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La Siesta de los Zopilotes

Arturo Ambrogi


Cuento, crónica


Los zopilotes, abrumados por el calor canicular, han sofrenado su vuelo, su vuelo pausado y solemne. Los zopilotes se han detenido, jadeantes, y escalonándose de una manera simétrica en las ramas del viejo carao, se dejan vencer por el sopor que flota en la atmósfera.

Los zopilotes, ya acomodados en las ramas del viejo carao, doblan el cuello, zambullen la cabeza bajo las alas medio desplumadas y se quedan inmóviles.

Los zopilotes dormitan.

Y las manchas negras de su plumaje, las manchas intensas y uniformes, se destacan, netas, sobre el fondo de índigo del cielo diáfano y transparente.

Al carao en que los zopilotes se refugian, los años han ido, despiadados, despojándole de todas sus hojas, hasta dejarlo mondo. Y es así que sus ramas se extienden retorcidas, atormentadas, coronando el tronco rugoso, como los ocho tentáculos de un pulpo.

Los zopilotes dormitan.

Mientras tanto, el sol cae a plomo sobre el cantizal.

Cae a plomo, y hiere las aristas de los cantos, los filos de los guijarros rodantes, arrancándoles cegadores destellos. Cae, y reverbera en la arena como sobre una lámina de antimonio.


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Publicado el 8 de junio de 2020 por Edu Robsy.

La Revancha De Gloria Swanson

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La señora Swanson, estrella mack-sennettista en su recién perdida juventud, trocó un día faldas cortas y peinadores más breves aún por los trajes comm’il faut, con un éxito resonante que arrastró consigo al señor De Milie, su consecuente director. 

No hay en efecto modo de separar a la actriz nombrada del influyentísimo supervisor, que parece no poder concebir escenarios de gran lujo sin la cooperación ineludible de Gloria Swanson. Desde la feliz Macho y hembra, esta estrella ha atraído y prestado su concurso al señor De Mille en casi todas sus grandes cintas —casi siempre más largas que grandes. 


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4 págs. / 8 minutos / 3 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

La Pendiente De Griffith…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La Pendiente de Griffith. Puro Corazón. —La cinta de este título fue estrenada en Nueva York en 1919, ignoramos si con éxito. Pero no debió ser grande, cuando la propaganda local, fiel siempre a la ídem neoyorquina, no columpió en sus brazos a esta cinta de Griffith con los efusivos cánticos comúnmente consagrados a las hijas de este director. 

Puro corazón, sin embargo, no se aparta casi del género a que Griffith ha dedicado su amor en los últimos tiempos. Como en la mayor parte de estos filmes, se alza en el que nos ocupa una figura central, inefable, dechado de virtudes y nobleza; una triste y fea mujercita que sonríe ante la belleza de su rival, que llora de felicidad al entregar a una mala ficha al hombre que adora, y que transmuta sus penas de amor en ricos budines para endulzar las cenas agrias del ingrato amargado y de la mujer que lo inutilizó. 


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Dominio público
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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

La Palmera

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Uno de mis sueños de chico fue llegar a ver un día la avenida de las palmeras, en Río de Janeiro. Cuando pude realizarlo, vinieron a mi memoria las palabras con que un viejo señor observó una espléndida foto de dicha avenida, que yo en aquel momento contemplaba,

—Esto no da impresión de lo que es —dijo—. Es preciso verla.

Tenía razón el sujeto. Los testigos de comparación, humanos casi siempre, que se estilan al pie de los grandes monumentos, no logran nunca exaltar la grandeza de aquéllos. En las fotografías de la avenida en cuestión, se percibe claramente, por la pequeñez del hombre al pie de las palmeras, que éstas deben ser veinte o treinta veces más altas. Esta deducción se verifica ante una minúscula cartulina 9/12, bellísima de colores.

En realidad, las palmeras tienen 40 metros. Pero es preciso ver que es una columna viva de esta altura, en cuya sola cúspide, surgiendo como por fantasía, puede decirse que está la planta.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ñandurihé

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Hasta el día de hoy, las gentes del norte no han podido ponerse de acuerdo sobre la ñandurihé. Esta víbora representa, sin género alguno de duda, al más venenoso ser de la creación.

Hasta aquí, el acorde es perfecto. Pero cuando deseamos especificar fisonomía, color y particularidades de esta lúgubre bestia, las lenguas se confunden.

Sólo un aspecto de aquélla permanece inalterable en todas las leyendas: su tamaño. La ñandurihé es una viborilla deslizante y fugaz, cuya breve mordedura anuncia cierta, segura, precisa, inexorable y fatalmente, la muerte.

