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La Noche

Rosario de Acuña


Cuento


Vosotros no sabéis lo que es la noche. Vosotros los que vivís en ella, los que durante sus horas ponéis en movimiento las moléculas de vuestros sentidos, no conocéis la noche. El gas o la electricidad brillan, fulguran, arrancan chispas diáfanas al oro y a la pedrería… Empieza vuestra vida; la mesa del banquete os espera; el blanco lino en arabescos lustrosos como el raso, cae pesadamente ocultando el mosaico de la tallada mesa; el matiz verde o pardo del cristal de Venecia llena de opacos tonos los vinos del Rhin y la Sicilia; el manto de filigrana del faisán dorado se riza en caperuza delicada sobre el esmalta-do azafate de Sevres: salta la espuma del champagne sobre la copa de oro; los aromas del nardo y del heliotropo llenan la estancia de perfumes; los acordes de retirada música mandan la onda sonora de la armonía, y al tibio calor de encendidos pebeteros brota en vuestras mejillas el fuego de todas las impurezas…¡creéis vivir!; se agitan vuestros labios con palabras del amor impregnado de los deseos de la carne; brillan vuestros ojos buscando impacientes nuevas formas que adorar en los altares de la pasión, y al eco de vuestras frases aceradas, satíricas, oportunas para zaherir o desgarrar, responden las arterias de vuestras sienes que con violento latir arrancan de vuestro organismo los átomos de todo vigor, de toda fortaleza… Aún no se terminó vuestra noche; aún tenéis que recorrer las últimas etapas de la degradación humana buscando en las emociones de la riqueza del azar nuevos elementos para animar vuestra vida; aún habéis de sumir el pensamiento en el imbécil sopor del amor comprado sobre el fango de una oscura calleja, que en los contrastes de vuestras noches báquicas forjáis vosotros, los derrochadores de los bienes del alma, la única felicidad posible. ¡Y habláis de la noche como de vuestro día! ¡Habláis y vivís en ella y por ella…!


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5 págs. / 8 minutos / 128 visitas.

Publicado el 29 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

El Domingo de Ramos

Rosalía de Castro


Cuento, Crónica


Costumbres gallegas

I

Recuerdos hay en la trabajosa existencia del hombre, que son para él, como dia primaveral en medio del invierno, ó rayo de luna, cuando en oscura noche del estío rompe por entre las nubes iluminando de repente las hojas inmóviles de los árboles y el arroyo que pasa murmurando entre la sombra. En el número de los que no vacilamos en llamar dichosos, creemos pueden ocupar un lugar preferente cuantos se refieren á ciertas fiestas religiosas del año; fiestas en las que nuestras madres, de nosotros enamoradas, nos vestian y adornaban con las galas más hermosas, miéntras nos llenaban de apasionados besos, en las que el padrino ó la madrina nos regalaba frutas y confites, ó el juguete que por largo tiempo habíamos deseado en vano, y en las que, en fin, no teníamos que ir á la escuela; cuotidiana obligacion que pesa tan duramente sobre los pobres niños, — cuyo único anhelo es respirar el aire libre á toda hora, sin estorbos, ni trabas, —como más tarde, otras más abrumadoras, pesan sobre los que, para librar la gran batalla de las pasiones, quizá por desdicha suya, lograron entre risas y llantos llegar á ser hombres.


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Dominio público
7 págs. / 13 minutos / 406 visitas.

Publicado el 1 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Sobre la Hoja de un Árbol

Rosario de Acuña


Cuento


Terminaba el otoño; debajo del ancho esparragado de mi casa, toldo que fue de verdes hojas y hoy deja al descubierto los retorcidos sarmientos de las viejas parras, se extendía esa mullida alfombra con que el invierno viste la húmeda tierra; el viento del otoño, arremolinando las secas hojas de los vecinos árboles, trajo a mis plantas la de un castaño de indias, que entre varios formó en estío una fresca alameda propia para soñar venturas imposibles o para recordar dichas pasadas.

