Indio Iroqués
Francisco A. Baldarena
cuento
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Publicado el 23 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 18 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 26 de octubre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 11 de noviembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 5 de diciembre de 2021 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 14 de enero de 2022 por Francisco A. Baldarena .
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Publicado el 2 de julio de 2022 por Francisco A. Baldarena .
Se ha producido ya en mí aquel elegante fenómeno de alargamiento de los párpados sobre los ojos como manos curvadas sobre naranjas y que caen con idéntica nebulosidad dulce que el tiempo sobre los recuerdos.
Este elegante fenómeno que, generalmente, corresponde a una época, me ha asaltado bien pronto debido a ciertas circunstancias.
No soy viejo: tengo treinta años. Me veo como esos hombres que agotan sus músculos en una hora, frente a otros que trabajan ocho, con sabia y económica calmosidad.
También se me han caído un poco las cejas y estoy bastante calvo.
Se trata… ¡ah! Se trata de aquella muchacha, Amelia, que me traía claramente la imagen de la heroína de un señor novelista, a quien sus padres (¿o ella misma?) le ordenaban (¿o se ordenaba?) conservar sus trenzas largas, ya porque le sentaran bien o por mantener su fresco aspecto infantil.
¡Hombre! Y era bastante pálida. Ahora la veo. Bajo cada ceja debió tener una media luna de tinta azul, lo que le hacía interesantísima. Y como los labios también eran muy pálidos, me enamoré de ella. Creo que esta es una razón poderosa; las mujeres que tienen los labios colorados por fuerza nos ponen nerviosos; dan la idea de haberse comido media libra de carne de cerdo recién degollado.
Bueno, pues. Como era una muchacha me estuve esperando que madurara y apenas la vi con las piernas un poco gruesas, me casé.
¡Hola, María!
¡Caramba! Me acaban de decir que está servido el almuerzo y tengo que irme. No pierda usted su buen humor. Espere usted un momento. Yo me pongo nervioso cuando me dicen que está servido el almuerzo.
Decía que me casé con Amelia. Bien: estoy seguro de haber vivido con ella durante un año casi en la más completa cordialidad, casi, porque había un feroz motivo de entenebrecimiento de mi vida.
Dominio público
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Publicado el 29 de febrero de 2024 por Edu Robsy.