Textos más vistos etiquetados como Cuento infantil | pág. 30

Mostrando 291 a 300 de 447 textos encontrados.


Buscador de títulos

etiqueta: Cuento infantil


2829303132

Chácharas de Niños

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


En casa del rico comerciante se celebraba una gran reunión de niños: niños de casas ricas y familias distinguidas. El comerciante era un hombre opulento y además instruido; a su debido tiempo había sufrido los exámenes. Así lo había querido su excelente padre, que no era más que un simple ganadero, pero honrado y trabajador. El negocio le había dado dinero, y el hijo lo supo aumentar con su trabajo. Era un hombre de cabeza y también de corazón, pero de esto se hablaba menos que de su riqueza.

Frecuentaba su casa gente distinguida, tanto de «sangre», que así la llaman, como de talento. Los había que reunían ambas condiciones, y algunos que carecían de una y otra. En el momento de nuestra narración había allí una reunión de niños, que hablaban y discutían como tales; y ya es sabido que los niños no tienen pelos en la lengua. Figuraba entre los concurrentes una chiquilla lindísima, pero terriblemente orgullosa; los criados le habían metido el orgullo en el cuerpo, no sus padres, demasiado sensatos para hacerlo. El padre era chambelán, y éste es un cargo tremendamente importante, como ella sabía muy bien.

—¡Soy camarera del Rey! —decía la muchachita. Lo mismo podría haber sido camarera de una bodega, pues tanto mérito hace falta para una cosa como para la otra. Después contó a sus compañeros que era «bien nacida», y afirmó que quien no era de buena cuna no podía llegar a ser nadie. De nada servía estudiar y trabajar; cuando no se es «bien nacido», a nada puede aspirarse.

—Y todos aquellos que tienen apellidos terminados en «sen» —prosiguió—, tampoco llegarán a ser nada en el mundo. Hay que ponerse en jarras y mantener a distancia a esos «¡—sen, —sen!» y puso en jarras sus lindos brazos de puntiagudos codos, para mostrar cómo había que hacer. ¡Y qué lindos eran sus bracitos! Era encantadora.


Leer / Descargar texto


2 págs. / 4 minutos / 205 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Cinco en una Vaina

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde, y tenían toda la razón. Creció la vaina y crecieron los guisantes; para aprovechar mejor el espacio, se pusieron en fila. Por fuera lucía el sol y calentaba la vaina, mientras la lluvia la limpiaba y volvía transparente. El interior era tibio y confortable, había claridad de día y oscuridad de noche, tal y como debe ser; y los guisantes, en la vaina, iban creciendo y se entregaban a sus reflexiones, pues en algo debían ocuparse.

—¿Nos pasaremos toda la vida metidos aquí? —decían—. ¡Con tal de que no nos endurezcamos a fuerza de encierro! Me da la impresión de que hay más cosas allá fuera; es como un presentimiento.

Y fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también.

—¡El mundo entero se ha vuelto amarillo! —exclamaron; y podían afirmarlo sin reservas.

Un día sintieron un tirón en la vaina; había sido arrancada por las manos de alguien, y, junto con otras, vino a encontrarse en el bolsillo de una chaqueta.

—Pronto nos abrirán —dijeron los guisantes, afanosos de que llegara el ansiado momento.

—Me gustaría saber quién de nosotros llegará más lejos —dijo el menor de los cinco—. No tardaremos en saberlo.

—Será lo que haya de ser —contestó el mayor.

¡Zas!, estalló la vaina y los cinco guisantes salieron rodando a la luz del sol. Estaban en una mano infantil; un chiquillo los sujetaba fuertemente, y decía que estaban como hechos a medida para su cerbatana. Y metiendo uno en ella, sopló.

—¡Heme aquí volando por el vasto mundo! ¡Alcánzame, si puedes! —y salió disparado.

—Yo me voy directo al Sol —dijo el segundo—. Es una vaina como Dios manda, y que me irá muy bien.

Y allá se fue.


