Textos más largos etiquetados como Cuento que contienen 'u' | pág. 20

Mostrando 191 a 200 de 5.427 textos encontrados.


Buscador de títulos

etiqueta: Cuento contiene: 'u'


1819202122

Owen Wingrave

Henry James


Cuento


I

—¡Pero tú estás mal de la cabeza! —clamó Spencer Coyle mientras el joven lívido que tenía enfrente, un poco jadeante, repetía: «Francamente, lo tengo decidido» y «Le aseguro que lo he pensado bien». Los dos estaban pálidos, pero Owen Wingrave sonreía de un modo exasperante para su supervisor, quien aun así distinguía lo bastante para advertir en aquella mueca— era como una irrisión intempestiva —el resultado de un nerviosismo extremo y comprensible.

—No digo que llegar tan lejos no haya sido un error; pero precisamente por eso me parece que no debo dar un paso más —dijo el pobre Owen, esperando mecánicamente, casi humildemente— no quería mostrarse jactancioso, ni de hecho podía jactarse de nada, —y llevando al otro lado de la ventana, a las estúpidas casas de enfrente, el brillo seco de sus ojos.

—No sabes qué disgusto me das. Me has puesto enfermo —y, en efecto, el señor Coyle parecía abatidísimo.

—Lo lamento mucho. Si no se lo he dicho antes ha sido porque temía el efecto que iba a causarle.

—Tenías que habérmelo dicho hace tres meses. ¿Es que no sabes lo que quieres de un día al siguiente? —demandó el hombre mayor.

El joven se contuvo por un momento; luego alegó con voz temblorosa: «Está usted muy enfadado conmigo, y me lo esperaba. Le estoy enormemente reconocido por todo lo que ha hecho por mí, yo haría por usted cualquier cosa a cambio, pero eso no lo puedo hacer, ya sé que todos los demás me van a poner como un trapo. Estoy preparado…, estoy preparado para lo que sea. Eso es lo que me ha llevado cierto tiempo: asegurarme de que lo estaba. Creo que su disgusto es lo que más siento y lo que más lamento. Pero poco a poco se le pasará —remató Owen.


Información texto

Protegido por copyright
44 págs. / 1 hora, 17 minutos / 99 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Odisea del Norte

H.P. Lovecraft


Cuento


I

Los trineos dejaban oír su eterna queja, a la que se mezclaba el chirriar de los arneses y el tintineo de las campanillas de los perros que iban en cabeza. Pero los hombres y los animales, rendidos de fatiga, guardaban silencio. Una capa de nieve reciente dificultaba la marcha sobre la pista. Estaban ya muy lejos del punto de partida. Los perros, arrastrando una carga excesiva de ancas de alce congeladas, duras como el pedernal, se apalancaban con todas sus fuerzas en la blanda superficie de la nieve y avanzaban con una terquedad casi humana.

Caía la noche, pero nadie pensaba en acampar. La nieve descendía suavemente por el aire inmóvil, no en copos, sino en diminutos cristales de dibujos delicados y sutiles. La temperatura era bastante alta —sólo veintitrés grados bajo cero— y los hombres no sentían frío. Meyers y Bettles habían levantado las orejeras de sus pasamontañas y Malemute Kid incluso se había quitado los guantes.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 170 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Vida y Muerte de Mina de Vanghel

Stendhal


Cuento


Cuento imitado del danés, del señor Oehlenschläger

El traductor no supo de este cuento sino por las fogosas críticas de los diarios alemanes, a quienes les parece inmoral el autor, al que reprochan su «sistema». Hemos intentado limar el bulto de esos defectos.