Sobre una de las hojas, entre los arrugados pliegues de sus libras secas y retorcidas, se contemplaba el poema de la vida en todas sus manifestaciones; ¡quien lo diría! Los actores de aquel poema, que tan grande parece, eran casi microscópicos, eran dos solas hormigas, la hoja era su mundo; millares de ellas, desprendidas de árboles y de plantas, girarían en aquel instante en el inmenso espacio de un hemisferio terrestre y, sin embargo, de aquellas dos hormigas, ajenas al infinito número de mundos que las rodeaba, sin conocer acaso otro universo que aquel estrecho recinto que con ímpetu vertiginosa las arrastraba en el espacio, se entregaban a la más encarnizada lucha por la existencia ¡como si su vida fuera algo en el concierto de las vidas superiores, y como si el mundo que en aquel momento habitaban fuese el perenne cimiento de los mundos; y no una mísera hoja seca perdida en el infinito número de sus semejantes!


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4 págs. / 7 minutos / 115 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

La Derrota de los Pedantes

Leandro Fernández de Moratín


Cuento, Sátira, Alegoría


Neminem specialiter meus sermo pulsabit.
Generalis de vitiis disputatio est.
Qui mihi irasci voluerit, prius ipse de se,
quod talis sit, confitebitur.

S. HIERONYM., Epist. ad Nepofianum.
 

Esta obra no necesita prólogo; por eso no le tiene. Necesitaba notas, pero el autor no ha querido ponérselas.

Estábase Apolo durmiendo la siesta a más y mejor en un mullido catre de pluma. Un mosquitero verde le defendía de pelusa y moscas; la alcoba tenebrosa y fresca, el palacio en profundo silencio, y el dios bien comido, mejor bebido y nada cuidadoso. Roncaba, pues, su reluciente majestad, haciendo retumbar las bóvedas; y Mercurio, que se había quedado traspuesto en un chiribitil cercano, dábase a Plutón, por no darse al diablo, viendo que los bufidos de su hermano no le dejaban pegar los ojos.

En esto se ocupaban las referidas deidades, cuando de repente se levantó tal estruendo en los patios, corredores y portalón del palacio que parecía hundirse aquella soberbia máquina. Alterose Mercurio, dio un salto de la cama al suelo, y hubo de perder el juicio hallándose a pie, esto es, sin talares, porque madama Terpsícore, la más juguetona y revoltosa de todas las nueve, había ido poco antes a la cama, pasito a pasito, y se los había quitado por hacerle rabiar. Afligiose sobremanera, y a tientas se puso los gregüescos, la chupa y la camisa; porque es fama que el tal dios no puede dormir en verano si no depone todos los trastos, quedándose a la ligera, como su madre le parió.


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47 págs. / 1 hora, 23 minutos / 402 visitas.

Publicado el 10 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Malva

Máximo Gorki


Cuento


El mar reía.

Bajo el soplo ligero del viento cálido, se estremecía y se rizaba, reflejando deslumbradoramente el Sol, sonriendo al cielo azul con miles de sonrisas de plata. En el ancho espacio comprendido entre el firmamento y el mar resonaba el rumor alegre y continuo de las olas, que lamían sin cesar la orilla.

Ese rumor y el brillo del Sol, miles de veces reflejado en la superficie rizosa del mar, se armonizaban en un movimiento constante y lleno de júbilo. El Sol se regocijaba de brillar; el mar, de reflejar su brillo triunfante. Amorosamente acariciado su pecho de seda por el viento, y al calor de los rayos ardorosos del sol, el mar, lánguido y suspirante bajo la ternura y la fuerza de aquellas caricias, impregnaba de sus efluvios la atmósfera cálida. Las olas verdosas sacudían en la arena amarilla sus soberbias crines de espuma, y la espuma se deshacía, con un ruido suave, en el suelo seco y ardiente, humedeciéndolo.

La playa, estrecha y larga, parecía una enorme torre derribada en el mar. Su punta penetraba en el infinito desierto del agua rutilante de sol, y su base se perdía a lo lejos, en la bruma espesa que ocultaba la playa. El viento traía de allí un denso olor, ofensivo y extraño en medio del mar puro y sereno y bajo el cielo de un azul límpido.

Clavadas en la arena, cubierta de escama de pescado, había unas estacas, sobre las que estaban extendidas las redes de los pescadores, cuya sombra formaba en el suelo a modo de telas de araña. No lejos, y fuera del agua, veíanse unas barcazas y un bote, a los que las olas, que lamían la arena, parecían invitar a irse al mar con ellas.

Había por todas partes remos, cuerdas enrolladas, capazos y barriles. En medio se alzaba una cabaña de ramas de sauce, cortezas de árbol y esteras. A la entrada, pendían de un palo nudoso unas gruesas botas con las suelas hacia arriba.