Leer / Descargar texto


3 págs. / 6 minutos / 188 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Cuentos de Tanglewood

Nathaniel Hawthorne


Cuento infantil


Introducción: The Wayside

No hace mucho tiempo, tuve el placer de recibir una rápida visita de mi amigo Eustace Bright, al que no había vuelto a ver desde que abandoné las montañas de Berkshire, siempre tan azotadas por el viento. Aprovechando las vacaciones invernales de su universidad, Eustace había cogido unos días de descanso, pues, según me comunicó, su salud se había resentido de tantas horas de estudio. Al comprobar su excelente estado físico, llegué a la feliz conclusión de que el remedio había constituido todo un éxito. Eustace había salido de Boston hacia el norte en el tren del mediodía, no solo empujado por la amistad con que me honra, sino también, como pronto pude comprobar, por un asunto literario.


Información texto

Protegido por copyright
192 págs. / 5 horas, 37 minutos / 213 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Cuentos Populares Japoneses

Lafcadio Hearn


Cuento infantil


La araña-duende

Cuentan los libros antiguos que en Japón había muchas arañas-duende. Algunos viejos afirman que aún las hay. Durante el día adoptan la forma de una araña normal y corriente pero, bien entrada la noche, cuando todos duermen y el mundo está en silencio, aumentan y aumentan de tamaño y se dedican a hacer cosas horribles. Se dice que las arañas-duende tienen la mágica habilidad de adoptar forma humana para engañar a la gente. He aquí una célebre historia japonesa sobre una de esas arañas.

Hace mucho tiempo, en un lugar solitario del país, había un templo encantado. Nadie podía vivir allí, pues los duendes se habían adueñado del edificio. Muchos samuráis valientes acudieron al lugar en numerosas ocasiones para dar muerte a aquellas criaturas pero, una vez que entraron en el templo, nunca más se supo de ellos.

Finalmente, uno célebre por su valor y su prudencia se presentó en el templo para hacer guardia durante la noche. A todos los que le acompañaron hasta allí les dijo:

—Si mañana por la mañana sigo con vida, haré sonar el tambor del templo.

Entonces todos se marcharon y el samurái se quedó solo, haciendo guardia a la luz de un candil.

Cuando se hizo noche cerrada, se acuclilló bajo el altar que soportaba una polvorienta imagen de Buda. No vio nada extraño ni escuchó sonido alguno hasta pasada la medianoche. Entonces apareció un duende que tenía medio cuerpo y un solo ojo y exclamó: Hitokusai! (¡Aquí huele a hombre!). Pero el samurái no se movió y el duende pasó de largo.

A continuación llegó un sacerdote y comenzó a tocar el samisen tan maravillosamente que el samurái pensó que aquella música no podía ser obra humana. Así que se puso en pie de un salto con la espada desenvainada. Cuando el sacerdote lo vio, rompió a reír y le dijo:


Información texto

Protegido por copyright
30 págs. / 53 minutos / 194 visitas.

Publicado el 4 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Dentro de Mil Años

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Sí, dentro de mil años la gente cruzará el océano, volando por los aires, en alas del vapor. Los jóvenes colonizadores de América acudirán a visitar la vieja Europa. Vendrán a ver nuestros monumentos y nuestras decaídas ciudades, del mismo modo que nosotros peregrinamos ahora para visitar las decaídas magnificencias del Asia Meridional. Dentro de mil años, vendrán ellos.

El Támesis, el Danubio, el Rin, seguirán fluyendo aún; el Montblanc continuará enhiesto con su nevada cumbre, la auroras boreales proyectarán sus brillantes resplandores sobre las tierras del Norte; pero una generación tras otra se ha convertido en polvo, series enteras de momentáneas grandezas han caído en el olvido, como aquellas que hoy dormitan bajo el túmulo donde el rico harinero, en cuya propiedad se alza, se mandó instalar un banco para contemplar desde allí el ondeante campo de mieses que se extiende a sus pies.

—¡A Europa! —exclamarán las jóvenes generaciones americanas—. ¡A la tierra de nuestros abuelos, la tierra santa de nuestros recuerdos y nuestras fantasías! ¡A Europa!

Llega la aeronave, llena de viajeros, pues la travesía es más rápida que por el mar; el cable electromagnético que descansa en el fondo del océano ha telegrafiado ya dando cuenta del número de los que forman la caravana aérea. Ya se avista Europa, es la costa de Irlanda la que se vislumbra, pero los pasajeros duermen todavía; han avisado que no se les despierte hasta que estén sobre Inglaterra. Allí pisarán el suelo de Europa, en la tierra de Shakespeare, como la llaman los hombres de letras; en la tierra de la política y de las máquinas, como la llaman otros. La visita durará un día: es el tiempo que la apresurada generación concede a la gran Inglaterra y a Escocia.


