Textos más populares este mes etiquetados como Crónica que contienen 'u' | pág. 17

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Las Cintas En Serie

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


No escapa a nadie que el motivo de diluir en muchos actos un largo drama cinematográfico —como si dijéramos los capítulos de un folletín— es sencillamente asegurar un público sostenido, gracias al interés encadenado de dichas series. Pero he aquí que los complicados novelones del principio, casi siempre policiales, concluyeron por cansar: el público en general, cada vez más educado en sentimientos de arte, no se satisfacía más con intrigas e incidentes a cual más descabellado. Buscaba, en una palabra, la vida del drama y no su representación escueta. Las empresas cinematográficas lo comprendieron muy pronto, y el resultado ha sido el siguiente: que los desacreditados films en serie son, hoy por hoy, muy superiores a la gran mayoría de las cintas llamadas serias. ¿En qué reside esta superioridad? En lo que acabamos de anotar más arriba: en la vida de los personajes, de su carácter, de su acción. No importa que la cinta en serie sea pobre en intriga e incidentes; la cuestión es que tales incidentes estén rigurosamente desarrollados, aún excesivamente desarrollados.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 4 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Cine En La Escuela

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Por raro que parezca, la semana última no ha registrado un solo estreno. Las casas exhibidoras retienen para el próximo otoño las cintas de última data, lo que nos promete una temporada feliz. Por otro lado, parece ser que existen dificultades entre las casas alquiladoras y los salones, tirantez de relaciones a que no sería ajena la escasez actual de estrenos. Pero no siendo de nuestra incumbencia estos conflictos de pantalla adentro, constatamos el lamentable periodo cinematográfico por que estamos pasando, que es lo que nos interesa en verdad.

El Cine en la Escuela. Sus Apologistas. —Cuando Pablo Deschanel, presidente actual de Francia, presidió en 1914 el banquete de la Cámara Sindical del Cine, dijo entre otras cosas:


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Dominio público
2 págs. / 5 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Porvenir Del Cine…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Porvenir del Cine. —¿Melodrama? —¿Aventuras de Viaje? —¿Piezas Sociales? —En el número anterior hicimos un esfuerzo en pro de la instrucción por medio del cine, bajo el patronato de tres altas personalidades de Francia: Deschanel, Viviani y Bérgerat. Hoy dejaremos la palabra al señor Diamant-Berger, intelectual que ha estudiado detenidamente el cinematógrafo en todas sus manifestaciones.


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Dominio público
3 págs. / 5 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Secreto De La Confesión

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Para conmemorar a su modo la semana santa, los salones de cine estrenaron la cinta del título, obra de profundo espíritu religioso, aprobada y recomendada por la curia eclesiástica. Ganados por un poco de curiosidad, ya que no es frecuente plantear y debatir en la pantalla problemas religiosos, hemos asistido al estreno de dicha cinta, donde la presencia de Walthall era ya fuerte recomendación.

Se trata en aquélla de un sacerdote católico que recibe en confesión el secreto de un grave crimen. El asesinado es el propio hermano del sacerdote.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

La Locura De Las Trincheras

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Entre los mil aspectos de la guerra que escaparon al cine, ninguno menos explotado que esta locura del sistema nervioso entero, destrozado por un bombardeo. Después de la batalla de la Champaña, donde, como se recordará, las trincheras alemanas estuvieron sometidas a un cañoneo sin precedentes, dos mil soldados germanos, que habían soportado el fuego, fueron internados en sanatorios especiales, con una nueva forma de locura cuya manifestación típica era un estado constante de estupor ansioso, que sólo se rompía al menor ruido en atroces aullidos de sufrimiento. Las salas se mantenían casi obscuras, y los enfermos yacían acostados, inmóviles, y los ojos abiertos. Pero un poco de luz que entrara bruscamente, la caída súbita de un frasco, provocaba ataques de locura furiosa. Y así permanecían meses, años, y muchos por toda la vida, con los nervios destrozados. Y sin esperanzas de volver a ser los hombres que habían sido antes de ser bombardeados en una trinchera.

