Lector
(Página preliminar de la primera edición)
Este Sigüenza que aquí aparece es el mismo que caminó tierras de Parcent, recogiendo el dolor de sus hombres leprosos.
Sigüenza ha sido el íntimo testimonio y aun la medida y la palabra de muchas emociones de mi juventud.
Para mí, Sigüenza significa ahínco, recogimiento, evocación y aun
resignación de las cosas que a todos nos pertenecen. De aquí que su
libro puedas considerarlo tuyo. Yo te digo que lo que en él se refiere
se hizo carne en Sigüenza. No me he regodeado formando a Sigüenza a mi
imagen y semejanza. Vino él a mí según era ya en su principio. Y cuanto
él ve y dice, no supe yo que había de verlo y de decirlo hasta que lo
vio y lo dijo.
Lector: que Sigüenza te sea tan amigo como lo fue mío, aunque no,
que no lo sea, porque sospecho que tanta amistad no habría de
consentirte la grave madurez de pensamientos necesarios para una vida
prudente. Tú, después que él te lleve por algunas comarcas levantinas y
catalanas, déjatelo en este libro, siquiera hasta que yo te lo traiga en
otro, si me quedase vagar para reunir algunas glosas y jornadas que
todavía andan esparcidas, como lo estaban las que aquí te ofrezco.
Capítulos de la Historia de España
El señor de Escalona
(Justicia)
En la primera mocedad de Sigüenza, algunos amigos familiares le dijeron:
—¿Es que no piensas en el día de mañana?
Y Sigüenza les repuso con sencillez, que no, que no pensaba en ese
día inquietador, y citó las Sagradas Escrituras, donde se lee: «No os
acongojéis diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos
cubriremos?». Y todo aquello de que «los lirios del campo no hilan ni
trabajan, y que las pajaricas del cielo no siembran, ni siegan, ni
allegan en trojes...».
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