En casa tuvimos una, a que mis chicos profesaron un afecto casi de hermanos mayores. La habíamos hallado entre los bambúes, deslizándose bajo las hojas caídas, que se arqueaban apenas a su paso.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ñacaniná

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Un hombre, cuya veracidad es para mí el Evangelio, me contó una vez que habiendo encontrado en un naranjal de Misiones una ñacaniná, le tiró, como por broma, una naranja desde diez metros de distancia. La culebra se había vuelto hacia él, observándolo. Como el hombre insistiera con otra naranja, la ñacaniná lo había atacado. Ni el hombre ni yo sabemos nada del carácter de este ataque, pues aquél huyó sin volverse a ver si le seguían. Cuánto puede haber durado la persecución, si llegó a haberla, lo ignora el hombre. 


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Mutilación De "Detrás De La Puerta"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Cuando en números anteriores adelantamos una crónica muy elogiosa del film Detrás de la puerta, que acababa de ser pasada en privado, insistimos ex profeso en dos elementos de dicha cinta: una situación y una leyenda, por constituir ambos elementos el eje del drama. La situación era la siguiente: Cuando el capitán del submarino se rinde ante la resistencia de la náufraga, entrega a ésta a la tripulación. La escena no hace más que entreverse, y es salvada con todo decoro por el director Ince; pero el efecto no es menos poderoso, tan poderoso que desde ese momento la villanía del oficial levanta un soplo de indignación en el espectador: cuanto pueda acaecerle a ese miserable, está ya juzgado y aceptado.


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Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

La Moralidad En El Cine…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


La Moralidad en el Cine. William Hart. —Con El mar de arena, historia sentimental de una travesía del desierto, vuelve a presentarse en la pantalla este actor, de relieve tan singular que merece nos detengamos a considerarlo. 

Hart personifica sobre todo, y por encima de todo, al varón. No existe en todo el cine un ser de rostro menos agraciado que el suyo. Pasa visiblemente de los cuarenta y cinco años. Es tosco —por lo menos en la pantalla—, y simula a maravilla ser muy tímido en achaques de amor. No es pues ni buen mozo, ni joven, ni elegante, ni ha desempeñado que sepamos papeles de intelectual. ¿A qué se debe, entonces, el prestigio que entre el bello sexo tiene este actor tan desprovisto de seducción? 


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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

La Moral Del Ford

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica



No es para nadie un misterio que la propiedad de un Ford lleva aparejado un sinfín de disgustos. No reza este contraste con los coches del último modelo. Trátase aquí de un automóvil de verdad, ajeno a la lúgubre nombradía de sus antecesores. El Ford verdadero y legítimo, maravilloso y desesperante, calamitoso e insubstituible, es el otro, catalogado con la letra T. Todos los pertenecientes a esta edición, provengan del año 1927 o hayan perdurado desde 1912 hasta hoy, han contribuido más a la fatiga, la neurastenia y la desesperación de sus propietarios que el resto de sus vicisitudes en la vida.

Cuéntanse estas vicisitudes por billones en tales seres, a causa de la miserable vida que han llevado desde el nacer. Todo puede sospecharse del dueño de un Ford, menos opulento bienestar. Su propiedad indica, denuncia y propala a grito herido la pobreza de su conductor. Y a esta vergonzante condición, dura ya de sobrellevar, se suman las penurias y fatigas sin cuento que la frágil existencia de su vehículo exige.


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Publicado el 24 de julio de 2026 por Brian.

La Locura De Las Trincheras

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Entre los mil aspectos de la guerra que escaparon al cine, ninguno menos explotado que esta locura del sistema nervioso entero, destrozado por un bombardeo. Después de la batalla de la Champaña, donde, como se recordará, las trincheras alemanas estuvieron sometidas a un cañoneo sin precedentes, dos mil soldados germanos, que habían soportado el fuego, fueron internados en sanatorios especiales, con una nueva forma de locura cuya manifestación típica era un estado constante de estupor ansioso, que sólo se rompía al menor ruido en atroces aullidos de sufrimiento. Las salas se mantenían casi obscuras, y los enfermos yacían acostados, inmóviles, y los ojos abiertos. Pero un poco de luz que entrara bruscamente, la caída súbita de un frasco, provocaba ataques de locura furiosa. Y así permanecían meses, años, y muchos por toda la vida, con los nervios destrozados. Y sin esperanzas de volver a ser los hombres que habían sido antes de ser bombardeados en una trinchera.

El cuadro de estos dos mil hombres internados en un lúbrego manicomio, convertidos en harapos humanos, es ya sobrado horizonte para una pieza dramática. Pero ha de ser, asimismo, pequeño, ante los mil dramas domésticos a que habrá dado lugar la vuelta al hogar del millón de soldados semilocos, con manías, tics, alucinaciones e insomnios de hombres bombardeados setenta y dos horas, y que después de eso no volverán jamás a ser lo que fueron.


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Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

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