El cuadro de estos dos mil hombres internados en un lúbrego manicomio, convertidos en harapos humanos, es ya sobrado horizonte para una pieza dramática. Pero ha de ser, asimismo, pequeño, ante los mil dramas domésticos a que habrá dado lugar la vuelta al hogar del millón de soldados semilocos, con manías, tics, alucinaciones e insomnios de hombres bombardeados setenta y dos horas, y que después de eso no volverán jamás a ser lo que fueron.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

Crónicas

Amado Nervo


Crónica, Artículo


Los sabios y el misterio de la vida

El año de 1913 ha sido fértil para la ciencia.

Infinitos inventos e infinitas derivaciones prácticas de descubrimientos anteriores, han venido a aumentar enormemente el acervo mental humano. Empero, el problema por excelencia en que los hombres de laboratorio han trabajado quizá con más encarnizamiento, es el de la conquista de la energía intra-atómica, «de esa energía inmensa, capaz de dislocar y de romper el equilibrio indestructible que existe en los electrones constitutivos del átomo» y merced a la cual se redimiría al mundo, desapareciendo las desigualdades de la suerte que obligan a las cinco sextas partes de la humanidad a trabajar sin descanso para producir lo necesario a una sexta parte privilegiada. La energía intra-atómica, la utilización de las mareas y el aprovechamiento del calor solar, podrían por sí solos realizar con exceso toda la suma de trabajo que el mundo necesita para vivir.

Llegada la actividad científica al punto en que se halla, todo hace presumir que va a desbordarse en incontables aplicaciones. Los descubrimientos se seguirán vertiginosamente. Lo que soñábamos como lejano se volverá habitual, sin causarnos sorpresa ninguna, gracias a esa maravillosa facultad que poseemos de adaptarnos a todo.


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Dominio público
119 págs. / 3 horas, 29 minutos / 591 visitas.

Publicado el 9 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

La Rebelión de los Tártaros

Thomas de Quincey


Historia, crónica


o huida del Khan de los Calmucos y su pueblo de los territorios de Rusia a las fronteras de la China

En la historia moderna, y tal vez pueda decirse que en toda la historia, a partir de sus más tempranos anales, no hay acontecimiento que se conozca menos ni que impresione tanto a la imaginación como la huida que durante la segunda mitad del siglo pasado emprendió hacia oriente, a través de las estepas interminables de Asia, una de las principales naciones tártaras. El terminus a quo y el terminus ad quem de la huida son igualmente magníficos —el primero el trono más poderoso de la Cristiandad, el segundo el más poderoso del Paganismo— y las circunstancias románticas que la rodean ponen de relieve armoniosamente la grandeza de ambos extremos. Lo brusco del comienzo y la fiera rapidez de la ejecución anuncian el carácter bárbaro y apasionado de quienes encabezaron el movimiento. En la unidad de propósito que congrega una miríada de voluntades y en la trayectoria ciega pero certera hacia un blanco tan remoto hay algo que recuerda los instintos omnipotentes que impulsan las migraciones de la golondrina y el lemming o las marchas devastadoras de langosta. La sombría venganza de Rusia, que prendió su cruel artillería a la retaguardia y los flancos de los vasallos fugitivos evoca imágenes de Milton: pienso en la mano solitaria que persigue a la hueste rebelde a través de los espacios desiertos y el antiguo caos, hasta alcanzar con salvas atronadoras a quienes ya se creían al amparo de la oscuridad y la distancia.


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56 págs. / 1 hora, 39 minutos / 268 visitas.

Publicado el 25 de enero de 2018 por Edu Robsy.