Mina de Vanghel nació en la tierra de la filosofía y de la imaginación, en Kœnigsberg. A finales de la campaña de Francia, en 1814, el conde de Vanghel, general prusiano, se apartó súbitamente de la corte y del ejército. Una noche, estando en Craonne, en Champaña, tras un combate cruento en que las tropas a sus órdenes se habían hecho acerbamente con la victoria, le asaltó una duda: ¿tiene derecho un pueblo a cambiar la forma íntima y racional según la cual desea otro pueblo regular su existencia material y moral? Preocupado por esta trascendental cuestión, el general decidió no volver a desenvainar la espada antes de tenerla resuelta; se retiró a sus posesiones de Kœnigsberg.

La policía de Berlín lo vigilaba de cerca y el conde de Vanghel no se ocupó ya sino de sus meditaciones filosóficas y de Mina, su hija única. Murió pocos años después, joven aún, dejándole a su hija una inmensa fortuna y dejándola también en desgracia en la corte, lo que no es baladí en la orgullosa Germania. Cierto es que, como pararrayos contra esa desdicha, Mina de Vanghel contaba con uno de los apellidos más nobles de la Alemania oriental. Solo tenía dieciséis años; pero lo que por ella sentían ya los militares jóvenes con los que se trataba su padre rayaba en la veneración y el entusiasmo. Les gustaba el temperamento novelesco y adusto que le brillaba a veces en la mirada.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 72 visitas.

Publicado el 16 de abril de 2018 por Edu Robsy.

La Perspectiva Nevski

Nikolái Gógol


Cuento


No hay nada mejor, por lo menos para Petersburgo, que la perspectiva Nevski. Ella allí lo significa todo. ¡Con qué esplendor refulge esta calle, ornato de nuestra capital!… Yo sé que ni el más mísero de sus habitantes cambiaría por todos los bienes del mundo la perspectiva Nevski… No sólo el hombre de veinticinco años, de magníficos bigotes y levita maravillosamente confeccionada, sino también aquel de cuya barbilla surgen pelos blancos y cuya cabeza está tan pulida como una fuente de plata, se siente entusiasmado de la perspectiva Nevski. ¡En cuanto a las damas!… ¡Oh!… Para las damas, la perspectiva Nevski es todavía más agradable. ¿Y para quién no es ésta agradable?… Apenas entra uno en ella percibe olor a paseo. Aunque vaya uno preocupado por algún asunto importante e indispensable, es seguro que al llegar a ella se olvidan todos los asuntos.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 164 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Té Verde

Joseph Sheridan Le Fanu


Cuento


Prólogo

Aun habiendo hecho serios estudios de Medicina y Cirugía, jamás he ejercido ninguna de estas dos ciencias, si bien ambas me siguen interesando profundamente. He de añadir, además, que no fueron ni la pereza ni el capricho las que me empujaron a abandonar la honorable profesión en la cual acababa de iniciarme, sino más bien un ligero rasguño que me hice con un escalpelo. Esta veleidad me costó la pérdida de dos dedos, que me fueron prontamente amputados: lo más penoso, también, es que desde entonces nunca he terminado de encontrarme bien del todo, lo cual me obliga a que raramente pueda residir más de doce meses seguidos en el mismo lugar.

En el curso de mis desplazamientos trabé conocimiento con el doctor Martin Hesselius, tan viajero como yo, y, lo mismo que yo, también médico y lleno de entusiasmo por su profesión. Pero sus viajes eran voluntarios y, aunque él no fuera un hombre de fortuna, en el sentido que entendemos en Inglaterra, al menos disfrutaba de eso que nuestros ancestros acostumbraban llamar una «modesta ayuda». Era un anciano, casi treinta y cinco años mayor que yo, cuando le vi por vez primera.

En Martin Hesselius encontré un maestro. Su saber era inmenso; su diagnóstico, una verdadera intuición. Era desde luego el hombre capaz de inspirar respeto y admiración a un joven exaltado como yo. Y mi admiración ha resistido a la prueba del tiempo y ha sobrevivido a esta separación que es la dura consecuencia de la muerte. Estoy seguro de que está bien fundada.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 543 visitas.