Leer / Descargar texto


2 págs. / 4 minutos / 211 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Abecedario

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Érase una vez un hombre que había compuesto versos para el abecedario, siempre dos para cada letra, exactamente como vemos en la antigua cartilla. Decía que hacía falta algo nuevo, pues los viejos pareados estaban muy sobados, y los suyos le parecían muy bien. Por el momento, el nuevo abecedario estaba sólo en manuscrito, guardado en el gran armario—librería, junto a la vieja cartilla impresa; aquel armario que contenía tantos libros eruditos y entretenidos. Pero el viejo abecedario no quería por vecino al nuevo, y había saltado en el anaquel pegando un empellón al intruso, el cual cayó al suelo, y allí estaba ahora con todas las hojas dispersas. El viejo abecedario había vuelto hacia arriba la primera página, que era la más importante, pues en ella estaban todas las letras, grandes y pequeñas. Aquella hoja contenía todo lo que constituye la vida de los demás libros: el alfabeto, las letras que, quiérase o no, gobiernan al mundo. ¡Qué poder más terrible! Todo depende de cómo se las dispone: pueden dar la vida, pueden condenar a muerte; alegrar o entristecer. Por sí solas nada son, pero ¡puestas en fila y ordenadas!... Cuando Nuestro Señor las hace intérpretes de su pensamiento, leemos más cosas de las que nuestra mente puede contener y nos inclinamos profundamente, pero las letras son capaces de contenerlas.

Pues allí estaban, cara arriba. El gallo de la A mayúscula lucía sus plumas rojas, azules y verdes. Hinchaba el pecho muy ufano, pues sabía lo que significaban las letras, y era el único viviente entre ellas.


Leer / Descargar texto


3 págs. / 6 minutos / 238 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Antiguo Castillo

Christoph von Schmid


Cuento infantil


I

En el fondo de una montaña poblada de espesos bosques residía un carbonero llamado Roberto. La cabaña era de madera y estaba construida sobre una peña, la cual estaba rodeada de un valle fértil y muy ameno. Un pequeño riachuelo serpenteaba en el fondo; y muchas veces con las lluvias se salía de madre, convirtiéndose en impetuoso torrente que arrastraba ramas, arbustos, piedras y troncos de árboles. Todo el territorio que estaba al exterior del ralle era en parte árido y en parte poblado dé árboles seculares, de modo que aquel sitio era solitario y poco frecuentado. Sólo el carbonero lo tenía bien medido, No se veía, exceptuada la cabaña, ninguna cosa hedía por mano del hombre, todo pertenecía exclusivamente á la naturaleza.

A poca distancia de la cabaña había una cantera envuelta en un pinar y en la cúspide de dicha montaña descollaba una torre en ruínas, restos de un antiguo castillo feudal que últimamente fué habitado por una banda de foragidos. En aquella soledad vivía Roberto con Eduvigis su esposa y sus dos hijos Nicolás y Tecla: y pasaban muchas semanas sin ver á otro sér humano. Los únicos seres vivientes que concurrían en el valle eran muchas liebres y cabras monteses y algunas veces bajaba al arroyuelo algún ciervo cansado de correr. Roberto empleaba el día cortando lena y quemándola para obtener carbón: tan pronto la encendía en un lado del bosque, tan pronto en otro, según como se le presentaba la ocasión; su mujer cuidaba de la casa y en los momentos libres hilaba; Nicolás guardaba un rebañito de cabras y Tecla tenía á su caro media docena de ovejas que apacentaban en los bosques del arroyuelo. Juntos vivían pacíficamente como buenos cristianos sin tener más deseos, ni más idea del mundo que su cabaña y aquella pacífica soledad.


Leer / Descargar texto

Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 104 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Bisabuelo

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


¡Era tan cariñoso, listo y bueno, el bisabuelo! Nosotros sólo veíamos por sus ojos. En realidad, por lo que puedo recordar, lo llamábamos abuelo; pero cuando entró a formar parte de la familia el hijito de mi hermano Federico, él ascendió a la categoría de bisabuelo; más alto no podía llegar. Nos quería mucho a todos, aunque no parecía estar muy de acuerdo con nuestra época.