El Cadiceño

Rosalía de Castro


Cuento, Crónica


Allá lejos, por el camino que blanquea entre los viñedos y maizales, veo aparecer, como caballeros con lanza en ristre, dos hombres bélicamente armados de enormes paraguas, y cuyo aire y contoneo viene diciendo: «¡Que entramos!".

Y a fe que no sé si retirarme de la ventana por temor a un reto de esos que hacen estremecer las inanimadas piedras y temblar las montañas. ¡Han aprendido tanto esos benditos allá por las tierras de María Santísima! Vuelven tan sabios y avisados que no sería extraño adivinasen, con solo mirarme el rostro, que estaba tomándole la filiación para hacer su retrato.

Y atrévase cualquiera a mostrar a su prójimo, siquiera en leve bosquejo, las grandes narices o las grandes orejas con que le dotó la prodiga naturaleza. ¡Oh!, yo sé perfectamente cuán peligroso es tal oficio. Pronto el de las grandes orejas o el de las grandes narices, sin pararse a considerar que no todos podemos ser, y de ello me pesa, lo que se dice miniaturas, se volverá iracundo contra el artista, diciendo:

–Voy a romperle a usted el alma; yo no soy ese fantasma que acaba usted de diseñar. Usted hace caricaturas en vez de retratos.

Y si el artista es tímido, tiene entonces que volver a coger el pincel, y en dos segundos, ¡chif! ¡chaf!, pintar las orejas y las narices mas cucas del universo.

Mas no haré yo tal por solo obedecer a una exigencia injusta, que, antes que nada, el hombre debe ser fiel a la verdad, y el artista, a la verdad y al arte. Quieran, pues, o no quieran los que escupen por el colmillo, me decido a cumplir con la espinosa misión que me ha sido encomendada, y advierto que, como mi conciencia juega siempre limpio en tales lances, de hoy más serán inútiles las protestas, inútiles así mismo las amenazas vanas.


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Dominio público
9 págs. / 17 minutos / 288 visitas.

Publicado el 1 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Grito de Asencio

Eduardo Acevedo Díaz


Crónica


Lucían las últimas estrellas en un cielo límpido y tranquilo, y comenzaba el alba a tender sus blanquecinos velos en el horizonte con sus orlas de rosas pálidas, cuando un movimiento acompañado de confusos rumores se operó alrededor de las «casas».

Los hombres montaban a caballo, entre chasquidos de rebenques, fragor de armas, escarceos de piafadores redomones y choques de ginetes que buscaban entrar en las filas en orden de marcha, a un flanco de la enramada.

La voz de Pedro José Viera retumbaba atronadora a la cabeza de la columna hablando de libertad o independencia. y un grito formidable lanzado por cien bocas respondía a su corta y viril arenga, entre los brincos y bufidos de los potros alborotados por la espuela y el vocerío

Las mujeres se lanzaron fuera, mozas y viejas, oprimiéndose entre sí, estrujándose y haciendo al fin compacto pelotón en torno del Ombú, arrebujadas apenas algunas de ellas y todas con las cabelleras sueltas desencajadas, temblorosas, escudriñando los detalles del cuadro que se ofrecía a su vista.

¡Parecia soplar un viento de tormenta!

Las medias tintas crespusculares cedían su puesto a los resplandores de la aurora, que esparcía por campos y bosques su luz suave y tibia.

La columna negra no se había aún movido: las lanzas en alto se agitaban nerviosas en pintoresca confusión de moharras, medias-lunas, tijeras, clavos y banderolas; los trabucos enmohecidos, las tercerolas inservibles, las pistolas sin baquetas, los sables viejos, las dagas de canales, las bolas retobadas con piel de

lagarto de los zambos, las plas toscas de los «tapes», todo se movía y levantaba con los brazos robustos para jurar la guerra al opresor.

Los instintos guerreros bramaban iracundos en aquella gran manada de pumas.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 65 visitas.

Publicado el 11 de agosto de 2024 por Edu Robsy.

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