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Aguafuertes Porteñas

Roberto Arlt


Crónica, Artículo


Yo no tengo la culpa

Yo siempre que me ocupo de cartas de lectores, suelo admitir que se me hacen algunos elogios. Pues bien, hoy he recibido una carta en la que no se me elogia. Su autora, que debe ser una respetable anciana, me dice:

"Usted era muy pibe cuando yo conocía a sus padres, y ya sé quién es usted a través de su Arlt".

Es decir, que supone que yo no soy Roberto Arlt. Cosa que me está alarmando, o haciendo pensar en la necesidad de buscar un pseudónimo, pues ya el otro día recibí una carta de un lector de Martínez, que me preguntaba:

"Dígame, ¿usted no es el señor Roberto Giusti, el concejal del Partido Socialista Independiente?"

Ahora bien, con el debido respeto por el concejal independiente, manifiesto que no; que yo no soy ni puedo ser Roberto Giusti, a lo más soy su tocayo, y más aún: si yo fuera concejal de un partido, de ningún modo escribiría notas, sino que me dedicaría a dormir truculentas siestas y a "acomodarme" con todos los que tuvieran necesidad de un voto para hacer aprobar una ordenanza que les diera millones.

Y otras personas también ya me han preguntado: "¿Dígame, ese Arlt no es pseudónimo?".

Y ustedes comprenden que no es cosa agradable andar demostrándole a la gente que una vocal y tres consonantes pueden ser un apellido.

Yo no tengo la culpa que un señor ancestral, nacido vaya a saber en qué remota aldea de Germanía o Prusia, se llamara Arlt. No, yo no tengo la culpa.


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Dominio público
110 págs. / 3 horas, 13 minutos / 1.609 visitas.

Publicado el 20 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Silla en la Vereda

Roberto Arlt


Crónica


Llegaron las noches de las sillas en la vereda; de las familias estancadas en las puertas de sus casas; llegaron, las noches del amor sentimental de “buenas noches, vecina”, el político e insinuante “¿cómo le va, don Pascual?”. Y don Pascual sonrie y se atusa los “baffi”, que bien sabe por qué el mocito le pregunta cómo le va. Llegaron las noches…

Yo no sé qué tienen estos barrios porteños tan tristes en el día bajo el sol, y tan lindos cuando la luna los recorre oblicuamente. Yo no sé qué tienen; que reos o inteligentes, vagos o activos, todos queremos este barrio con su jardín (sitio para la futura sala) y sus pebetas siempre iguales y siempre distintas, y sus viejos, siempre iguales y siempre distintos también. Encanto mafioso, dulzura mistonga, ilusión baratieri, ¡qué sé yo qué tienen todos estos barrios!; estos barrios porteños, largos, todos cortados con la misma tijera, todos semejantes con sus casitas atorrantas, sus jardines con la palmera al centro y unos yuyos semiflorecidos que aroman como si la noche reventara por ellos el apasionamiento que encierran las almas de la ciudad; almas que sólo saben el ritmo del tango y del “te quiero”. Fulería poética, eso y algo más.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 635 visitas.

Publicado el 21 de abril de 2023 por Edu Robsy.

Historia de las Indias

Fray Bartolomé de las Casas


Historia, Crónica


Advertencia preliminar

Esta historia dejo yo Fray Bartolomé de las Casas, Obispo que fue de Chiapa, en confianza a este Colegio de Sant Gregorio, robando y pidiendo por caridad al padre Rector y Consiliarios del, que por tiempo fueren, que a ningún seglar la den para que, ni dentro del dicho Colegio, ni mucho menos de fuera del, la lea por tiempo de cuarenta años, desde este de sesenta que entrará, comenzados a contar; sobre lo cual les encargo la consciencia. Y pasados aquellos cuarenta años, si vieren que conviene para el bien de los indios y de España, la pueden mandar imprimir para gloria de Dios y manifestación de la verdad principalmente, Y no parece convenir que todos los colegiales la lean, sino los más prudentes, porque no se publique antes de tiempo, porque no hay para qué ni ha de aprovechar.

Fecha por Noviembre de 1559.

Deo gratias.

El Obispo Fray Bartolomé de las Casas.

Prólogo de la historia

En el cual trata el autor difusamente los diversos motivos y fines que los que historias escriben suelen tener. —Toca la utilidad grande que trae la noticia de las cosas pasadas. — Alega muchos autores y escritores antiguos. —Pone muy largo la causa final e intincion suya que le movió a escribir esta Corónica de las Indias. —Asigna los grandes errores que en muchos, cerca de estas naciones indianas, ha habido y las causas de donde procedieron. — Señala también las otras causas, formal y material, y eficiente, que en toda obra suelen concurrir.


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Dominio público
1.048 págs. / 1 día, 6 horas, 35 minutos / 2.513 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Nuevas Aguafuertes

Roberto Arlt


Crónica, Artículo


Canning y Rivera

Canning y Rivera, intersección sentimental de Villa Crespo, refugio de vagos y filósofos baratos; pasaje obligado de fabriqueras, gorreros judíos y carniceros turquescos; Canning y Rivera, camino de Palermo, esquina con historia de un suicidio (una muchacha hace un año se tiró de un tercer piso y quedó enganchada en los alambres que sostienen el toldo del café salvándose de la muerte), y un café que desde la mañana temprano se llena de desocupados con aficiones radiotelefónicas.

