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Un sacerdote

Tanya Ruiz


Crimen


Hace mucho tiempo existio un sacerdote de nombre Louis, pero todos lo apodaban "Ciervo de Dios" pues era como una persona pura e inocente, sin embargo, nadie sabia lo que realmente pasaba por la mente de aquel sacerdote. Sus pensamientos eran perturbadores y sadicos, pero nadie sospechaba pues Louis mantenia discresion y fingia inocencia, hasta que una chica llamada Violet quien se poso dentro del confesionario diciendo que habia pecado.
Violet: Padre he pecado, le grite a mi madre y le reproche, ademas de que la insulte
Louis: Dos Padre Nuestro y un Ave Maria
Violet: Gracias, Padre
Louis: No te preocupes, Hija mia, tus pecados seran santificados
En ese momento a Louis se le ocurrio algo, pensamientos perturbantes invadian su mente «¿Debo matar a esta pecadora? No, no pienses estupideces, Louis» Se decia en su mente, pero no pudo resistirse a su idea pues la noche anterior habia tenido un sueño, sueño en el que ocurria que un angel se posaba en su cama y le decia: "Castiga a todos aquello pecadores.." Asi que Louis desconcertado rapidamente tomo un estaca y salio del confesionario, se acerco a Violet escondiendo la estaca detras suyo y hablandole de manera reconfortable, Violet dio las gracias y se dio la vuelta, pero gran error, cuando Violet dio la vuelta Louis aprovecho y tomo la estaca en sus manos, junto fuerza y la clavo directamente en el corazon de Violet, quien solto un debil grito, y cayo al suelo agonizando...


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Creative Commons
10 págs. / 17 minutos / 0 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2024 por Tanya R. .

El pequeño César

William Riley Burnett


Novela, Crimen


PRIMERA PARTE


En una mesa redonda y detrás de Sam Vettori, estaban jugando al póker Otero, apodado el Greco, Tony Passa y Rico, lugarteniente de Sam Vettori. Bajo el reflejo verde de la pantalla, el rostro de Otero naturalmente oscuro parecía cadavérico; por lo demás, tanto si ganaba como si perdía, no se movía ni pronunciaba palabra alguna. Tony, robusto y sonrosado, con veinte años apenas cumplidos, se mostraba muy interesado en la partida, manifestando su gozo cuando la suerte le era favorable y jurando si le era adversa, más por necesidad de excitarse que por ansia de ganar. En cuanto a Rico, tenía el ala del sombrero sobre los ojos, sus facciones estaban contraídas y repiqueteaba nerviosamente con los dedos sobre la mesa: él jugaba para ganar.
Vettori aspiró una bocanada de humo de su cigarrillo, la lanzó al espacio y, levantándose, se puso a pasear arriba y abajo de la estancia.
—¿Dónde estará? —preguntó para sí con los ojos puestos en el techo—. Le he dicho que volviera a las ocho, y ya son casi las ocho y media.
—Joe no suele acordarse de la hora —dijo Tony.
—Es un inútil —gruñó Rico sin levantar la vista de las cartas—; un tipo demasiado blando.
—Es posible —repuso Vettori, el cual se había acercado a la mesa para seguir el juego—; es posible. Sin embargo, la verdad es que le necesitamos. Como tú sabes, tiene una gran facilidad para introducirse en todas partes, sea donde sea. Los hoteles de lujo no le impresionan. Se acerca al gerente y con gran naturalidad le dice: “Un apartamento, por favor”.


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Dominio público
78 págs. / 2 horas, 17 minutos / 1 visita.

Publicado el 27 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Sombras acechantes

Wiliam LeQueux


Novela, Detectives, Crimen


Obra original: Poison Shadows – Wiliam Le Queux, 1927. 

Edición: Traducción por Fernando Guzmán, 2025. 

Nota legal: La obra original en inglés está en dominio público. Esta obra derivada se distribuye bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).




I. Un alma en venta

—Tienes que ser firme, Gordon. No importa en lo más mínimo si Sibell lo ama o lo detesta. Tiene que casarse con él, de lo contrario ambos vamos a acabar en la ruina. Así que nada de discusiones. ¿Estás de acuerdo? —preguntó la mujer.

—Por supuesto que estoy de acuerdo, querida Etta. Pero mi pupila es terca y se niega rotundamente a volver a verlo —respondió el hombre calvo y deforme que estaba junto a Lady Wyndcliffe, en la ventana del salón privado que daba a las arenas doradas y el mar veraniego frente al Grand Hotel, en la Digue de Knocke, en la costa belga.

—¡Qué tontería! ¡Hay que hacerla entrar en razón! —replicó la mujer esbelta, de cabello oscuro y rostro atractivo, vestida con un vaporoso vestido a rayas azules que delataba discretamente a la modista parisina.—Otway es simpático, sí, pero no tiene un centavo, mientras que Gretton heredó más de medio millón de su padre, quien hizo un buen negocio con lana durante la guerra y gracias a eso llegó a ser alcalde de Bradford. Gussie es medio tonto, pero eso nos conviene. Ambos necesitamos dinero con urgencia. Y hasta ahora he jugado bien mis cartas: él está loco por ella. Solo hay que deshacerse de Otway a toda costa. Un joven médico sin recursos no sirve para Sibell.

—Estoy de acuerdo con cada palabra —dijo el extraño jorobado, Gordon Routh, con su voz aguda y chillona—. Tú y yo hemos hecho muchos negocios que nos han resultado satisfactorios, y ahora, ¿no es curioso que estemos negociando el futuro de la chica?


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249 págs. / 7 horas, 17 minutos / 39 visitas.

Publicado el 8 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.