Textos más descargados etiquetados como Crónica disponibles | pág. 3

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La Corrección

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En un crudo día de invierno, tras diez horas de crueles fatigas, nos acostamos, apenas anochece casi sin cenar, casi sin desvestirnos, doblados por la extenuación. De las torturas de ese día no nos queda, al caer desplomados en el limbo del sueño, sino un recuerdo lejano e impersonal, como de horrores sufridos por otro durante miles de años, y que pasaron también hace siglos. Tal es la certísima dicha de descansar por fin, y la seguridad de que vamos a dormirnos en seguida con la profundidad de la muerte. Afuera, cae una blanca helada.

Mas he aquí que en la alta noche vamos despertando con inaudita resistencia de nuestro cuerpo. La mente misma, sobrecargada de toxinas, pugna por defendernos forjando sueño tras sueño. Otro es al que despiertan; el anuncio nos llega a nosotros, pero quien debe volver, apenas dormido, a las atroces fatigas del día anterior, es otro.

No hay tal. Tenaz e invenciblemente, vamos despertando. Como en sueños aun, tan agudo punzamiento nos recorre todo el cuerpo. Tan viva es la impresión, que bruscamente nos incorporamos y encendemos luz.


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Dominio público
2 págs. / 4 minutos / 11 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

España

Edmundo de Amicis


Viajes, crónica


I. Barcelona

Era una lluviosa mañana de Febrero, una hora antes de salir el sol. Mi madre me acompañó hasta la escalera, repitiéndome los consejos que durante un mes cada día me propinaba; después me echó los brazos al cuello, rompió en amargo llanto y desapareció. Quedé un momento inmóvil, con el corazón oprimido, fijos los ojos en la puerta y á punto de gritar:

—¡Abre, madre mia! ¡abre! ¡Ya no me marcho! ¡Quiero quedarme contigo!

Mas luego bajé á saltos la escalera como malhechor perseguido. Al hallarme en la calle, me pareció que entre mi casa y yo se habían interpuesto las olas del mar y levantándose las cimas de los Pirineos, y ¡cosa extraña no me sentía alegre á pesar de haber esperado aquel día con tanta impaciencia. Al doblar una esquina un médico amigo mío, que iba al Hospital, y á quien no había visto hacía más de un mes, me preguntó:

—¿A dónde vas?

—A España—le contesté.

Y no quiso creerme, pues mi semblante triste y melancólico, no parecía anunciar un viaje de recreo.

Durante el trayecto de Turín á Génova, ni un instante se apartó de mí el recuerdo de mi madre, ni puede olvidar tampoco mi pobre biblioteca, mi pequeño cuarto que quedaba vacio, ni las dulces costumbres de la vida casera, á la que daba un adiós por muchos meses. Pero cuando llegué á Génova la vista del mar, los jardines del Acquasola y la compañia de Antonio Julio Barrilli, devolviéronme la paz y la alegría. Recuerdo que á punto de embarcarme en el bote que debía conducirme al buque, me entregaron una carta de un corredor de fondas, con estas solas palabras:


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Dominio público
388 págs. / 11 horas, 20 minutos / 584 visitas.

Publicado el 30 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Cine

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo, Compilación


Punto De Vista


Toda vez que el teatro ha tratado de llevar a la escena una obra cuyo asunto escapaba a las rígidas leyes de tiempo y lugar que rigen a una obra común; cuando la importancia capital de repetidas escenas, la multiplicidad de los lugares de acción o el largo tiempo transcurrido de una escena a otra; cuando todas o cada una de estas contingencias dramáticas aportaban su extraño elemento al escenario, el teatro, en estas ocasiones, no hacía teatro sino cine.

Cuando una obra meditada para el cine se desarrolla en la pantalla en cuatro o cinco escenas de violento contraste con el ambiente inicial de la pieza, y esas cuatro o cinco escenas absorben y condensan la vida interna de los personajes como si su psicología esperara ese instante para hacer allí explosión; cuando todo lo que es progresivo en el tiempo y en el alma —se trate del desenvolvimiento de un carácter o de un conflicto pasional— se resuelve en un corto número de escenas de gran efecto, el cine, al desaprovechar todas las fuerzas que de gradación y naturalidad posee, en vez de hacer cine hace entonces teatro. 


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Dominio público
119 págs. / 3 horas, 29 minutos / 10 visitas.

Publicado el 12 de septiembre de 2026 por Brian.

