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Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 9 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Cuadros

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Es uno de los tantos días, ayer, mañana, hoy; una hermosa mañana de invierno, con un sol brillante que enloquece a mis chicos después de 15 días de cielo fosco y helado. Bien se ve; mis chicos vienen del bosque del extremo norte. Son dos cachorros de vida libre, que cuesta aclimatar. Algo de vida urbana es preciso, sin embargo.

La mañana es un encanto, pues. Como tengo qué hacer, sujeto a mis chicos en casa, prometiéndoles el paseo para después de mediodía. Y con la orden abrumadora de siempre: "No me pongan los pies en la calle mientras yo no esté en casa". En casa, el tranvía pasa rasando la vereda.

Salgo, pues. Bastante feliz, con un amplio sol, un porvenir lleno de esperanzas, y mis hijos sanos. Nada: ni en la tierra, ni en el cielo, ni en mis recuerdos, ni en el porvenir, y menos en el momento presente, evoca una de esas cosas que hacen contraer las cejas. La dicha de vivir con el corazón en calma como hoy, y a perpetuidad, es evidente como el mismo día de luz.


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Dominio público
2 págs. / 5 minutos / 14 visitas.

Publicado el 29 de julio de 2026 por Brian.

Cuentos y Crónicas

Rubén Darío


Cuento, Crónica


EL CASO DE LA SEÑORITA AMELIA

(CUENTO DE «AÑO NUEVO»)

I

Que el Doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador; que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterioso, sobre todo después de la publicación de su obra sobre La plástica de Ensueño, quizás podríais negármelo o aceptármelo con restricción; pero que su calva es única, insigne, hermosa, solemne, lírica si gustáis, ¡oh, eso nunca, estoy seguro! ¿Cómo negaríais la luz del sol, el aroma de las rosas y las propiedades narcóticas de ciertos versos? Pues bien; esta noche pasada, poco después que saludamos el toque de las doce con una salva de doce taponazos del más legítimo Roederer, en el precioso comedor rococó de ese sibarita de judío que se llama Lowensteinger, la calva del doctor alzaba, aureolada de orgullo, su gruñido orbe de marfil, sobre el cual, por un capricho de la luz, se veían sobre el cristal de un espejo las llamas de dos bujías que formaban, no sé cómo, algo así como los cuernos luminosos de Moisés. El doctor enderezaba hacia mí sus grandes gestos y sus sabias palabras. Yo había soltado de mis labios, casi siempre silenciosos, una frase banal cualquiera. Por ejemplo, ésta: «¡Oh, si el tiempo pudiera detenerse!» La mirada que el doctor me dirigió y la clase de sonrisa que decoró su boca después de oir mi exclamación, confieso que hubiera turbado a cualquiera.


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70 págs. / 2 horas, 3 minutos / 448 visitas.

Publicado el 28 de abril de 2016 por Edu Robsy.

El Cazador De Monte

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


La caza mayor de monte —el monte subtropical del nordeste, que es el que nos ocupa— puede concretarse a la de dos animales: el tapir y el tigre.

La cacería del tapir —o anta, o gran bestia, o mborebí, pues con todos estos nombres se le conoce— es una aventura vulgar, muy fatigosa cuando se la efectúa corriendo a través del monte, o descansada hasta el cansancio cuando se espera a la bestia horas y horas en el agua. Su caza no ofrece peligros, fuera de los inherentes a la corrida misma. La puede emprender cualquier hombre ágil o paciente, según el caso, y con cualquier arma y cualquier clase de perros.

Dicha caza, pues, no caracteriza en modo alguno al cazador.


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4 págs. / 8 minutos / 15 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2026 por Brian.

El Crisol

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


En una noche de lluvia, y en un pueblo del sudoeste del país, tuve ocasión de apreciar debidamente el valor metafórico del utensilio que titula estas líneas.