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Dominio público
57 págs. / 1 hora, 40 minutos / 353 visitas.

Publicado el 10 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Un Incidente con unos Broches

Máximo Gorki


Cuento


Eramos tres compinches: Semka Kargusa, yo y Michka, un gigante barbudo, de grandes ojos azules, siempre sonrientes y siempre hinchados por la borrachera. Teníamos nuestra residencia en el campo, fuera de la ciudad, en una vieja casa medio derruída, que se llamaba, no sé por qué, "la fábrica de vidrio": acaso porque no había ni uno entero en las ventanas. Nos encargábamos de los trabajos más diversos, sin desdeñar ninguno: limpiábamos les conrs, cavábamos fosos, cuevas y pozos negros, demolíamos casas viejas y tapias, y hasta una vez intentamos construir un gallinero. Pero no pudimos construirlo: Semka, que era un hombre de una rigurosa honradez en lo tocante a sus deberes, experimentó dudas respecto a nuestros conocimientos de la arquitectura gallineril, y un día, cuando estábamos durmiendo la siesta, se llevó a la taberna los clavos que nos habían dado, dos planchas nuevas y un hacha. Como es natural, nos echaron, si bien no se nos reclamó nada en concepto de indemnización, porque nada teníamos.

Vivíamos en la miseria, y los tres nos hallábamos descontentos de nuestro destino, lo que era muy lógico en nuestra situación.

A veces, nuestro descontento tomaba una forma muy aguda, se convertía en hostilidad hacia todo lo que nos rodeaba, y nos empujaba a hazañas nada lícitas, previstas en el Código penal. Pero, por lo común, éramos unos hombres melancólicos y sombríos, que sóo nos preocupábamos de ganar algo, y que no poníamos gran interés en nada que no nos prometiese un provecho inmediato.

Nos habíamos encontrado los tres en un asilo nocturno, quince días antes de ocurrir lo que, por creerlo interesante, voy a referiros.


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Dominio público
12 págs. / 21 minutos / 186 visitas.

Publicado el 10 de abril de 2018 por Edu Robsy.

La Hora de Todos y la Fortuna con Seso

Francisco de Quevedo y Villegas


Cuento, Sátira


Agradecimiento

A Don Álvaro de Monsalve,
Canónigo de la Santa Iglesia de Toledo, primada de las Españas

Este libro tiene parentesco con vuesa merced, por tener su origen de una palabra que le oí. A vuesa merced debe el nacimiento; a mí, el crecer. Su comunicación es estudio para el bien atento, pues con pocas letras que pronuncia, ocasiona discursos. Tal es la genealogía déste. Doyle lo que es suyo en la sustancia y lo que es mío en la estatura y bulto. Su título es: LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO. Todos me deberán una hora por lo menos, y la Fortuna sacarla de los orates, que lo más ha vivido entre locos. El tratadillo, burla burlando, es de veras. Tiene cosas de las cosquillas, pues hace reír con enfado y desesperación. Extravagante reloj, que, dando una hora sola, no hay cosa que no señale con la mano. Bien sé que le han de leer unos para otros y nadie para sí. Hagan lo que mandaren y reciban unos y otros mi buena voluntad. Si no agradare lo que digo, bien se le puede perdonar a un hombre ser necio una hora, cuando hay tantos que no lo dejan de ser una hora en toda su vida. Vuesa merced, señor don Alvaro, sabe empeñarse por los amigos y desempeñarlos. Encárguese desta defensa, que no será la primera que le deberé. Guarde Dios a vuesa merced, como deseo.

Hoy 12 de marzo de 1636.


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Dominio público
110 págs. / 3 horas, 13 minutos / 871 visitas.

Publicado el 9 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Discurso de Todos los Diablos

Francisco de Quevedo y Villegas


Cuento


Infierno enmendado o el entremetido y la dueña y el soplón

Discurso del chilindrón legítimo del enfado, ahora de don Francisco de Quevedo Villegas, caballero de la Orden de Santiago; y limpio de manchas de traslados y descuidos de impresores, y añadidas muchas cosas que faltaban.