Aguafuertes Cariocas

Roberto Arlt


Crónica, Artículo


Con el pie en el estribo

(Sábado 8 de marzo de 1930)


Me rajo, queridos lectores. Me rajo del diario… mejor dicho, de Buenos Aires. Me rajo para el Uruguay, para Brasil, para las Guyanas, para Colombia, me rajo…

Continuaré enviando notas. No lloren, por favor, ¡no! No se emocionen. Seguiré alacraneando a mis prójimos y charlando con ustedes. Iré al Uruguay, la París de Sud América, iré a Río de Janeiro, donde hay cada menina que da calor; iré a las Guyanas, a visitar a los presidiarios franceses, la flor y crema del patíbulo de ultramar. Escribo y mi cuore me late aceleradamente. No doy con los términos adecuados. Me rajo indefectiblemente.

¡Qué emoción!

Hace una purretada de días que ando como azonzado. No doy pie con bola. Lo único que se aparece ante mis ojos es la pasarela de un piccolo navio. ¡Yo a bordo!

¡Me caigo y me levanto! ¡Uy, dió! Si me acuerdo de mis tiempos turros, de las vagancias, de los días que dormí en las comisarías, de las noches, entendámonos, de los viajes en segunda, del horario de ocho horas cuando laburaba de dependiente de librería; del horario de doce y catorce horas, también, en otro boliche. Me acuerdo de cuando fui aprendiz de hojalatero, de cuando vendía papel y era corredor de artículos de almacén; me acuerdo de cuando fui cobrador (los cobradores me enviaron un día una felicitación colectiva). ¿Qué trabajo maldito no habré hecho yo? Me acuerdo de cuando tuve un horno de ladrillos; de cuando fui subagente de Ford, ¿qué trabajo maldito no habré hecho yo? Y ahora, a los veinte y nueve años, después de seiscientos días de escribir notas, mi gran director me dice:

—Andá a vagar un poco. Entretenete, hacé notas de viaje.


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110 págs. / 3 horas, 13 minutos / 205 visitas.

Publicado el 30 de marzo de 2021 por Edu Robsy.

Un Recuerdo

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Alrededor de un nombre conocido —boxeador, político, asaltante, hombre de letras,— la imaginación popular forja un tipo moral y físico perfectamente definido. Es en balde que sus fotografías nos los muestren tal cual son, y que su carácter se transparente en las actuaciones que les han dado notoriedad. A despecho de esto, y de la persistente exhibición de tales rasgos físicos o intelectuales que acentúan constantemente la veraz efigie del causante, la imagen errónea ha cristalizado en cada uno, y nada en adelante la podrá modificar.

Los aficionados al arte, los lectores, son, por su impresionabilidad aguzada, los más expuestos a levantar en su interior falsas efigies de verónicas, tanto más lejos del modelo cuanto más fuerte ha sido la influencia de su predilecto artista o autor.

Son incontables los errores sufridos de este modo. Y no solamente por los aficionados de la referencia, sino por los creadores mismos, a quienes, por sus hábitos psicológicos, podía suponerse abroquelados contra engaños de este jaez.


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3 págs. / 6 minutos / 12 visitas.

Publicado el 12 de agosto de 2026 por Brian.

Las Hormigas Carnívoras De Misiones

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Un viajero metropolitano y dos peones del país que una noche acampaban al raso en la selva de Misiones, fueron despertados a las tres de la mañana por insoportables picaduras que como alfilerazos candentes les aguijoneaban el cuerpo entero. En el primer momento el viajero no supo a qué atribuir eso, pero la voz de los peones lo libraron muy pronto de dudas.

—¡La corrección, che patrón!... ¡Añamembrú!

Los dos paraguayos se quitaban de encima camisa y pantalón, trepando a un tronco quemado. El viajero hizo lo mismo, desde luego con mucha menor rapidez para su mal, y tirando lejos la ropa, trepó a su vez al tronco con sus compañeros, que con velocidad increíble se restregaban todo el cuerpo, para arrancarse —literalmente— las hormigas prendidas a su piel.


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Dominio público
4 págs. / 8 minutos / 7 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2026 por Brian.

La Avispa Colorada

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Mortal por mortal, el veneno de la avispa colorada lo es en mayor grado que el de la víbora. Si no lo parece, es por la insignificante cantidad de que aquélla dispone. Pero si en vez de una gotita microscópica, la avispa inyectara con su aguijón cuatro o cinco gruesas gotas, como las víboras comunes, o veinte y más, como las grandes yararás, otro sería el porvenir de sus víctimas.