Por mera casualidad yo asistía esa noche a una manifestación escolar que se celebraba allí con motivo de una fiesta patria. El pueblo contaba escasamente mil habitantes, y los alumnos de la escuela alcanzaban a doscientos. Prolíficas, pues, debían ser las gentes que rendían tan alto porcentaje de hijos.

Estos, rubios y de ojos claros casi todos, eran en su mayoría muy altos para su edad. Vestían uniformemente delantal rosa los varones, y pollerita violeta las mujeres. Colores ambos sin sentido particular en la fiesta, y que respondían sin duda a una simple predilección, por esos tonos del proveedor local. Los chicos, bajo una garúa que no se había logrado hacer cesar, salieron en fila de la escuela, empuñando cada cual una antorcha de bleck. Con ellas en la mano y cantando recorrieron las calles del pueblo, rodearon la manzana baldía, reservada para plaza, y cantando siempre regresaron a la escuela, ante cuya puerta el director dirigió a su grey una conceptuosa aunque larga alocución patriótica. Dos chicos, más altos, rubios y desteñidos que el resto, treparon uno tras otro sobre una mesa afirmada en el barro, desde la cual, con acento tan extraño como vehemente entonación, repitieron algunas bellas expresiones de nuestros próceres. Referíanse aquéllas a la formación étnica de la Argentina, tan llena de reservas vitales para el porvenir, y a aquello de «crisol donde se funden todas las razas».

Bien —me dije—; he aquí por fin algo cuerdo. Son éstas las más sensatas palabras dichas en el país, aunque el chico las repita con su boquita de ganso.

Con lo cual concluyó el acto, abandonando todos el charco formado ante la escuela. Recién al llegar a la fonda, donde yo era el único que hablaba mal mal español, me di cuenta de que había asistido a la celebración del día de la raza.


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1 pág. / 2 minutos / 21 visitas.

Publicado el 14 de agosto de 2026 por Brian.

El Monstruo

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Existe en el nordeste de la república un animal curiosísimo con aspecto de puerco espín y erizo a la vez, cubierto con larguísimas púas, y de fama más sombría aún. Dícese de él que al ser atacado lanza sus flechas contra su enemigo con la velocidad de una bala, y esto desde ocho o diez metros. Dichas púas, según la misma popular creencia, son venenosísimas y no pueden ser más arrancadas de la carne. A tal monstruo se le llama cuendú.

Es animal bastante raro, que apenas se encuentra una que otra vez en lo más sombrío del bosque.

Quiso la suerte un día que un poblador me trajera un cuendú recién cazado, y que estaba furiosísimo, según él. El animal venía dentro de una bolsa, y la bolsa dentro de un cajón de kerosene. Con gran dificultad sacamos al monstruo de su embalaje, pues erizado como estaba a más no poder, resistíase con sus mil púas contra la tela, como otras tantas palancas.


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1 pág. / 3 minutos / 8 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Segundo Film Humano…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Segundo Film Humano del Señor Griffith: Sonriamos a la Vida. —Cuando D. W. Griffith declaró que, sintiéndose muy cansado de las cintas de gran movimiento, iba a dedicar todas sus fuerzas al simple drama, más o menos trágico, pero encuadrado en la vida trivial, la expectativa fue muy viva en el mundo del cine. ¿Qué nos podía dar el celebrado director, él, que cuenta con los actores de más renombre y los más vastos recursos del studio?


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3 págs. / 5 minutos / 5 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

España

Edmundo de Amicis


Viajes, crónica


I. Barcelona

Era una lluviosa mañana de Febrero, una hora antes de salir el sol. Mi madre me acompañó hasta la escalera, repitiéndome los consejos que durante un mes cada día me propinaba; después me echó los brazos al cuello, rompió en amargo llanto y desapareció. Quedé un momento inmóvil, con el corazón oprimido, fijos los ojos en la puerta y á punto de gritar:

—¡Abre, madre mia! ¡abre! ¡Ya no me marcho! ¡Quiero quedarme contigo!

