Textos por orden alfabético etiquetados como Crónica | pág. 5

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etiqueta: Crónica


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Dos Casos De Lógica…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Dos Casos de Lógica y Cuatro Leyendas. Por Teléfono. —La comedia que con este título se estrenó días atrás es una pieza de teatro, tal cual, con la presentación, las fórmulas y las mínimas exigencias de escenario que piden aquellas obras. No es pues de extrañar que los caracteres estén trazados de acuerdo con una línea —especie de riel a lo largo del cual se desliza la psicología de los personajes. 


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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

Dos Mercados

Benjamín Jarnés


Crónica


Dos mercados

El zoco

Si una mañana, calle arriba de Santa Isabel, sube el viajero desde la estación de Atocha a la plazuela de Antón Martín, tropezará con un zoco. A la ciudad le brota, de repente, una bulliciosa erupción vegetal, y en torno a la erupción, pulula un femenino enjambre. La calle, al morir, forma una suerte de cayado: un cayado florido, no por milagros celestes, sino mercantiles. La flora más cuajada le nace en el puño.

Hay en Madrid mercados monumentales y mercados de vivac. Ciñe a los primeros un muro de hierro. Una plazoleta les forma su valla geométrica. Los segundos surgen impetuosamente en medio de la calle; invaden las aceras; inundan las calles contiguas de colores vivaces, de acres olores de campo; acribillan el barrio con sus gritos broncos. Hay mercados —catedrales del color— donde cada color goza de bien medidos retablos, y la fauna sacrificada se reparte en aras de mármol, idénticas, municipales, burocráticas. Entrar allí es sumergirse en una biblioteca, donde cada texto encasillado aguarda a un aburrido lector. En ella se trazaron unas rectas, se distribuyó sesudamente el espacio: cada familia, animal o vegetal, recibe allí su porción exacta de terreno, que va luego rellenando de color.

En el mercado libre, los colores se agolpan, se apelotonan, entablan violentas escaramuzas, riñen, hasta derrotar definitivamente al más enclenque. Cada fruta se marca, vanidosamente, sus propios confines. Triunfa el grito más osado, el color más vivaz. Si el viajero se detiene ante cada refriega, verá, acaso, un haz de plátanos esconder, tímidamente, su pálido amarillo ante la fanfarrona agresión de un tropel rojo de pimientos. Verá el plebeyo morado de un ramo de berenjenas invadir procazmente el terreno tan firmemente dorado por unos racimos de ámbar.


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Publicado el 7 de octubre de 2026 por Edu Robsy.

El Aguador

José Tomás de Cuéllar


Crónica


A ti, oh resto mueble de la incuria de tres siglos, representante impávido del statu quo, acémila parlante, hongo viviente de la dignidad humana; a ti, vehículo vejado, ludibrio de la civilización; a ti, aguador nacional, dirijo hoy mis homilías.

Pero antes de fijar una mirada escudriñadora en este tipo eminentemente nuestro, en este perfil idiosincrásico de nuestras costumbres, en este sambenito de nuestra pretendida cultura, hablaremos del agua.

Las tribus errantes dejaban huellas de su paso a orillas de los arroyos donde paraban para tomar el agua con la mano, como las bestias feroces dejan huella de sus patas en los abrevaderos. Casi todos los pueblos de la tierra han nacido a orillas de un río, y casi todas las ciudades del mundo se han erigido allí donde se ha resuelto la vital cuestión de beber agua con comodidad y abundancia.

Las primeras obras hidráulicas tendieron sólo a hacer correr el agua en caños; después hubo acueductos y fuentes. Las obras hidráulicas de los romanos, las de los moros en España, y las de los españoles en México, llenaron cumplidamente la misión de proveer de agua a las ciudades respectivas.

Las últimas obras de este género que hemos visto, son las de los Estados Unidos de América; obras en las que las grandes máquinas de vapor, los réservés y la entubación perfecta, en el uso del agua potable, de hacerla motora de sí misma, como la sangre en el sistema arterial y venoso del cuerpo humano, recorre en infinitos tubos las partes bajas y elevadas de la ciudad, en virtud de la conveniente presión.


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Publicado el 19 de septiembre de 2020 por Edu Robsy.

El Aguará-Guazú

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


La palabra guaranítica aguará, corresponde a zorro en nuestra lengua; y guazú, a grande. Con estas dos expresiones se designa a un rarísimo animal del bosque huraño y sombrío a más no poder, y cuyo singular aspecto puede definirse diciendo que es un zorro rojizo, con altísimas patas de lobo. 

Esta longitud de las patas, y el extraño modo de moverlas, constituyen en efecto los dos rasgos más destacados del aguará-guazú. 