—¡Los viejos tiempos eran los buenos! —decía—; sensatos y sólidos. Hoy todo va al galope, todo está revuelto. La juventud lleva la voz cantante, y hasta habla de los reyes como si fuesen sus iguales. El primero que llega puede mojar sus trapos en agua sucia y escurrirlos sobre la cabeza de un hombre honorable.

Cuando soltaba uno de estos discursos, el bisabuelo se ponía rojo como un pavo; pero al cabo de un momento reaparecía su afable sonrisa, y entonces decía:

—¡Bueno, tal vez me equivoque! Soy de los tiempos antiguos y no consigo acomodarme a los nuevos. ¡Dios quiera encauzarlos y guiarlos!

Cuando el bisabuelo hablaba de los tiempos pasados, yo creía encontrarme en ellos. Con el pensamiento me veía en una dorada carroza con lacayos; veía las corporaciones gremiales con sus escudos, desfilando al son de las bandas y bajo las banderas, y me encontraba en los alegres salones navideños, disfrazado y jugando a prendas. Cierto que en aquella época ocurrían también muchas cosas repugnantes y horribles, como el suplicio de la rueda, y el derramamiento de sangre; pero todos aquellos horrores tenían algo de atrayente, de estimulante. Y también oía muchas cosas buenas: sobre los nobles daneses que emanciparon a los campesinos, y el príncipe heredero de Dinamarca, que abolió la trata de esclavos.

Era magnífico oír al bisabuelo hablar de todo aquello y de sus años juveniles, aunque el período mejor, el más sobresaliente y grandioso, había sido el anterior.


Leer / Descargar texto


4 págs. / 8 minutos / 174 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Caracol y el Rosal

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Alrededor del jardín había un seto de avellanos, y al otro lado del seto se extendían los campos y praderas donde pastaban las ovejas y las vacas. Pero en el centro del jardín crecía un rosal todo lleno de flores, y a su abrigo vivía un caracol que llevaba todo un mundo dentro de su caparazón, pues se llevaba a sí mismo.

—¡Paciencia! —decía el caracol—. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las ovejas.

—Esperamos mucho de ti —dijo el rosal—. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?

—Me tomo mi tiempo —dijo el caracol—; ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.

Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó medio cuerpo afuera, estiró sus cuernecillos y los encogió de nuevo.

—Nada ha cambiado —dijo—. No se advierte el más insignificante progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.

Pasó el verano y vino el otoño, y el rosal continuó dando capullos y rosas hasta que llegó la nieve. El tiempo se hizo húmedo y hosco. El rosal se inclinó hacia la tierra; el caracol se escondió bajo el suelo.

Luego comenzó una nueva estación, y las rosas salieron al aire y el caracol hizo lo mismo.


Leer / Descargar texto


2 págs. / 4 minutos / 223 visitas.

Publicado el 26 de junio de 2016 por Edu Robsy.

El Cascanueces y el Rey de los Ratones

E.T.A. Hoffmann


Cuento infantil


Nochebuena

Durante todo el día 24 de diciembre, los hijos del consejero médico Stahlbaum no pudieron entrar en ningún momento en la sala, y menos aún en el salón de gala contiguo. Fritz y Marie estaban juntos, encogidos, en un rincón de la habitación del fondo. Era ya de noche, pero aún no habían traído ninguna luz, como solían hacer siempre en ese día señalado; así que sentían miedo. Fritz, susurrando en secreto, reveló a su hermana menor (acababa de cumplir siete años) que desde las primeras horas de la mañana había estado oyendo ruidos, murmullos y suaves golpes en las habitaciones cerradas. Le contó también que poco antes había pasado por el pasillo, a hurtadillas, un hombrecillo oscuro con una gran caja bajo el brazo, pero él sabía bien que no era otro que el padrino Drosselmeier. Marie comenzó a dar palmas de alegría y exclamó:

—¡Ay! ¿Qué nos habrá hecho el padrino Drosselmeier? ¡Seguro que es algo muy bonito!


Información texto

Protegido por copyright
70 págs. / 2 horas, 2 minutos / 680 visitas.

Publicado el 30 de enero de 2018 por Edu Robsy.

2829303132