Delantal del libro, y séase prólogo, o proemio quien quisiere

Estos primeros renglones, que suelen, como alabarderos de los discursos, ir delante haciendo lugar con sus lectores al hombro, píos, cándidos, benévolos o benignos, aquí descansan deste trabajo, y dejan de ser lacayos de molde y remudan el apellido, que por los menos es limpieza. Y a Dios y a ventura, sea vuesa merced quien fuere, que soy el primer prólogo sin tú y bien criado que se ha visto, o lea, u oiga leer. Éste es el discurso del Entremetido y la Dueña: si le pareciere que son una propia cosa, sea en buena hora; que ya sabemos que no hay entremetimiento sin dueña ni dueña sin entremetimiento. Ni se detenga vuesa merced en examinar qué género de animal es la triste figura de los estrados; y avergüéncese, pues en cosa tan menuda se atollan tan reverendas hopalandas y un grado tan iluminado y una barba tan rasa. Ésta es de mis obras la quinta demonia, como la quinta esencia.


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52 págs. / 1 hora, 31 minutos / 1.120 visitas.

Publicado el 14 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Los Héroes de la Visera

Antonio de Hoyos y Vinent


Cuento


Parte 1

Capítulo 1

Cayetano hizo su aparición en la taberna y, encarándose con el «Carreterito», avisó:

—La «Rubia», que te espera ahí fuera.

Alzó la cabeza el torero con un gesto brusco, que echó hacia atrás la dorada onda dormida sobre la frente, y separando los ojos de las cartas formuló con impaciencia:

—La dices que se «ahueque», ¿estás tú? Y que haga el pijotero favor de dejarme en paz… ¡Ah! —añadió al ver que el otro se disponía a retirarse—, y tú que no me vengas con «embajás».

Salió el maletilla con jacarandosos andares toreros, orgulloso de su terno perla, de su cordobés flamante, de la jarifa corbata roja rayada de verde y, sobre todo, de su belleza de niño gitano, que le ayudaba a vivir en los años juveniles al amparo de las hembras de trapío con la misma alegre inconsciencia con que viven los pájaros en los días primaverales al amparo de los árboles vestidos de follaje; cayó nuevamente la cortina de rayado percal sobre el luminoso cuadro de la puerta, y el santuario de Baco quedó sumido en la semipenumbra, que hacía de él un oasis en el bochorno de la tarde estival.


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47 págs. / 1 hora, 22 minutos / 195 visitas.

Publicado el 18 de junio de 2018 por Edu Robsy.

La Zarpa de la Esfinge

Antonio de Hoyos y Vinent


Cuento


La ofrenda

Tórtola:

tú eres el símbolo de la belleza única. Antes de conocerte yo te había visto danzar ante Herodes como Salomé, bailar en el desierto entre los tigres como Cleopatra… Eres el ensueño hecho carne. Estás más allá de la vida, del tiempo y del espacio. Deja que te ofrezca en homenaje la historia trágica de una pobre danzarina que fue hermética y hierática y tuvo zarpa de piedra como la Esfinge y corazón de carne como hija de Eva. Déjame depositar a tus pies, ¡divinos pies enjoyados de Icono!, la ofrenda.

«A la gloria de Tórtola Valencia: Oro, Incienso, Mirra».

Parte 1

1. El cortejo de Terpsícore

La presencia de la marquesa Elvira en el baile de La Dalia fue un escándalo. Toda la concurrencia (y el hecho de ser Martes de Carnaval, agravado por el de celebrar el Niño del Piano, que tantismas—frase estampada en las invitaciones en que se ofrecía la fiesta a dos docenas de jóvenes y señoritas, distinción tan propia como digna de encomio, así como a unos cuantos astros coletudos entre los que brillaba con luz propia el Cautivito, más conocido en los colmados que en las plazas, y más que por los públicos, por las damas que celebran mercado de sus encantos, y que en el caso de Cipriano hacíanse una dulce carga de atender a la satisfacción de sus necesidades y boato, con largueza digna de encomio—, simpatías contaba en el barrio, hacíale imponente) había desfilado ante el grupo formado por la marquesa Elvira de Moncada, Judith Israel, la admirable danzarina, Julito Calabrés, Gregorito Alsina, Wifredo Silvano, el compositor de La Danza de Walpurgis, Fabricio Remanso, el poeta evocador de El Amor de Antinous, y Miguel Ángel Estrada, escultor vidente e iluminado que creara las alucinantes figuras de «La Lujuria» y «La Muerte», el inquietante grupo que en la última Exposición provocó un conflicto de orden público.


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Dominio público
39 págs. / 1 hora, 9 minutos / 233 visitas.

Publicado el 17 de junio de 2018 por Edu Robsy.

1819202122