente al contemplar las ciudades de estas latitudes, es tristísima. Estamos acostumbrados a las casas de techo plano, rematadas en lo alto con balconcillos o cualquiera otra cosa, separadas, por decirlo así, y con pinturas de más o menos buen gusto. Aquí las casas están tan juntas que parece que un gran frío las comprimió en grupos negruzcos, helados y hambrientos. Desde Génova hasta París no se ve otra cosa que casas de media agua que nunca fueron pintadas ni lavadas —ventanas pequeñas, sin gusto ninguno—; casas altas que más bien parecen muros agujereados, casas húmedas de cuatro a diez pisos —seis por lo general— amuralladas sobre su calle de cuatro metros, y que para nosotros, hijos del horizonte y del pleno sol, son motivo de más de una amarga nostalgia.


Leer / Descargar texto

Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 10 visitas.

Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.

Desde París II

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Viajes



Primera Parte


En el Palacio de Bellas Artes, en la Exposición, la sección francesa de pintura guarda, con los otros pabellones, los trabajos de la última decena. Algo de lo más notable es un cuadro de Triant: —El cementerio. En primer término, una señora de lujo con velo a la cara tiende los brazos, inclinándose hacia una tumba, los amigos tratan de detenerla. En el fondo, panteones, coronas, caballeros y señoras; día nublado.


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 6 visitas.

Publicado el 23 de julio de 2026 por Brian.

Artículos de Naturaleza Y Fauna Dispersos

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Compilación


El Sentimiento De La Catarata


En sus mil trescientos kilómetros de curso desde las sierras brasileñas hasta su desembocadura en el Paraná, el río Iguazú debe salvar un desnivel de 800 metros. Como se trata de una gran masa de agua de velocidad normal, y no de una avenida de montaña, se explica que el álveo del río se quiebre repetidas veces en numerosas y rápidas cascadas, para autorizar de algún modo aquella fuerte cota.

La cuenca del Iguazú es, en efecto, una de las más poderosas fuentes de hulla blanca del mundo entero. Si el Iguazú nace a novecientos metros de altura, sus numerosísimos afluentes cobran origen a mil trescientos metros, para vaciarse en aquél tras un curso relativamente breve. Toda esa vasta cuenca se revuelve, pues, en tumbos de agua, cachuelas, saltos y cataratas, cuya sacudida, propagándose de unos a otros sin solución de continuidad, mantiene, puede decirse, a la zona entera en un sordo e interminable fragor.

La cuenca del Iguazú no es dilatada, pero el régimen de lluvias torrenciales a qué está sometida compensa al exceso su brevedad. Los ciento veinticuatro kilómetros cúbicos de agua que se desploman por año sobre los bosques natales son absorbidos en su mitad por el Iguazú. Y si estamos atentos al desnivel apuntado, comprenderemos que cada caída a plomo de esa inmensidad líquida encierre una formidable energía mecánica.


Leer / Descargar texto

Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 15 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

El Impudor Literario Nacional

Horacio Quiroga


Artículo


Cuando mi buena estrella me pone en los bolsillos diez centavos que puedo gastar sin mayores trastornos económicos, suelo detenerme ante los carteles que en cada calle del centro anuncian la producción literaria nacional. Hago esto con reposo e íntimo orgullo de ser, al fin y al cabo, compatriota de los autores ensalzados. Mi pasmo es siempre grande, y mayor aún mi indecisión. Yo quiero leer, ciertamente, y comprar una novela nacional. ¿Pero cómo orientarme, a cuál dar la preferencia?

Leo, por ejemplo, en el mismo zócalo del almacén: "El niño, por el más genial de los brillantes autores jóvenes... ".

Más arriba:


Leer / Descargar texto

Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 7 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Satisfacciones De La Profesión De Escritor

Horacio Quiroga


Artículo


Cuando un hombre, un bueno y pobre hombre, alcanza a ser propietario de un auto, una finca o una boquilla de ámbar, agradece a Dios el bien adquirido, porque está seguro de que todas las leyes divinas y humanas protegen su posesión. Sabe que puede gozar de su bien hasta que muera, y que después de muerto las mismas leyes protegerán a sus herederos; quienes, hasta la eternidad de los siglos, podrán gozar de la propiedad del auto, de la finca y de la boquilla de ámbar adquiridos y legados por el ancestral genitor.

Bien. Esto en cuanto al feliz poseedor de dichos bienes. Pero quien posee ahora no es un pobre y simple buen hombre, sino un intelectual, sin par, un escritor consagrado por el dolor y el genio. Este artista ha luchado por la vida desde su primera infancia. No hay miseria que ignore, ni tormento que desconozca. En pos de quince, veinte años de lucha, infunde en un libro la llama de su genio. No se hallan en su libro rastros de imitación. De tal modo es su exclusivo bien; tan personales han sido sus sufrimientos, que el poema brilla fúlgido y aislado con luz hasta entonces desconocida. La fortuna amenaza por fin con serle propicia. Angustias de la miseria, hambre de sus pequeñuelos —todo quedará pronto alejado—.


Leer / Descargar texto

Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 6 visitas.

Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

1718192021