Publicado el 24 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

La Vida Privada

Henry James


Cuento


I

Hablábamos de Londres cara a cara con un gran glaciar hirsuto y primevo. La hora y el escenario formaban una de esas impresiones que compensan un poco, en Suiza, por la moderna indignidad del viajar: las promiscuidades y vulgaridades, la estación y el hotel, la paciencia gregaria, la lucha por unas migajas de atención, la reducción a estado numerado. El alto valle se teñía del rosa de la montaña; el aire fresco tenía la limpieza de un mundo nuevo. Había un leve rubor de primera tarde sobre nieves incólumes, y el tintineo fraternizante del ganado oculto a la vista nos llegaba con un olor a siega tibia de sol. El balconado hostal se alzaba en la garganta misma del paso más delicioso del Oberland, y hacía una semana que teníamos buena compañía y buen tiempo. Se consideraba gran fortuna, porque lo uno habría compensado por lo otro si alguna de las dos cosas hubiera sido mala.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 155 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Un Capítulo en la Historia de una Familia de Tyrone

Joseph Sheridan Le Fanu


Cuento


Décimo extracto del legado del fallecido Francis Purcell, párroco de Drumcoolagh

En la narración siguiente me he esforzado por transmitir lo más posible el «ipsissima verba» de la querida amiga de quien lo recibí, consciente de que cualquier alejamiento con respecto a su modo de contar el relato de su vida dañaría inmediatamente la precisión y el efecto. Si además de sus palabras pudiera traer también ante el lector su gesto animado, su semblante expresivo, esa atmósfera y acento solemnes y emocionantes con los que relataba los pasajes oscuros de su extraña historia, y si sobre todo pudiera comunicar la conciencia impresionante que la narradora había visto con sus propios ojos, actuando personalmente en las escenas que describía, todo ello, unido a las circunstancias adicionales, como el hecho de que quien contaba la historia estuvo profunda y tristemente impresionada con los principios religiosos para malinterpretar o fabricar lo que repetía como una verdad, darían al relato un interés profundo que los acontecimientos simplemente registrados difícilmente podrían producir por sí solos. Hace ya casi veinte años que conocí a la dama de cuyos labios oí esta historia, y fue tanto lo que me interesó la narración que la puse por escrito cuando todavía estaba fresca en mi mente, y si su lectura le entretiene durante media hora, mi trabajo no habrá sido inútil. He escrito la historia tal como debía, en primera persona, pues así me la contó ella. La empezó del siguiente modo.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 298 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Almas Errantes

Ricardo Catarineu


Cuento


En la carretera

Es Maizales una blanca y verde aldea imaginaria, blancas las casas, verdes los prados, orilla del río, no lejos de la mar. Acampados ejércitos formidables de maíz, que le dan nombre, del río la separan. Bordea el maizal llana y polvorienta carretera, que limita por el otro lado con alegres colinas. Aquí y allá, en llano o monte, álzanse dispersas muchas casitas albas y relucientes como la nieve al sol. No pocas de ellas son elegantes hotelitos, rodeados de frondosa huerta o florido jardín, resguardados por verjas de hierro pintado de colores chillones.

A la entrada del poblado, y enclavado en el camino, se ve un edificio que, si en la parte alta aspira pomposamente a ser fonda, en la planta baja no quiere ser taberna, sin conseguir ninguna de ambas inofensivas pretensiones. Frente por frente a este hospedaje modesto y limpio, una parra sirve de toldo a la mesa de piedra, en torno de la cual hay siempre rústicos bancos y, en éstos sentados, rústicos ociosos murmuradores.

Como la murmuración no basta a llenar por completo los días de sol, con ella alterna el juego, y para mayor variedad, el tute se hermana con el monte, o tras de la reñida baraja, triunfa el pacífico dominó.