Como los camellos, las jirafas, los coatíes y, particularmente, los caballos de paso "andador", el aguará-guazú marcha avanzando a un tiempo las patas del mismo lado, y no cruzadas, como es la norma en casi todos los cuadrúpedos, y que el hombre mismo observa en sus miembros, quién sabe desde qué remotísimo pasado.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Arte De Cazar En Los Bosques De Misiones

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un cazador de monte requiere dos condiciones esenciales: el conocimiento de los rastros y la facultad de orientación. Esta facultad es realmente asombrosa, y si ella puede ser innecesaria en las cacerías de llanura, en el bosque es primordial. Supóngase una selva inextricable, densa hasta ahogar el sol, y de vegetación y terreno uniformes. No hay modo de avanzar media cuadra o efectuar una corrida circular, sin perder absolutamente la conciencia de donde se está. Si los avances, ahora, duran desde el amanecer hasta el crepúsculo, y las corridas tras las piezas han ocasionado, no uno, sino cuarenta círculos y contracírculos, fácil es suponer la remota probabilidad que tiene un buen hombre de saber hacia qué rumbo está precisamente su casa.

Este conflicto no preocupa al verdadero cazador. Esté donde esté, dé las vueltas que quiera en el monte, sabrá siempre qué dirección es menester seguir para hallar la entrada del monte. Hay casi siempre indicaciones que el cazador utiliza. Por ejemplo, la dirección del viento, que ha tenido buen cuidado de observar al principio. Concluida la cacería, nuestro hombre levanta la cabeza y mira, allá arriba, en la cima de los árboles, la inclinación de las ramas.


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Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

El Boa

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


La designación de boa es genérica, y comprende unas cuantas especies de serpientes sudamericanas. En lenguaje común, sin embargo, entendemos por boa toda serpiente singularmente larga, proporcionalmente gruesa y capaz de hacer crujir entre sus anillos los huesos de la víctima que entre ellos encerró. Naturalmente, estos boas son hijos de la zona ecuatorial, y apenas si una u otra especie de menor tamaño se aventura por bajo del trópico.

La primera noticia personal que en Misiones tuvimos del boa, nos la ofreció una víbora arrollada, una mañana, ante la puerta del taller.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Cadiceño

Rosalía de Castro


Cuento, Crónica


Allá lejos, por el camino que blanquea entre los viñedos y maizales, veo aparecer, como caballeros con lanza en ristre, dos hombres bélicamente armados de enormes paraguas, y cuyo aire y contoneo viene diciendo: «¡Que entramos!".

Y a fe que no sé si retirarme de la ventana por temor a un reto de esos que hacen estremecer las inanimadas piedras y temblar las montañas. ¡Han aprendido tanto esos benditos allá por las tierras de María Santísima! Vuelven tan sabios y avisados que no sería extraño adivinasen, con solo mirarme el rostro, que estaba tomándole la filiación para hacer su retrato.

Y atrévase cualquiera a mostrar a su prójimo, siquiera en leve bosquejo, las grandes narices o las grandes orejas con que le dotó la prodiga naturaleza. ¡Oh!, yo sé perfectamente cuán peligroso es tal oficio. Pronto el de las grandes orejas o el de las grandes narices, sin pararse a considerar que no todos podemos ser, y de ello me pesa, lo que se dice miniaturas, se volverá iracundo contra el artista, diciendo:

–Voy a romperle a usted el alma; yo no soy ese fantasma que acaba usted de diseñar. Usted hace caricaturas en vez de retratos.

Y si el artista es tímido, tiene entonces que volver a coger el pincel, y en dos segundos, ¡chif! ¡chaf!, pintar las orejas y las narices mas cucas del universo.

Mas no haré yo tal por solo obedecer a una exigencia injusta, que, antes que nada, el hombre debe ser fiel a la verdad, y el artista, a la verdad y al arte. Quieran, pues, o no quieran los que escupen por el colmillo, me decido a cumplir con la espinosa misión que me ha sido encomendada, y advierto que, como mi conciencia juega siempre limpio en tales lances, de hoy más serán inútiles las protestas, inútiles así mismo las amenazas vanas.


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Publicado el 1 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Caguaré

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Pocas cosas parecen más comprobadas que el amor de los osos hormigueros por las hormigas y la miel. Y pocas más difíciles, en cambio, que criar uno de estos animalitos con aquellos manjares.

De las dos especies de osos hormigueros conocidas en Misiones, una de ellas posee una cola fantásticamente rica que lleva enmarcada a la rastra, y que enarbola como un penacho a la menor sorpresa. Es el ñurumí, o tamanduá bandeira, como dicen los brasileños. La otra especie es más pequeña y posee una cola prehensil, muy semejante a la de las comadrejas. Vive en los árboles, y se la denomina caguaré.

En cierta ocasión tuvimos en casa un caguaré, y la primera insinuación sobre lo extraño de su pelaje, me la dió mi chico, prendido de mi mano ante la vista del animal.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Capitán Invisible

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Cuando un médico dice que lo que se paga con diez pesos por su consulta no es el examen de un minuto o la receta de un segundo, sino los largos años de perseverancia —si no de pobreza— con que sobrellevó sus estudios, expresa la situación de todos aquellos que sin esfuerzo aparente perciben el interés de un fuerte capital invisible.

Las gentes suelen juzgar con mal humor este como agio de la intelectualidad, tanto más duro cuanto sutil en la esencia del capital opresor: Tal el del arte, cuyas transacciones económicas han pasmado eternamente y continúan pasmando a los mercaderes de orden más general.

Hace muchos años, un señor cuyo nombre no hace al caso, propietario de una casa de modas, recibió una tarde la visita de Rubén Darío, con quien tenía una de esas vagas amistades que depara un encuentro en tal o cual bar.


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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

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