Pocos animales, por lo demás, tan bien dotados para la batalla como la avispa colorada. Ni el león ni el tigre dan, en su recogimiento de resorte al saltar, la impresión de ataque de la avispa cuando, presta a disparar desde el borde de su nido, clava los ojos inmóviles en su agresor.

Fuera de su avispero, donde sus funciones de familia la exasperan hasta la ferocidad, la avispa que nos ocupa es más bien un manso insecto.

En las grandes épocas de sequía, nuestra casa en Misiones se veía asaltada por todas las avispas del contorno, en procura de agua.


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1 pág. / 3 minutos / 6 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Sentimiento de la Catarata

Horacio Quiroga


Crónica, artículo


En sus mil trescientos kilómetros de curso desde las sierras brasileñas hasta su desembocadura en el Paraná, el rio Iguazú debe salvar un desnivel de 800 metros. Como se trata de una gran masa de agua de velocidad normal, y no de una avenida de montaña, se explica que el álveo del río se quiebre repetidas veces en numerosas y rápidas cascadas, para autorizar de algún modo aquella fuerte cota.

La cuenca del Iguazú es, en efecto, una de las más poderosas fuentes de hulla blanca del mundo entero. Si el Iguazú nace a novecientos metros de altura, sus numerosísimos afluentes cobran origen a mil trescientos metros, para vaciarse en aquél tras un curso relativamente breve. Toda esa vasta cuenca se revuelve, pues, en tumbos de agua, cachuelas, saltos y cataratas, cuya sacudida, propagándose de unos a otros sin solución de continuidad, mantiene, puede decirse, a la zona entera en un sordo e interminable fragor.

La cuenca del Iguazú no es dilatada, pero el régimen de lluvias torrenciales a qué está sometida compensa al exceso su brevedad. Los ciento veinticuatro kilómetros cúbicos de agua que se desploman por año sobre los bosques natales son absorbidos en su mitad por el Iguazú. Y si estamos atentos al desnivel apuntado. comprenderemos que cada caída a plomo de esa inmensidad líquida encierre una formidable energía mecánica.


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3 págs. / 6 minutos / 157 visitas.

Publicado el 14 de noviembre de 2022 por Edu Robsy.

Apología del Matambre

Esteban Echeverría


Crónica


Un extranjero que ignorando absolutamente el castellano oyese por primera vez pronunciar, con el énfasis que inspira el nombre, a un gaucho que va ayuno y de camino, la palabra matambre, diría para sí muy satisfecho de haber acertado: éste será el nombre de alguna persona ilustre, o cuando menos el de algún rico hacendado. Otro que presumiese saberlo, pero no atinase con la exacta significación que unidos tienen los vocablos mata y hambre, al oírlos salir rotundos de un gaznate hambriento, creería sin duda que tan sonoro y expresivo nombre era de algún ladrón o asesino famoso. Pero nosotros, acostumbrados desde niños a verlo andar de boca en boca, a chuparlo cuando de teta, a saborearlo cuando más grandes, a desmenuzarlo y tragarlo cuando adultos, sabemos quién es, cuáles son sus nutritivas virtudes y el brillante papel que en nuestras mesas representa.

No es por cierto el matambre ni asesino ni ladrón; lejos de eso, jamás que yo sepa, a nadie ha hecho el más mínimo daño: su nombradía es grande; pero no tan ruidosa como la de aquéllos que haciendo gemir la humanidad, se extiende con el estrépito de las armas, o se propaga por medio de la prensa o de las mil bocas de la opinión. Nada de eso; son los estómagos anchos y fuertes el teatro de sus proezas; y cada diente sincero apologista de su blandura y generoso carácter. Incapaz por temperamento y genio de más ardua y grave tarea, ocioso por otra parte y aburrido, quiero ser el órgano de modestas apologías, y así como otros escriben las vidas de los varones ilustres, trasmitir si es posible a la más remota posteridad, los histórico-verídicos encomios que sin cesar hace cada quijada masticando, cada diente crujiendo, cada paladar saboreando, el jugoso e ilustrísimo matambre.


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Dominio público
5 págs. / 9 minutos / 499 visitas.

Publicado el 13 de abril de 2020 por Edu Robsy.

La Yararacusú

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.

Hacía ya tiempo que no había trabado relación con estos animalitos sin lograr contacto con un poderoso ejemplar, cuando la casualidad me puso a cinco centímetros de la muerte en el fondo de un pozo, con una yararacusú por todo auxilio.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 42 visitas.

Publicado el 7 de junio de 2026 por Brian.

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