La gallarda moza, más que tabernera y menos que fondista, suelta de andares, rubicunda de rostro, apretada de carnes, viene o va, conforme la llaman o despiden los jugadores, trayendo o llevando las cartas y fichas, el vaso de cerveza, la copa de licor. De esta suerte, al vicioso ningún incentivo le falta: una deleitosa bebida, una partida animada y una buena moza —vino, juego y mujer—, las tres cosas tiene.

La muchacha, para desesperación de sus admiradores, es implacablemente honrada, y así el recreo no pasa de los ojos. El más inocente requiebro lo tomaría como un agravio.


Leer / Descargar texto

Dominio público
43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 245 visitas.

Publicado el 11 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

El Timador

Máximo Gorki


Cuento


I. El encuentro con él

… Tropezando en la niebla con los setos, caminaba yo intrépidamente por los charcos de fango de una ventana a otra, llamaba con los dedos, no muy fuerte, y voceaba:

—¡¿Permitiríais hacer noche a un transeúnte?!

En respuesta, me enviaban al vecino, a la «isba comunal», al diablo. En una ventana prometieron que me echarían al perro, en otra callaron pero me amenazaron elocuentemente con un gran puño. Y una mujer me gritó:

—¡Vete, lárgate mientras estés entero! Tengo al marido en casa…

De lo que deduje que, evidentemente, acogía en casa huéspedes para dormir cuando no estaba el marido… Lamentando que él estuviera en casa, me dirigí a la siguiente ventana.

—¡Gentes de bien! ¡¿Permitiríais hacer noche a un transeúnte?!

Me respondieron cariñosamente:

—¡Vete con Dios, aléjate!

Y hacía un tiempo de perros: caía una lluvia fina y fría, la tierra enfangada estaba ajustadamente envuelta por la niebla. De vez en cuando, a saber de dónde, soplaba una ráfaga de viento que suavemente golpeaba las ramas de los árboles, hacía frufrú con la paja mojada de los tejados y alumbraba muchos sonidos melancólicos más, rompiendo el silencio de la oscura noche con una afligida música. Escuchando aquel triste preludio del duro poema llamado otoño, las gentes a cubierto, ciertamente, estaban de mal humor y por eso no me dejaban pasar a pernoctar. Luché durante un buen rato contra su resolución, se me resistieron con firmeza y, al final, destruyeron mi esperanza de pasar la noche bajo techo. Entonces salí de la aldea hacia el campo, pensando que tal vez allí encontraría un almiar de heno o paja, aunque solo la casualidad podría mostrármelo en aquella pesada y densa oscuridad.


Información texto

Protegido por copyright
43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 90 visitas.

Publicado el 11 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Pipá

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


I

Ya nadie se acuerda de él. Y sin embargo, tuvo un papel importante en la comedia humana, aunque sólo vivió doce años sobre el haz de la tierra. A los doce años muchos hombres han sido causa de horribles guerras intestinas, y son ungidos del Señor, y revelan en sus niñerías, al decir de las crónicas, las grandezas y hazañas de que serán autores en la mayor edad. Pipá, a no ser por mí, no tendría historiador; ni por él se armaron guerras, ni fue ungido sino de la desgracia. Con sus harapos a cuestas, con sus vicios precoces sobre el alma, y con su natural ingenio por toda gracia, amén de un poco de bondad innata que tenía muy adentro, fue Pipá un gran problema que nadie resolvió, porque pasó de esta vida sin que filósofo alguno de mayor cuantía posara sobre él los ojos.

Tuvo fama; la sociedad le temió y se armó contra él de su vindicta en forma de puntapié, suministrado por grosero polizonte o evangélico presbítero o zafio sacristán. Terror de beatas, escándalo de la policía, prevaricador perpetuo de los bandos y maneras convencionales, tuvo, con todo, razón sobre todos sus enemigos, y fue inconsciente apóstol de las ideas más puras de buen gobierno, siquiera la atmósfera viciada en que respiró la vida malease superficialmente sus instintos generosos.


Leer / Descargar texto

Dominio público
43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 471 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

1819202122