Mas luego bajé á saltos la escalera como malhechor perseguido. Al hallarme en la calle, me pareció que entre mi casa y yo se habían interpuesto las olas del mar y levantándose las cimas de los Pirineos, y ¡cosa extraña no me sentía alegre á pesar de haber esperado aquel día con tanta impaciencia. Al doblar una esquina un médico amigo mío, que iba al Hospital, y á quien no había visto hacía más de un mes, me preguntó:

—¿A dónde vas?

—A España—le contesté.

Y no quiso creerme, pues mi semblante triste y melancólico, no parecía anunciar un viaje de recreo.

Durante el trayecto de Turín á Génova, ni un instante se apartó de mí el recuerdo de mi madre, ni puede olvidar tampoco mi pobre biblioteca, mi pequeño cuarto que quedaba vacio, ni las dulces costumbres de la vida casera, á la que daba un adiós por muchos meses. Pero cuando llegué á Génova la vista del mar, los jardines del Acquasola y la compañia de Antonio Julio Barrilli, devolviéronme la paz y la alegría. Recuerdo que á punto de embarcarme en el bote que debía conducirme al buque, me entregaron una carta de un corredor de fondas, con estas solas palabras:


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388 págs. / 11 horas, 20 minutos / 584 visitas.

Publicado el 30 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

La Conquista del Perú

Pablo Alonso de Avecilla


Crónica, Historia


Introducción

Al tender en el siglo XVI una mirada filosófico por todos los continentes europeos, por todo el antiguo mundo, el alma del hombre sensible se reconcentra melancólicamente, y su corazón late agitado. No era sólo en España donde se sintiera con horror, entre el crujido de las armas sarracenas, el duro yugo del feudalismo, y después la tiranía de los reyes; no sólo las comarcas españolas se estremecieran al contemplar las espantosas escenas con que el negro fanatismo ensangrentara la pura y dulce religión de Jesús; el antiguo mundo envuelto en densas tinieblas de ignorancia, presentaba por do quiera el más desconsolador espectáculo; y graduar la conducta de los hombres públicos de aquella triste época, por la moralidad y filosofía de nuestro siglo, sería incurrir en gravísimos errores. El héroe más eminente del siglo XVI, sería el que más en heroico grado poseyera el fanatismo religioso de su época, junto con el feroz arrojo personal en los combates.

En tan negros momentos fue cuando la audacia de los europeos los condujo hasta los continentes del Nuevo Mundo. Aquellas remotas playas, llenas de candidez y de inocencia, formaban la antítesis más espantosa con el ennegrecido corazón de sus descubridores. Pero no; lejos de nosotros la idea de copiar las nefandas escenas que el sensible filósofo Raynal ha descrito en su historia, de los establecimientos europeos en las dos Indias; lejos de nosotros seguir las huellas de Robertson en su historia de América, lejos de querer al fin, con fantasía ardiente, recargar el horror de lamentables épocas. Si el deber, empero, de historiadores novelistas nos hiciese tocar los hechos, será con la ligereza posible, y sin recargar sus negras tintas.


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185 págs. / 5 horas, 24 minutos / 269 visitas.

Publicado el 30 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

La Mutilación De "Detrás De La Puerta"

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Cuando en números anteriores adelantamos una crónica muy elogiosa del film Detrás de la puerta, que acababa de ser pasada en privado, insistimos ex profeso en dos elementos de dicha cinta: una situación y una leyenda, por constituir ambos elementos el eje del drama. La situación era la siguiente: Cuando el capitán del submarino se rinde ante la resistencia de la náufraga, entrega a ésta a la tripulación. La escena no hace más que entreverse, y es salvada con todo decoro por el director Ince; pero el efecto no es menos poderoso, tan poderoso que desde ese momento la villanía del oficial levanta un soplo de indignación en el espectador: cuanto pueda acaecerle a ese miserable, está ya juzgado y aceptado.


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Dominio público
3 págs. / 6 minutos / 5 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

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