El café

Si usted tiene aficiones a la atorrancia; si a usted le gusta estarse ocho horas sentado y otras ocho horas recostado en un catre, si usted reconoce que la divina providencia lo ha designado para ser un soberbio «squenun» en la superficie del planeta, múdese a las inmediaciones de Canning y Rivera. Todas sus ambiciones serán colmadas… y el reino de los inocentes le será dado, por añadidura.


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Dominio público
80 págs. / 2 horas, 20 minutos / 132 visitas.

Publicado el 4 de marzo de 2022 por Edu Robsy.

Del Asesinato Considerado Como una de las Bellas Artes

Thomas De Quincey


Artículo, ensayo, crónica


Primer artículo

I. Advertencia de un hombre morbosamente virtuoso

Seguramente la mayoría de quienes leemos libros hemos oído hablar de la Sociedad para el Fomento del Vicio, del Club del Fuego Infernal que fundó el siglo pasado Sir Francis Dashwood, etc. En Brighton, si no me equivoco, se estableció una Sociedad para la Supresión de la Virtud. La propia sociedad fue suprimida, pero lamento decir que en Londres existe otra, de carácter aún más atroz. En vista de sus tendencias le convendría el nombre Sociedad para la Promoción del Asesinato, pero aplicándose un delicado eufemismo (ευφημιομοζ) se llama la Sociedad de Conocedores del Asesinato. Sus miembros se declaran curiosos de todo lo relativo al homicidio, amateurs y dilettanti de las diversas modalidades de la matanza, aficionados al asesinato en una palabra. Cada vez que en los anales de la policía de Europa aparece un nuevo horror de esta clase se reúnen para criticarlo como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte. No me daré el trabajo de describir el espíritu que anima sus actividades, pues el lector podrá apreciarlo mejor en una de las Conferencias Mensuales leídas ante la sociedad el año pasado. El texto llegó a mis manos por azar, a pesar de la vigilancia que ejercen los miembros para que el público no se entere de sus deliberaciones. Al verlo impreso se sentirán alarmados y ésa, justamente, es mi intención. En efecto, prefiero con mucho que la sociedad se disuelva tranquilamente ante un llamamiento dirigido a la opinión pública y sin necesidad de recurrir a los tribunales de policía de Bow Street, para lo cual habría que citar nombres, aunque si no tengo más remedio emplearé este último recurso. Mi intensa virtud no puede permitir que ocurran tales cosas en un país cristiano.


Información texto

Protegido por copyright
111 págs. / 3 horas, 14 minutos / 668 visitas.

Publicado el 24 de enero de 2018 por Edu Robsy.

Las Leyendas Incomprensibles

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


A propósito de Robo por virtud, últimamente estrenada, ha vuelto a nuestra memoria una cinta de no remota exhibición: Rostros lívidos, del japonés Hayakawa. Esta cinta se caracterizó desde las primeras escenas por una tan flagrante inadaptación de las leyendas, que en verdad no supimos qué pensar de ella, ni quiénes eran sus personajes, ni cuál era su ambiente. Al parecer se trataba de un joven chino de vieja cepa, educado en Estados Unidos, que regresa al rancio hogar paterno transformado en un occidental de yaqué y sombrero de copa. El cual, ante una pregunta de los mandarines que asisten al regreso, responde textualmente:

—¿Que si me he divertido? ¡Macanudamente!, como decimos los criollos.


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2 págs. / 4 minutos / 9 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Dos Mercados

Benjamín Jarnés


Crónica


Dos mercados

El zoco

Si una mañana, calle arriba de Santa Isabel, sube el viajero desde la estación de Atocha a la plazuela de Antón Martín, tropezará con un zoco. A la ciudad le brota, de repente, una bulliciosa erupción vegetal, y en torno a la erupción, pulula un femenino enjambre. La calle, al morir, forma una suerte de cayado: un cayado florido, no por milagros celestes, sino mercantiles. La flora más cuajada le nace en el puño.

Hay en Madrid mercados monumentales y mercados de vivac. Ciñe a los primeros un muro de hierro. Una plazoleta les forma su valla geométrica. Los segundos surgen impetuosamente en medio de la calle; invaden las aceras; inundan las calles contiguas de colores vivaces, de acres olores de campo; acribillan el barrio con sus gritos broncos. Hay mercados —catedrales del color— donde cada color goza de bien medidos retablos, y la fauna sacrificada se reparte en aras de mármol, idénticas, municipales, burocráticas. Entrar allí es sumergirse en una biblioteca, donde cada texto encasillado aguarda a un aburrido lector. En ella se trazaron unas rectas, se distribuyó sesudamente el espacio: cada familia, animal o vegetal, recibe allí su porción exacta de terreno, que va luego rellenando de color.

En el mercado libre, los colores se agolpan, se apelotonan, entablan violentas escaramuzas, riñen, hasta derrotar definitivamente al más enclenque. Cada fruta se marca, vanidosamente, sus propios confines. Triunfa el grito más osado, el color más vivaz. Si el viajero se detiene ante cada refriega, verá, acaso, un haz de plátanos esconder, tímidamente, su pálido amarillo ante la fanfarrona agresión de un tropel rojo de pimientos. Verá el plebeyo morado de un ramo de berenjenas invadir procazmente el terreno tan firmemente dorado por unos racimos de ámbar.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 8 visitas.

Publicado el 7 de octubre de 2026 por Edu Robsy.

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